Chapter III: Part 3
LUJÁN. ¡Costumbre más original! Voy de asombro en asombro en esta santa casa.
TATA. Ello vino de que doña Clarines le descubrió una maca gorda al cura que la confesaba, y se la plantó con pelos y señales.[137] El buen señor se incomodó tanto y más cuanto,[138] y la señora entonces mandó limpiar y barnizar ese mueble antiguo, y en él se mete las veces que le digo a usted. Y cuando sale, señor Luján... ¡aaaaah!... son de oírse las _másimas_ y las sentencias que echa por su boca. ¡Ni que el mesmo Dios se las dijera al oído![139]
LUJÁN. Le aseguro a usted, Tata, que cada vez admiro más a esta buena señora.
TATA. ¡Aaaaah!
LUJÁN. Ya tenemos ahí a nuestro hombre.
TATA. ¿Viene por el jardín? _Asomándose a los cristales._ ¡Aaaaah!
LUJÁN. Yo aquí estorbo, Tata. Dígale usted a don Basilio que en su despacho estoy. _Vase por la puerta de la izquierda._
TATA. Y Dios sea con todos, señor. Vamos a anunciar que está aquí el señorito. ¡Santa María de la Cabeza! _Éntrase por la puerta de la derecha, haciendo gestos de tribulación._
_Por la del foro llegan_ MIGUEL _y_ DON BASILIO.
MIGUEL. Otra vez aquí. A fe que no sospechaba volver tan pronto.
DON BASILIO. Ni yo que usted volviera. Pero, ya lo ve usted: con esta hermana mía no es posible atar dos cuartos de cominos.[140]
MIGUEL. ¿Marcela está con ella quizás?
DON BASILIO. No sé... Es lo probable. Ahora lo veremos. ¡Ah! Una cosa que no quiero que se me olvide: ¡no se le vaya a escurrir a usted, por Dios, que ha estado aquí hace un rato![141]
MIGUEL. Pierda usted cuidado, señor.
DON BASILIO. Nada más fácil. Comprenda usted con qué intención podré yo advertirle...[142]
MIGUEL. Sí, sí...
DON BASILIO. Le veo a usted muy nervioso.
MIGUEL. Mucho, no: un poco.
_Sale_ TATA _por donde se fué._
DON BASILIO. A tiempo llegas, Tata.
TATA. Santos y buenos días.
MIGUEL. Buenos días.
TATA. La señora viene en seguida a hablar con usted. _A don Basilio._ El señor Luján le espera a usted en su despacho.
DON BASILIO. ¿A mí?
TATA. A usted.
DON BASILIO. Ah, pues voy allá. Esto es importante. Hasta luego, querido Miguel.
MIGUEL. Adiós, don Basilio.
_Vase éste por la puerta de la izquierda, examinando el cuadernito de las coplas. Miguel, con aire preocupado, va de aquí para allá, mirando distraído la estancia. Tata lo observa melancólicamente. Pausa._
TATA. _Muy para sí._ Es verlo... es verlo... _Esforzándose para hablar._ ¿No se sienta usted?
MIGUEL. Gracias. No estoy cansado. _Nueva pausa._ ¿Lleva usted mucho tiempo con la señora?
TATA. Mucho tiempo. Con el pelo negro la conocí, y hoy lo tiene más blanco que el mío. Yo sé más que nadie de esta casa. Dispense, caballero; pero no puedo mirarlo sin llorar... Con permiso. _Vase conteniendo el llanto por la misma puerta de la derecha._
MIGUEL. _Impresionado._ Es indudable: despierto aquí un pasado muy doloroso... El llanto de esta vieja es revelador. _Nueva pausa._ Ya viene.
_Sale por la puerta de la derecha_ MARCELA, _seguida de_ DOÑA CLARINES. _Ésta, al mirar a Miguel, no puede reprimir un movimiento de asombro, vivamente herida en su recuerdo. Pausa._
MARCELA. Mi tía...
MIGUEL. Señora...
DOÑA CLARINES. _Adelantándose a la presentación que va a hacer Marcela._ No me digas su nombre: sé quién es. Vete tú.
_Vase Marcela por la puerta de la izquierda._
MIGUEL. Señora... puesto que ya sabe usted quién soy...
DOÑA CLARINES. ¡Oh! Sin ningún antecedente lo hubiera sabido con sólo verlo... Bien lo declara mi turbación, que impedir no he podido... No la extrañe usted, porque su presencia ha hecho pasar por mi memoria una ráfaga del dolor que destrozó mi vida... _Se sienta y le invita con el ademán a hacer lo mismo. Pausa._ ¡Pasó! Pasó ya. Hay algo más fuerte que la mujer más fuerte. Siéntese usted, si gusta.
MIGUEL. _Obedeciendo._ Mil gracias.
DOÑA CLARINES. El esfuerzo de voluntad que necesito para olvidarme de quién es usted, es mayor de lo que yo creía: pero debo hacerlo, y lo hago. Tranquilícese. Ya no es usted más ante mí que el hombre que quiere á Marcela, ni yo soy más ahora que la persona a cuyo amparo vive. ¿Se sorprende usted?
MIGUEL. ¿Por qué negarlo? Sí, señora. Era lo primero que venía dispuesto a pedirle a usted como gracia, y es lo primero que usted me concede sin pedirlo.
DOÑA CLARINES. Otra cosa no sería justa.
MIGUEL. Tal creo. Siempre he pensado que si para toda culpa hay castigo, también hay perdón.
DOÑA CLARINES. ¿Y quién le ha dicho a usted que yo perdono?
MIGUEL. ¿No es perdonar esto?
DOÑA CLARINES. Nunca. Yo no perdono nunca: si acaso, olvido, o separo unas cosas de otras, como ahora he hecho. El perdón no está en mis costumbres. Creo que es inmoral. Por él viven y medran todos los malvados. Así se lo dije un día al señor obispo, y no ha vuelto más por mi casa. Ya volverá cuando me necesite. ¿También le sorprende a usted que yo no perdone?
MIGUEL. También; sí, señora.
DOÑA CLARINES. Pero ¿a usted tengo algo que perdonarle?
MIGUEL. A mí, nada. No hablé por mí al hablar de perdón.
DOÑA CLARINES. Pues de usted sólo hemos de hablar aquí. Lo pasado a que usted quiere referirse, no lo borrará más que la muerte. Y yo no he de morirme en algún tiempo. Deseo vivir mucho. La muerte nos iguala a todos, y siempre me parecerá pronto[143] para ser yo igual a otras personas. ¿Entiende usted?
MIGUEL. Entiendo.
DOÑA CLARINES. Volvamos a usted.
MIGUEL. Sí, señora. Ya le habrá contado Marcela...
DOÑA CLARINES. Sí, señor. Y no le he creído una palabra.
MIGUEL. ¿Por qué?
DOÑA CLARINES. Porque lleva tres meses en mi casa, y me ha estado engañando los tres meses. ¿Se le figura a usted poca razón para no creerla?
MIGUEL. Es que si Marcela ha ocultado... ha sido por un motivo muy explicable...
DOÑA CLARINES. Muy explicable para usted, que no me conocía. Ella ha debido discurrir de otro modo.
MIGUEL. Es tan niña...
DOÑA CLARINES. No es tan niña cuando quiere a un hombre.
MIGUEL. Declaro que ella sola me ha contenido para dar este paso antes.
DOÑA CLARINES. Peor que peor. ¿Y es cierto que nadie ha querido presentarlo a usted en mi casa?
MIGUEL. Es cierto.
