Chapter XII: Part 12
A esta punta llamé del Arenal, y allí se falló toda la tierra follada de unas animalías que tenian la pata como de cabra, y bien que segun parece ser allí haya muchas, no se vido sino una muerta. El dia siguiente vino de hácia oriente una grande canoa con veinte y cuatro hombres, todos mancebos é muy ataviados de armas, arcos y flechas y tablachinas, y ellos, como dije, todos, mancebos, de buena disposicion y no negros, salvo mas blancos que otros que haya visto en las Indias, y de muy lindo gesto, y fermosos cuerpos, y los cabellos largos y llanos, cortados á la guisa Castilla, y traian la cabeza atada con un pañuelo de algodon tejido á labores y colores, el cual creia yo que era almaizar. Otro de estos pañuelos traían ceñido é se cobijaban con él en lugar de pañetes. Cuando llegó esta canoa habló de muy lejos, é yo ni otro ninguno no los entendiamos, salvo que yo les mandaba hacer señas que se allegasen, y en esto se pasó mas de dos horas, y si se llegaban un poco luego se desviaban. Yo les hacia mostrar bacines y otras cosas que lucian por enamorarlos porque viniesen, y á cabo de buen rato se allegaron mas que hasta entonces no habian, y yo deseaba mucho haber lengua, y no tenia ya cosa que me pareciese que era de mostrarles para que viniesen; salvo que hice sobir un tamborin en el castillo de popa que tañesen, é unos mancebos que danzasen, creyendo que se allegarian á ver la fiesta; y luego que vieron tañer y danzar todos dejaron los remos y echaron mano á los arcos y los encordaron, y embrazo cada uno su tablachina, y comenzaron á tirarnos flechas: cesó luego el tañer y danzar, y mandé luego sacar unas ballestas, y ellos dejáronme y fueren á mas andar á otra carabela y de golpe se fueron debajo la popa della, y el piloto entró con ellos, y dió un sayo é un bonete á un hombre principal que le pareció dellos, y quedó concertado que le iria hablar allí en la playa, adonde ellos luego fueron con la canoa esperándole, y él como no quiso ir sin mi licencia, como ellos le vieron venir á la nao con la barca, tornaron á entrar en la canoa é se fueron, é nunca mas los vide ni á otros de esta isla.
Cuando yo llegué á esta punta del Arenal, allí se hace una boca grande de dos leguas de Poniente á Levante, la Isla de la Trinidad con la tierra de Gracia y que para haber de entrar dentro para pasar al Septentrion habia unos hileros de corrientes que atravesaban aquella boca y traían un rugir muy grande, y creí yo que sería un arrecife de bajos é peñas, por el cual no se ponria entrar dentro en ella, y detras de este hilero habia otro y otro que todos traian un rugir grande como ola de la mar que va á romper y dar en peñas. Surgí allí á la dicha punta del Arenal, fuera de la dicha boca, y fallé que venia el agua del Oriente fasta el Poniente con tanta furia como hace Guadalquivir en tiempo de avenida, y esto de contino noche y dia, que creí quo no podria volver atrás por la corriente, ni ir adelante por los bajos; y en la noche ya muy tarde, estando al bordo de la nao, oí un rugir muy terrible que venia de la parte del Austro hácia la nao, y me paré á mirar, y ví levantando la mar de Poniente á Levante, en manera de una loma tan alta como la nao, y todavia venia hácia mi poco á poco, y encima della venia un filero de corriente que venia rugiendo con muy grande estrépito con aquella furia de aquel rugir que de los otros hileros que yo dije que me parecian ondas de mar que daban en peñas, que hoy en dia tengo el miedo en el cuerpo que no me trabucasen la nao cuando llegasen debajo della, y passó y llegó fasta la boca adonde allí se detuvo grande espacio. Y el otro dia siguiente envié las barcas á sondar y fallé en el mas bajo de la boca, que habia seis ó siete brazas de fondo, y de contino andaban aquellos hileros unos por entrar y otros por salir, y plugo á nuestro Señor de me dar buen viento, y atravesé por esa boca adentro, y luego hallé tranquilidad, y por acertamiento se sacó del agua de la mar y la hallé dulce. Navegué al Septentrion fasta una sierra muy alta, adonde serian veinte y seis leguas de esta punta del Arenal, y allí habia dos cabos de tierra muy alta, el uno de la parte del Oriente, y era de la misma Isla de la Trinidad, y el otro del Occidente de la tierra que dije de Gracia, y allí hacia una boca muy angosta mas que aquella de la punta del Arenal, y allí habia los mismos hileros y aquel rugir fuerte del agua como era en la punta del Arenal, y asimismo allí la mar era agua dulce; y fasta entonces yo no habia habido lengua con ninguna gente de estas tierras, y lo deseaba en gran manera, y por esto navegué al luengo de la costa de esta tierra hácia el Poniente, y cuanto mas andaba hallaba el agua de la mar mas dulce y mas sabrosa, y andando una gran parte llegué á un lugar donde me parecian las tierras labradas y surgí y envié las barcas á tierra, y fallaron que de fresco se habia ido de allí gente, y fallaron todo el monte cubierto de gatos paules: volviéronse, y como esta fuese sierra me pareció que mas allá al Poniente las tierras eran mas llanas, y que allí seria poblado, y por esto seria poblado, y mandé levantar las anclas y corrí esta costa fasta el cabo de esta sierra, y allí á un rio surgi, y luego vino mucha gente, y me dijeron como llamaron á esta tierra Paria y que de allí mas al Poniente era mas poblada; tomé dellos cuatro, y despues navegué al Poniente, y andadas ocho leguas mas al Poniente allende una punta á que yo llamé del Aguja: hallé unas tierras las mas hermosas del mundo, y muy pobladas: llegué allí una mañana á hora de tercia, y por ver esta verdura y esta hermosura acordé surgir y ver esta gente, de los cuales luego vinieron en canoas á la nao á rogarme, de partes de su Rey, que descendiese en tierra; é cuando vieron que no curé dellos vinieron á la nao infinitísimos en canoas, y muchos traían piezas de oro al pescuezo, y algunos atados á los brazos algunas perlas: holgué mucho cuando las ví é procuré mucho de saber donde las hallaban, y me dijeron que allí, y de la parte del Norte de aquella tierra.
