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Chapter II: Part 2

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La mayor parte de la poblacion se compone de descendientes de los antiguos colonos espanoles y de los inmigrantes llegados de algunos paises de Europa; especialmente de Italia, Alemania, Francia y Espana. Gran parte de la poblacion vive en las ciudades; la capital, que es Buenos Aires, tiene por si sola casi la quinta parte de la poblacion total.

La republica Argentina tiene recursos agricolas inmensos, pero en gran parte todavia no estan desarrollados. La mayor parte del pais es plana, y en esas planicies o pampas cubiertas de pastos se encuentran millones de reses vacunas, caballos, carneros y cabras. La industria principal, por consiguiente, se relaciona con estos animales.

Sus exportaciones principales son trigo, maiz, avena, lana, cueros, pieles de cabra, carne de res en conserva y helada. Vino y azucar son tambien cultivados y exportados. El comercio de Argentina en 1913 represento un valor de $877,000,000 que fue mayor que el de China o del Japon.

Cerca de 33,000 kilometros de caminos de hierro ponen en comunicacion la costa con las ciudades del interior y con Chile.

Buenos Aires es la mayor ciudad de la America del Sur y una de las mas grandes del mundo. Es el gran puerto de mar de la Argentina. La mitad de su poblacion es europea, y la ciudad esta construida a la manera de las grandes ciudades de la America del Norte y de Europa. Tiene avenidas hermosas, paseos bellos, parques magnificos y edificios monumentales, notablemente el capitolio.

Deben tambien mencionarse los muelles modernos, un teatro magnifico de la opera, casinos suntuosos y diarios modernos como "La Prensa." Ademas de ser un centro comercial, es el lugar donde se hallan excelentes institutos de educacion.

42. EL BARBERO DE LA CORUNA

Un dia llego a una fonda de la Coruna un forastero de gran talle, corpulento y fuerte, con centellantes ojos negros y rostro cubierto de larga y espesa barba. Su vestido negro anadia algo de siniestro a su apariencia.

--iPosadero!--grito en voz alta,--tengo mucha hambre y me estoy muriendo de sed. Traigame algo que comer y una botella de vino. iPronto!

El posadero, medio espantado, corrio a la cocina, y pocos minutos despues sirvio una buena comida y una botella de vino al extranjero. Este se sento a la mesa y comio y bebio con tanto gusto que en menos de diez minutos habia devorado todo.

Una vez terminada su comida, pregunto al posadero:--- ?Hay en este pueblo un buen barbero que pueda afeitarme?

--Ciertamente, senor,--contesto el posadero, y llamo al barbero que vivia no lejos de la fonda.

Con su estuche en una mano y el sombrero en la otra, entro el barbero, y haciendo una profunda reverencia pregunto:--?En que puedo servir a Vd., senor?

--Afeiteme Vd.,--grito el forastero con voz de trueno.--Pero le advierto que tengo la piel muy delicada. Si no me corta le dare cinco pesetas, pero si me corta le matare sin piedad. Ya he matado mas de un barbero por esa causa; icon que tenga cuidado!--anadio por via de explicacion.

El pobre barbero que se habia espantado al oir la aterradora voz de su cliente, ahora temblaba como la hoja de un arbol agitada por el viento otonal.

El terrible hombre habia sacado del bolsillo de su levita un grande y afilado cuchillo y lo habia puesto sobre la mesa. Era muy claro que la cosa no era para bromas.

--Perdone Vd., senor,--dijo el barbero con voz tremula,--yo soy viejo y me tiembla la mano un poco, pero voy a enviar a Vd. a mi ayudante, que es joven. Puede Vd. fiarse de su habilidad.

Diciendo esto, salio casi corriendo de la fonda. Cuando estuvo fuera, dando gracias a Dios de haber escapado, decia para si:--Ese hombre es malo como un demonio; no quiero tener negocios con el. Tengo una esposa y ocho ninos y debo pensar en ellos. Es mejor que venga mi ayudante.

A los diez minutos se presento el ayudante en la fonda.--Mi maestro me ordeno que viniera aqui para...--Si, su maestro dice que es Vd. un hombre habil y espero que tenga razon,--le interrumpio el forastero con voz ronca.--Le advierto que tengo la piel muy delicada. Si me afeita sin cortarme le dare cinco pesetas, pero si me corta, le matare con este cuchillo tan cierto como mi barba es negra.

Al oir esto el ayudante palidecio un poco, pero recobrando el animo replico:--Ciertamente, senor, soy muy habil y tengo una mano muy segura. Tendria mucho gusto en afeitarlo, pero Vd. tiene una barba muy espesa y necesito una navaja muy afilada. Desgraciadamente no tengo ninguna en mi estuche ahora, pero afortunadamente el aprendiz afilo sus navajas esta misma manana. Le voy hacer venir al instante.

Con esto escapo precipitadamente diciendo para si:--iCaspita! iEse barbon se parece al mismisimo diablo! Lo que es a mi, no me mata. Que vaya el aprendiz, que es joven. Aqui tiene una buena ocasion de aprender algo. Por fin vino el aprendiz. Era un muchacho de unos diez y seis anos, con ojos vivos y cara inteligente.

--iOla!--grito el forastero, soltando una carcajada que hizo retemblar las paredes.

--?Te atreves tu a afeitarme? Pues bien, muchacho. iMira! Aqui tienes esta pieza de oro y este cuchillo. La moneda de oro vale cinco pesetas y sera tuya si me afeitas sin cortarme; pero como eso no es muy facil, porque tengo la piel muy delicada, te advierto que si me cortas te matare con este cuchillo.

Y miro al pobre aprendiz con unos ojos que parecian salir chispas centellantes.

Mientras tanto, el muchacho reflexionaba de esta manera:--iCinco pesetas! Eso es mas de lo que gano en seis meses. Con esa suma me puedo comprar un traje nuevo para la feria y, ademas, un nuevo estuche. Con que me voy a atrever. Si este bruto mueve el rostro y lo corto, ya se lo que debo hacer.

Con gran calma saca todo lo necesario de su estuche; sienta al forastero en una silla, y sin el menor miedo pero con mucho cuidado termina el muchacho felizmente la operacion.

--Aqui tienes tu dinero,--dijo el terrible matasiete.--iChispas, nino! tu tienes mas valor que tu maestro y su asistente, y a la verdad mereces el oro. Pero dime: ?no tenias miedo?

--?Miedo? ?Por que? Vd. estaba enteramente en mi poder. Tenia yo las manos y mi mas afilada navaja en la garganta de Vd. Supongamos que Vd. se mueve y yo le corto. Vd. intenta asir el cuchillo para matarme. Yo lo impido y con una sola tajada lo deguello. Eso es todo. ?Entiende Vd. ahora?

Esta vez fue el forastero el que se puso palido.

