Chapter III: Part 3
Lines 1650-1661. An irregular 12-verse stanza of 5-syllable verse in which verses 3 and 4, 8 and 9 rime as couplets; 6 and 12 also rime; the other verses are blank.
Lines 1662-1669. Variant of the _octavilla italiana_; 4-syllable verse; verse 6 is blank instead of 5.
Lines 1670-1677. _Octavilla italiana_; 3-syllable verse; rime-scheme normal.
Lines 1678-1680. Irregular meter of 2-syllable verse; rime and blank; the _diminuendo_ effect ends here.
Lines 1681-1704. _Octavas reales_.
"CANCIÓN DEL PIRATA"
Lines 1-16. _Octavillas italianas_ (8-syllable verse).
Lines 17-22. _Sextina_ (8-syllable verse, except that verse 2 is a _verso quebrado_ or "broken verse" of 4 syllables). The _sextina_ admits of the greatest variety of form; those in this poem are all of the same pattern; rime-scheme _abaccb_.
Lines 23-30. _Octavilla italiana_ (4-syllable verse).
Lines 31-34. _Cuarteta_ (8-syllable verse); verses 1 and 3 are blank; 2 and 4 assonate.
Lines 35-40. _Sextina_.
Lines 41-48. _Octavilla italiana_, same as above.
Lines 50-55. _Sextina_.
Lines 56-63. _Octavilla italiana_.
Lines 65-70. _Sextina_.
Lines 71-78. _Octavilla italiana_.
Lines 80-85. _Sextina_.
Lines 86-93. _Octavilla italiana_.
Lines 94-97. _Cuarteta_.
"EL CANTO DEL COSACO"
This poem is written in _cuartetas_ of 11-syllable verse with _rima cruzada_. Verses 1 and 3 rime and 2 and 4 assonate, except in the refrain, where 1 and 3 are blank.
"EL MENDIGO"
Lines 1-4. _Cuarteta_ (11-syllable verse); verses 1 and 3 are blank; 2 and 4 assonate.
Lines 5-10. _Sextina_ (8-syllable verse, except 2, the _verso quebrado_, which has 4 syllables); rime-scheme _abcaac_; the _verso quebrado_ is blank.
Lines 11-28. Irregular 4-syllable meter; a wholly irregular arrangement of rime, assonance, and blank verse.
Lines 29-32. Irregular _cuarteta_ of two 8-syllable verses followed by two of 11; verses 1 and 3 are blank; 2 and 4 assonate.
Lines 34-39. _Sextina_, same as above.
Lines 40-57. Irregular 4-syllable meter, same as above.
Lines 58-61. _Cuarteta_, same as the irregular one above.
Lines 63-68. _Sextina_, same as above.
Lines 69-88. Irregular 4-syllable meter, same as above.
Lines 89-92. _Cuarteta_, same as the irregular ones above.
Lines 94-99. _Sextina_, same as above.
Lines 100-117. Irregular 4-syllable meter, same as above.
Lines 118-121. _Cuarteta_, same as the irregular ones above.
Lines 122-125. _Cuarteta_, like the normal one above.
"SONETO"
Lines 1-14. Sonnet. 11-syllable verse. Rime-scheme _abba, abba, cde, cde_.
"A TERESA. DESCANSA EN PAZ"
Written throughout in _octavas reales_ (11-syllable verse); rime-scheme _abababcc_.
BIBLIOGRAPHY
For a fuller treatment of Spanish prosody the student may profitably consult the following works:
BENOT. "Prosodía Castellana y Versificación," 3 vols., Madrid, no date.
ROBLES DÉGANO. "Ortología Clásica de la Lengua Castellana," Madrid, 1905.
BELLO. "Ortología y Arte Métrica" (Vol. 4 of "Obras Completas"), Madrid, 1890.
For more or less summary treatments of the subject the American student may profitably consult:
OLMSTED. "Legends, Tales, and Poems by Gustavo Adolfo Bécquer" (Ginn and Company).
FORD. "A Spanish Anthology" (Silver, Burdett and Company).
HILLS and MORLEY. "Modern Spanish Lyrics" (Henry Holt and Company).
"EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA" AND OTHER SELECTIONS FROM ESPRONCEDA
CUENTO.
EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA
PARTE PRIMERA
Sus fueros, sus bríos; sus premáticas,
su voluntad.--"Quijote," Parte Primera
Era más de media noche,
Antiguas historias cuentan,
Cuando, en sueño y en silencio
Lóbrego envuelta la tierra,
Los vivos muertos parecen, [5]
Los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
Temerosas voces suenan
Informes, en que se escuchan
Tácitas pisadas huecas, [10]
Y pavorosas fantasmas
Entre las densas tinieblas
Vagan, y aúllan los perros
Amedrentados al verlas;
En que tal vez la campana [15]
De alguna arruinada iglesia
Da misteriosos sonidos
De maldición y anatema,
Que los sábados convoca
A las brujas a su fiesta. [20]
El cielo estaba sombrío,
No vislumbraba una estrella,
Silbaba lúgubre el viento,
Y allá en el aire, cual negras
Fantasmas, se dibujaban [25]
Las torres de las iglesias,
Y del gótico castillo
Las altísimas almenas,
Donde canta o reza acaso
Temeroso el centinela [30]
Todo en fin a media noche
Reposaba, y tumba era
De sus dormidos vivientes
La antigua ciudad que riega
El Tormes, fecundo río, [35]
Nombrado de los poetas,
La famosa Salamanca,
Insigne en armas y letras,
Patria de ilustres varones,
Noble archivo de las ciencias. [40]
Súbito rumor de espadas
Cruje, y un «¡ay!» se escuchó;
Un «¡ay!» moribundo, un «¡ay!»
Que penetra el corazón,
Que hasta los tuétanos hiela [45]
Y da al que lo oyó temblor;
Un «¡ay!» de alguno que al mundo
Pronuncia el último adiós.
El ruido
Cesó, [50]
Un hombre
Pasó
Embozado,
Y el sombrero
Recatado [55]
A los ojos
Se caló.
Se desliza
Y atraviesa
Junto al muro [60]
De una iglesia,
Y en la sombra
Se perdió.
Una calle estrecha y alta,
La calle del Ataúd, [65]
Cual si de negro crespón
Lóbrego eterno capuz
La vistiera, siempre oscura
Y de noche sin más luz
Que la lámpara que alumbra [70]
Una imagen de Jesús,
Atraviesa el embozado,
La espada en la mano aún,
Que lanzó vivo reflejo
Al pasar frente a la cruz. [75]
Cual suele la luna tras lóbrega nube
Con franjas de plata bordarla en redor,
Y luego si el viento la agita, la sube
Disuelta a los aires en blanco vapor,
Así vaga sombra de luz y de nieblas, [80]
Mística y aérea dudosa visión,
Ya brilla, o la esconden las densas tinieblas,
Cual dulce esperanza, cual vana ilusión.
La calle sombría, la noche ya entrada,
La lámpara triste ya pronta a espirar, [85]
Que a veces alumbra la imagen sagrada,
Y a veces se esconde la sombra a aumentar,
El vago fantasma que acaso aparece,
Y acaso se acerca con rápido pie,
Y acaso en las sombras tal vez desparece, [90]
Cual ánima en pena del hombre que fué,
Al más temerario corazón de acero
Recelo inspirara, pusiera pavor;
Al más maldiciente feroz bandolero
El rezo a los labios trajera el temor. [95]
Mas no al embozado, que aun sangre su espada
Destila, el fantasma terror infundió,
Y el arma en la mano con fuerza empuñada,
Osado a su encuentro despacio avanzó.
Segundo Don Juan Tenorio, [100]
Alma fiera e insolente,
Irreligioso y valiente,
Altanero y reñidor:
Siempre el insulto en los ojos,
En los labios la ironía, [105]
Nada teme y todo fía
De su espada y su valor.