Quisiera detenerme, mas estos bastimentos, que yo traía, trigo y vino é carne para esta gente que acá esta se me acababan de perder, los cuales hobe allá con tanta fatiga, y por esto yo no buscaba sino á mas andar á venir á poner en ellos cobro, y no me detener para cosa alguna: procuré de haber de aquellas perlas, y envié las barcas á tierra: esta gente es muy mucha, y toda de muy buen parecer, de la misma color que los otros de antes, y muy tratables: la gente nuestra que fue á tierra los hallaron tan convenibles, y los recibieron muy honradamente: dicen que luego que llegaron las barcas á tierra que vinieron dos personas principales cón todo el pueblo, creen que el uno el padre y el otro era su hijo, y los llevaron á una casa muy grande hecha á dos aguas, y no redonda, como tienda de campo, como son estas otras, y allí tenian muchas sillas á donde los ficieron asentar, y otras donde ellos se asentaron; y hicieron traer pan, y de muchas maneras frutas é vino de muchas maneras blanco é tinto, mas no de uvas: debe él de ser de diversas maneras uno de una fruta y otro de otra; y asimismo debe de ser dello de maiz, que es una simiente que hace una espiga como una mazorca de que llevé yo allá, y hay ya mucho en Castilla, y parece que aquel que lo tenia mejor lo traía por mayor excelencia, y lo daba en gran precio: los hombres todos estaban juntos á un cabo de la casa, y las mugeres en otro. Recibieron ambas las partes gran pena porque no se entendian, ellos para preguntar á los otros de nuestra patria, y los nuestros por saber de la suya. E despues que hobieron rescebido colacion allí en casa del mas viejo, los llevó el mozo á la suya, e fizo otro tanto, é despues se pusieron en las barcas é se vinieron á la nao, é yo luego levanté las anclas porque andaba mucho de priesa por remediar los mantenimientos que se me perdian que yo habia habido con tanta fatiga, y tambien por remediarme á mí que habia adolescido por el desvelar de los ojos, que bien quel viage que yo fuí á descubrir la tierra firme estuviese teinta y tres dias sin concebir sueño, y estoviese tanto tiempo sin vista, non se me deñaron los ojos, ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.
Esta gente, como ya dije, son todos de muy linda estatura, altos de cuerpos, é de muy lindos gestos, los cabellos muy largos é llanos, y traen las cabezas atadas con unos pañuelos labrados, como ya dije, hermosos, que parecen de lejos de seda y almaizares: otro traen ceñido mas largo que se cobijan con él en lugar de pañetes, ansi hombres como mugeres. La color de esta gente es mas blanca que otra que haya visto en las Indias; todos traían al pescuezo y á los brazos algo á la guisa de estas tierras, y muchos traían piezas de oro bajo colgado al pescuezo. Las canoas de ellos son muy grandes y de mejor hechura que no son estas otras, y mas livianas, y en el medio de cada una tienen un apartamiento como cámara en que ví que andaban los principales con sus mugeres. Llamé allí á este lugar Jardines, porque así conforman por el nombre. Procuré mucho de saber donde cogian aquel oro, y todos me aseñalaban una tierra frontera dellos al Poniente, que era muy alta, mas no lejos; mas todos me decian que no fuese allá porque allí comian los hombres, y entendí entonces que decian que eran hombres caribales, é que serian como los otros, y despues he pensado que podria ser que lo decian porque allí habria animalias. Tambien les pregunté adonde cogian las perlas, y me señalaron tambien que al Poniente, y al Norte detrás de esta tierra donde estaban. Dejélo de probar por esto de los mantenimientos, y del mal de mis ojos, y por una nao grande que traigo que no es para semejante hecho.