43. EL PERRO DEL VENTRILOCUO

Entro una vez en una fonda un ventrilocuo acompanado de su hermoso y muy inteligente perro. Se sento a una mesa, llamo al mozo y dijo:

--Traigame Vd. un biftec.

Estaba ya al punto de irse el mozo para ejecutar la orden, cuando se detuvo pasmado. Oyo distintamente que dijo el perro:

--Traigame a mi tambien un biftec.

Estaba sentado a la misma mesa en frente al ventrilocuo un ricazo que tenia mas dinero que inteligencia. Este dejo caer el tenedor y el cuchillo y miro al perro maravilloso. Mientras tanto habia vuelto el mozo. Puso un biftec sobre la mesa delante del dueno, y el otro en el suelo delante del perro. Sin hacer caso del asombro general, hombre y perro comieron con buen apetito. Despues dijo el dueno:

--Mozo, traigame Vd. un vaso de vino.--Y anadio el perro:--Traigame a mi un vaso de agua.

En esto todos en la sala cesaron de comer, y se pusieron a observar esta escena extraordinaria. Volviendose al ventrilocuo pregunto el ricazo:

--?Quiere Vd. vender este perro? Nunca he visto animal tan inteligente.

Pero el amo contesto:

--Este perro no se vende. Es mi mejor amigo, y no podemos vivir el uno sin el otro.

Apenas hubo concluido este, cuando dijo el perro:

--Es verdad lo que dice mi amo. No quiero que me venda.

Entonces el ricazo saco la bolsa, y poniendo sobre la mesa un billete de quinientos duros sin decir palabra, dirigio al ventrilocuo una mirada interrogativa.

--A fe mia,--dijo este,--esto ya es otro cantar. Veo ahora que puede hablar tambien el dinero. Es de Vd. el perro.

Despues de haber concluido la comida el ricazo, muy alegre y ufano, partio con el animal, que al momento de salir pronuncio con voz casi ahogada de disgusto y de colera estas palabras:

--Miserable, me ha vendido Vd. Pero juro por todos los santos, que en toda mi vida no dire otra palabra.

44. EL CANAL DE PANAMA

Ni los franceses ni los norteamericanos han sido los primeros en intentar esa grande obra. Ya en tiempo de los Reyes Catolicos (1515) se busco una linea acuatica a traves del istmo. El emperador Carlos V en 1534 pensaba en hacer este canal. Pero las guerras en Europa distrajeron su atencion de los asuntos de America y aquel canal no paso de ser un proyecto.

Pero el exito alcanzado con la construccion del canal de Suez hizo pensar de nuevo en la conveniencia de construir un canal desde el oceano Atlantico al Pacifico, y en el ano 1870 envio el gobierno de los Estados Unidos dos comisiones de ingenieros a reconocer el terreno de los istmos de Darien en Colombia, y de Tehuantepec en Mejico, para determinar cual de las dos vias presentaba menores dificultades y ofrecia mayores ventajas.

Despues de varios estudios y no pocos gastos se abandono la idea de construir el canal por esos dos istmos. Entonces Fernando de Lesseps y otros ingenieros franceses trazaron el proyecto de un canal por el istmo de Panama y formaron una compania por acciones para llevarlo a cabo. Se invirtieron en las obras muchos millones, pero el fracaso era inevitable. Entonces el gobierno de los Estados Unidos compro a los franceses y al gobierno de Panama la concesion en 250 millones de francos.

El dia 4 de Mayo de 1904 se hicieron cargo los ingenieros civiles norteamericanos de las obras del canal. Por fin, el dia 10 de octubre de 1913, el Presidente de los Estados Unidos, oprimiendo un boton electrico, a una distancia de 3,000 kilometros, hizo saltar el ultimo obstaculo que quedaba en el canal con una carga de 20 toneladas de dinamita. Entonces las aguas del Atlantico se juntaron con las del Pacifico. El primer buque paso por el canal el 14 de mayo de 1914. El canal fue inaugurado para el trafico general el 13 de agosto de 1914.

El canal, que representa un esfuerzo colosal de ingenieria, tiene unos 72 kilometros de uno a otro extremo. Su anchura es desde la minima de 90 metros hasta la maxima de 300, y su menor profundidad es de 12.5 metros. Como su parte mas elevada esta a 25 metros sobre el nivel del mar, para llegar a ella tendran que remontar los buques tres esclusas por una vertiente y descender otras tantas por la otra vertiente. Un buque de tonelaje regular emplea de diez a doce horas en ir de un oceano a otro. El costo de esta obra colosal, incluyendo el dinero pagado a la compania francesa y a la Republica de Panama, es de 330 millones de dolares.

45. PROVERBIOS. (II)

Cuanto sabes no diras, cuanto ves no juzgaras, si quieres vivir en paz. Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la descendida. Entre padres y hermanos no metas tus manos. En tierra de ciegos el tuerto es rey. En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre. En boca cerrada no entran moscas. En buen dia, buenas obras. El viejo en su tierra y el mozo en la ajena, mienten de una misma manera. El tiempo cura al enfermo, que no el ungueento. El que tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino. El mozo perezoso por no dar un paso da ocho. El melon y la mujer, malos son de conocer. El gato escaldado del agua fria huye.

46. EL COMPETIDOR

Un dia a eso de las seis de la tarde llego a una posada un hombre. Se sento y demando:

--?Puedo obtener que comer por mi dinero?

El posadero, hombre muy cortes y oficioso, replico con una reverencia profunda:

--Sin duda, senor; mande Vd. lo que desee, y contentare a Vd.--Y a la verdad, no era mala la cena. Mientras comia con mucho gusto, el posadero pregunto al huesped:

--?Acaso le gustara a Vd. una botella de vino?

--Me conviene si puedo obtener algo bueno por mi dinero,--repuso el hombre. Concluida la cena, sirvio el cafe el posadero y demando otra vez:

--?Sin duda le gustara a Vd. un excelente tabaco?

--A mi me gusta todo, si puedo obtener algo bueno por mi dinero,--fue la contestacion. Al fin el posadero presento la cuenta que ascendio a cinco pesetas. Sin examinarla ni mirarla el hombre entrego al posadero una vieja pieza de cinco centavos. Este la rechazo preguntando con colera:

--?Que quiere decir esto? Vd. ha ordenado las mejores cosas. Vale tres pesetas la cena, una peseta el vino y otra peseta los tabacos.

--Yo no he mandado nada,--repuso el hombre.--He pedido que comer por mi dinero, y esta pieza es todo el dinero que tengo.

Estaba el posadero para ponerse muy colerico, cuando se le ocurrio una buena idea.