DOÑA CLARINES. ¿Sabe usted por qué?
MIGUEL. Señora...
DOÑA CLARINES. Dígame lo que sepa. Yo no tiemblo ante la verdad como la gente, porque siempre la llevo en los labios.
MIGUEL. Guadalema toda cree que usted me arrojaría sin oírme por las escaleras de su casa.
DOÑA CLARINES. ¡Gran sentido moral el de Guadalema!
MIGUEL. Guadalema entera cree que doña Clarines...
DOÑA CLARINES. Siga usted.
MIGUEL. Cree que doña Clarines...
DOÑA CLARINES. ¿Es loca, no?
MIGUEL. Justamente. Yo también digo la verdad.
DOÑA CLARINES. Dispense usted: la he dicho yo. Usted no se atrevía. Fama de loca gozo, sí, señor. Y muy bien ganada. Y la conservaré mientras viva. ¿No conoce usted cuál es mi locura? Pues llamarle al que roba, ladrón, y al que miente, embustero, y al que huye, cobarde, y al que engaña a una mujer, villano. Ésta es mi locura. Todos los locos tenemos una gran manía, y a mí me dió por aprender a conciencia el idioma. ¿Qué le parece a usted?
MIGUEL. Que yo por de pronto me felicito de esa gran manía. Tiemble ante las verdades de usted quien lleve sombras en la conciencia. Yo, siendo quien soy y como soy, la oigo a usted tranquilo. Califíqueme usted como merezca.
DOÑA CLARINES. Es claro que lo haré. No había usted de ser la excepción.
MIGUEL. Verá usted que no soy más que un hombre que estudia y trabaja, y que está enamorado de Marcela.
DOÑA CLARINES. Eso no le toca a usted decirlo, sino a mí averiguarlo.
MIGUEL. Se lo he dicho a usted para que cuando lo averigüe se convenza de que yo no miento.
DOÑA CLARINES. Y yo le pido a Dios que así sea. Si lo que quiere usted es la ventura de Marcela...
MIGUEL. Sí; eso quiero.
DOÑA CLARINES. Yo también. Y siendo así, en lo mejor del camino hemos de encontrarnos.[144]
MIGUEL. Y pronto, muy pronto.
DOÑA CLARINES. Tal vez. No le quito a usted la esperanza. Pero ni me abandono ni me confío; porque yo mejor que nadie sé que la traición se esconde bajo las palabras más bellas.
MIGUEL. Señora, dejemos de hablar de mí para hablar de usted. A despecho de algo que no puede menos de herirme, yo no convengo con todos en llamar locura a lo que, para mí al menos, es cordura y bondad. Mis ideas cambian a medida que la oigo a usted, y a cada paso hallo mayor distancia entre el falso rumor callejero y lo que escucho de su boca. No es doña Clarines la que tengo enfrente, aquella que me pintaron[145] en las casas de Guadalema. Y pienso que mientras ellos ahora mismo comentan con malsana fruición esta entrevista nuestra, suponiéndola a usted capaz de todo insulto para mi persona, usted es tan generosa que prescinde de lo que fué...[146] y me juzga con serenidad y nobleza.
DOÑA CLARINES. ¡Ay, Guillermo!
MIGUEL. Miguel.
DOÑA CLARINES. _Con amargura._ Miguel: es verdad. Si yo no perdono a quien ultraja, menos aún condeno a quien no tiene culpa.
MIGUEL. No toquemos más esa herida. Hablemos ahora de Marcela.
DOÑA CLARINES. ¿Para qué? Va usted a decirme de ella lo que ella me dice de usted.
MIGUEL. ¿Qué le dice de mí?
DOÑA CLARINES. Que es bueno, y que es bueno, y que es bueno.
MIGUEL. ¿Y usted lo duda?
DOÑA CLARINES. _Con emoción._ ¿Su madre de usted, vive?
MIGUEL. Sí, señora.
DOÑA CLARINES. ¿Y es muy buena?
MIGUEL. Muy buena es.
DOÑA CLARINES. Ya. ¿Conoce a Marcela?
MIGUEL. La conoce y la quiere, y goza en verme tan enamorado.
DOÑA CLARINES. ¿Pero lo está usted mucho?
MIGUEL. Mucho. Sueño para ella una ventura tan grande que no quepa en el mundo. Conocí yo a Marcela cuando empezaba mi corazón a alborear al amor y a la vida. No he querido a otra mujer que a ella, ni ella ha querido a más hombre que a mí. No sé qué horas nos tendrá reservadas la vida, pero yo no las deseo ni las concibo más felices que estas horas en que ella y yo, tejiendo ilusiones, llegamos hasta los días que vendrán y los forjamos tan dichosos como los que vivimos. Nuestro charlar es a veces de niños; a veces de locos... No sé... Si gozo, goza; si río, ríe; si llora, lloro; si canta, canto... Parecemos dos y somos uno...
DOÑA CLARINES. _Con dolorosa angustia._ Silencio.
MIGUEL. ¿Qué?
DOÑA CLARINES. Silencio. Despiertan su voz y sus palabras en mis oídos un eco lejano, que no quiero volver a oír. Perdóneme, y llame a Marcela.
MIGUEL. ¿A Marcela?
DOÑA CLARINES. Sí. Que venga con usted.
MIGUEL. Siento, señora, que mis palabras de cariño...
DOÑA CLARINES. Porque son de usted, y son de cariño, no quiero volverlas a oír. Traiga usted a Marcela.
MIGUEL. Voy por ella, voy. Respeto su dolor, señora... Su bondad me conmueve... Lloro y tiemblo de gratidud. ¡Esperaba de su boca palabras tan distintas!... Yo le aseguro a usted que nunca tendrá que arrepentirse de esta bondad con que me trata. Voy por Marcela ya. _Vase por la puerta de la izquierda. Pausa._
DOÑA CLARINES. _Mirando al cielo._ ¡Gracias, Señor, que me diste la entereza que necesitaba para ser justa!
_Salen juntos a poco_ MARCELA _y_ MIGUEL.
MARCELA. Tía.
DOÑA CLARINES. Ven acá.
MARCELA. ¡Qué bien ha hecho Miguel en venir a verla!
DOÑA CLARINES. Tan mal como tú hiciste[147] en engañarme.
MARCELA. Es que ya sabe usted que yo temía...
DOÑA CLARINES. Temías, porque mentías. La mentira es siempre cobarde. Miguel no lo ha sido, y ahora se alegra de ello; porque ha visto al acercarse a mí, que las cosas no son como las gentes quieren que sean, sino como son.
MIGUEL. Así es. Y en vano será desfigurarlas.
DOÑA CLARINES. Mal me conocen los que creen que yo soy capaz de llevar mi odio hasta el extremo de hacer con tu vida y con tu amor lo mismo que hicieron[148] con los míos. ¡Dígalo usted así a los cuatro vientos por toda Guadalema! Y ahora, en secreto, para que no salga de los tres[149] que aquí estamos... oídme a mí... que quiero que seáis muy dichosos. _Éntrase en sus habitaciones conteniendo las lágrimas._
MARCELA. ¿Ves, Miguel, como es buena?
MIGUEL. Es buena, sí: para mí más que para nadie.
_Sale_ LUJÁN _por la puerta de la izquierda. Lo sigue_ DON BASILIO.
LUJÁN. ¿Y doña Clarines?
MARCELA. Ya se fué.
MIGUEL. Y con los ojos llenos de lágrimas, por cierto.
LUJÁN. ¿Vió usted nunca más extraña mujer?
MIGUEL. Nunca. De todos aquí, el más sorprendido soy yo.