Y como el tiempo fue breve se pasó todo en preguntas, y se volvieron á los navíos, que seria hora de visperas, como ya dije, y luego levanté las anclas y navegué al Poniente; y asimesmo el dia siguiente fasta que me fallé que no habia si non tres brazas de fondo, con creencia que todavía esta seria isla, y que yo podria salir al Norte; y así visto envié una carabela sotil adelante á ver si habia salida ó si estaba cerrado, y ansi anduvo mucho camino fasta un golfo muy grande en el cual parecia que habia otros cuatro medianos, y del uno salia un rio grandísimo: fallaron siempre cinco brazas de fondo y el agua muy dulce, en tanta cantidad que yo jamas bebíla pareja della. Fuí yo muy descontento della cuando ví que no podia salir al Norte ni podia andar ya al Austro ni al Poniente porque yo estaba cercado por todas partes de la tierra, y así levanté las anclas, y torne atrás para salir al Norte por la boca que yo arriba dije, y no pude volver por la poblacion adonde yo habia estado, por causa de las corrientes que me habian desviado della, y siempre en todo cabo hallaba el agua dulce y clara, y que me llevaba al Oriente muy recio fácia las dos bocas que arriba dije, y entonces conjeturé que los hilos de la corriente, y aquellas lomas que salian y entraban en estas bocas con aquel rugir tan fuerte que era pelea del agua dulce con la salada. La dulce empujaba á la otra porque no entrase, y la salada porque la otra no saliese; y conjeturé que allí donde son estas dos bocas que algun tiempo seria tierra continua á la Isla de la Trinidad con la tierra de Gracia, como podrán ver vuestras Altezas por la pintura de lo que con esta les envio. Salí yo por esta boca del Norte y hallé quel agua dulce siempre vencia, y cuando pasé, que fue con fuerza de viento, estando en una de aquellas lomas, hallé en aquellos hilos de la parte de dentro el agua dulce, y de fuera salada.
Cuando yo navegué de España á las Indias fallo luego en pasando cien leguas á Poniente de los Azores grandísimo mudamiento en el cielo é en las estrellas, y en la temperancia del aire, y en las aguas de la mar, y en esto he tenido mucha diligencia en la experiencia.
Fallo que de Septentrion en Austro, pasando las dichas cien leguas de las dichas islas, que luego en las agujas de marear, que fasta entonces nordesteaban, noruestean una cuarta de viento todo entero, y esto es en allegando allí á aquella línea, como quien traspone una cuesta, asimesmo fallo la mar toda llena de yerba de una calidad que parece ramitos de pino y muy cargada de fruta como de lantisco, y es tan espesa que al primer viage pensé que era bajo, y que daria en seco con los navíos, y hasta llegar con esta raya no se falla un solo ramito: fallo tambien en llegando allí la mar muy suave y llana, y bien que vente recio nunca se levanta. Asimismo hallo dentro de la dicha raya hácia Poniente la temperancia del cielo muy suave, y no discrepa de la cantidad quier sea invierno, quier sea en verano. Cuando allí estoy hallo que la estrella del Norte escribe un círculo el cualo tiene en el diámetro cinco grados, y estando las guardas en el brazo derecho estonces está la estrella en el mas bajo, y se vá alzando fasta que llega al brazo izquierdo, y estonces está cinco grados, y de allí se vá abajando fasta llegar á volver otra vez al brazo derecho.
Yo allegué agora de España á la Isla de la Madera, y de allí á Canaria, y dende á las Islas de Cabo Verde, de adonde cometí el viage para navegar al Austro fasta debajo la linea equinocial, como ya dije: allegado á estar en derecho con el paralelo que pasa por la Sierra Leoa en Guinea, fallo tan grande ardor, y los rayos del sol tan calientes que pensaba de quemar, y bien que lloviese y el cielo fuese muy turbado siempre yo estaba en esta fatiga, fasta que nuestro Señor proveyó de buen viento y á mi puso en voluntad que yo navegase al Occidente con este esfuerzo, que en llegando á la raya de que yo dije que allí fallaria mudamiento en la temperancia. Despues que yo emparejé á estar en derecho de esta raya luego fallé la temperancia del cielo muy suave, y cuanto mas andaba adelante mas multiplicaba; mas no hallé conforme á esto las estrellas.
Fallé allí que en anocheciendo tenia yo la estrella del Norte alta cinco grados, y estonces las guardas estaban encima de la cabeza, y despues á la media noche fallaba la estrella alta diez grados, y en amaneciendo que las guardas estaban en los pies quince.
La suavelidad de la mar fallé conforme, mas no en la yerba: en esto de la estrella del Norte tomé grande admiracion, y por esto muchas noches con mucha diligencia tornaba yo á repricar la vista della con el cuadrante, y siempre fallé que caía el plomo y hilo á un punto.
Por cosa nueva tengo yo esto, y podrá ser que será tenida que en poco espacio haga tanta diferencia el cielo.