--Amigo,--dijo con una sonrisa muy fina,--ya no hablaremos mas de eso. No me pagara Vd. nada. Le presento a Vd. graciosamente la cena, el vino y los tabacos. Ademas, tome Vd. este billete de diez pesetas, si quiere hacerme un gran favor. Dos calles mas arriba esta la posada del Leon de Oro, cuyo amo es mi competidor. Vaya Vd. al Leon de Oro, y haga la misma calaverada.

Tomo el dinero, se lo metio en el bolsillo y se despidio el huesped. Llegado a la puerta se volvio y dijo con burla mal disimulada:

--Muchas gracias y buenas noches. Pero es su competidor de Vd. quien me ha hecho venir aqui.

47. EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA

Un estudiante volvia desde Salamanca para su tierra despues de haber concluido su curso. Llevaba poco dinero, y asi en todas las posadas ajustaba su bolsa con la huespeda, para que no se le acabase antes de, concluir su viaje. La economia de que usaba era suma. Sucedio que iba a pasar la noche en una posada donde la huespeda era mujer de lindo entendimiento, lindo modo y mucho agrado. Ella le pregunto que queria cenar. Respondio que queria un par de huevos.

--?Nada mas, senor licenciado?--dijo la huespeda. El estudiante contesto:--Me basta, pues yo ceno poco.

Trajeronle los huevos. Mientras comia, la huespeda le propuso unas truchas muy buenas que tenia. El estudiante resistia a la tentacion.

--Mire Vd., senor licenciado,--dijo ella--que son excelentisimas, porque tienen las cuatro efes.

--?Que quiere decir eso, las cuatro efes?

--?Pues no sabe Vd. que las truchas han de tener las cuatro efes para ser magnificas?

--Nunca he oido tal cosa,--repuso el estudiante--y quisiera saber que cuatro efes son esas. ?Que significa este enigma?

--Yo se lo dire, senor,--respondio la huespeda.--Quiere decir, que las truchas mas sabrosas son las que tienen las cuatro circunstancias de Frescas, Frias, Fritas y Fragosas.

A esto replico el estudiante:--Ahora comprendo. Pero, senora, si las truchas no tienen otra efe mas, no sirven nada para mi.

--?Que otra efe mas es esa?

--Senora, que sean Fiadas; porque en mi bolsa no hay con que pagarlas por ahora.

La agudeza del estudiante agrado tanto a la huespeda, que no solo le presento las truchas graciosamente, sino tambien le lleno la alforja para lo que le restaba de camino.

48. ADIVINANZAS. (II)

1. ?Quien es el que sin ceremonia, y con el sombrero calado, se sienta delante del rey, del emperador o del presidente de una republica? El cochero.

2. ?En que anos hablan menos las mujeres? En los comunes, porque tienen un dia menos que los bisiestos.

3. ?Donde se halla el Gran Turco cuando se pone el sol? A la sombra.

4. ?En que se parece un viernes a un martes? En que tiene 24 horas.

5. ?Que es lo que ponemos sobre la mesa, partimos por la mitad, y sin embargo no comemos? Una baraja de naipes.

6. ?En que se parecen una boca y un molino? En las muelas.

7. ?En que se parecen un elector y una pelota? En que aquel vota, y esta bota.

8. ?En que se parece Madrid a un cuchillo? En que tiene corte.

49. CUBA

La republica de Cuba, llamada la "perla de las Antillas" es la mas fertil y la mas hermosa de las Antillas. Esta isla es mas grande de lo que generalmente se cree, pues tiene casi tantos kilometros cuadrados como el estado de Pensilvania.

El suelo de Cuba es fecundisimo. Abundan en sus hermosos bosques maderas ricas y en su suelo se encuentran el hierro, el platino y el asfalto. La gran riqueza de la isla, sin embargo, consiste en las vegas de tabaco, de cana de azucar, de cafe y de algodon.

Grandes ingenios de cana de azucar cubren sus ricos valles donde se encuentran las mejores y mas modernas maquinarias para la preparacion del azucar. Los campos de tabaco, situados principalmente en la parte occidental de la isla en la provincia Pinar del Rio, producen abundante y rico tabaco del cual se hacen los famosos cigarros de la Habana.

Cuba exporta enormes cantidades de tabaco y de azucar. Sus exportaciones a los Estados Unidos en 1913 fueron mas de $131,000,000; as importaciones de los Estados Unidos fueron cerca de $75,000,000. El valor total del comercio fue cerca de $300,000,000.

Durante muchos anos de guerra y revoluciones trataba Cuba de libertarse del dominio espanol. La ultima revolucion empezo en 1895 y fue terminada con una guerra entre Espana y los Estados Unidos. Esta guerra termino en 1898, fecha en que Espana abandono todos sus derechos sobre la isla.

La Habana es la capital y el puerto mas importante de Cuba. Esta situada en una de las mas hermosas bahias del mundo. La vista de la bahia es magnifica. El aspecto de la ciudad es tambien hermoso. La Habana posee edificios hermosos, paseos esplendidos, una universidad y muchas fabricas, principalmente de tabacos. Otros puertos importantes son: Santiago de Cuba, Cienfuegos y Guantanamo.

50. EL TONTO

Vivian en cierto pueblo un labriego y su mujer. Su unica fortuna eran su cabana, una vaca y una cabra. El marido, que se llamaba Juan, era muy tonto, tanto que sus vecinos le habian puesto por apodo "El Tonto". Pero Maria, la esposa, era muy inteligente y a menudo remediaba las tonterias que habia hecho su marido.

Una manana Maria dijo a Juan:

--Juan, ahora hay feria en la aldea. Vendamos nuestra vaca. Ya es muy vieja, da poca leche y el precio del heno ha subido mucho este ano.

Juan despues de pensar un poco opino como su mujer. Se puso su vestido de domingo, tomo su sombrero y se fue al establo para llevar la vaca al mercado.

--Aviva el ojo, Juan, y no te dejes enganar,--dijo la mujer.

--No tengas cuidado, mujer. Tiene que madrugar mucho el que me quiera enganar,--contesto el tonto campesino, que se tenia por muy inteligente.

Juan se fue al establo; pero una vez alli no sabia claramente distinguir cual era la vaca y cual la cabra.

--iCaramba!--dijo para si despues de cavilar largo rato.--La vaca es mas grande que la cabra. Por lo tanto me llevo al animal mas grande.

Diciendo esto desato la vaca y se la llevo.

No habia andado Juan muchos kilometros cuando le alcanzaron tres jovenes, que tambien iban a la feria. Llevaban estos jovenes poco dinero, e iban hambrientos y con mucha sed. Cuando vieron al lugareno con su vaca resolvieron darle un chasco. Uno de ellos habia de adelantarse y tratar de comprarle la vaca. Poco despues el segundo debia hacer lo mismo, y por ultimo el tercero.

--iOla, amigo!--saludo el primero.--?Quiere Vd. vender su cabra? ?Cuanto vale?