_Por la puerta de la derecha vuelve a salir_ TATA.
TATA. _Entre lágrimas._ ¡Años hace que no llora como está llorando!... ¡Aaaaah!
DON BASILIO. ¿Qué os dije yo? ¡Siempre pita por donde no se la espera! ¿Es loca o no es loca?
TATA. ¿Qué ha de ser loca,[150] charlatán?
DON BASILIO. ¡Tata!
TATA. ¡El loco, y el zascandil, y el botarate, y el borracho, es usted! ¡Tío Carape!
DON BASILIO. ¡Che, che, che: que tus canas tienen un límite!
TATA. ¡Sí, señor: pero no será el de teñirlas, que es el que han tenido las de usted! ¡Decir que es loca mi señora!
DON BASILIO. ¿Qué te parece?
LUJÁN. Que tiene razón Tata.
DON BASILIO. _¿Tu quoque?_
LUJÁN. Si es loca o no doña Clarines, pregúntaselo a éstos. _Por los novios, que cuchichean en un rincón, y que al oírlo atienden a sus palabras._ No es loca, no. Es que vivimos respirando mentira, cogidos todos en una red de farsa y de disimulo, y la verdad, siempre la verdad, sólo la verdad, acaba por parecer locura.
MIGUEL. Es cierto: la verdad parece locura. Como también es cierto que ahora estamos contentos todos, porque del odio ha triunfado el amor, y de la pasión la justicia.
MAÑANA DE SOL
PASO DE COMEDIA
_Estrenado en el TEATRO LARA el 23 de Febrero de 1905._
A DOÑA BALBINA VALVERDE INSIGNE ACTRIZ
EN TESTIMONIO DE ADMIRACIÓN Y SIMPATÍA,
LOS AUTORES.
PERSONAJES
DOÑA LAURA PETRA DON GONZALO JUANITO
MAÑANA DE SOL
Lugar apartado de un paseo público, en Madrid. Un banco a la izquierda del actor. Es una mañana de otoño templada y alegre.
DOÑA LAURA _y_ PETRA _salen por la derecha. Doña Laura es una viejecita setentona, muy pulcra, de cabellos muy blancos y manos muy finas y bien cuidadas. Aunque está en la edad de chochear, no chochea. Se apoya de una mano en una sombrilla, y de la otra en el brazo de Petra, su criada._
DOÑA LAURA. Ya llegamos... Gracias a Dios. Temí que me hubieran quitado el sitio. Hace una mañanita tan templada...
PETRA. Pica el sol.
DOÑA LAURA. A ti, que tienes veinte años. _Siéntase en el banco._ ¡Ay!... Hoy me he cansado más que otros días. _Pausa. Observando a Petra, que parece impaciente._ Vete, si quieres, a charlar con tu guarda.
PETRA. Señora, el guarda no es mío; es del jardín.
DOÑA LAURA. Es más tuyo que del jardín. Anda en su busca, pero no te alejes.
PETRA. Está allí esperándome.
DOÑA LAURA. Diez minutos de conversación, y aquí en seguida.
PETRA. Bueno, señora.
DOÑA LAURA. _Deteniéndola._ Pero escucha.
PETRA. ¿Qué quiere usted?
DOÑA LAURA. ¡Que te llevas las miguitas de pan!
PETRA. Es verdad; ni sé dónde tengo la cabeza.
DOÑA LAURA. En la escarapela del guarda.
PETRA. Tome usted. _Le da un cartucho de papel pequeñito y se va por la izquierda._
DOÑA LAURA. Anda con Dios. _Mirando hacia los árboles de la derecha._ Ya están llegando los tunantes. ¡Cómo me han cogido la hora!...[151] _Se levanta, va hacia la derecha y arroja adentro, en tres puñaditos, las migas de pan._ Éstas, para los más atrevidos... Éstas, para los más glotones... Y éstas, para los más granujas, que son los más chicos... Je... _Vuelve a su banco y desde él observa complacida el festín de los pájaros._ Pero, hombre, que siempre has de bajar tú el primero. Porque eres el mismo: te conozco. Cabeza gorda, boqueras grandes... Igual a mi administrador. Ya baja otro. Y otro. Ahora dos juntos. Ahora tres. Ese chico va a llegar hasta aquí. Bien; muy bien: aquél coge su miga y se va a una rama a comérsela. Es un filósofo. Pero ¡qué nube! ¿De dónde salen tantos? Se conoce que ha corrido la voz... Je, je... Gorrión habrá que venga[152] desde la Guindalera. Je, je... Vaya, no pelearse,[153] que hay para todos. Mañana traigo más.
_Salen_ DON GONZALO _y_ JUANITO _por la izquierda del foro. Don Gonzalo es un viejo contemporáneo de doña Laura, un poco cascarrabias. Al andar arrastra los pies. Viene de mal temple, del brazo de Juanito, su criado._
DON GONZALO. Vagos, más que vagos... Más valía que estuvieran diciendo misa...
JUANITO. Aquí se puede usted sentar: no hay más que una señora.
_Doña Laura vuelve la cabeza y escucha el diálogo._
DON GONZALO. No me da la gana, Juanito. Yo quiero un banco solo.
JUANITO. ¡Si no lo hay!
DON GONZALO. ¡Es que aquél es mío!
JUANITO. Pero si se han sentado tres curas...[154]
DON GONZALO. ¡Pues que se levanten!... ¿Se levantan, Juanito?
JUANITO. ¡Qué se han de levantar![155] Allí están de charla.
DON GONZALO. Como si los hubieran pegado al banco... No; si cuando los curas cogen un sitio... ¡cualquiera los echa![156] Ven por aquí, Juanito, ven por aquí.
_Se encamina hacia la derecha resueltamente. Juanito lo sigue._
DOÑA LAURA. _Indignada._ ¡Hombre de Dios!
DON GONZALO. _Volviéndose._ ¿Es a mí?
DOÑA LAURA. Sí, señor; a usted.
DON GONZALO. ¿Qué pasa?
DOÑA LAURA. ¡Que me ha espantado usted los gorriones, que estaban comiendo miguitas de pan!
DON GONZALO. ¿Y yo qué tengo que ver con los gorriones?
DOÑA LAURA. ¡Tengo yo!
DON GONZALO. ¡El paseo es público!
DOÑA LAURA. Entonces no se queje usted de que le quiten el asiento los curas.
DON GONZALO. Señora, no estamos presentados. No sé por qué se toma usted la libertad de dirigirme la palabra. Sígueme, Juanito.
_Se van los dos por la derecha._
DOÑA LAURA. ¡El demonio del viejo! No hay como llegar a cierta edad para ponerse impertinente. _Pausa._ Me alegro; le han quitado aquel banco también. ¡Anda! para que me espante los pajaritos.[157] Está furioso... Sí, sí; busca, busca. Como no te sientes en el sombrero...[158] ¡Pobrecillo! Se limpia el sudor... Ya viene, ya viene... Con los pies levanta más polvo que un coche.
DON GONZALO. _Saliendo por donde se fué y encaminándose a la izquierda._ ¿Se habrán ido los curas, Juanito?
JUANITO. No sueñe usted con eso, señor. Allí siguen.
DON GONZALO. ¡Por vida...! _Mirando a todas partes perplejo._ Este Ayuntamiento, que no pone más bancos para estas mañanas de sol... Nada, que me tengo que conformar con el de la vieja. _Refunfuñando, siéntase al otro extremo que doña Laura, y la mira con indignación._ Buenos días.
DOÑA LAURA. ¡Hola! ¿Usted por aquí?