Yo siempre lei que el mundo, tierra é agua era esférico é las autoridades y esperiencias que Tolomeo y todos los otros escribieron de este sitio, daban é amostraban para ello así por eclipses de la luna y otras demostraciones que hacen de Oriente fasta Occidente, como de la elevacion del polo de Septentrion en Austro. Agora ví tanta disformidad, como ya dije, y por esto me puse á tener esto del mundo, y fallé que no era redondo en la forma que escriben; salvo que es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezon que allí tiene mas alto, ó como quien tiene una pelota muy redonda, y en un lugar della fuese como una teta de muger allí puesta, y que esta parte deste pezon sea la mas alta é mas propincua al cielo, y sea debajo la línea equinocial, y en esta mar Océana en fin del Oriente: llamo yo fin de Oriente, adonde acaba toda la tierra é islas, é para esto allego todas las razones sobre-escriptas de la raya que pasa al Occidente delas islas de los Azores cien leguas de Septentrion en Austro, que en pasando de allí al Poniente ya van los navíos alzándose hácia el cielo suavemente, y entonces se goza de mas suave temperancia y se muda el aguja del marear por causa de la suavidad desa cuarta de viento, y cuanto mas va adelante é alzándose mas noruestea, y esta altura causa el desvariar del circulo que escribe la estrella del Norte con las guardas, y cuanto mas pasare junto con la línea equinocial, mas se subirán en alto, y mas diferencia habrá en las dichas estrellas, y en los circulos dellas. Y Tolomeo y los otros sabios que escribieron de este mundo, creyeron que era esférico, creyendo queste hemisferio que fuese redondo como aquel de allá donde ellos estaban, el cual tiene el centro en la Isla de Arin, qués debajo la linea equinocial entre el sino Arabico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el Cabo de S. Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en Oriente por Cangara y por las Seras, en el cual hemisferio no hago yo que hay ninguna dificultad, salvo que sea esférico redondo como ellos dicen: mas este otro digo que es como sería la mitad de la pera bien redonda, la cual toviese el pezon alto como y dije, ó como una teta de muger en una pelota redonda, así que desta media parte non hobo noticia Tolomeo ni los otros que escribieron del mundo por ser muy ignoto; solamente hicieron raiz sobre el hemisferio, adonde ellos estaban ques redondo esférico, como arriba dije. Y agora que vuestras Altezas lo han mandado navegar y buscar y descobrir, se amuestra evidentísimo, porque estando yo en este viage al Septentrion veinte grados de la línea equinocial, allí era en derecho de Hargin, é de aquellas tierras: é allí es la gente negra é la tierra muy quemada, y despues que fuí á las Islas de Cabo Verde, allí en aquellas tierras es la gente mucho mas negra, y cuanto mas bajo se van al Austro tanto mas llegan al extremo, en manera que allí en derecho donde yo estaba, qués la Sierra Leoa, adonde se me alzaba la estrella del Norte en anocheciendo cinco grados, allí es la gente negra en extrema cantidad, y despues que de allí navegué al Occidente tan extremos calores; y pasada la raya de que yo dije fallé multiplicar la temperancia, andando en tanta cantidad que cuando yo llegué á la isla de la Trinidad, adonde la estrella del Norte en anocheciendo tambien se me alzaba cinco grados, allí y en la tierra de Gracia hallé temperancia suavísima, y las tierras y árboles muy verdes, y tan hermosos como en Abril en las huertas de Valencia; y la gente de allí de muy linda estatura, y blancos mas que otros que haya visto en las Indias, é los cabellos muy largos é llanos, é gente mas astuta é de mayor ingenio, é no cobardes. Entonces era el sol en Virgen encima de nuestras cabezas é suyas, ansí que todo esto procede por la suavísima temperancia que allí es, la cual procede por estar mas alto en el mundo mas cerca del aire que cuento; y así me afirmo quel mundo no es esférico, salvo que tiene esta diferencia que ya dije: la cual es en este hemisferio adonde caen las Indias é la mar Oceana, y el extremo dello es debajo la línea equinocial, y ayuda mucho á esto que sea ansí, porque el sol cuando nuestro Señor lo hizo fue en el primer punto de Oriente, ó la primera luz fue aquí en Oriente, allí donde es el extremo de la altura deste mundo; y bien quel parecer de Aristotel fuese que el Polo antártico ó la tierra ques debajo dél sea la mas alta parte en el mundo, y mas propincua al cielo, otros sabios le impugnan diciendo que es esta ques debajo del ártico, por las cuales razones parece que entendian que una parte deste mundo debia de ser mas propincua y noble al cielo que otra, y no cayeron en esto que sea debajo del equinocial por la forma que yo dije, y no es maravilla porque deste hemisferio non se hobiese noticia cierta, salvo muy liviana y por argumento, porque nadie nunca lo ha andado ni enviado á buscar, hasta agora que vuestras Altezas le mandaron explorar é descubrir la mar y la tierra.
Fallo que de allí de estas dos bocas, las cuales como yo dije estan frontero por línea de Septentrion en Austro, que haya de la una á la otra veinte y seis leguas, y no pudo haber en ello yerro porque se midieron con cuadrante, y destas dos bocas de accidente fasta el golfo que yo dije, al cual llamé de las Perlas, que son sesenta é ocho leguas de cuatro millas dada una como acostumbramos en la mar, y que de allá de este golfo corre de contino el agua muy fuerte hácia el oriente; y que por esto tienen aquel combate estas dos bocas con la salada. En esta boca de Austro á que yo llamé de la Sierpe, fallé en anocheciendo que yo tenia la estrella del Norte alta cuasi cinco grados, y en aquella del otra Septentrion, á que yo llamé del Drago, eran cuasi siete, y fallo queldicho Golfo de las Perlas está occidentalal Occidente de el [179] de Tolomeo cuasi tres mil é novecientas millas, que son cuasi setenta grados equinociales, contando por cada uno cincuenta y seis millas é dos tercios.
La Sacra Escriptura testifica que nuestro Señor hizo al Paraiso terrenal, y en él puso el Arbol de la vida, y del sale una fuente de donde resultan en este mundo cuatro rios principales: Ganges en India, Tigris y Eufrates en [180] los cuales apartan la sierra y hacen la Mesopotamia y van à tener en Persia, y el Nilo que nace en Etiopia y va en la mar en Alejandría.