--?La cabra?--replico el aldeano atonito.--?La cabra, dice Vd.?--y con expresion incredula miraba al comprador y al animal.

--Vendamela--continuo el joven muy serio,--le doy seis pesetas por ella.

--?La cabra?--continuo repitiendo el lugareno, moviendo la cabeza de un lado a otro.--Yo pensaba que era mi vaca la que llevaba a la feria, y aun ahora mismo, despues de mirarla bien, creo que es la vaca y no la cabra.

--iCaracoles, hombre! No diga Vd. disparates. Esta es la cabra mas flaca que he visto en mi vida. Es mejor que guarde mis seis pesetas. Adios.

Despues de algunos minutos el segundo joven alcanzo a Juan.

--Buenos dias, amigo,--le dijo afablemente.--Hace muy buen tiempo. iToma!

?Que lleva Vd. aqui? ?Una cabra? Yo iba a la feria precisamente a comprar una cabra. ?Quiere Vd. venderme la suya? Le doy cinco pesetas por ella.

El campesino se detuvo, y rasgandose la oreja dijo para sus adentros:

--iCanario! Aqui esta otro sujeto que dice que traigo la cabra. ?Sera esto posible? Durante todo el camino este animal no ha abierto el hocico. Si solo hiciera ruido yo podria entonces saber si era la cabra o la vaca. iMaldita suerte! La proxima vez que vaya al establo me llevo a mi mujer.

--Pues bien,--continuo el tunante joven,--si no me quiere Vd. vender la cabra, tendre que comprarla en la feria. Pero creo que cinco pesetas es bastante dinero por una cabra tan flaca. Adios.

Por ultimo llego el tercer joven.

--iOla, amigo! ?Quiere Vd. vender su cabra?

El pobre campesino no sabia que responder, pero al cabo de un momento de silencio replico:

--Vd. es el tercero que me habla de una cabra. ?No puede Vd. ver que el animal que traigo es una vaca?

--Mi buen hombre, es Vd. ciego o esta embriagado,--repuso el embustero.--iVaya! Un nino puede decirle que su animal no es una vaca, sino una cabra; y, por cierto, muy flaca.

--iCanastos!--contesto el tonto aldeano.--Recuerdo claramente que he tomado el animal que estaba atado cerca de la puerta. Ademas, este animal tiene la cola larga, y una cabra tiene la cola mas corta.

--No diga Vd. tonterias,--contesto el tunante.--Le ofrezco cuatro pesetas por su cabra.

Diciendo y haciendo, el picaro saco del bolsillo cuatro piezas de plata y las hizo sonar.

El pobre lugareno completamente aturdido y ya casi convencido, vendio el animal, recibio el dinero y se volvio a su casa, mientras que los jovenes siguieron camino a la feria.

La mujer del campesino se indigno mucho cuando su marido le entrego las cuatro pesetas.

--iTonto! iEstupido!--exclamo colerica.--Llevaste la vaca que vale a lo menos cincuenta pesetas.

--Pero, ?que podia hacer yo? Tres hombres, uno despues de otro, me aseguraban que llevaba la cabra, y...

--?Tres hombres? iPapanatas!--interrumpio la mujer.--Apuesto a que esos hombres fueron los mismos que pasaron por aqui, y me preguntaron cual era el camino de la aldea. Sin duda han vendido ya la vaca al primer marchante que encontraron, y se regalan en este momento en alguna posada con el dinero. iPronto! No perdamos tiempo. Mudate de vestido. Ponte tu mejor sombrero para que no te reconozcan. Vamos a devolverles el chasco a esos picaros, y puede ser que aun podamos recobrar nuestro dinero.

A eso de las doce el tonto y su mujer llegaron a la aldea. Visitaron varias fondas y, como lo sospecho la mujer, los tres picaros fueron encontrados festejandose en una de aquellas.

El lugareno y su mujer se sentaron cerca de la mesa donde estaban los picaros. La mujer llamo al posadero y le refirio en pocas palabras lo que habia pasado a su marido.

--Si Vd. nos ayuda,--dijo la mujer al posadero,--podremos recobrar nuestro dinero. Yo propongo esto: Mi marido pide un vaso de vino. Se levanta, revuelve su sombrero, llama a Vd., y Vd. saca de su bolsillo este dinero que yo le doy ahora, y pretende Vd. que la cuenta esta pagada.

Mientras tanto los tres picaros seguian comiendo y bebiendo alegremente sin prestar atencion al lugareno. Pero cuando este se levanto por tercera vez, uno de los tres cayo en ello, y pregunto al posadero la causa de tan extrana conducta.

--iCalle Vd! iSilencio!--respondio este, haciendo el misterioso.--Ese hombre tiene un sombrero magico. He oido hablar muchas veces de ese sombrero, pero esta es la primera vez que veo tal maravilla con mis propios ojos. Viene este campesino, me ordena un vaso de vino, revuelve el sombrero, y al momento suena en mi bolsillo el dinero. Al principio no me parecia eso posible, pero los hechos son mas seguros que las palabras.

El bribon, muy sorprendido, se reunio con sus camaradas y les refirio lo que habia oido.

--Debemos obtener ese sombrero a cualquier precio,--dijeron los tres al instante.

Se sentaron en la misma mesa que el lugareno, a quien no reconocieron, y trabaron conversacion con el.

--Tiene Vd. un sombrero muy bonito, y me gustaria comprarlo. ?Cuanto vale?--dijo el primero.

El lugareno le miro desdenosamente y repuso:--Este sombrero no se vende, pues no es un sombrero ordinario como cualquier otro. iOla, posadero!--grito con voz firme.--Traiga mas vino.

Cuando el vino fue servido el lugareno se levanto, revolvio el sombrero, y el posadero saco al instante el dinero de su bolsillo.

Los tres bribones se quedaron pasmados de asombro, y tanto importunaron al lugareno que este acabo por exclamar:

--Pues bien, por cincuenta pesetas les vendere el sombrero.

Esta era la exacta suma en que habian vendido la vaca. Muy alegres entregaron el dinero al lugareno, que tan pronto como tuvo el oro en su bolsillo partio, mas contento que unas pascuas.

Los tres bribones tambien partieron. No habian andado gran distancia cuando llegaron a otra fonda. Uno de ellos propuso que entrasen a probar el sombrero. Despues de haber bebido algunas botellas de vino, llamaron a la huespeda para pagarle. El primero de ellos se levanto, revolvio el sombrero, y todos ansiosamente esperaron el efecto. Pero no sucedio nada. La huespeda, extranando tal conducta, les dijo:

--Como Vds. me han llamado yo creia que me iban a pagar.

--Pues meta Vd. la mano en su faltriquera y hallara Vd. el dinero.