DON GONZALO. Insisto en que no estamos presentados.
DOÑA LAURA. Como me saluda usted, le contesto.
DON GONZALO. A los buenos días se contesta con los buenos días, que es lo que ha debido usted hacer.
DOÑA LAURA. También usted ha debido pedirme permiso para sentarse en este banco, que es mío.
DON GONZALO. Aquí no hay bancos de nadie.
DOÑA LAURA. Pues usted decía que el de los curas era suyo.
DON GONZALO. Bueno, bueno, bueno... se concluyó. _Entre dientes._ Vieja chocha... Podía estar haciendo calceta...
DOÑA LAURA. No gruña usted, porque no me voy.
DON GONZALO. _Sacudiéndose las botas con el pañuelo._ Si regaran un poco más, tampoco perderíamos nada.
DOÑA LAURA. Ocurrencia es: limpiarse las botas con el pañuelo de la nariz.
DON GONZALO. ¿Eh?
DOÑA LAURA. ¿Se sonará usted con un cepillo?
DON GONZALO. ¿Eh? Pero, señora, ¿con qué derecho...?
DOÑA LAURA. Con el de vecindad.
DON GONZALO. _Cortando por lo sano._ Mira, Juanito, dame el libro; que no tengo ganas de oír más tonteras.
DOÑA LAURA. Es usted muy amable.
DON GONZALO. Si no fuera usted tan entrometida...
DOÑA LAURA. Tengo el defecto de decir todo lo que pienso.
DON GONZALO. Y el de hablar más de lo que conviene. Dame el libro, Juanito.
JUANITO. Vaya, señor. _Saca del bolsillo un libro y se lo entrega. Paseando luego por el foro, se aleja hacia la derecha y desaparece._
_Don Gonzalo, mirando a doña Laura siempre con rabia, se pone unas gafas prehistóricas, saca una gran lente, y con el auxilio de toda esa cristalería se dispone a leer._
DOÑA LAURA. Creí que iba usted a sacar ahora un telescopio.
DON GONZALO. ¡Oiga usted!
DOÑA LAURA. Debe usted de tener muy buena vista.
DON GONZALO. Como cuatro veces mejor que usted.
DOÑA LAURA. Ya, ya se conoce.
DON GONZALO. Algunas liebres y algunas perdices lo pudieran atestiguar.
DOÑA LAURA. ¿Es usted cazador?
DON GONZALO. Lo he sido... Y aún... aún...
DOÑA LAURA. ¿Ah, sí?
DON GONZALO. Sí, señora. Todos los domingos, ¿sabe usted? cojo mi escopeta y mi perro, ¿sabe usted? y me voy a una finca de mi propiedad, cerca de Aravaca... A matar el tiempo, ¿sabe usted?
DOÑA LAURA. Sí; como no mate usted el tiempo... ¡lo que es otra cosa![159]
DON GONZALO. ¿Conque no? Ya le enseñaría yo a usted una cabeza de jabalí que tengo en mi despacho.
DOÑA LAURA. ¡Toma! y yo a usted una piel de tigre que tengo en mi sala. ¡Vaya un argumento!
DON GONZALO. Bien está, señora. Déjeme usted leer. No estoy por darle a usted más palique.[160]
DOÑA LAURA. Pues con callar, hace usted su gusto.
DON GONZALO. Antes voy a tomar un polvito. _Saca una caja de rapé._ De esto sí le doy. ¿Quiere usted?
DOÑA LAURA. Según. ¿Es fino?
DON GONZALO. No lo hay mejor. Le agradará.
DOÑA LAURA. A mí me descarga mucho la cabeza.
DON GONZALO. Y a mí.
DOÑA LAURA. ¿Usted estornuda?
DON GONZALO. Sí, señora: tres veces.
DOÑA LAURA. Hombre, y yo otras tres: ¡qué casualidad!
_Después de tomar cada uno su polvito, aguardan los estornudos haciendo visajes, y estornudan alternativamente._
DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!
DON GONZALO. ¡Ah... chis!
DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!
DON GONZALO. ¡Ah...chis!
DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!
DON GONZALO. ¡Ah... chis!
DOÑA LAURA. ¡Jesús!
DON GONZALO. Gracias. Buen provechito.
DOÑA LAURA. Igualmente. (Nos ha reconciliado el rapé.)
DON GONZALO. Ahora me va usted a dispensar que lea en voz alta.
DOÑA LAURA. Lea usted como guste: no me incomoda.
DON GONZALO. _Leyendo._
Todo en amor es triste;
mas, triste y todo, es lo mejor que existe.[161]
De Campoamor; es de Campoamor.
DOÑA LAURA. ¡Ah!
DON GONZALO. _Leyendo._
Las niñas de las madres que amé tanto,
me besan ya como se besa a un santo.[162]
Éstas son humoradas.
DOÑA LAURA. Humoradas, sí.
DON GONZALO. Prefiero las doloras.
DOÑA LAURA. Y yo.
DON GONZALO. También hay algunas en este tomo. _Busca las doloras y lee._ Escuche usted ésta:
Pasan veinte años: vuelve él...
DOÑA LAURA. No sé qué me da[163] verlo a usted leer con tantos cristales...
DON GONZALO. ¿Pero es que usted, por ventura, lee sin gafas?
DOÑA LAURA. ¡Claro!
DON GONZALO. ¿A su edad?... Me permito dudarlo.
DOÑA LAURA. Déme usted el libro. _Lo toma de mano de don Gonzalo, y lee:_
Pasan veinte años:[164] vuelve él,
y al verse, exclaman él y ella:
(--¡Santo Dios! ¿y éste es aquél?...)
(--¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?...)
_Le devuelve el libro._
DON GONZALO. En efecto: tiene usted una vista envidiable.
DOÑA LAURA. (¡Como que me sé los versos de memoria!)
DON GONZALO. Yo soy muy aficionado a los buenos versos... Mucho.[165] Y hasta los compuse en mi mocedad.
DOÑA LAURA. ¿Buenos?
DON GONZALO. De todo había.[166] Fuí amigo de Espronceda, de Zorrilla, de Bécquer... A Zorrilla lo conocí en América.
DOÑA LAURA. ¿Ha estado usted en América?
DON GONZALO. Varias veces. La primera vez fui de seis años.
DOÑA LAURA. ¿Lo llevaría[167] a usted Colón en una carabela?
DON GONZALO. _Riéndose._ No tanto, no tanto... Viejo soy, pero no conocí a los Reyes Católicos...
DOÑA LAURA. Je, je...
DON GONZALO. También fui gran amigo de éste: de Campoamor. En Valencia nos conocimos... Yo soy valenciano.
DOÑA LAURA. ¿Sí?
DON GONZALO. Allí me crié; allí pasé mi primera juventud... ¿Conoce usted aquello?[168]
DOÑA LAURA. Sí, señor. Cercana a Valencia, a dos o tres leguas de camino, había una finca que si aún existe se acordará de mí. Pasé en ella algunas temporadas. De esto hace muchos años;[169] muchos. Estaba próxima al mar, oculta entre naranjos y limoneros... Le decían... ¿cómo le decían?... _Maricela._
DON GONZALO. _¿Maricela?_
DOÑA LAURA. _Maricela._ ¿Le suena a usted el nombre?
DON GONZALO. ¡Ya lo creo! Como que si yo no estoy trascordado--con los años se va la cabeza,--allí vivió la mujer más preciosa que nunca he visto. ¡Y ya he visto algunas en mi vida!... Deje usted, deje usted...[170] Su nombre era Laura. El apellido no lo recuerdo... _Haciendo memoria._ Laura. Laura... ¡Laura Llorente!