Corazón gastado, mofa
De la mujer que corteja,
Y hoy, despreciándola, deja [110]
La que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca,
Ni recuerda en lo pasado
La mujer que ha abandonado,
Ni el dinero que perdió. [115]
Ni vió el fantasma entre sueños
Del que mató en desafío,
Ni turbó jamás su brío
Recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores, [120]
Siempre en báquicas orgías,
Mezcla en palabras impías
Un chiste a una maldición.
En Salamanca famoso
Por su vida y buen talante, [125]
Al atrevido estudiante
Le señalan entre mil;
Fueros le da su osadía,
Le disculpa su riqueza,
Su generosa nobleza, [130]
Su hermosura varonil.
Que su arrogancia y sus vicios,
Caballeresca apostura,
Agilidad y bravura
Ninguno alcanza a igualar; [135]
Que hasta en sus crímenes mismos,
En su impiedad y altiveza,
Pone un sello de grandeza
Don Félix de Montemar.
Bella y más pura que el azul del cielo, [140]
Con dulces ojos lánguidos y hermosos,
Donde acaso el amor brilló entre el velo
Del pudor que los cubre candorosos;
Tímida estrella que refleja al suelo
Rayos de luz brillantes y dudosos, [145]
Ángel puro de amor que amor inspira,
Fué la inocente y desdichada Elvira.
Elvira, amor del estudiante un día,
Tierna y feliz y de su amante ufana,
Cuando al placer su corazón se abría, [150]
Como al rayo del sol rosa temprana,
Del fingido amador que la mentía
La miel falaz que de sus labios mana
Bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno
De que oculto en la miel hierve el veneno. [155]
Que no descansa de su madre en brazos
Más descuidado el candoroso infante
Que ella en los falsos lisonjeros lazos
Que teje astuto el seductor amante:
Dulces caricias, lánguidos abrazos, [160]
Placeres ¡ay! que duran un instante,
Que habrán de ser eternos imagina
La triste Elvira en su ilusión divina.
Que el alma virgen que halagó un encanto
Con nacarado sueño en su pureza [165]
Todo lo juzga verdadero y santo,
Presta a todo virtud, presta belleza.
Del cielo azul al tachonado manto,
Del sol radiante a la inmortal riqueza,
Al aire, al campo, a las fragantes flores, [170]
Ella añade esplendor, vida y colores.
Cifró en Don Félix la infeliz doncella
Toda su dicha, de su amor perdida;
Fueron sus ojos a los ojos de ella
Astros de gloria, manantial de vida. [175]
Cuando sus labios con sus labios sella,
Cuando su voz escucha embebecida,
Embriagada del dios que la enamora,
Dulce le mira, extática le adora.
PARTE SEGUNDA
No dirge except the hollow sea's
Mourns o'er the beauty of the Cyclades.
BYRON, "Don Juan," Canto 4
Está la noche serena [180]
De luceros coronada,
Terso el azul de los cielos
Como trasparente gasa.
Melancólica la luna
Va trasmontando la espalda [185]
Del otero, su alba frente
Tímida apenas levanta,
Y el horizonte ilumina,
Pura virgen solitaria,
Y en su blanca luz süave [190]
El cielo y la tierra baña.
Deslízase el arroyuelo.
Fúlgida cinta de plata,
Al resplandor de la luna,
Entre franjas de esmeralda. [195]
Argentadas chispas brillan
Entre las espesas ramas,
Y en el seno de las flores
Tal vez aduermen las auras,
Tal vez despiertas susurran, [200]
Y al desplegarse sus alas
Mecen el blanco azahar,
Mueven la aromosa acacia,
Y agitan ramas y flores,
Y en perfumes se embalsaman. [205]
Tal era pura esta noche
Como aquélla en que sus alas
Los ángeles desplegaron
Sobre la primera llama
Que amor encendió en el mundo, [210]
Del Edén en la morada.
¡Una mujer! ¿Es acaso
Blanca silfa solitaria,
Que entre el rayo de la luna
Tal vez misteriosa vaga? [215]
Blanco es su vestido, ondea
Suelto el cabello a la espalda,
Hoja tras hoja las flores
Que lleva en su mano arranca.
Es su paso incierto y tardo, [220]
Inquietas son sus miradas,
Mágico ensueño parece
Que halaga engañosa el alma.
Ora, vedla, mira al cielo,
Ora suspira, y se pára; [225]
Una lágrima sus ojos
Brotan acaso y abrasa
Su mejilla; es una ola
Del mar que en fiera borrasca
El viento de las pasiones [230]
Ha alborotado en su alma.
Tal vez se sienta, tal vez
Azorada se levanta;
El jardín recorre ansiosa,
Tal vez a escuchar se pára. [235]
Es el susurro del viento,
Es el murmullo del agua,
No es su voz, no es el sonido
Melancólico del arpa.
Son ilusiones que fueron: [240]
Recuerdos ¡ay! que te engañan,
Sombras del bien que pasó....
Ya te olvidó el que tú amas.
Esa noche y esa luna
Las mismas son que miraran [245]
Indiferentes tu dicha,
Cual ora ven tu desgracia.
¡Ah! llora, sí, ¡pobre Elvira!
¡Triste amante abandonada!
Esas hojas de esas flores [250]
Que distraída tú arrancas,
¿Sabes adónde, infeliz,
El viento las arrebata?
Donde fueron tus amores,
Tu ilusión y tu esperanza. [255]
Deshojadas y marchitas,
¡Pobres flores de tu alma!
Blanca nube de la aurora,
Teñida de ópalo y grana,
Naciente luz te colora, [260]
Refulgente precursora
De la cándida mañana.
Mas ¡ay! que se disipó
Tu pureza virginal,
Tu encanto el aire llevó [265]
Cual la ventura ideal
Que el amor te prometió.
Hojas del árbol caídas
Juguete del viento son;
Las ilusiones perdidas [270]
¡Ay! son hojas desprendidas
Del árbol del corazón!
¡El corazón sin amor!
Triste páramo cubierto
Con la lava del dolor, [275]
Oscuro, inmenso desierto
Donde no nace una flor!
Distante un bosque sombrío,
El sol cayendo en la mar,
En la playa un adüar, [280]
Y a lo lejos un navío,
Viento en popa navegar,
Óptico vidrio presenta
En fantástica ilusión,
Y al ojo encantado ostenta [285]
Gratas visiones que aumenta
Rica la imaginación.
Tú eres, mujer, un fanal
Trasparente de hermosura;
¡Ay de ti! si por tu mal [290]
Rompe el hombre en su locura
Tu misterioso cristal!
Mas ¡ay! dichosa tú, Elvira,
En tu misma desventura,
Que aun deleites te procura, [295]
Cuando tu pecho suspira,
Tu misteriosa locura:
Que es la razón un tormento,
Y vale más delirar
Sin juicio, que el sentimiento [300]
Cuerdamente analizar,
Fijo en él el pensamiento.
Vedla, allí va, que sueña en su locura
Presente el bien que para siempre huyó;
Dulces palabras con amor murmura, [305]
Piensa que escucha al pérfido que amó.
Vedla, postrada su piedad implora
Cual si presente le mirara allí;
Vedla, que sola se contempla y llora,
Miradla delirante sonreír. [310]
Y su frente en revuelto remolino
Ha enturbiado su loco pensamiento,
Como nublo que en negro torbellino
Encubre el cielo y amontona el viento;
Y vedla cuidadosa escoger flores, [315]
Y las lleva mezcladas en la falda,
Y, corona nupcial de sus amores,
Se entretiene en tejer una guirnalda.
Y en medio de su dulce desvarío
Triste recuerdo el alma le importuna, [320]
Y al margen va del argentado río,
Y allí las flores echa de una en una;
Y las sigue su vista en la corriente
Una tras otra rápidas pasar,
Y, confusos sus ojos y su mente, [325]
Se siente con sus lágrimas ahogar;
Y de amor canta, y en su tierna queja
Entona melancólica canción,
Canción que el alma desgarrada deja,
Lamento ¡ay! que llaga el corazón: [330]
«¿Qué me valen tu calma y tu terneza,
Tranquila noche, solitaria luna,
Si no calmáis del hado la crudeza,
Ni me dais esperanza de fortuna?