La huespeda lo hizo asi, pero no encontro ningun dinero.

--iDiantre!--dijo el segundo joven, un poco alarmado,--tu no comprendes de esto. Dame el sombrero a mi.

El joven tomo el sombrero, se lo puso, y lo revolvio de derecha a izquierda. Pero todo en balde. La faltriquera de la huespeda estaba tan vacia como antes.

--Son Vds. unos bobos,--grito el tercero con impaciencia.--Voy a ensenar a Vds. como debe ser revuelto el sombrero.

Y diciendo esto, revolvio el sombrero muy despacio y con mucho cuidado. Pero observo con gran desaliento que no tuvo mejor exito que sus companeros.

Al fin comprendieron que el lugareno les habia dado un buen chasco. Su indignacion fue tanta que mejor es pasar por alto los epitetos con que adornaron el nombre del lugareno.

Este al llegar a su casa conto las monedas de oro sobre la mesa exclamando:

--?No lo dije esta manana? Tiene que madrugar el que quiera enganarme.

Su mujer no dijo nada, porque era juiciosa, y sabia que el silencio algunas veces es oro.

51. EL PERAL

Recuerdo que a la salida de mi pueblo habia un hermosisimo peral que daba gusto verle, particularmente a la entrada de la primavera. No lejos hallabase situada la casa del dueno, y alla vivia Dolores, novia mia.

Tenia mi novia apenas diez y nueve anos, y era una nina muy hermosa. Sus mejillas se parecian a las flores del peral. En la primavera y alli, bajo aquel arbol, fue donde yo le dije a ella:

--Dolores mia, ?cuando celebraremos nuestras bodas?

Todo en ella sonreia: sus hermosos cabellos con los cuales jugaba el viento, el talle de diosa, el desnudo pie aprisionado en pequenos zapatos, las lindas manecitas que atraian hacia si la colgante rama para aspirar las flores, la pura frente, los blancos dientes que asomaban entre sus labios rojos,--todo en ella era bello. iAh, cuanto la amaba! A mi pregunta contesto con un rubor que la hacia mas encantadora todavia:

--Cuando empieza la proxima cosecha nos casaremos, si es que no te toca ir al servicio del rey.

Llego la epoca de las quintas. Llego mi turno y saque el numero mas alto. Pero Vicente, mi mejor amigo, tuvo la mala suerte de salir de soldado. Le halle llorando y diciendo:

--iMadre mia, mi pobre madre!

--Consuelate, Vicente, yo soy huerfano, y tu madre te necesita. En tu lugar me marchare yo.

Cuando fui a buscar a Dolores bajo el peral, encontrela con los ojos humedecidos de lagrimas. Nunca la habia visto llorar, y aquellas lagrimas me parecieron mucho mas bellas que su adorable sonrisa. Ella me dijo:

--Has hecho muy bien; tienes un corazon de oro. Vete, Jaime de mi alma; yo esperare tu regreso.

--iPaso redoblado! iMarchen!

Y de un tiron nos metimos casi en las narices del enemigo.

--iJaime, mantente firme y no seas cobarde!

Entre las densas nubes de humo negro que oprimian mi pecho descubri las relucientes bocas de los canones enemigos, que clamaban a la vez, produciendo grandes destrozos en nuestras filas. Por dondequiera que pasaba, se deslizaban mis pies en sangre aun caliente. Tuve miedo y mire atras.

Detras estaba mi patria, el pueblo y el peral cuyas flores se habian convertido en sabrosas frutas. Cerre los ojos y vi a Dolores que rogaba a Dios por mi. No tuve ya miedo. iHeme aqui hecho un valiente!

--iAdelante!... ifuego!... ia la bayoneta!

--iBravo, valiente soldado! ?Como te llamas?

--Mi general, me llamo Jaime, para servir a vuestra senoria.

--Jaime, desde este momento eres capitan.

iDolores! Dolores querida, vas a estar orgullosa de mi. Habiendo terminado la campana victoriosa para nosotros, pedi mi licencia. Henchido el pecho de gratas ilusiones emprendi mi viaje. Y aunque la distancia era larga mi esperanza la hizo corta. Ya casi he llegado. Alla abajo, tras de ese monte, esta mi pais natal. Al pensar que pronto las campanas repicaran por nuestra boda empiezo a correr. Ya descubro el campanario de la iglesia, y me parece oir el repicar de las campanas.

En efecto, no me engano. Ya estoy en el pueblo, pero no veo el peral. Me fijo mejor, y noto que ha sido cortado, segun parece, recientemente, pues en el suelo y en el sitio donde antes estaba aparecen algunas ramas y flores esparcidas aqui y alla. iQue lastima! iTenia tan hermosas flores! iHe pasado momentos tan felices cobijado en su sombra!

--?Por quien tocas, Mateo?

--Por una boda, senor capitan.

Mateo ya no me conocia, sin duda.

?Una boda? Decia verdad. Los novios entran en este momento en la iglesia. La prometida es--Dolores, mi Dolores querida, mas risuena y encantadora que nunca. Vicente, mi mejor amigo, aquel por quien me sacrifique, es el esposo afortunado. A mi alrededor oia decir:

--Seran felices, porque se aman.

--Pero ?y Jaime?--preguntaba yo.

--?Que Jaime?--contestaban. Todos me habian olvidado.

Entre en la iglesia, me arrodille en el sitio mas oscuro y apartado, y rogue a Dios me diera fuerzas para no olvidarme de que era cristiano. Hasta pude orar por ellos. Terminada la misa me levante, y dirigiendome al lugar donde habia estado el peral, recogi una de las flores que en el suelo halle,--flor ya marchita. Entonces emprendi mi camino sin volver la cabeza atras.

--Ellos se aman. iQue sean muy dichosos!--pude aun decir.

--?Ya estas de vuelta, Jaime?

--Si, mi general.

--Oye, Jaime. Tu tienes veinticinco anos y eres capitan. Si quieres, te casare con una condesa.

Saco de mi pecho la marchita flor del peral, y contesto:

--Mi general, mi corazon esta como esta flor. Lo unico que deseo es un puesto en el sitio de mas peligro para morir como soldado cristiano.

Se me concede lo que solicito.

A la salida del pueblo se levanta la tumba de un coronel muerto a los veinticinco anos en un dia de batalla.

52. EL ESTUDIANTE JUICIOSO

Caminaban juntos y a pie dos estudiantes desde Penafiel a Salamanca. Sintiendose cansados y teniendo sed se sentaron junto a una fuente que estaba en el camino. Despues de haber descansado y mitigado la sed, observaron por casualidad una piedra que se parecia a una lapida sepulcral. Sobre ella habia unas letras medio borradas por el tiempo y por las pisadas del ganado que venia a beber a la fuente. Picoles la curiosidad, y lavando la piedra con agua, pudieron leer estas palabras:

_Aqui esta enterrada el alma del licenciado Pedro Garcia._

El menor de los estudiantes, que era un poco atolondrado, leyo la inscripcion y exclamo riendose:

--iGracioso disparate! Aqui esta enterrada el alma. ?Pues una alma puede enterrarse? iQue ridiculo epitafio!