DOÑA LAURA. Laura Llorente...
DON GONZALO. ¿Qué?
_Se miran con atracción misteriosa._
DOÑA LAURA. Nada... Me está usted recordando a mi mejor amiga.
DON GONZALO. ¡Es casualidad!
DOÑA LAURA. Sí que es peregrina casualidad. La _Niña de Plata_.
DON GONZALO. La _Niña de Plata_... Así le decían los huertanos y los pescadores. ¿Querrá usted creer que la veo ahora mismo, como si la tuviera presente, en aquella ventana de las campanillas azules?... ¿Se acuerda usted de aquella ventana?...
DOÑA LAURA. Me acuerdo. Era la de su cuarto. Me acuerdo.
DON GONZALO. En ella se pasaba horas enteras... En mis tiempos, digo.
DOÑA LAURA. _Suspirando._ Y en los míos también.
DON GONZALO. Era ideal, ideal... Blanca como la nieve... Los cabellos muy negros... Los ojos muy negros y muy dulces... De su frente parecía que brotaba luz... Su cuerpo era fino, esbelto, de curvas muy suaves...
¡Qué formas de belleza soberana
modela Dios en la escultura humana![171]
Era un sueño, era un sueño...
DOÑA LAURA. (¡Si supieras que la tienes al lado, ya verías lo que los sueños valen!) Yo la quise de veras, muy de veras. Fué muy desgraciada. Tuvo unos amores muy tristes.
DON GONZALO. Muy tristes.
_Se miran de nuevo._
DOÑA LAURA. ¿Usted lo sabe?
DON GONZALO. Sí.
DOÑA LAURA. (¡Qué cosas hace Dios! Este hombre es aquél.)
DON GONZALO. Precisamente el enamorado galán, si es que nos referimos los dos al mismo caso...
DOÑA LAURA. ¿Al del duelo?
DON GONZALO. Justo: al del duelo. El enamorado galán era... era un pariente mío, un muchacho de toda mi predilección.
DOÑA LAURA. Ya, vamos, ya. Un pariente... A mí me contó ella en una de sus últimas cartas, la historia de aquellos amores, verdaderamente románticos.
DON GONZALO. Platónicos. No se hablaron nunca.
DOÑA LAURA. Él, su pariente de usted, pasaba todas las mañanas a caballo por la veredilla de los rosales, y arrojaba a la ventana un ramo de flores, que ella cogía.
DON GONZALO. Y luego, a la tarde, volvía a pasar el gallardo jinete, y recogía un ramo de flores que ella le echaba. ¿No es esto?
DOÑA LAURA. Eso es. A ella querían casarla con un comerciante... un cualquiera, sin más títulos que el de enamorado.
DON GONZALO. Y una noche que mi pariente rondaba la finca para oírla cantar, se presentó de improviso aquel hombre.
DOÑA LAURA. Y le provocó.
DON GONZALO. Y se enzarzaron.
DOÑA LAURA. Y hubo desafío.
DON GONZALO. Al amanecer: en la playa. Y allí se quedó malamente herido el provocador. Mi pariente tuvo que esconderse primero, y luego que huir.
DOÑA LAURA. Conoce usted al dedillo la historia.
DON GONZALO. Y usted también.
DOÑA LAURA. Ya le he dicho a usted que ella me la contó.
DON GONZALO. Y mi pariente a mí... (Esta mujer es Laura... ¡Qué cosas hace Dios!)
DOÑA LAURA. (No sospecha quién soy: ¿para qué decírselo? Que conserve aquella ilusión...)
DON GONZALO. (No presume que habla con el galán... ¿Qué ha de presumirlo?... Callaré.)
_Pausa._
DOÑA LAURA. ¿Y fue usted, acaso, quien le aconsejó a su pariente que no volviera a pensar en Laura? (¡Anda con ésa![172])
DON GONZALO. ¿Yo? ¡Pero si mi pariente no la olvidó un segundo!
DOÑA LAURA. Pues ¿cómo se explica su conducta?
DON GONZALO. ¿Usted sabe?... Mire usted, señora: el muchacho se refugió primero en mi casa--temeroso de las consecuencias del duelo con aquel hombre, muy querido allá;--luego se trasladó a Sevilla; después vino a Madrid... Le escribió a Laura ¡qué sé yo el número de cartas!--algunas en verso, me consta...--Pero sin duda las debieron de interceptar los padres de ella, porque Laura no contestó... Gonzalo, entonces, desesperado, desengañado, se incorporó al ejército de África, y allí, en una trinchera, encontró la muerte, abrazado a la bandera española y repitiendo el nombre de su amor: Laura... Laura... Laura...
DOÑA LAURA. (¡Qué embustero!)
DON GONZALO. (No me he podido matar de un modo más gallardo.)
DOÑA LAURA. ¿Sentiría[173] usted a par del alma esa desgracia?
DON GONZALO. Igual que si se tratase de mi persona. En cambio, la ingrata, quién sabe si estaría a los dos meses cazando mariposas en su jardín, indiferente a todo...
DOÑA LAURA. Ah, no, señor; no, señor...
DON GONZALO. Pues es condición de mujeres...
DOÑA LAURA. Pues aunque sea condición de mujeres, la _Niña de Plata_ no era así. Mi amiga esperó noticias un día, y otro, y otro... y un mes, y un año... y la carta no llegaba nunca. Una tarde, a la puesta del sol, con el primer lucero de la noche, se la vió salir resuelta camino de la playa... de aquella playa donde el predilecto de su corazón se jugó la vida. Escribió su nombre en la arena--el nombre de él,[174]--y se sentó luego en una roca, fija la mirada en el horizonte... Las olas murmuraban su monólogo eterno... e iban poco a poco cubriendo la roca en que estaba la niña... ¿Quiere usted saber más?... Acabó de subir la marea... y la arrastró consigo...
DON GONZALO. ¡Jesús!
DOÑA LAURA. Cuentan los pescadores de la playa, que en mucho tiempo no pudieron borrar las olas aquel nombre escrito en la arena. (¡A mí no me ganas tú a finales poéticos!)
DON GONZALO. (¡Miente más que yo!)
_Pausa._
DOÑA LAURA. ¡Pobre Laura!
DON GONZALO. ¡Pobre Gonzalo!
DOÑA LAURA. (¡Yo no le digo que a los dos años me casé con un fabricante de cervezas!)
DON GONZALO. (¡Yo no le digo que a los tres meses me largué a París con una bailarina!)
DOÑA LAURA. Pero ¿ha visto usted cómo nos ha unido la casualidad, y cómo una aventura añeja ha hecho que hablemos lo mismo que si fuéramos amigos antiguos?
DON GONZALO. Y eso que empezamos riñendo.
DOÑA LAURA. Porque usted me espantó los gorriones.
DON GONZALO. Venía muy mal templado.
DOÑA LAURA. Ya, ya lo vi. ¿Va usted a volver mañana?
DON GONZALO. Si hace sol, desde luego. Y no sólo no espantaré los gorriones, sino que también les traeré miguitas...
DOÑA LAURA. Muchas gracias, señor... Son buena gente; se lo merecen todo. Por cierto que no sé dónde anda mi chica... _Se levanta._ ¿Qué hora será ya?