¿Qué me valen la gracia y la belleza, [335]
Y amar como jamás amó ninguna,
Si la pasión que el alma me devora,
La desconoce aquél que me enamora?»
Lágrimas interrumpen su lamento,
Inclina sobre el pecho su semblante, [340]
Y de ella en derredor susurra el viento
Sus últimas palabras, sollozante.
Murió de amor la desdichada Elvira,
Cándida rosa que agostó el dolor,
Süave aroma que el viajero aspira [345]
Y en sus alas el aura arrebató.
Vaso de bendición, ricos colores
Reflejó en su cristal la luz del día,
Mas la tierra empañó sus resplandores,
Y el hombre lo rompió con mano impía. [350]
Una ilusión acarició su mente,
Alma celeste para amar nacida,
Era el amor de su vivir la fuente,
Estaba junta a su ilusión su vida.
Amada del Señor, flor venturosa, [355]
Llena de amor murió y de juventud;
Despertó alegre una alborada hermosa,
Y a la tarde durmió en el ataúd.
Mas despertó también de su locura
Al término postrero de su vida, [360]
Y al abrirse a sus pies la sepultura,
Volvió a su mente la razón perdida.
¡La razón fría! ¡la verdad amarga!
¡El bien pasado y el dolor presente!...
¡Ella feliz! ¡que de tan dura carga [365]
Sintió el peso al morir únicamente!
Y conociendo ya su fin cercano,
Su mejilla una lágrima abrasó;
Y así al infiel, con temblorosa mano,
Moribunda su víctima escribió: [370]
«Voy a morir: perdona si mi acento
Vuela importuno a molestar tu oído;
Él es, Don Félix, el postrer lamento
De la mujer que tanto te ha querido.
La mano helada de la muerte siento.... [375]
Adiós: ni amor ni compasión te pido....
Oye y perdona si al dejar el mundo,
Arranca un ¡ay! su angustia al moribundo.
«¡Ah! para siempre adiós. Por ti mi vida
Dichosa un tiempo resbalar sentí, [380]
Y la palabra de tu boca oída
Éxtasis celestial fué para mí.
Mi mente aun goza en la ilusión querida
Que para siempre ¡mísera! perdí....
¡Ya todo huyó, despareció contigo! [385]
¡Dulces horas de amor, yo las bendigo!
«Yo las bendigo, sí, felices horas,
Presentes siempre en la memoria mía,
Imágenes de amor encantadoras
Que aun vienen a halagarme en mi agonía. [390]
Mas ¡ay! volad, huíd, engañadoras
Sombras, por siempre; mi postrero día
Ha llegado, perdón, perdón, ¡Dios mío!
Si aun gozo en recordar mi desvarío.
«Y tú, Don Félix, si te causa enojos [395]
Que te recuerde yo mi desventura,
Piensa están hartos de llorar mis ojos
Lágrimas silenciosas de amargura.
Y hoy, al tragar la tumba mis despojos,
Concede este consuelo a mi tristura: [400]
Estos renglones compasivo mira,
Y olvida luego para siempre a Elvira.
«Y jamás turbe mi infeliz memoria
Con amargos recuerdos tus placeres;
Goces te dé el vivir, triunfos la gloria, [405]
Dichas el mundo, amor otras mujeres;
Y si tal vez mi lamentable historia
A tu memoria con dolor trajeres,
Llórame, sí; pero palpite exento
Tu pecho de roedor remordimiento. [410]
«Adiós, por siempre, adiós: un breve instante
Siento de vida, y en mi pecho el fuego
Aun arde de mi amor; mi vista errante
Vaga desvanecida ... ¡calma luego,
Oh muerte, mi inquietud!... ¡Sola ... espirante!... [415]
Ámame; no, perdona; ¡inútil ruego!
Adiós, adiós, ¡tu corazón perdí
--¡Todo acabó en el mundo para mí!»
Así escribió su triste despedida
Momentos antes de morir, y al pecho [420]
Se estrechó de su madre dolorida,
Que en tanto inunda en lágrimas su lecho.
Y exhaló luego su postrer aliento,
Y a su madre sus brazos se apretaron
Con nervioso y convulso movimiento, [425]
Y sus labios un nombre murmuraron.
Y huyó su alma a la mansión dichosa
Do los ángeles moran.... Tristes flores
Brota la tierra en torno de su losa;
El céfiro lamenta sus amores. [430]
Sobre ella un sauce su ramaje inclina,
Sombra le presta en lánguido desmayo,
Y allá en la tarde, cuando el sol declina,
Baña su tumba en paz su último rayo....
PARTE TERCERA
CUADRO DRAMÁTICO
SARGENTO
¿Tenéis más que parar?
FRANCO
Paro los ojos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los ojos, sí, los ojos: que descreo
Del que los hizo para tal empleo.
MORETO, "San Franco de Sena"
PERSONAS
D. FÉLIX DE MONTEMAR
D. DIEGO DE PASTRANA
SEIS JUGADORES
En derredor de una mesa [435]
Hasta seis hombres están,
Fija la vista en los naipes,
Mientras juegan al parar;
Y en sus semblantes se pintan
El despecho y el afán: [440]
Por perder desesperados,
Avarientos por ganar.
Reina profundo silencio,
Sin que lo rompa jamás
Otro ruido que el del oro, [445]
O una voz para jurar.
Pálida lámpara alumbra
Con trémula claridad
Negras de humo las paredes
De aquella estancia infernal. [450]
Y el misterioso bramido
Se escucha del huracán,
Que azota los vidrios frágiles
Con sus alas al pasar.
ESCENA I
JUGADOR PRIMERO
El caballo aun no ha salido. [455]
JUGADOR SEGUNDO
¿Qué carta vino?
JUGADOR PRIMERO
La sota.
JUGADOR SEGUNDO
Pues por poco se alborota.
JUGADOR PRIMERO
Un caudal llevo perdido.
¡Voto a Cristo!
JUGADOR SEGUNDO
No juréis,
Que aun no estáis en la agonía. [460]
JUGADOR PRIMERO
No hay suerte como la mía.
JUGADOR SEGUNDO
¿Y como cuánto perdéis?
JUGADOR PRIMERO
Mil escudos y el dinero
Que Don Félix me entregó.
JUGADOR SEGUNDO
¿Dónde anda?
JUGADOR PRIMERO
¡Qué sé yo! [465]
No tardará.
JUGADOR TERCERO
Envido.
JUGADOR PRIMERO
Quiero.
ESCENA II
Galán de talle gentil,
La mano izquierda apoyada
En el pomo de la espada,
Y el aspecto varonil, [470]
Alta el ala del sombrero
Porque descubra la frente,
Con airoso continente
Entró luego un caballero.
JUGADOR PRIMERO (_al que entra_)
Don Félix, a buena hora [475]
Habéis llegado.
D. FÉLIX
¿Perdisteis?
JUGADOR PRIMERO
El dinero que me disteis
Y esta bolsa pecadora.
JUGADOR SEGUNDO
Don Félix de Montemar
Debe perder. El amor [480]
Le negara su favor
Cuando le viera ganar.
D. FÉLIX (_con desdén_)
Necesito ahora dinero,
Y estoy hastiado de amores.
(_Al corro con altivez_)
Dos mil ducados, señores, [485]
Por esta cadena quiero.
(_Quítase una cadena que lleva al pecho_.)
JUGADOR TERCERO
Alta ponéis la tarifa.
D. FÉLIX (_con altivez_)
La pongo en lo que merece.
Si otra duda se os ofrece,
Decid. (_Al corro_) [490]
Se vende y se rifa.
JUGADOR CUARTO (_aparte_)
¿Y hay quien sufra tal afrenta?