Diciendo esto se levanto para irse. Su companero que era mas juicioso y reflexivo, dijo para si:

--Aqui hay misterio, y no me apartare de este sitio hasta haberlo averiguado.

Dejo partir al otro, y sin perder el tiempo, saco un cuchillo, y comenzo a socavar la tierra alrededor de la lapida, hasta que logro levantarla. Encontro debajo de ella una bolsa. La abrio, y hallo en ella cien ducados con un papel sobre el cual habia estas palabras en latin:

"Te declaro por heredero mio a ti, cualquiera que seas, que has tenido ingenio para entender el verdadero sentido de la inscripcion. Pero te encargo que uses de este dinero mejor de lo que yo he usado de el."

Alegre el estudiante con este descubrimiento, volvio a poner la lapida como antes estaba, y prosiguio su camino a Salamanca, llevandose el alma del licenciado.

53. PROVERBIOS. (III)

Dos amigos de una bolsa, el uno canta y el otro llora. Dicen los ninos en el solejar, lo que oyen a sus padres en el hogar. De tal palo tal astilla. De quien pone los ojos en el suelo, no le fies tu dinero. Del dicho al hecho hay mucho trecho. De la mano a la boca se pierde la sopa. De hombres es errar, de bestias perseverar en el error. De dineros y bondad, siempre quita la mitad. Dame donde me siente, que yo hare donde me acueste. Nino criado de abuelo, nunca bueno. Costumbres y dineros hacen los hijos caballeros. Con lo que sana Sancha, Marta cae mala. Compania de tres, no vale res. Cien sastres y cien molineros y cien tejedores son tres cien ladrones. Cada uno extiende la pierna como tiene la cubierta.

54. EL ESPEJO DE MATSUYAMA

Mucho tiempo ha vivian dos jovenes esposos en lugar muy apartado y rustico. Tenian una hija y ambos la amaban de todo corazon. No dire los nombres de marido y mujer, pero dire que el sitio en que vivian se llamaba Matsuyama, en la provincia de Echigo.

Cuando la nina era aun muy pequenita, el padre se vio obligado a ir a la gran ciudad, capital del Imperio. Como era tan lejos, ni la madre ni la nina podrian acompanarle, y el se fue solo, despidiendose de ellas y prometiendo traerles, a la vuelta, muy lindos regalos. La madre no habia ido nunca mas alla de la cercana aldea, y asi no podia desechar cierto temor al considerar que su marido emprendia tan largo viaje; pero al mismo tiempo sentia orgullosa satisfaccion de que fuese el, por todos aquellos contornos, el primer hombre que iba a la rica ciudad, donde el rey y los magnates habitaban, y donde habia que ver tantos primores y maravillas.

En fin, cuando supo la mujer que volvia su marido, vistio a la nina de gala, lo mejor que pudo, y ella se vistio un precioso traje azul que sabia que a el le gustaba en extremo.

Gran fue el contento de esta buena mujer cuando vio al marido volver a casa sano y salvo. La chiquitina daba palmadas y sonreia con deleite al ver los juguetes que su padre le trajo. Y el no se hartaba de contar las cosas extraordinarias que habia visto, durante la peregrinacion, y en la capital misma.

--A ti--dijo a su mujer--te he traido un objeto de extrano merito; se llama espejo. Mirale y dime que ves dentro.

Le dio entonces una cajita chata, de madera blanca, donde, cuando la abrio ella, encontro un disco de metal. Por un lado era blanco como plata mate, con adornos en realce de pajaros y flores, y por el otro, brillante y pulido como cristal. Alli miro la joven esposa con placer y asombro, porque desde su profundidad vio que la miraba, con labios entreabiertos y ojos animados, un rostro que alegre sonreia.

--?Que ves?--pregunto el marido encantado del pasmo de ella y muy ufano de mostrar que habia aprendido algo durante su ausencia.

--Veo a una linda moza, que me mira y que mueve los labios como si hablase, y que lleva icaso extrano! un vestido azul, exactamente como el mio.

--Tonta, es tu propia cara la que ves,--le replico el marido, muy satisfecho de saber algo que su mujer no sabia.--Ese redondel de metal se llama espejo. En la ciudad cada persona tiene uno, por mas que nosotros, aqui en el campo, no los hayamos visto hasta hoy.

Encantada la mujer con el presente, paso algunos dias mirandose a cada momento, porque, como ya dije, era la primera vez que habia visto un espejo, y por consiguiente, la imagen de su linda cara. Considero, con todo, que tan prodigiosa alhaja tenia sobrado precio para uso de diario, y la guardo en su cajita y la oculto con cuidado entre sus mas estimados tesoros.

Pasaron anos, y marido y mujer vivian aun muy dichosos. El hechizo de su vida era la nina, que iba creciendo y era el vivo retrato de su madre, y tan carinosa y buena que todos la amaban. Pensando la madre en su propia pasajera vanidad, al verse tan bonita, conservo escondido el espejo, pensando que su uso pudiera engreir a la nina. Como no hablaba nunca del espejo, el padre le olvido del todo. De esta suerte se crio la muchacha tan sencilla y candorosa como habia sido su madre, ignorando su propia hermosura, y que la reflejaba el espejo.

Pero llego un dia en que sobrevino tremendo infortunio para esta familia hasta entonces tan dichosa. La excelente y amorosa madre cayo enferma, y aunque la hija la cuido con tierno afecto y solicito desvelo, se fue empeorando cada vez mas, hasta que no quedo esperanza, sino la muerte.

Cuando conocio ella que pronto debia abandonar a su marido y a su hija, se puso muy triste, afligiendose por los que dejaba en la tierra y sobre todo por la nina.

La llamo, pues, y le dijo:

--Querida hija mia, ya ves que estoy muy enferma y que pronto voy a morir y a dejaros solos a ti y a tu amado padre. Cuando yo desaparezca, prometeme que miraras en el espejo, todos los dias al despertar y al acostarte. En el me veras y conoceras que estoy siempre velando por ti.

Dichas estas palabras, le mostro el sitio donde estaba oculto el espejo. La nina prometio con lagrimas lo que su madre pedia, y esta, tranquila y resignada, expiro a poco.

En adelante, la obediente y virtuosa nina jamas olvido el precepto materno, y cada manana y cada tarde tomaba el espejo del lugar en que estaba oculto, y miraba en el, por largo rato e intensamente. Alli veia la cara de su perdida madre, brillante y sonriendo. No estaba palida y enferma como en sus ultimos dias, sino hermosa y joven. A ella confiaba de noche sus disgustos y penas del dia, y en ella, al despertar, buscaba aliento y carino para cumplir con sus deberes.