DON GONZALO. _Levantándose._ Cerca de las doce. También ese bribón de Juanito... _Va hacia la derecha._
DOÑA LAURA. _Desde la izquierda del foro, mirando hacia dentro._ Allí la diviso con su guarda... _Hace señas con la mano para que se acerque._
DON GONZALO. _Contemplando, mientras, a la señora._ (No... no me descubro... Estoy hecho un mamarracho tan grande... Que recuerde siempre al mozo que pasaba al galope y le echaba las flores a la ventana de las campanillas azules...)
DOÑA LAURA. ¡Qué trabajo le ha costado despedirse! Ya viene.
DON GONZALO. Juanito, en cambio... ¿Dónde estará Juanito? Se habrá engolfado con alguna niñera. _Mirando hacia la derecha primero, y haciendo señas como doña Laura después._ Diablo de muchacho...
DOÑA LAURA. _Contemplando al viejo._ (No... no me descubro... Estoy hecha una estantigua... Vale más que recuerde siempre a la niña de los ojos negros, que le arrojaba las flores cuando él pasaba por la veredilla de los rosales...)
JUANITO _sale por la derecha y_ PETRA _por la izquierda. Petra trae un manojo de violetas._
DOÑA LAURA. Vamos, mujer; creí que no llegabas nunca.
DON GONZALO. Pero, Juanito, ¡por Dios! que son las tantas...
PETRA. Estas violetas me ha dado mi novio para usted.
DOÑA LAURA. Mira qué fino... Las agradezco mucho... _Al cogerlas se le caen dos o tres al suelo._ Son muy hermosas...
DON GONZALO. _Despidiéndose._ Pues, señora mía, yo he tenido un honor muy grande... un placer inmenso...
DOÑA LAURA. _Lo mismo._ Y yo una verdadera satisfacción...
DON GONZALO. ¿Hasta mañana?
DOÑA LAURA. Hasta mañana.
DON GONZALO. Si hace sol...
DOÑA LAURA. Si hace sol... ¿Irá usted a su banco?
DON GONZALO. No, señora; que vendré a éste.
DOÑA LAURA. Este banco es muy de usted.[175]
_Se ríen._
DON GONZALO. Y repito que traeré miga para los gorriones...
_Vuelven a reírse._
DOÑA LAURA. Hasta mañana.
DON GONZALO. Hasta mañana.
_Doña Laura se encamina con Petra hacia la derecha. Don Gonzalo, antes de irse con Juanito hacia la izquierda, tembloroso y con gran esfuerzo se agacha a coger las violetas caídas. Doña Laura vuelve naturalmente el rostro y lo ve._
JUANITO. ¿Qué hace usted, señor?
DON GONZALO. Espera, hombre, espera...
DOÑA LAURA. (No me cabe duda: es él...)
DON GONZALO. (Estoy en lo firme: es ella...)
_Después de hacerse un nuevo saludo de despedida._
DOÑA LAURA. (¡Santo Dios! ¿y éste es aquél?...)
DON GONZALO. (¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?...)
_Se van, apoyado cada uno en el brazo de su servidor y volviendo la cara sonrientes, como si él pasara por la veredilla de los rosales y ella estuviera en la ventana de las campanillas azules._
NOTES
[Footnote 1: #A quien ... comedia.# In spite of the apparent meaning of these words, the character of doña Clarines was not drawn from any one person, to whom the authors were introduced by their boyhood friend, Fr. Bravo Ruiz. What he contributed was the name, taken from a certain shrine consecrated to _La Virgen de los Clarines_. The authors appropriated to their own ends this hitherto unknown attribute of the Virgin. The combination of bluntness and nobility which they have represented in their heroine is their own creation.]
[Footnote 2: #Guadalema# is an imaginary town of Castile, in which the brothers Quintero have laid the scene of other plays, such as _El niño prodigio, La dicha ajena, El amor a oscuras_, and _Los leales_.]
[Footnote 3: #Pos, señó, güeno está#, = _pues, señor, bueno está._ Escopeta uses the pronunciation of southern Spain, where he was born. A similar manner of speaking is also general among the lower classes in many parts of Spanish America. Many of the comedies of the Quinteros are written entirely in the Andalusian speech, but in this play Escopeta is the only character who employs it. The equivalent Castilian forms will all be found in the Vocabulary.]
[Footnote 4: #¿Qué hay con Tata?# _What do you want of Tata?_]
[Footnote 5: #era# = _sería_; the imperfect indicative often replaces the conditional in the main clause of a condition. It conveys greater vividness.]
[Footnote 6: #¿No he de saberlo?# As so often in Spanish conversation, the negative question is equivalent to a positive affirmation. Translate: _How could I help knowing it?_ or _Of course I know it_.]
[Footnote 7: #¿Qué se le va a hasé?# _There's no help for it._]
[Footnote 8: #También son ganas de preguntar ...#, _you ask only for the sake of asking_.]
[Footnote 9: #como quien dice#, _so to speak_.]
[Footnote 10: #que te agradezco#; supply _quiero decir_ before que.]
[Footnote 11: #Todo está en todo#, _one can find anything anywhere_.]
[Footnote 12: #¿Te quedan gajes, además de la titular?# _Do you get any fees, beside your salary as town physician?_ It is customary for Spanish municipalities to pay a doctor a certain sum by the year, in return for which he is bound to treat gratis residents who desire it.]
[Footnote 13: #dime con quien andas, te diré quién eres.# A well-known proverb: _A man is known by the company he keeps_. Doña Clarines means that Basilio's friend is not likely to prove of better calibre than himself.]
[Footnote 14: #seguro está ... salir#, _it is certain that she will insult him and send him flying. "Seguro está que_, vale tanto como _es seguro que no_," says Bello (_Gramática_, 14th ed., § 1141). In the present case, the expressed negative and the one understood cancel each other, giving an affirmative. The construction is based on irony, like so many Castilian idioms. See also Hanssen, _Gramática histórica_, § 644.]
[Footnote 15: #quedarse con el día y la noche#, _to give away all she has_; lit., "to retain (only) night and day".]
[Footnote 16: #¡Si yo no hago un sueño de dos horas!# _I can't sleep two hours at a time!_]
[Footnote 17: #hay para no dormir#, _there's cause for losing sleep_.]
[Footnote 18: #¿Que ha muerto Juan?# Supply _¿Me dice usted_ before the phrase.]
[Footnote 19: #¿Yo qué he de pensar?# _Of course I don't._ Cf. page 5, note 1. (Transcriber's note: Footnote 6)]
[Footnote 20: #Dios lo tenga en su gloria#. It is a Spanish custom to interject some phrase of this kind when the name of a deceased friend is mentioned. In writing these may be abbreviated; thus, E.P.D. = _en paz descanse_; Q.D.E.P. = _que descanse en paz_; Q.E.G.E. = _que en gloria esté_.]
[Footnote 21: #me lo dice a mí#; the present is used with the sense of a future, and the latter, in turn, for an imperative.]
[Footnote 22: #¿Tú ya no vuelves#, _you will not go again?_]
[Footnote 23: #Y no se diga a las de usted#, _and, needless to say, at yours_.]
[Footnote 24: #Poco se necesita#, _not much is required for that_.]
[Footnote 25: #Daría# and #Crispín# are types of the uneducated but racy Spanish peasant, such as the Quinteros take especial delight in depicting. _Encarna_ of _La zagala_, _Quintica_ of _Mundo, mundillo ..._ and _Lucío_ of _El genio alegre_ are the most important of the spirited figures of country youths and maidens which appear in their comedies.]
[Footnote 26: #No entra#, _he won't come in_.]
[Footnote 27: #que entres#; supply _dice_ before #que#.]
[Footnote 28: #¡Que bien trabajo yo#, _for I work myself_.]
[Footnote 29: #el segundo intento#, _the second attempt (to make him enter)_.]