Yo no hallo ni jamas he hallado escriptura de Latinos ni de Griegos que certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraiso terrenal, ni visto en ningun mapamundo, salvo, situado con autoridad de argumento. Algunos le ponian allí donde son las fuentes del Nilo en Etiopia; mas otros anduvieron todas estas tierras y no hallaron conformidad dello en la temperancia del cielo, en la altura hácia el cielo, porque se pudiese comprehender que el era allí, ni que las aguas del diluvio hobiesen llegado allí, las cuales subieron encima, &c. Algunos gentiles quisieron decir por argumentos, que el era en las islas Fortunatas que son las Canarias, &c.
S. Isidro y Beda y Strabo, y el Maestro de la historia escolástica, y San Ambrosio, y Scoto, y todos los sanos teólogos conciertan quel Paraiso terrenal es en el Oriente, &c.
Ya dije lo que yo hallaba deste hemisferio y de la hechura, y creo que si yo pasara por debajo de la línea equinocial que en llegando allí en esto mas alto que fallara muy mayor temperancia, y diversidad en las estrellas y en las aguas; no porque yo crea que allí donde es el altura del extremo sea navegable ni agua, ni que se pueda subir allá, porque creo que allí es el Paraiso terrenal adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad Divina; y creo que esta tierra que agora mandaron descubrir vuestras Altezas sea grandísima y haya otras muchas en el Austro de que jamas se hobo noticia.
Yo no tomo quel Paraise terrenal sea en forma de montaña aspera como el escrebir dello nos amuestra, salvo quel sea en el colmo allí donde dije la figura del pezon de la pera, y que poco á poco andando hácía allí desde muy lejos se va subiendo á él; y creo que nadie no podria llegar al colmo como yo dije, y creo que pueda salir de allí esa agua, bien que sea lejos y venga á parar allí donde yo vengo, y faga este lago. Grandes indicios son estos del Paraiso terrenal, porquel sitio es conforme á la opinion de estos santos é sanos teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamas leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así adentro é vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia, y si de allí del Paraiso no sale, parece aun mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de rio tan grande y tan fondo.
Despues que yo salí de la boca del Dragon, ques la una de las dos aquella del Septentrion, á la cual así puse nombre, el dia siguiente, que fue dia de Nuestra Señora de Agosto, fallé que corria tanto la mar al Poniente, que despues de hora de misa que entré en camino, anduve fasta hora de completas sesenta y cinco leguas de cuatro millas cada una, y el viento no era demasiado, salvo muy suave; y esto ayuda el cognoscimiento que de allí yendo al Austro se va mas alto, y andando hácia el Septentrion, como entonces, se va descendiendo.
Muy conoscido tengo que las aguas de la mar llevan su curso de Oriente á Occidente con los cielos, y que allí en esta comarca cuando pasan llevan mas veloce camino, y por esto han comido tanta parte de la tierra, porque por eso son acá tantas islas, y ellas mismas hacen desto testimonio, porque todas á una mano son largas de Poniente á Levante, y Norueste é Sueste ques un poco mas alto é bajo, y angostas de Norte á Sur, y Nordeste Sudueste, que son en contrario de los otros dichos vientos, y aquí en ellas todas nascen cosas preciosas por la suave temperancia que les procede del cielo por estar hácia el mas alto del mundo. Verdad es que parece en algunos lugares que las aguas no hagan este curso; mas esto no es, salvo particularmente en algunos lugares donde alguna tierra le está al encuentro, y hace parecer que andan diversos caminos.
Plinio escribe que la mar é la tierra hace todo una esfera, y pone questa mar Oceana sea la mayor cantidad del agua, y está hácia el cielo, y que la tierra sea debajo y que le sostenga, y mezclado es uno con otro como el amago de la nuez con una tela gorda que va abrazado en ello. El Maestro de la Historia escolástica sobre el Genesis dice que las aguas son muy pocas, que bien que cuando fueron criadas que cobijasen toda la tierra que entonces eran vaporables en manera de niebla, y que despues que fueron sólidas é juntadas que ocuparon muy poco lugar, y en esto concierta Nicolao de Lira. El Aristotel dice que este mundo es pequeño y es el agua muy poca, y que facilmente se puede pasar de España á las Indias, y esto confirma el Avenruyz y le alega el Cardenal Pedro de Aliaco, autorizando este decir y aquel de Séneca, el cual conforma con estos diciendo que Aristoteles pudo saber muchos secretos del mundo á causa de Alejandro Magno, y Séneca á causa de Cesar Nero y Plinio por respecto de los Romanos, los cuales todos gastaron dineros é gente, y pusieron mucha diligencia en saber los secretos del mundo y darlos á entender á los pueblos; el cual Cardenal da á estos grande autoridad mas que á Tolomeo ni á otros Griegos ni Arabes, y á confirmacion de decir quel agua sea poca y quel cubierto del mundo della sea poco, al respecto de lo que se decia por autoridad de Tolomeo y de sus secuaces: á esto trae una autoridad de Esdras del 3ᵒ. libro suyo, adonde dice que de siete partes del mundo las seis son descubiertas y la una es cubierta de agua, la cual autoridad es aprobada por Santos, los cuales dan autoridad al 3ᵒ. é 4ᵒ. libro de Esdras, ansí como es S. Agustin é S. Ambrosio en su _exameron_, adonde alega allí vendrá mi hijo Jesus é morira mi hijo Cristo, y dicen que Esdrás fue Profeta, y asimismo Zacarías, padre de S. Juan, y el braso Simon; las cuales autoridades tambien alega Francisco de Mairones: en cuanto en esto del enjuto de la tierra mucho se ha experimentado ques mucho mas de lo quel vulgo crea; y no es maravilla, porque andando mas mas se sabe.