D. FÉLIX
Entre cinco están hallados.
A cuatrocientos ducados
Os toca, según mi cuenta.
Al as de oros. Allá va. [495]
(_Va echando cartas que toman los jugadores en silencio_.)
Una, dos ... (_Al perdidoso_)
Con vos no cuento.
JUGADOR PRIMERO
Por el motivo lo siento.
JUGADOR TERCERO
¡El as! ¡el as! aquí está.
JUGADOR PRIMERO
Ya ganó.
D. FÉLIX
Suerte tenéis.
A un solo golpe de dados [500]
Tiro los dos mil ducados.
JUGADOR TERCERO
¿En un golpe?
JUGADOR PRIMERO (_a Don Félix_)
Los perdéis.
D. FÉLIX
Perdida tengo yo el alma,
Y no me importa un ardite.
JUGADOR TERCERO
Tirad.
D. FÉLIX
Al primer envite. [505]
JUGADOR TERCERO
Tirad pronto.
D. FÉLIX
Tened calma:
Que os juego más todavía,
Y en cien onzas hago el trato,
Y os lleváis este retrato
Con marco de pedrería. [510]
JUGADOR TERCERO
¿En cien onzas?
D. FÉLIX
¿Qué dudáis?
JUGADOR PRIMERO (_tomando el retrato_)
¡Hermosa mujer!
JUGADOR CUARTO
No es caro.
D. FÉLIX
¿Queréis pararlas?
JUGADOR TERCERO
Las paro.
Más ganaré.
D. FÉLIX
Si ganáis, (_Se registra todo_.)
No tengo otra joya aquí. [515]
JUGADOR PRIMERO (_mirando el retrato_)
Si esta imagen respirara....
D. FÉLIX
A estar aquí, la jugara
A ella, al retrato y a mí.
JUGADOR TERCERO
Vengan los dados.
D. FÉLIX
Tirad.
JUGADOR SEGUNDO
Por Don Félix cien ducados. [520]
JUGADOR CUARTO
En contra van apostados.
JUGADOR QUINTO
Cincuenta más. Esperad,
No tiréis.
JUGADOR SEGUNDO
Van los cincuenta.
JUGADOR PRIMERO
Yo, sin blanca, a Dios le ruego
Por Don Félix.
JUGADOR QUINTO
Hecho el juego. [525]
JUGADOR TERCERO
¿Tiro?
D. FÉLIX
Tirad con sesenta
De a caballo.
_(Todos se agrupan con ansiedad al rededor de la mesa. El tercer
jugador tira los dados.)_
JUGADOR CUARTO
¿Qué ha salido?
JUGADOR SEGUNDO
¡Mil demonios, que a los dos
Nos lleven!
D. FÉLIX _(con calma al primero)_
¡Bien, vive Dios,
Vuestros ruegos me han valido! [530]
Encomendadme otra vez,
Don Juan, al diablo; no sea
Que si os oye Dios, me vea
Cautivo y esclavo en Fez.
JUGADOR TERCERO
Don Félix, habéis perdido [535]
Sólo el marco, no el retrato;
Que entrar la dama en el trato
Vuestra intención no habrá sido.
D. FÉLIX
¿Cuánto dierais por la dama?
JUGADOR TERCERO
Yo, la vida. [540]
D. FÉLIX
No la quiero.
Mirad si me dais dinero,
Y os la lleváis.
JUGADOR TERCERO
¡Buena fama
Lograréis entre las bellas,
Cuando descubran altivas
Que vos las hacéis cautivas [545]
Para en seguida vendellas!
D. FÉLIX
Eso a vos no importa nada.
¿Queréis la dama? Os la vendo.
JUGADOR TERCERO
Yo de pinturas no entiendo.
D. FÉLIX _(con cólera)_
Vos habláis con demasiada [550]
Altivez e irreverencia
De una mujer ... ¡y si no....!
JUGADOR TERCERO
De la pintura hablé yo.
TODOS
Vamos, paz; no haya pendencia.
D. FÉLIX _(sosegado)_
Sobre mi palabra os juego [555]
Mil escudos.
JUGADOR TERCERO
Van tirados.
D. FÉLIX
A otra suerte de esos dados;
Y el diablo les prenda fuego.
ESCENA III
Pálido el rostro, cejijunto el ceño,
Y torva la mirada, aunque afligida, [560]
Y en ella un firme y decidido empeño
De dar la muerte o de perder la vida,
Un hombre entró embozado hasta los ojos,
Sobre las juntas cejas el sombrero;
Víbrale al rostro el corazón enojos, [565]
El paso firme, el ánimo altanero.
Encubierta fatídica figura.--
Sed de sangre su espíritu secó,
Emponzoñó su alma la amargura,
La venganza irritó su corazón. [570]
Junto a Don Félix llega, y, desatento,
No habla a ninguno, ni aun la frente inclina;
Y en pie y delante de él y el ojo atento,
Con iracundo rostro le examina.
Miró también Don Félix al sombrío [575]
Huésped que en él los ojos enclavó,
Y con sarcasmo desdeñoso y frío,
Fijos en él los suyos, sonrïó.
D. FÉLIX
Buen hombre, ¿de qué tapiz
Se ha escapado--el que se tapa-- [580]
Que entre el sombrero y la capa
Se os ve apenas la nariz?
D. DIEGO
Bien, Don Félix, cuadra en vos
Esa insolencia importuna.
D. FÉLIX _(al tercer jugador sin hacer caso de Don Diego)_
Perdisteis. [585]
JUGADOR TERCERO
Sí. La fortuna
Se trocó; tiro y van dos. _(Vuelven a tirar.)_
D. FÉLIX
Gané otra vez. _(Al embozado)_
No he entendido
Qué dijisteis, ni hice aprecio
De si hablasteis blando o recio
Cuando me habéis respondido. [590]
D. DIEGO
A solas hablar querría.
D. FÉLIX
Podéis, si os place, empezar,
Que por vos no he de dejar
Tan honrosa compañía;
Y si Dios aquí os envía [595]
Para hacer mi conversión,
No despreciéis la ocasión
De convertir tanta gente,
Mientras que yo humildemente
Aguardo mi absolución. [600]
D. DIEGO _(desembozándose con ira)_
Don Félix, ¿no conocéis
A Don Diego de Pastrana?
D. FÉLIX
A vos no, mas sí a una hermana
Que imagino que tenéis.
D. DIEGO
¿Y no sabéis que murió? [605]
D. FÉLIX
Téngala Dios en su gloria.
D. DIEGO
Pienso que sabéis su historia,
Y quién fué quien la mató.
D. FÉLIX (_con sarcasmo_)
¡Quizá alguna calentura!
D. DIEGO
¡Mentís vos! [610]
D. FÉLIX
Calma, Don Diego,
Que si vos os morís luego,
Es tanta mi desventura
Que aun me lo habrán de achacar,
Y es en vano ese despecho.
Si se murió, a lo hecho, pecho. [615]
Ya no ha de resucitar.
D. DIEGO
Os estoy mirando y dudo
Si habré de manchar mi espada
Con esa sangre malvada,
O echaros al cuello un nudo [620]
Con mis manos, y con mengua,
En vez de desafïaros,
El corazón arrancaros
Y patearos la lengua;
Que un alma, una vida, es [625]
Satisfacción muy ligera,
Y os diera mil si pudiera
Y os las quitara después.
Jugo a mi labio han de dar
Abiertas todas tus venas, [630]
Que toda tu sangre apenas
Basta mi sed a calmar.
¡Villano!
(_Tira de la espada; todos los jugadores se interponen_.)
TODOS
Fuera de aquí
A armar quimera.
D. FÉLIX _(con calma levantándose)_
Tened,
Don Diego, la espada, y ved [635]
Que estoy yo muy sobre mí,
Y que me contengo mucho,
No sé por qué, pues tan frío
En mi colérico brío
Vuestras injurias escucho. [640]
D. DIEGO _(con furor reconcentrado y con la espada desnuda)_
Salid de aquí; que a fe mía,
Que estoy resuelto a mataros,
Y no alcanzara a libraros
La misma Virgen María.