[Footnote 30: #En no distrayéndola#, _provided he does not distract you_.]
[Footnote 31: #No es porque sea mi prima#, _I don't say it because she is my cousin_.]
[Footnote 32: #que lo balda#; the subject of _balda_ is _ella_, and there is an ellipsis of _tales_ before _que_.]
[Footnote 33: #Como si lo yevara impreso#, _just as if I had it with me printed_.]
[Footnote 34: #¿No había e contestá?# _Of course he answered_.]
[Footnote 35: #el que tiene por qué callar#, _he who had best be silent_.]
[Footnote 36: #¡To será que no duerma en mi cama!# _I never shall get to bed after all!_]
[Footnote 37: #lo que aquí se guisa#, _what we are going to discuss here_; cf. the English slang, "what we are cooking up".]
[Footnote 38: #Pues usted dirá#, _go on, I am listening_.]
[Footnote 39: #La niña ... con ella.# _One gets tired of the girl opposite, after seeing her three days._]
[Footnote 40: #que elogiaba mucho don Quijote#; it is in the Adventure of the Galley-slaves (Part I, chapter 22) that Don Quijote delivers a eulogy of one who acts as intermediary between lovers. It has been called the only passage in which the words of the gentle-hearted knight sound out of character.]
[Footnote 41: #cuando seguramente ... nada más#, _when one has a lover_ (lo) _one certainly holds that opinion. Women never
defend men in general, they defend a particular man_.]
[Footnote 42: #La rabieta ... palabra#, _the fit of temper that came on you, of the silent kind, such that you would not speak ..._]
[Footnote 43: #un dedo manchado de tinta#; there appears to be in this scene a reminiscence of Beaumarchais' _Barbier de Séville_, Act II, sc. II, where Bartholo discovers the secret letter-writing of Rosine by means of an ink-stained finger and a missing sheet of paper.]
[Footnote 44: #Si es más bueno#, _why, he's the kindest man._]
[Footnote 45: #por# (_su_) #mal genio#.]
[Footnote 46: #para seguir la vida tan sola#; _sola_ agrees, not with _vida_, but with _yo_, the implied subject of _seguir_.]
[Footnote 47: #ningún# is used on account of the negative idea contained in #eres muy niña para juzgar#, = _no puedes juzgar_.]
[Footnote 48: #acaso venga#; the subjunctive is used here in what appears to be an independent clause; but in reality _acaso_ = _es posible que_, and the subjunctive is due to the governing idea of doubt.]
[Footnote 49: #Cualquiera fía en tus negativas#, _who can trust your denials?_ The use of _cualquiera_ with negative force arose no doubt from the ironical sense so often present in Spanish exclamations. It does not appear to be treated adequately in the grammars, but is frequent in conversational language; e.g.: "_A cualquier hora_ le digo yo a doña Lorenza todo eso" (= _nunca_; Quinteros, _La casa de García_, I, 10) "_Cualquiera_ sabe quién fue su padre" (= _nadie_; Santiago Rusiñol, _La alegría que pasa_, translation of Vital Aza, scene 7).]
[Footnote 50: #haya venido o no#, _whether he has already come or not_.]
[Footnote 51: #lo diseco# = _lo disecaré_. The present tense is often used for the future, in order to present the idea of futurity with greater force. The substitution is likely to occur in the principal clause of a future condition.]
[Footnote 52: #Muy cerca ha de andarle#, _must come very close to it_.]
[Footnote 53: #se tratará#, the future of probability.]
[Footnote 54: #perdía# = _perdería_. See page 4, note 3. (Transcriber's note: Footnote 5)]
[Footnote 55: #todos los médicos les parecen pocos#, _they can't get doctors enough_.]
[Footnote 56: #eso allá usted ... Si la tiene#, _that is for you to settle with your conscience. If you have one_.]
[Footnote 57: #se me sale siempre sin pensarlo#, _it always escapes without my thinking it over_.]
[Footnote 58: #Esta noche tiene para todos#, _everyone is being hit tonight_.]
[Footnote 59: #Que si#, _whether or not_.]
[Footnote 60: #que, ..., la encuentro muy bien#; according to Bello, a relative pronoun in the accusative case should not be repeated in a pleonastic object pronoun, unless the two are some distance apart. Such is the case here. See Bello-Cuervo, § 925.]
[Footnote 61: #ésta# is Marcela.]
[Footnote 62: Para no apurarse ... en medio#, _there's no cause for worry, I suppose! And I shall have to take the straightest course_ (lit. 'the middle road').]
[Footnote 63: #Si como nació con faldas nace con pantalones#, _if she had been born a man instead of a woman_. For vividness, _nace_ is used instead of _hubiera nacido_.]
[Footnote 64: #habrás hecho#, _you must have done_.]
[Footnote 65: #¡Sópleme ... ha entrado aire!# Freely, _fan me or I shall faint_; _lit._, 'blow on my eye, for I have caught cold from a draught'.]
[Footnote 66: #que me quiere más# (_de lo que puedo decir_).]
[Footnote 67: #Paso que daba ... inspirado por él#, _every step that I took seemed to be by his will_.]
[Footnote 68: #¡El Señor nos coja confesados!# freely, _I hope we are all prepared to die_.]
[Footnote 69: #el don Guillermo#; the use of the definite article with a Christian name is either playful and familiar, or, as here, depreciative.]
[Footnote 70: #De calle se llevaba a la gente#, _people flocked after him in the street_.]
[Footnote 71: #no los descubriera#, _lest it should betray them_.]
[Footnote 72: #de cada vez más largas#, _each one longer than before_.]
[Footnote 73: #séalo ahora#, the neuter form (_lo_), because it refers to the idea of goodness, not to the feminine noun subject.]
[Footnote 74: The second act takes place two days after the first.]
[Footnote 75: #no me importa que usted lo sepa#, _I don't mind if you know it_.]
[Footnote 76: #tal día como hoy#, _on the day corresponding to this_.]
[Footnote 77: #Tiene el pudor de su desgracia#, _their misfortunes have not made them brazen_.]
[Footnote 78: #Y ellos conmigo#, _and they would do the same to me_.]
[Footnote 79: #¿qué tal lleva usted ...#, _how are you getting along with ...?_]
[Footnote 80: #me está usted poniendo bueno#, _you are giving me a fine character_.]
[Footnote 81: #no por ello#, _not on that account_; note that _ello_ does not refer to either noun just used, but is neuter and general in meaning.]
[Footnote 82: #me pasó#, _what happened was_.]
[Footnote 83: #la ropa ... secar#; the poet is Gustavo Adolfo Bécquer (1836-70), one of the best-known lyric writers of the 19th century, and the favorite author of the Quintero brothers. This line is the last of _Rima LXXII_. In it the poet represents himself as listening to the songs of three boatmen, one extolling Love, another Glory, and the third Liberty. They invite him to embark with them, but he replies: "I did so long ago; and my clothes are not yet dry" (from the experience).]
[Footnote 84: #que va para largo#, _which may take a long time_.]
[Footnote 85: #el árbol# is the tree of personal comfort and happiness, which contributes nothing to the welfare of society in general, and is not concerned with the good or evil motives of others.]
[Footnote 86: #usted no pasa por movimiento mal hecho#, _you will not tolerate evil impulses (in others)_.]
[Footnote 87: #¿Por qué vino el hablar de estas cosas?# _how did we come to speak of such things?_]
[Footnote 88: #habrá#, future of probability.]
[Footnote 89: #eso#, a very depreciative neuter, _that creature_.]