Torno á mi propósito de la tierra de Gracia y rio y lago que allí fallé, atan grande que mas se le puede llamar mar que lago, porque _lago_ es lugar de agua, y en seyendo grande se dice _mar_, como se dijo á la mar de Galilea y al mar Muerto, y digo que sino procede del Paraiso terrenal que viene este rio y procede de tierra infinita, pues al Austro, de la cual fasta agora no se ha habido noticia, mas yo muy asentado tengo en el anima que allí adonde dije es el Paraiso terrenal, y descanso sobre las razones y autoridades sobre-escriptas.
Plega á nuestro Señor de dar mucha vida y salud y descanso á vuestras Altezas para que puedan proseguir esta tan noble empresa, en la cual me parece que rescibe nuestro Señor mucho servicio, y la España crece de mucha grandeza, y todos los Cristianos mucha consolacion y placer, porque aquí se divulgará el nombre de nuestro Señor; y en todas las tierras adonde los navíos de vuestras Altezas van, y en todo cabo mando plantar una alta cruz, y á toda la gente que hallo notifico el estado de vuestras Altezas y como su asiento es en España, y les digo de nuestra santa fe todo lo que yo puedo, y de la creencia de la Santa Madre Iglesia, la cual tiene sus miembros en todo el mundo, y les digo la policía y nobleza de todos los Cristianos, y la fe que en la Santa Trinidad tienen; y plega á nuestro Señor de tirar de memoria á las personas que han impugnado y impugnan tan excelente empresa, y impiden y impidieron porque no vaya adelante, sin considerar cuanta honra y grandeza es del Real Estado da vuestras Altezas en todo el mundo; no saben que entreponer á maldecir de esto, salvo que se hace gasto en ello, y porque luego no enviaron los navíos cargados de oro sin considerar la brevedad del tiempo y tantos inconvenientes como acá se han habido, y no considerar que en Castilla en casa de vuestras Altezas salen cada año personas que por su merecimiento ganaron en ella mas de renta cada uno dellos mas de lo ques necesario que se gaste en esto; ansimesmo sin considerar que ningunos Príncipes de España jamas ganaron tierra alguna fuera della, salvo agora que vuestras Altezas tienen acá otro mundo, de adonde puede ser tan acrescentada nuestra santa fe, y de donde se podrán sacar tantos provechos, que bien que no se hayan enviado los navíos cargados de oro, se han enviado suficientes muestras dello y de otras cosas de valor, por donde se puede juzgar que en breve tiempo se podrá haber mucho provecho, y sin mirar el gran corazon de los Príncipes de Portugal que há tanto tiempo que prosiguen la impresa de Guinea, y prosiguen aquella de Africa, adonde han gastado la mitad de la gente de su Reino, y agora está el Rey mas determinado á ello que nunca. Nuestro Señor provea en esto como yo dije, y les ponga en memoria de considerar de todo esto que va escripto, que no es de mil partes la una de lo que yo podria escrebir de cosas de Príncipes que se ocuparon á saber y conquistar y sostener.
Todo esto dije, y no porque crea que la voluntad de vuestras Altezas sea salvo proseguir en ello en cuanto vivan, y tengo por muy firme lo que me respondió vuestras Altezas una vez que por palabra le decir desto, no porque yo hobiese visto mudamiento ninguno en vuestras Altezas salvo por temor de lo que yo oia destos que yo digo, y tanto da una gotera de agua en una piedra que le hace un agujero; y vuestras Altezas me respondió con aquel corazon que se sabe en todo el mundo que tienen, y me dijo que no curase de nada de eso, porque su voluntad era de proseguir esta empresa y sostenerla, aunque no fuese sino piedras y peñas, y quel gasto que en ello se hacia que lo tenia en nada, que en otras cosas no tan grandes gastaban mucho mas, y que lo tenian todo por muy bien gastado lo del pasado y lo que se gastase en adelante, porque creian que nuestra santa fe sería acrecentada y su Real Señorío ensanchado, y que no eran amigos de su Real Estado aquellos que les maldecian de esta empresa: y agora entre tanto que vengan á noticia desto destas tierras que agora nuevamente he descubierto, en que tengo asentado en el ánima que allí es el Paraiso terrenal, irá el Adelantado con tres navíos bien ataviados para ello á ver mas adelante, y descubrirán todo lo que pudieren hacia aquellas partes. Entretanto yo enviaré á vuestras Altezas esta escriptura y la pintura de la tierra, y acordarán lo que en ello se deba facer, y me enviarán á mandar, y se cumplirá con ayuda de la Santa Trinidad con toda diligencia en manera que vuestras Altezas sean servidos y hayan placer. Deo gracias.
FOOTNOTES:
[154] These were Fray Juan Perez de Marchena, a Franciscan, keeper of the Convent de la Rabida, and Fray Diejo de Deza, a Dominican, afterwards Archbishop of Seville.
[155] A similar gap in the original.