Y es tan cierta mi intención, [645]
Tan resuelta está mi alma,
Que hasta mi cólera calma
Mi firme resolución.
Venid conmigo.
D. FÉLIX
Allá voy;
Pero si os mato, Don Diego, [650]
Que no me venga otro luego
A pedirme cuenta. Soy
Con vos al punto. Esperad
Cuente el dinero ... _uno_ ... _dos_....
_(A Don Diego)_
Son mis ganancias; por vos [655]
Pierdo aquí una cantidad
Considerable de oro
Que iba a ganar ... ¿y por qué?
_Diez_ ... _quince_ ... por no sé qué
Cuento de amor ... ¡un tesoro [660]
Perdido! ... voy al momento.
Es un puro disparate
Empeñarse en que yo os mate:
Lo digo como lo siento.
D. DIEGO
Remiso andáis y cobarde [665]
Y hablador en demasía.
D. FÉLIX
Don Diego, más sangre fría.
Para reñir nunca es tarde.
Y si aun fuera otro el asunto,
Yo os perdonara la prisa. [670]
Pidierais vos una misa
Por la difunta, y al punto....
D. DIEGO
¡Mal caballero!...
D. FÉLIX
Don Diego,
Mi delito no es gran cosa.
Era vuestra hermana hermosa; [675]
La vi, me amó, creció el juego,
Se murió, no es culpa mía;
Y admiro vuestro candor,
Que no se mueren de amor
Las mujeres hoy en día. [680]
D. DIEGO
¿Estáis pronto?
D. FÉLIX
Están contados.
Vamos andando.
D. DIEGO _(con voz solemne)_
¿Os reís?
Pensad que a morir venís.
D. FÉLIX _(sale tras de él, embolsándose el dinero con indiferencia)_
Son mil trescientos ducados.
ESCENA IV
LOS JUGADORES
JUGADOR PRIMERO
Este Don Diego Pastrana [685]
Es un hombre decidido.
Desde Flandes ha venido
Sólo a vengar a su hermana.
JUGADOR SEGUNDO
¡Pues no ha hecho mal disparate!
Me da el corazón su muerte. [690]
JUGADOR TERCERO
¿Quién sabe? acaso la suerte....
JUGADOR CUARTO
Me alegraré que lo mate.
PARTE CUARTA
Salió, en fin, de aquel estado, para caer en
el dolor más sombrío, en la más desalentada
desesperación y en la mayor amargura y
desconsuelo que pueden apoderarse de este pobre
corazón humano, que tan positivamente choca y
se quebranta con los males, como con vaguedad
aspira en algunos momentos, casi siempre sin
conseguirlo, a tocar los bienes ligeramente y
de pasada.--"La protección de un sastre,"
novela original por D. MIGUEL DE LOS SANTOS
ÁLVAREZ
SPIRITUS QUIDEM PROMPTUS EST; CARO VERO
INFIRMA.--S. MARCOS, "Evangelio"
Vedle, Don Félix es, espada en mano,
Sereno el rostro, firme el corazón;
También de Elvira el vengativo hermano [695]
Sin piedad a sus pies muerto cayó.
Y con tranquila audacia se adelanta
Por la calle fatal del Ataúd;
Y ni medrosa aparición le espanta,
Ni le turba la imagen de Jesús. [700]
La moribunda lámpara que ardía
Trémula lanza su postrer fulgor,
Y, en honda oscuridad, noche sombría
La misteriosa calle encapotó.
Mueve los pies el Montemar osado [705]
En las tinieblas con incierto giro,
Cuando, ya un trecho de la calle andado,
Súbito junto a él oye un suspiro.
Resbalar por su faz sintió el aliento,
Y a su pesar sus nervios se crisparon; [710]
Mas, pasado el primero movimiento,
A su primera rigidez tornaron.
«¿Quién va?» pregunta con la voz serena.
Que ni finge valor, ni muestra miedo,
El alma de invencible vigor llena, [715]
Fïado en su tajante de Toledo.
Palpa en torno de sí, y el impio jura,
Y a mover vuelve la atrevida planta,
Cuando hacia él fatídica figura
Envuelta en blancas ropas se adelanta. [720]
Flotante y vaga, las espesas nieblas
Ya disipa, y se anima, y va creciendo
Con apagada luz, ya en las tinieblas
Su argentino blancor va apareciendo.
Ya leve punto de luciente plata, [725]
Astro de clara lumbre sin mancilla,
El horizonte lóbrego dilata
Y allá en la sombra en lontananza brilla.
Los ojos, Montemar, fijos en ella,
Con más asombro que temor la mira; [730]
Tal vez la juzga vagorosa estrella
Que en el espacio de los cielos gira;
Tal vez engaño de sus propios ojos,
Forma falaz que en su ilusión creó,
O del vino ridículos antojos [735]
Que al fin su juicio a alborotar subió.
Mas el vapor del néctar jerezano
Nunca su mente a trastornar bastara,
Que ya mil veces embriagarse en vano
En frenéticas orgias intentara. [740]
«Dios presume asustarme; ¡ojalá fuera»,
Dijo entre sí riendo, «el diablo mismo!
Que entonces ¡víve Dios! quién soy supiera
El cornudo monarca del abismo.»
Al pronunciar tan insolente ultraje [745]
La lámpara del Cristo se encendió,
Y una mujer, velada en blanco traje,
Ante la imagen de rodillas vió.
«Bienvenida la luz,» dijo el impío,
«Gracias a Dios o al diablo;» y, con osada, [750]
Firme intención y temerario brío,
El paso vuelve a la mujer tapada.
Mientras él anda, al parecer se alejan
La luz, la imagen, la devota dama;
Mas si él se pára, de moverse dejan; [755]
Y lágrima tras lágrima derrama
De sus ojos inmóviles la imagen.
Mas sin que el miedo ni el dolor que inspira
Su planta audaz, ni su impiedad atajen,
Rostro a rostro a Jesús Montemar mira. [760]
--La calle parece se mueve y camina,
Faltarle la tierra sintió bajo el pie;
Sus ojos la muerta mirada fascina
Del Cristo, que intensa clavada está en él.
Y en medio el delirio que embarga su mente, [765]
Y achaca él al vino que al fin le embriagó,
La lámpara alcanza con mano insolente
Del ara do alumbra la imagen de Dios;
Y al rostro la acerca, que el cándido lino
Encubre, con ánimo asaz descortés; [770]
Mas la luz apaga viento repentino,
Y la blanca dama se puso de pie.
Empero un momento creyó que veía
Un rostro que vagos recuerdos quizá
Y alegres memorias confusas traía [775]
De tiempos mejores que pasaron ya,
Un rostro de un ángel que vió en un ensueño,
Como un sentimiento que el alma halagó,
Que anubla la frente con rígido ceño,
Sin que lo comprenda jamás la razón. [780]
Su forma gallarda dibuja en las sombras
El blanco ropaje que ondeante se ve,
Y cual si pisara mullidas alfombras,
Deslízase leve sin ruido su pie.
Tal vimos al rayo de la luna llena [785]
Fugitiva vela de lejos cruzar,
Que ya la hinche en popa la brisa serena,
Que ya la confunde la espuma del mar.
También la esperanza blanca y vaporosa
Así ante nosotros pasa en ilusión, [790]
Y el alma conmueve con ansia medrosa
Mientras la rechaza la adusta razón.
D. FÉLIX
«¡Qué! ¿sin respuesta me deja?
¿No admitís mi compañía?
¿Será quizá alguna vieja [795]
Devota?... ¡Chasco sería!