De esta manera vivio la nina, como vigilada por su madre, procurando complacerla en todo como cuando vivia, y cuidando siempre de no hacer cosa alguna que pudiera afligirla o enojarla. Su mas puro contento era mirar en el espejo y poder decir:

--Madre, hoy he sido como tu quieres que yo sea.

Advirtio el padre, al cabo, que la nina miraba sin falta en el espejo, cada manana y cada noche, y parecia que conversaba con el. Entonces le pregunto la causa de tan extrana conducta.

La nina contesto:

--Padre, yo miro todos los dias en el espejo para ver a mi querida madre y hablar con ella.

Le refirio ademas el deseo de su madre moribunda y que ella nunca habia dejado de cumplirle.

Enternecido por tanta sencillez y tan fiel y amorosa obediencia, virtio el lagrimas de piedad y de afecto, y nunca tuvo corazon para descubrir a su hija que la imagen que veia en el espejo era el trasunto de su propia dulce figura, que el poderoso y blando lazo del amor filial hacia cada vez mas semejante a la de su difunta madre.

55. LOS ZAPATOS DE TAMBURI

Habia en el Cairo un mercader llamado Abou Tamburi, que era conocido por su avaricia; aunque rico, iba pobremente vestido, y tan sucio, que parecia un mendigo. Lo mas caracteristico de su traje eran unos enormes zapatones, remendados por todos lados, y cuyas suelas estaban provistas de gruesos clavos.

Paseabase cierto dia el mercader por el gran bazar de la ciudad, cuando se le acercaron dos comerciantes a proponerle: el uno la compra de una partida de cristaleria, y el otro una de esencia de rosa. Este ultimo era un perfumista que se encontraba en grande apuro, y Tamburi compro toda la partida por la tercera parte de su valor.

Satisfecho con su compra, en lugar de pagar el alboroque a los comerciantes como es costumbre en Oriente, creyo mas oportuno el ir a tomar un bano. No se habia banado desde hacia mucho tiempo, y tenia gran necesidad de ello, porque el Coran manda a los creyentes de Mahoma banarse frecuentemente en agua limpia.

Cuando se dirigia al bano, un amigo que le acompanaba le dijo:

--Con los negocios que acabas de hacer tienes una ganancia muy pinguee, pues has triplicado tu capital. Asi es que deberias comprarte un calzado nuevo, pues todo el mundo se burla de ti y de tus zapatos.

--Ya lo habia pensado; pero me parece que mis zapatos pueden tirar aun cuatro o cinco meses.

Llego a la casa de banos, se despidio de su amigo y se bano. El Cadi fue tambien a banarse aquella manana y en el mismo establecimiento, y como Tamburi saliera del bano antes que el, se dirigio a la pieza inmediata para vestirse. Pero con sorpresa vio que a lado de su ropa, en lugar de sus antiguos zapatos habia otros nuevos, que se apresuro a ponerse, creyendo que eran un regalo de alguno de sus amigos. Como ya al encontrarse con zapatos nuevos no tenia necesidad de comprar otros, salio muy satisfecho de la casa de banos.

El Cadi, despues de terminar su bano, fue a vestirse; pero en vano sus esclavos buscaron su calzado, tan solo encontraron los viejos y remendados zapatos de Tamburi.

Furioso el Cadi mando a un esclavo a cambiar el calzado, y encerro en la carcel al avaro Tamburi. Este, al dia siguiente, despues de pagar la multa que le impuso el Cadi, fue dejado en libertad. Cuando llego a su casa Tamburi arrojo por la ventana al rio los zapatos que habian sido causa de su prision.

Despues de algunos dias, unos pescadores, que habian echado sus redes en el rio, cogieron entre las mallas los zapatos de Tamburi, pero los clavos de que estaba llena la suela destrozaron los hilos de las redes. Indignados los pescadores, recurrieron al Juez para reclamar contra quien habia echado al rio indebidamente aquellos zapatos.

El Juez les dijo que en aquel asunto nada podia hacer. Entonces los pescadores cogieron los zapatos, y, viendo abierta la ventana de la casa de Tamburi, los arrojaron dentro, rompiendo todos los frascos de esencia de rosa que el avaro habia comprado hacia poco, y con cuya ganancia estaba loco de contento.

--iMalditos zapatos!--exclamo,--icuantos disgustos me cuestan!--Y cogiendolos, se dirigio al jardin de su casa y los enterro. Unos vecinos que vieron al avaro remover la tierra del jardin y cavar en ella, dieron parte al Cadi, anadiendo que sin duda Tamburi habia descubierto un tesoro.

Llamole el Cadi para exigirle la tercera parte que correspondia al Sultan, y costo mucho dinero al avaro el librarse de las garras del Cadi. Entonces cogio sus zapatos, salio fuera de la ciudad y los arrojo en un acueducto; pero los zapatos fueron a obstruir el conducto del agua con que se surtia la poblacion de Suez.

Acudieron los fontaneros, y encontrando los zapatos se los llevaron al Gobernador, el cual mando reducir a prision a su dueno y pagar una multa mas crecida aun que las dos anteriores, entregando, no obstante, los zapatos a Tamburi.

Asi que se vio Tamburi otra vez en posesion de sus zapatos, resolvio destruirlos por medio del fuego; pero como estaban mojados no logro su objeto. Para poder quemarlos los llevo a la azotea de su casa con el proposito de que los rayos del sol los secasen.

El destino, empero, no habia agotado los disgustos que le proporcionaban los malditos zapatos. Cuando los dejo, varios perros saltaron a la azotea por los tejados y, cogiendolos, se pusieron a jugar con ellos. Durante el juego, uno de los perros tiro un zapato al aire con tal fuerza que cayo a la calle en el momento en que pasaba una mujer. El espanto, la violencia y la herida que le causo fueron tales que quedo desmayada en la calle. Entonces el marido fue a quejarse nuevamente al Cadi y Tamburi tuvo que pagar a aquella mujer una gruesa multa como indemnizacion de danos.

Esta vez, desesperado, Tamburi se propuso quemar los endiablados zapatos y los llevo a la azotea, donde se puso de vigilante para evitar que se los llevasen. Pero entonces fueron a llamarlo para finalizar un negocio de cristaleria, y la codicia le hizo abandonar su puesto.

No bien dejo la azotea cuando un halcon que revoloteaba sobre la casa, creyendo que los zapatos eran buena presa, los cogio con sus garras y se remonto en los aires. Cansado el halcon, desde cierta altura dejo caer los zapatos sobre la cupula de la mezquita mayor y los pesados zapatos hicieron considerables destrozos en la cristaleria de la cupula.