[156] He did not discover terra firma in the second voyage as he here says, but imagined the island of Cuba to be terra firma, because he was unable to explore it fully; nor was it ascertained to be an island till two years after his death, when, by order of the king, the Comendador Mayor Nicolas Ovando gave Sebastian de Ocampo a commission to circumnavigate the island, and he explored the whole coast in the year 1508. (See Herrera, Dec. i, lib. 7, cap. i.) Amongst the number of these islands, Columbus doubtless included many of those to the south of Cuba, lying in the part which he called the _Queen’s Gardens_.
[157] Ceylon.
[158] These examples quoted by the admiral from ancient history, are commented upon very learnedly, and at considerable length, by his historian, Las Casas, in chapters 128 and 129 of his unpublished history. (Navarrete.)
[159] Of the year 1498.
[160] Herrera says (Dec. i, lib. 3, cap. 9) that it was a Portuguese squadron; but Las Casas (cap. 30) distinctly states it to have been French.
[161] Herrera and Don Ferdinand Columbus say that he reached the island of Puerto Santo on the seventh of June, from which island he sailed directly for Madeira, and thence to Gomera, which he reached on the nineteenth, and put to sea again on the twenty-first.
[162] The commanders of the three ships which the admiral despatched to Española, were Pedro de Arana, native of Cordova, brother to the mother of Ferdinand Columbus; Alonzo Sanchez de Carabajal, magistrate of Baeza; and Juan Antonio Columbus, a relative of the admiral; all of whom were known to and are spoken of by F. Bartolomé de Las Casas, in chapter 130 of his unpublished history. (Navarrete.)
[163] This was on the twenty-seventh of June. He anchored in the island of Sal, and on the thirtieth proceeded to the island of Santiago, from whence he put to sea again on the fourth of July.
[164] The islands took the name from the Cape itself, not from the verdure which had caused that name to be given to the Cape. The Cape Verde was discovered by Diniz Dias about 1445: the Cape Verde Islands were discovered in 1460 by Diogo Gomez, as shown for the first time in my _Prince Henry the Navigator_, pp. 297-298, and not by Antonio de Nolle in 1457, as incorrectly stated by Cadamosto.
[165] It was first seen by a mariner of Huelva, a servant of the admiral, named Alonzo Perez. (Navarrete.)
[166] It is now called Cape Galeota, and is the most south-eastern point of the island of Trinidad.
[167] In all probability deer.
[168] Coast of Paria.
[169] Produced by the confluence of the Oronoco with the sea. See Rapin, _Hist. Phil._, vol. iv, p. 272.
[170] Point Peña Blanca.
[171] Point Peña.
[172] Serpent’s Mouth.
[173] It is now called Point Alcatraz, or Point Pelican.
[174] The stars composing the constellation of Ursa Minor.
[175] A misspelling, not infrequent in those days, for the sacred city (not island) of Odjein or Ougein in Malwa, whence the Indians reckoned their first meridian. The change of the name to Arin in Arabic is thus explained by M. Reinaud in his _Mémoire sur l’Inde_, p. 373. The dj of the Indians was sometimes rendered z by the Arabs, and thus the Arab translators wrote the word Ozein; but as in manuscripts the vowels were often omitted, the mass of readers to whom the name of Odjein was indifferent, would pronounce it Azin, and as the copyist would sometimes forget to insert the point which distinguished a z from an r, Azin would be read Arin.
[176] Japan and China.
[177] Arguin, off the west coast of Africa.
[178] The innermost gulf within the Gulf of Paria.
[179] A similar gap in the original. In all probability “first meridian” or some such words, are omitted.
[180] A similar gap in the original, which would seem to want the words “Asiatic Turkey.”
[181] Walafried Strabus, Abbé of Reichenau in Baden.
[182] Petrus Comestor, who wrote the “Historica Scholastica.”
[183] The feast of the Assumption.
[184] Probably six A.M.
[185] Nine P.M.
[186] Averrhóes, an Arabian philosopher of the twelfth century.
[187] This expression is described by the ancient copyist of the letter as being “badly written”; probably miscopied for “El beato”, “The blessed.”
[188] A Scotist of the fourteenth century, surnamed “Doctor illuminatus et acutus.”
LETTER
_Of the Admiral to the (quondam) nurse[189] of the Prince John, written near the end of the year 1500._
Most virtuous lady: Although it is a novelty for me to complain of the ill-usage of the world, it is, nevertheless, no novelty for the world to practise ill-usage. Innumerable are the contests which I have had with it, and I have resisted all its attacks until now, when I find, that neither strength nor prudence is of any avail to me: it has cruelly reduced me to the lowest ebb. Hope in Him who created us all is my support: His assistance I have always found near at hand. On one occasion, not long since, when I was extremely depressed, He raised me with His Divine arm, saying: “O man of little faith, arise, it is I, be not afraid.”[190] I offered myself with such earnest devotion to the service of these princes, and I have served them with a fidelity hitherto unequalled and unheard of. God made me the messenger of the new heaven and the new earth, of which He spoke in the Apocalypse by St. John, after having spoken of it by the mouth of Isaiah; and He showed me the spot where to find it. All proved incredulous; except the Queen my mistress, to whom the Lord gave the spirit of intelligence and great courage, and made her the heiress of all, as a dear and well beloved daughter. I went to take possession of it in her royal name. All sought to cover the ignorance in which they were sunk, by dwelling on the inconveniences and expense of the proposed enterprise. Her Highness held the contrary opinion, and supported it with all her power. Seven years passed away in deliberations, and nine have been spent in accomplishing things truly memorable, and worthy of being preserved in the history of man. Never had such a thing been conceived.