[Footnote 90: #ya ve usted ... loca#, _you see what form my madness takes_.]
[Footnote 91: #Juegos Florales#. The _Floral Games_ are literary contests; the authors of the poems which have been awarded honors receive at the hands of the Queen of the Games prizes, consisting of flowers, both natural and of precious metals. The ceremony of the awards is made the occasion of an imposing festival, whence the allusion in the text. The Floral Games originated in Toulouse in the days of the Troubadours, in 1324. They have been revived with brilliance of late years in Barcelona and Valencia, and have spread thence to many other Spanish cities.]
[Footnote 92: #esperaba#, the subject is _yo_.]
[Footnote 93: #Que tires para arriba que tires para abajo#, _no matter what I do_.]
[Footnote 94: #Como que pensará usted#, _I suppose you think_.]
[Footnote 95: #dos# _criados_, not #gustos#.]
[Footnote 96: #es ... servido#, _will make me forget myself some day_.]
[Footnote 97: #Pues más ... tanto#, _we of this country have more wit, and don't brag so much about it_.]
[Footnote 98: #a todo ha de estar Tata#, _Tata must look after everything._]
[Footnote 99: #¡Ya le daré yo a ese paisanaje!# _I'll settle that habit of saying I'm from his part of the country_!]
[Footnote 100: #En mi vida# is an expression always understood as negative, even when no negative word appears in the sentence. There are several other such expressions introduced by _en_ or _por_.]
[Footnote 101: #Lo que#, _how_.]
[Footnote 102: #se me va la cabeza#, _I am losing my mind_.]
[Footnote 103: #Casa con dos puertas, mala# (_es_) #de guardar#, an old Spanish proverb, used by Calderón as the title of an intrigue play.]
[Footnote 104: #a no contar con usted#, _unless we had had your assistance_.]
[Footnote 105: #En el moral, ni entro ni salgo#, _the ethical side is no affair of mine_.]
[Footnote 106: #harán ... nieblas de las montañas#, _difficulties will melt away before you_; lit. 'you will make mists of mountains'.]
[Footnote 107: _Vox populi, vox Dei, universal report must be true_; lit. 'The voice of the people is the voice of God'.]
[Footnote 108: #Mientras más amigos, más claros#, _the better friends we are, the more frank we should be_.]
[Footnote 109: #Ahí se le fué la burra a su futuro suegro de usted.# Compare the Uncle Remus idiom, "There's where he dropped his moneypus".]
[Footnote 110: #Lo de Clarines no es de ahora#, _Clarines' trouble is nothing new_.]
[Footnote 111: #No me gasten la pólvora en salvas#, _don't waste time in greetings_; _me_ is a dative of disadvantage, which can hardly be translated.]
[Footnote 112: #¿Qué tienes?--¡El contento de verte aquí!# _How are you?--Happy at seeing you here!_]
[Footnote 113: #¡Si vieras!# _if you had seen_! "It is very common to use simple forms instead of compound, when speaking, with implied negation, of a past event." Bello-Cuervo, § 696.]
[Footnote 114: #ponen una valla entre la sociedad y yo#, that is, "prevent me from taking the place I wish in society." Note the nominative case of _yo_, although it is the object of a preposition. The rule is that "if the form of one of two pronouns, or a noun and a pronoun, governed by _entre_ is identical with that of the nominative and must precede the other, the second assumes the nominative form". Ramsey.]
[Footnote 115: #¿Y qué?# _and what of that?_]
[Footnote 116: #pasaron#, _are done with_.]
[Footnote 117: Yo haré ... a la vez#, _I will soon try to have you believing and laughing at the same time_.]
[Footnote 118: #Hoy# is an adverb modifying #acaba#, not its subject, as might be the case in English.]
[Footnote 119: #¡Dónde va a parar! ¡A saber ...#, _What can she be driving at? I should like to know ..._]
[Footnote 120: #Como los dos ... habláis mal#, _as both of you have every reason to speak well of me, I feel sure that you are speaking ill._]
[Footnote 121: #Cosas ... piedras#, _you have whims, O Cid, that would rouse a stone_. These lines are taken from a ballad (_romance_), no. 818 in Durán's large _Romancero general_. The ballad is not a very old one (it was first printed in Escobar's _Romancero del Cid_, 1612); the language is an imitation, and a poor one, of medieval forms. The restoration of the Latin initial _f_ for its Spanish development _h_, the use of the article before a noun in the vocative, and the older #tenedes# for _tenéis_, are such imitations.]
[Footnote 122: #de alguna manera#, _in some way_. #Señora# in this passage is a mere title in the first two instances; in the third it means lady.--#no porque crea#, _not because I believe_.]
[Footnote 123: #Tú verás cómo escribes#, _be careful how you write_, that is, _how you spell_.]
[Footnote 124: #haches#. The word _alcahuete_ or _alcahueta_, 'a go-between', has a particularly evil connotation in Spanish.]
[Footnote 125: #¿qué entrar y salir trae ese majadero?# _What does that fool go in and out so much for?_]
[Footnote 126: #para contestarte que sí#, _to have me tell you 'yes'_. The grammar of this sentence is loose, for strictly the supplied subject of contestar should be _tú_, since _tú_ is the subject of both inflected verbs. The sense however leaves no choice but to supply _yo_.]
[Footnote 127: #a ello#, _for the purpose_.]
[Footnote 128: #mi nombre y mis dos apellidos#; the two surnames are those of one's father and of one's mother, and placed in that order. Thus in the name _Juan López y Herrera_, the _nombre_ or Christian name is _Juan_, and the _apellidos_ are the father's name _López_, and the mother's, _Herrera_.]
[Footnote 129: _la carta está_ #lista#.]
[Footnote 130: #ni más ni menos que lo que#; before _lo que_ it is usual to employ _de_ after a comparative word. Although Bello (_Gramática_, § 1016) declares that _que_ may be used equally well in such cases, it is probable that in this sentence the _que_ for _de_ is due to the fact that the sentence is negative, in analogy with the use of #que# before numerals in negative sentences.]
[Footnote 131: #¡Medrados estaríamos!# _that would be a fine state of affairs!_ (if you should compose messages of your own).]
[Footnote 132: _militar_; perhaps the jest turns on the name #Escopeta#.]
[Footnote 133: #ésa# does not refer to any expressed feminine noun, but perhaps to one understood, such as _pulla_.]
[Footnote 134: #Eso ... y oro molido que me pidas#, _that and much more will I do for you_; lit. 'that, and gold-dust if you should ask for it'.]
[Footnote 135: #¡Santa Bárbara bendita#, etc. This crude verse can hardly be translated in a way to make much sense. It is a popular charm against impending misfortune. Scattered through _La vida que vuelve_, another play of the Quinteros, may be found many more such conjurations.]
[Footnote 136: #rodándolas materialmente#, _literally tumbling down them_.]
[Footnote 137: #se la plantó con pelos y señales#, _she accused him of it to his face, with all the details_.]
[Footnote 138: #tanto y más cuanto#, _more than a little_.]
[Footnote 139: #¡Ni que el mesmo Dios se las dijera al oído!# _it's as if God himself had whispered them to her!_]
[Footnote 140: #con esta hermana ... cominos#, _it is impossible to tell what this sister of mine will do_. The more usual form of the idiom is "no se puede atar un ochavo de cominos con". The image is that of a string not long enough to hold together a very small quantity of tiny seed.]
[Footnote 141: #¡no se le vaya ... rato!# _don't let slip the fact that you were here a little while ago_.]
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Doña Clarines y Mañana de SolChapter III: Part 3
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