En vano, dueña, es callar,
Ni hacerme señas que no;
He resuelto que sí yo,
Y os tengo de acompañar. [800]
Y he de saber dónde vais
Y si sois hermosa o fea,
Quién sois y cómo os llamáis,
Y aun cuando imposible sea,
Y fuerais vos Satanás [805]
Con sus llamas y sus cuernos,
Hasta en los mismos infiernos,
Vos delante y yo detrás,
Hemos de entrar; ¡vive Dios!
Y aunque lo estorbara el cielo, [810]
Que yo he de cumplir mi anhelo
Aun a despecho de vos;
Y perdonadme, señora,
Si hay en mi empeño osadía,
Mas fuera descortesía [815]
Dejaros sola a esta hora;
Y me va en ello mi fama,
Que juro a Dios no quisiera
Que por temor se creyera
Que no he seguido a una dama.» [820]
Del hondo del pecho profundo gemido,
Crujido del vaso que estalla al dolor,
Que apenas medroso lastima el oído,
Pero que punzante rasga el corazón,
Gemido de amargo recuerdo pasado, [825]
De pena presente, de incierto pesar,
Mortífero aliento, veneno exhalado
Del que encubre el alma ponzoñoso mar,
Gemido de muerte lanzó, y silenciosa
La blanca figura su pie resbaló, [830]
Cual mueve sus alas sílfide amorosa
Que apenas las aguas del lago rizó.
¡Ay! el que vió acaso perdida en un día
La dicha que eterna creyó el corazón,
Y en noche de nieblas y en honda agonía [835]
En un mar sin playas muriendo quedó!...
Y solo y llevando consigo en su pecho,
Compañero eterno su dolor crüel,
El mágico encanto del alma deshecho,
Su pena, su amigo y su amante más fiel; [840]
¡Miró sus suspiros llevarlos el viento,
Sus lágrimas tristes perderse en el mar,
Sin nadie que acuda ni entienda su acento,
Insensible el cielo y el mundo a su mal!
Y ha visto la luna brillar en el cielo [845]
Serena y en calma mientras él lloró,
Y ha visto los hombres pasar en el suelo
Y nadie a sus quejas los ojos volvió!
Y él mismo, la befa del mundo temblando,
Su pena en su pecho profunda escondió, [850]
Y dentro en su alma su llanto tragando
Con falsa sonrisa su labio vistió!!...
¡Ay! quien ha contado las horas que fueron,
Horas otro tiempo que abrevió el placer,
Y hoy solo y llorando piensa como huyeron [855]
Con ellas por siempre las dichas de ayer;
Y aquellos placeres, que el triste ha perdido,
No huyeron del mundo, que en el mundo están;
Y él vive en el mundo do siempre ha vivido,
Y aquellos placeres para él no son ya! [860]
¡Ay del que descubre por fin la mentira!
¡Ay del que la triste realidad palpó!
Del que el esqueleto de este mundo mira,
Y sus falsas galas loco le arrancó!...
¡Ay de aquel que vive sólo en lo pasado! [865]
¡Ay del que su alma nutre en su pesar!
Las horas que huyeron llamará angustiado,
Las horas que huyeron jamás tornarán!...
Quien haya sufrido tan bárbaro duelo,
Quien noches enteras contó sin dormir [870]
En lecho de espinas, maldiciendo al cielo,
Horas sempiternas de ansiedad sin fin....
Quien haya sentido quererse del pecho
Saltar a pedazos roto el corazón,
Crecer su delirio, crecer su despecho, [875]
Al cuello cien nudos echarle el dolor,
Ponzoñoso lago de punzante hielo,
Sus lágrimas tristes que cuajó el pesar,
Reventando ahogarle, sin hallar consuelo,
Ni esperanza nunca, ni tregua en su afán. [880]
Aquél, de la blanca fantasma el gemido,
Única respuesta que a Don Félix dió,
Hubiera, y su inmenso dolor, comprendido,
Hubiera pesado su inmenso valor.
D. FÉLIX
«Si buscáis algún ingrato, [885]
Yo me ofrezco agradecido;
Pero o miente ese recato,
O vos sufrís el mal trato
De algún celoso marido.
¿Acerté? ¡Necia manía! [890]
Es para volverme loco,
Si insistís en tal porfía;
Con los mudos, reina mía,
Yo hago mucho y hablo poco.»
Segunda vez importunada en tanto, [895]
Una voz de süave melodía
El estudiante oyó que parecía
Eco lejano de armonioso canto,
De amante pecho lánguido latido,
Sentimiento inefable de ternura, [900]
Suspiro fiel de amor correspondido,
El primer sí de la mujer aun pura.
«Para mí los amores acabaron;
Todo en el mundo para mí acabó;
Los lazos que a la tierra me ligaron [905]
El cielo para siempre desató,»
Dijo su acento misterioso y tierno,
Que de otros mundos la ilusión traía,
Eco de los que ya reposo eterno
Gozan en paz bajo la tumba fría. [910]
Montemar, atento sólo a su aventura,
Que es bella la dama y aun fácil juzgó,
Y la hora, la calle y la noche oscura
Nuevos incentivos a su pecho son.
«--Hay riesgo en seguirme.--Mirad ¡qué reparo! [915]
--Quizá luego os pese.--Puede que por vos.
--Ofendéis al cielo.--Del diablo me amparo.
--Idos, caballero, no tentéis a Dios.
--Siento me enamora más vuestro despego,
Y si Dios se enoja, pardiez que hará mal; [920]
Veame en vuestros brazos y máteme luego.
--¡Vuestra última hora quizá ésta será!...
Dejad ya, Don Félix, delirios mundanos.
--¡Hola, me conoce!--¡Ay! ¡temblad por vos!
¡Temblad no se truequen deleites livianos [925]
En penas eternas!--Basta de sermón,
Que yo para oírlos la cuaresma espero;
Y hablemos de amores, que es más dulce hablar;
Dejad ese tono solemne y severo,
Que os juro, señora, que os sienta muy mal. [930]
La vida es la vida: cuando ella se acaba,
Acaba con ella también el placer.
¿De inciertos pesares por qué hacerla esclava?
Para mí no hay nunca mañana ni ayer.
Si mañana muero, que sea en mal hora [935]
O en buena, cual dicen, ¿qué me importa a mí?
Goce yo el presente, disfrute yo ahora,
Y el diablo me lleve siquiera al morir.
--¡Cúmplase en fin tu voluntad, Dios mío!--»
La figura fatídica exclamó; [940]
Y en tanto al pecho redoblar su brío
Siente Don Félix y camina en pos.
Cruzan tristes calles,
Plazas solitarias,
Arruinados muros, [945]
Donde sus plegarias
Y falsos conjuros,
En la misteriosa
Noche borrascosa,
Maldecida bruja [950]
Con ronca voz canta,
Y de los sepulcros
Los muertos levanta,
Y suenan los ecos
De sus pasos huecos [955]
En la soledad;
Mientras en silencio
Yace la ciudad,
Y en lúgubre són
Arrulla su sueño [960]
Bramando Aquilón.