I have now reached that point, that there is no man so vile but thinks it his right to insult me. The day will come when the world will reckon it a virtue to him who has not given his consent to their abuse. If I had plundered the Indies, even to the country where is the fabled altar of St. Peter’s, and had given them all to the Moors, they could not have shown towards me more bitter enmity than they have done in Spain. Who would believe such things of a country where there has always been so much nobility? I should much like to clear myself of this affair, if only it were consistent with etiquette to do so, face to face with my queen. The support which I have found in our Lord, and in her Highness, made me persevere, and, in order to relieve somewhat the griefs which death had occasioned her,[191] I undertook another voyage to the new heavens and new earth, which had been hitherto concealed; and if these are not appreciated in Spain, like the other parts of the Indies, it is not at all wonderful, since it is to my labours that they are indebted for them. The Holy Spirit encompassed St. Peter, and the rest of the twelve, who all had conflicts here below; they wrought many works, they suffered great fatigues, but at last they obtained the victory. I believed that this voyage to Paria would produce a certain amount of contentment, because of the pearls and the discovery of gold in the island of Española. I left orders for the people to fish for pearls, and collect them together, and made an agreement with them that I should return for them; and I was given to understand that the supply would be abundant.
If I have not written respecting this to their Highnesses, it is because I wished first to render an equally favourable account of the gold; but it has happened with this as with many other things; I should not have lost them, and with them my honour, if I had been only occupied about my own private interests, and had suffered Española to be lost, or even if they had respected my privileges and the treaties. I say the same with regard to the gold which I had then collected, and which I have brought in safety, by Divine grace, after so much loss of life and such excessive fatigues.
In the voyage which I made by way of Paria, I found nearly half the colonists of Española in a state of revolt, and they have made war upon me until now as if I had been a Moor;[192] while on the other side, I had to contend with the no less cruel Indians. Then arrived Hojeda,[193] and he attempted to put the seal to all these disorders; he said that their Highnesses had sent him, with promises of presents, of immunities, and treaties; he collected a numerous band, for in the whole island of Española, there were few men who were not vagabonds, and there were none who had either wife or children. This Hojeda troubled me much, but he was obliged to retreat, and at his departure he said, that he would return with more ships and men, and reported also, that he had left the queen at the point of death.[194] In the meanwhile, Vincent Yañez came with four caravels; and there were some tumults and suspicions, but no further evil. The Indians reported many other caravels to the cannibals, and in Paria; and afterwards spread the news of the arrival of six other caravels, commanded by a brother of the alcalde; but this was from pure malice, and at a time when at length there remained but little hope that their Highnesses would send any more ships to the Indies, and we no longer expected them, and when it was said openly that her Highness (the queen) was dead. At this time, one Adrian attempted a new revolt, as he had done before;[195] but our Lord did not permit his evil designs to succeed. I had determined not to inflict punishment on any person, but his ingratitude obliged me, however regretfully, to abandon this resolution, I should not have acted otherwise with my own brother, if he had sought to assassinate me, and to rob me of the lordship which my sovereigns had given to my keeping. This Adrian, as is now evident, had sent Don Ferdinand to Xaragua, to assemble some of his partisans, and had some discussions with the alcalde, which ended in violence, but all without any good. The alcalde seized him and a part of his band; and in fact, executed justice without my having ordered it. While they were in prison, they were expecting a caravel, in which they hoped to embark; but the news which I told them of what had happened to Hojeda, deprived them of the hope that he would arrive in this ship. It is now six months that I have been ready to leave, to bring to their Highnesses the good news of the gold, and to give up the government of these dissolute people, who fear neither God nor their king nor queen, but are full of imbecility and malice. I should have been able to pay every one with six hundred thousand maravedis, and for this purpose there were four millions and more of the tithes, without reckoning the third part of the gold.
Before my departure (from Spain) I have often entreated their Highnesses to send to these parts, at my expense, some one charged to administer justice; and since, when I found the alcalde in a state of revolt, I have besought them afresh to send at least one of their servants with letters, because I myself have had so strange a character given to me, that if I were to build churches or hospitals, they would call them caves for robbers. Their Highnesses provided for this at last, but in a manner quite unequal to the urgency of the circumstances; however, let that point rest, since such is their good pleasure. I remained two years in Spain without being able to obtain anything for myself, or those who came with me,[196] but this man has gained for himself a full purse: God knows if all will be employed for his service. Already, to begin with, there is a revenue for twenty years, which is, according to man’s calculation, an age; and they gather gold in such abundance, that there are people who, in four hours, have found the equivalent of five marks; but I will speak on this subject more fully hereafter. If their Highnesses would condescend to silence the popular rumours, which have gained credence among those who know what fatigues I have sustained, it would be a real charity; for calumny has done me more injury than the services which I have rendered to their Highnesses, and the care with which I have preserved their property and their government, have done me good. By their so doing, I should be re-established in reputation, and spoken of throughout the universe: for the matter is of a kind which must every day be more talked of and appreciated.
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Select letters of Christopher ColumbusChapter XII: Part 12
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