Los sirvientes del templo acudieron al ruido, y vieron con asombro que la causa de aquel destrozo eran los zapatos de Tamburi, y expusieron su queja al Gobernador. Tamburi fue preso y llevado a presencia del Gobernador, el que, ensenandole los zapatos, le dijo:

--?Es posible que no escarmientes? iMerecias ser empalado! Pero tengo lastima de ti y solo te condeno a quince dias de carcel y a una multa para el tesoro del Sultan, y al pago de los destrozos que has causado en la cupula de la mezquita.

Tamburi tuvo que cumplir su condena; paso quince dias en la carcel; pago dos mil cequies de multa para el tesoro del Sultan y ciento cincuenta por las reparaciones que hubo que hacer en el tejado. Pero las autoridades del Cairo mandaron a Tamburi los zapatos.

Tamburi, despues de meditarlo mucho pidio audiencia al Sultan, y este se la concedio. Hallabase el Sultan rodeado de todos los Cadies de la ciudad en el Salon del Trono, cuando se presento Tamburi, y, de hinojos ante el Sultan, le dijo:

--Soberano Senor de los creyentes, soy el hombre mas infortunado del mundo; una serie inconcebible de circunstancias fatales ha venido a causar casi mi ruina y hacer que padeciera muchos dias de prision. Causa de todas mis desdichas son estos malditos zapatos, que no puedo destruir ni hacer desaparecer. Ruego a V.M. que me releve de responsabilidad en los sucesos a que estos zapatos puedan dar lugar, directa o indirectamente, pues declaro que desde hoy renuncio por completo a todos mis derechos sobre ellos. No me quejo de las resoluciones del Cadi ni de las del Gobernador, porque han sido justas.

Y diciendo esto, Tamburi coloco los dos zapatos en las gradas del Trono. El Sultan, enterado de las aventuras, rio con todos los cortesanos, y para satisfacer a Tamburi ordeno que en la plaza publica fueran quemados los zapatos.

El verdugo los impregno de pez y resina y les prendio fuego, y desde aquel momento Tamburi quedo libre y tranquilo.

56. LA PORTERIA DEL CIELO

El tio Paciencia era un pobre zapatero que vivia y trabajaba en un portal de Madrid. Cuando era aprendiz asistia un dia a una conversacion entre su maestro y un parroquiano, en la cual este mantenia que todos los hombres eran iguales. Despues de pensar largo rato el aprendiz, al fin pregunto al maestro, si era verdad lo que habia oido decir.

--No lo creas,--repuso este.--Solo en el cielo son iguales los hombres.

Se acordaba de esta maxima toda su vida, consolandose de sus penas y privaciones con la esperanza de ir al cielo y gozar alla de la igualdad que nunca encontraba en la tierra. En toda adversidad solia decir:--Paciencia, en el cielo seremos todos iguales.--A esto se debia el apodo con que era conocido, y todos ignoraban su verdadero nombre.

En el piso principal de la casa, cuyo portal ocupaba el pobre zapatero, vivia un marques muy rico, bueno y caritativo. Cada vez que este senor salia en coche de cuatro caballos decia para si el tio Paciencia:

--Cuando encuentre a vuecencia en el cielo, le dire: 'Amiguito, aqui todos somos iguales'. Pero no era solo el marques el que le hacia sentir que en la tierra no fuesen iguales todos los hombres, pues hasta sus amigos mas intimos pretendian diferenciarse de el. Estos amigos eran el tio Mamerto y el tio Macario.

Mamerto tenia una aficion barbara por los toros; y una vez, cuando se establecio una escuela de tauromaquia, estuvo a punto de ser nombrado profesor. Este precedente le hacia considerarse superior al tio Paciencia, quien reconocia esta superioridad y se consolaba con la maxima sabida. Macario era muy feo; pero, no obstante, se habia casado con una muchacha muy guapa. Por razones que ignoramos habia salido muy mal este matrimonio, y cuando al cabo de veinte anos de peloteras murio la mujer, el buen hombre se quedo como en la gloria. Pero poco tiempo despues se encalabrino con otra muchacha muy linda tambien, y se caso otra vez a pesar de las protestas del tio Paciencia, que consideraba esto una enorme tonteria. Como el tio Paciencia nunca habia conseguido que las mujeres le amasen, mientras habian amado a pares al tio Macario, este creia tener cierta superioridad sobre su amigo. El tio Paciencia la reconocia y se consolaba con la maxima que ya sabemos. Un dia cuando llovia a cantaros Mamerto quiso asistir a una corrida de toros. El tio Paciencia trato de quitarselo de la cabeza, pero en vano. Al volver a casa Mamerto fue obligado a meterse a la cama a causa de un tabardillo, que al dia siguiente se le llevo al otro mundo. Aquel mismo dia estaba muy malo el tio Macario de resultas de un sofocon que le habia aplicado su mujer. Gracias al tratamiento de su segunda mujer el pobre hombre no podia resistir grandes sustos, y la inesperada noticia de la muerte de su amigo le causo tal sobresalto que expiro casi al instante.

Extranando que en todo el dia no hubiese visto a sus dos amigos el tio Paciencia al anochecer fue a buscarlos. La terrible noticia de la muerte de los dos fue para el como un escopetazo, y aquella misma noche se fue, tras sus amigos tomando el camino del otro mundo.

A la manana siguiente el ayuda de camara del marques entro con el chocolate, y tuvo la imprudencia de decir a este que el zapatero del portal habia muerto al saber que habian espirado casi de repente dos amigos suyos. Como el marques era un senor muy aprensivo, y como por aquellos dias se temia que hubiese colera en Madrid, se asusto tanto que pocas horas despues era cadaver, con gran sentimiento de los pobres del barrio.

El tio Paciencia emprendio el camino del cielo muy contento con la esperanza de gozar eternamente de la gloria, de vivir en el mundo donde todos los hombres eran iguales, de encontrar alli a sus queridos amigos Mamerto y Macario, y de esperar la llegada del marques para tener con el la anhelada conversacion que ya se habia repetido para si mil veces durante su vida. En cuanto a Mamerto no dejaba de tener unas dudillas, porque se acordo de que este durante la vida habia dicho mas de una vez:--Por una corrida de toros dejo yo la gloria eterna.

Fue interrumpido en estas reflexiones el tio Paciencia viendo venir del cielo un hombre que daba muestras de la mayor desesperacion. Se detuvo pasmado al reconocer a su amigo.

--?Que te pasa, hombre?--pregunto al tio Mamerto.

--?Que diablo me ha de pasar? Me han cerrado para siempre las puertas del cielo.

--Pero ?como ha sido eso, hombre? Habra sido por tu picara aficion a los toros.

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A First Spanish ReaderChapter II: Part 2

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