Y una calle y otra cruzan,
Y más allá y más allá;
Ni tiene término el viaje,
Ni nunca dejan de andar. [965]
Y atraviesan, pasan, vuelven,
Cien calles quedando atrás,
Y paso tras paso siguen,
Y siempre adelante van;
Y a confundirse ya empieza [970]
Y a perderse Montemar,
Que ni sabe a dó camina,
Ni acierta ya dónde está;
Y otras calles, otras plazas
Recorre, y otra ciudad, [975]
Y ve fantásticas torres
De su eterno pedestal
Arrancarse, y sus macizas,
Negras masas caminar,
Apoyándose en sus ángulos, [980]
Que en la tierra en desigual,
Perezoso tranco fijan;
Y a su monótono andar,
Las campanas sacudidas
Misteriosos dobles dan, [985]
Mientras en danzas grotescas,
Y al estruendo funeral,
En derredor cien espectros
Danzan con torpe compás;
Y las veletas sus frentes [990]
Bajan ante él al pasar,
Los espectros le saludan,
Y en cien lenguas de metal,
Oye su nombre en los ecos
De las campanas sonar. [995]
Mas luego cesa el estrépito,
Y en silencio, en muda paz
Todo queda, y desparece
De súbito la ciudad:
Palacios, templos, se cambian [1000]
En campos de soledad,
Y en un yermo y silencioso,
Melancólico arenal,
Sin luz, sin aire, sin cielo,
Perdido en la inmensidad. [1005]
Tal vez piensa que camina,
Sin poder parar jamás,
De extraño empuje llevado
Con precipitado afán;
Entretanto que su guía, [1010]
Delante de él sin hablar,
Sigue misteriosa, y sigue
Con paso rápido, y ya
Se remonta ante sus ojos
En alas del huracán, [1015]
Visión sublime, y su frente
Ve fosfórica brillar
Entre lívidos relámpagos
En la densa oscuridad,
Sierpes de luz, luminosos [1020]
Engendros del vendaval;
Y cuando duda si duerme,
Si tal vez sueña o está
Loco, si es tanto prodigio,
Tanto delirio verdad, [1025]
Otra vez en Salamanca
Súbito vuélvese a hallar,
Distingue los edificios,
Reconoce en dónde está,
Y en su delirante vértigo [1030]
Al vino vuelve a culpar,
Y jura, y siguen andando,
Ella delante, él detrás.
«¡Vive Dios! dice entre sí,
O Satanás se chancea, [1035]
O no debo estar en mí,
O el Málaga que bebí
En mi cabeza aun humea.
«Sombras, fantasmas, visiones....
Dale con tocar a muerto, [1040]
Y en revueltas confusiones,
Danzando estos torreones
Al compás de tal concierto.
«Y el juicio voy a perder
Entre tantas maravillas. [1045]
¡Que estas torres llegue a ver,
Como mulas de alquiler,
Andando con campanillas!
«¿Y esta mujer quién será?
Mas si es el diablo en persona, [1050]
¿A mí qué diantre me da?
Y más que el traje en que va
En esta ocasión le abona.
«Noble señora, imagino
Que sois nueva en el lugar: [1055]
Andar así es desatino;
O habéis perdido el camino,
O esto es andar por andar.
«Ha dado en no responder,
Que es la más rara locura [1060]
Que puede hallarse en mujer,
Y en que yo la he de querer
Por su paso de andadura.»
En tanto Don Félix a tientas seguía,
Delante camina la blanca visión, [1065]
Triplica su espanto la noche sombría,
Sus hórridos gritos redobla Aquilón.
Rechinan girando las férreas veletas,
Crujir de cadenas se escucha sonar,
Las altas campanas, por el viento inquietas, [1070]
Pausados sonidos en las torres dan.
Rüido de pasos de gente que viene
A compás marchando con sordo rumor,
Y de tiempo en tiempo su marcha detiene,
Y rezar parece en confuso són, [1075]
Llegó de Don Félix luego a los oídos,
Y luego cien luces a lo lejos vió,
Y luego en hileras largas divididos,
Vió que murmurando con lúgubre voz
Enlutados bultos andando venían; [1080]
Y luego más cerca con asombro ve
Que un féretro en medio y en hombros traían
Y dos cuerpos muertos tendidos en él.
Las luces, la hora, la noche, profundo,
Infernal arcano parece encubrir. [1085]
Cuando en hondo sueño yace muerto el mundo,
Cuando todo anuncia que habrá de morir
Al hombre que loco la recia tormenta
Corrió de la vida, del viento a merced,
Cuando una voz triste las horas le cuenta, [1090]
Y en lodo sus pompas convertidas ve,
Forzoso es que tenga de diamante el alma
Quien no sienta el pecho de horror palpitar,
Quien como Don Félix, con serena calma,
Ni en Dios ni en el diablo se ponga a pensar. [1095]
Así en tardos pasos, todos murmurando,
El lúgubre entierro ya cerca llegó,
Y la blanca dama, devota rezando,
Entrambas rodillas en tierra dobló.
Calado el sombrero y en pie, indiferente [1100]
El féretro mira Don Félix pasar,
Y al paso pregunta con su aire insolente
Los nombres de aquellos que al sepulcro van.
Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,
Cuando horrorizado con espanto ve [1105]
Que el uno Don Diego de Pastrana era,
Y el otro ¡Dios santo! y el otro era él!...
Él mismo, su imagen, su misma figura,
Su mismo semblante, que él mismo era en fin;
Y duda, y se palpa, y fría pavura [1110]
Un punto en sus venas sintió discurrir.
Al fin era hombre, y un punto temblaron
Los nervios del hombre, y un punto temió;
Mas pronto su antiguo vigor recobraron,
Pronto su fiereza volvió al corazón. [1115]
«Lo que es, dijo, por Pastrana,
Bien pensado está el entierro;
Mas es diligencia vana
Enterrarme a mí, y mañana
Me he de quejar de este yerro. [1120]
«Diga, señor enlutado,
¿A quién llevan a enterrar?»
«--Al estudiante endiablado
Don Félix de Montemar,»
Respondió el encapuchado. [1125]
«--Mientes, truhán.--No por cierto.
--Pues decidme a mí quién soy,
Si gustáis, porque no acierto
Cómo a un mismo tiempo estoy
Aquí vivo y allí muerto. [1130]
«--Yo no os conozco.--Pardiez,
Que si me llego a enojar,
Tus burlas te haga llorar
De tal modo que otra vez
Conozcas ya a Montemar. [1135]
«¡Villano!... mas esto es
Ilusión de los sentidos,
El mundo que anda al revés,
Los diablos entretenidos
En hacerme dar traspiés. [1140]
«¡El fanfarrón de Don Diego!
De sus mentiras reniego,
Que cuando muerto cayó,
Al infierno se fué luego
Contando que me mató.» [1145]
Diciendo así, soltó una carcajada,
Y las espaldas con desdén volvió;
Se hizo el bigote, requirió la espada,
Y a la devota dama se acercó.
«Conque, en fin, ¿dónde vivís? [1150]
Que se hace tarde, señora.
--Tarde, aun no; de aquí a una hora
Lo será.--Verdad decís,
Será más tarde que ahora.
«Esa voz con que hacéis miedo [1155]
De vos me enamora más.
Yo me he echado el alma atrás;
Juzgad si me dará un bledo
De Dios ni de Satanás.
«--Cada paso que avanzáis [1160]
Lo adelantáis a la muerte,
Don Félix. ¿Y no tembláis
Y el corazón no os advierte
Que a la muerte camináis?»
Con eco melancólico y sombrío [1165]
Dijo así la mujer, y el sordo acento,
Sonando en torno del mancebo impío,
Rugió en la voz del proceloso viento.
Las piedras con las piedras se golpearon,
Bajo sus pies la tierra retembló, [1170]
Las aves de la noche se juntaron,
Y sus alas crujir sobre él sintió;
Y en la sombra unos ojos fulgurantes
Vió en el aire vagar que espanto inspiran,
Siempre sobre él saltándose anhelantes, [1175]
Ojos de horror que sin cesar le miran.
Y los vió y no tembló; mano a la espada
Puso y la sombra intrépido embistió;
Y ni sombra encontró ni encontró nada,
Sólo fijos en él los ojos vió. [1180]
Y alzó los suyos impaciente al cielo,
Y rechinó los dientes y maldijo,
Y, en él creciendo el infernal anhelo,
Con voz de enojo blasfemando dijo:
«Seguid, señora, y adelante vamos: [1185]
Tanto mejor si sois el diablo mismo,
Y Dios y el diablo y yo nos conozcamos,
Y acábese por fin tanto embolismo.
«Que de tanto sermón, de farsa tanta,
Juro, pardiez, que fatigado estoy; [1190]
Nada mi firme voluntad quebranta:
Sabed, en fin, que, donde vayáis, voy.
«Un término no más tiene la vida:
Término fijo; un paradero el alma:
Ahora adelante.» Dijo, y en seguida [1195]
Camina en pos con decidida calma.
Y la dama a una puerta se paró,
Y era una puerta altísima, y se abrieron
Sus hojas en el punto en que llamó,
Que a un misterioso impulso obedecieron; [1200]
Y tras la dama el estudiante entró;
Ni pajes ni doncellas acudieron;
Y cruzan a la luz de unas bujías
Fantásticas, desiertas galerías.
Y la visión, como engañoso encanto, [1205]
Por las losas deslízase sin ruido,
Toda encubierta bajo el blanco manto
Que barre el suelo en pliegues desprendido;
Y por el largo corredor en tanto
Sigue adelante, y síguela atrevido, [1210]
Y su temeridad raya en locura,
Resuelto Montemar a su aventura.
Las luces, como antorchas funerales,
Lánguida luz y cárdena esparcían,
Y en torno, en movimientos desiguales, [1215]
Las sombras se alejaban o venían
Arcos aquí ruinosos, sepulcrales,
Urnas allí y estatuas se veían,
Rotas columnas, patios mal seguros,
Yerbosos, tristes, húmedos y oscuros. [1220]
Todo vago, quimérico y sombrío,
Edificio sin base ni cimiento,
Ondula cual fantástico navío
Que anclado mueve borrascoso viento.
En un silencio aterrador y frío [1225]
Yace allí todo: ni rumor, ni aliento
Humano nunca se escuchó: callado,
Corre allí el tiempo, en sueño sepultado.
Las muertas horas a las muertas horas
Siguen en el reloj de aquella vida, [1230]
Sombras de horror girando aterradoras,
Que allá aparecen en medrosa huída;
Ellas solas y tristes moradoras
De aquella negra, funeral guarida,
Cual soñada fantástica quimera, [1235]
Vienen a ver al que su paz altera.
Y en él enclavan los hundidos ojos
Del fondo de la larga galería,
Que brillan lejos cual carbones rojos,
Y espantaran la misma valentía; [1240]
Y muestran en su rostro sus enojos
Al ver hollada su mansión sombría;
Y ora en grupos delante se aparecen,
Ora en la sombra allá se desvanecen.
Grandïosa, satánica figura, [1245]
Alta la frente, Montemar camina,
Espíritu sublime en su locura,
Provocando la cólera divina:
Fábrica frágil de materia impura,
El alma que la alienta y la ilumina [1250]
Con Dios le iguala, y con osado vuelo
Se alza a su trono y le provoca a duelo.
Segundo Lucifer que se levanta
Del rayo vengador la frente herida,
Alma rebelde que el temor no espanta, [1255]
Hollada sí, pero jamás vencida:
El hombre, en fin, que en su ansiedad quebranta
Su límite a la cárcel de la vida,
Y a Dios llama ante él a darle cuenta,
Y descubrir su inmensidad intenta. [1260]
Y un báquico cantar tarareando,
Cruza aquella quimérica morada,
Con atrevida indiferencia andando,
Mofa en los labios, y la vista osada;
Y el rumor que sus pasos van formando, [1265]
Y el golpe que al andar le da la espada,
Tristes ecos, siguiéndole detrás,
Repiten con monótono compás.
Y aquel extraño y único rüido
Que de aquella mansión los ecos llena, [1270]
En el suelo y los techos repetido,
En su profunda soledad resuena;
Y espira allá cual funeral gemido
Que lanza en su dolor la ánima en pena,
Que al fin del corredor largo y oscuro [1275]
Salir parece de entre el roto muro.
Y en aquel otro mundo y otra vida,
Mundo de sombras, vida que es un sueño,
Vida que, con la muerte confundida,
Ciñe sus sienes con letal beleño; [1280]
Mundo, vaga ilusión descolorida
De nuestro mundo y vaporoso ensueño,
Son aquel ruido y su locura insana
La sola imagen de la vida humana.
Que allá su blanca, misteriosa guía, [1285]
De la alma dicha la ilusión parece,
Que ora acaricia la esperanza impía,
Ora al tocarla ya se desvanece;
Blanca, flotante nube que en la umbría
Noche en alas del céfiro se mece [1290]
Su airosa ropa, desplegada al viento,
Semeja en su callado movimiento;
Humo süave de quemado aroma
Que al aire en ondas a perderse asciende;
Rayo de luna que en la parda loma [1295]
Cual un broche su cima al éter prende;
Silfa que con el alba envuelta asoma
Y al nebuloso azul sus alas tiende,
De negras sombras y de luz teñidas,
Entre el alba y la noche confundidas. [1300]
Y ágil, veloz, aérea y vaporosa,
Que apenas toca con los pies al suelo,
Cruza aquella morada tenebrosa
La mágica visión del blanco velo:
Imagen fiel de la ilusión dichosa [1305]
Que acaso el hombre encontrará en el cielo,
Pensamiento sin fórmula y sin nombre
Que hace rezar y blasfemar al hombre.
Y al fin del largo corredor llegando,
Montemar sigue su callada guía, [1310]
Y una de mármol negro va bajando
De caracol torcida gradería,
Larga, estrecha y revuelta, y que girando
En torno de él y sin cesar veía
Suspendida en el aire y con violento, [1315]
Veloz, vertiginoso movimiento.
Y en eterna espiral y en remolino
Infinito prolóngase y se extiende,
Y el juicio pone en loco desatino
A Montemar que en tumbos mil desciende, [1320]
Y, envuelto en el violento torbellino,
Al aire se imagina, y se desprende,
Y sin que el raudo movimiento ceda,
Mil vueltas dando, a los abismos rueda;
Y de escalón en escalón cayendo, [1325]
Blasfema y jura con lenguaje inmundo,
Y su furioso vértigo creciendo,
Y despeñado rápido al profundo,
Los silbos ya del huracán oyendo,
Ya ante él pasando en confusión el mundo, [1330]
Ya oyendo gritos, voces y palmadas,
Y aplausos y brutales carcajadas,
Llantos y ayes, quejas y gemidos,
Mofas, sarcasmos, risas y denuestos;
Y en mil grupos acá y allá reunidos, [1335]
Viendo debajo de él, sobre él enhiestos,
Hombres, mujeres, todos confundidos,
Con sandia pena, con alegres gestos,
Que con asombro estúpido le miran
Y en el perpetuo remolino giran. [1340]
Siente por fin que de repente pára,
Y un punto sin sentido se quedó;
Mas luego valeroso se repara,
Abrió los ojos y de pie se alzó;
Y fué el primer objeto en que pensara [1345]
La blanca dama, y alredor miró,
Y al pie de un triste monumento hallóla
Sentada en medio de la estancia, sola.
Era un negro solemne monumento
Que en medio de la estancia se elevaba, [1350]
Y, a un tiempo a Montemar ¡raro portento!
Una tumba y un lecho semejaba:
Ya imaginó su loco pensamiento
Que abierta aquella tumba le aguardaba;
Ya imaginó también que el lecho era [1355]
Tálamo blando que al esposo espera.
Y pronto, recobrada su osadía,
Y a terminar resuelto su aventura,
Al cielo y al infierno desafía
Con firme pecho y decisión segura: [1360]
A la blanca visión su planta guía,
Y a descubrirse el rostro la conjura,
Y a sus pies Montemar tomando asiento
Así la habló con animoso acento:
«Diablo, mujer o visión, [1365]
Que, a juzgar por el camino
Que conduce a esta mansión,
Eres puro desatino
O diabólica invención,
«Siquier de parte de Dios, [1370]
Siquier de parte del diablo,
¿Quién nos trajo aquí a los dos?
Decidme, en fin, ¿quién sois vos?
Y sepa yo con quién hablo:
«Que más que nunca palpita [1375]
Resuelto mi corazón,
Cuando en tanta confusión,
Y en tanto arcano que irrita,
Me descubre mi razón
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El Estudiante de Salamanca and Other SelectionsChapter III: Part 3
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