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Chapter IV: Rhyme (4)

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--Con verdad, decía el jinete á su acompañante, que si el alojamiento que se nos prepara es tal y como me lo pintas, casi casi sería preferible arrancharnos en el campo ó en medio de una plaza.

--¿Y qué queréis, mi capitán? contestóle el guía que efectivamente era un sargento aposentador; en el alcázar no cabe ya un grano de trigo cuanto mas un hombre; de San Juan de los Reyes[1] no digamos, porque hay celda de fraile en la que duermen quince húsares. El convento á donde voy á conduciros no era mal local, pero hará cosa de tres ó cuatro días nos cayó aquí como de las nubes ima de las columnas volantes que recorren la provincia, y gracias que hemos podido conseguir que se amontonen por los claustros y dejen libre la iglesia.

[Footnote 1: San Juan de los Reyes. This convent was founded in 1476
by Ferdinand and Isabella, who meant it to be their burial-place,
and was dedicated to their patron saint John the Baptist. "After the
capture of Granada in 1492 and the foundation of the royal mausoleum
there, the chief object of San Juan disappeared and the building was
protracted till the seventeenth century. Thus the edifice, begun in
the late Gothic style, shows a strong leaning towards the forms of
the Renaissance. The interior was much damaged by the French in
1808." Baedeker's _Spain_ (1901), p. 147.]

--En fin, exclamó el oficial después de un corto silencio y como resignándose con el extraño alojamiento que la casualidad le deparaba,--más vale incómodo que ninguno. De todas maneras, si llueve, que no será dificil según se agrupan las nubes, estaremos á cubierto y algo es algo.

Interrumpida la conversación en este punto, los jinetes, precedidos del guía, siguieron en silencio el camino adelante hasta llegar á una plazuela, en cuyo fondo se destacaba la negra silueta del convento con su torre morisca, su campanario de espadaña, su cúpula ojival y sus tejados de crestas desiguales y obscuras.

--He aquí vuestro alojamiento, exclamó el aposentador al divisarle y dirigiéndose al capitán, que después que hubo mandado hacer alto á la tropa, echó pie á tierra, tomó el farolillo de manos del guía, y se dirigió hacia el punto que este le señalaba.

Como quiera que la iglesia del convento estaba completamente desmantelada, los soldados que ocupaban el resto del edificio habían creído que las puertas le eran ya poco menos que inútiles, y un tablero hoy, otro mañana, habían ido arrancándolas pedazo á pedazo para hacer hogueras con que calentarse por las noches.

Nuestro joven oficial no tuvo, pues, que torcer Haves ni descorrer cerrojos para penetrar en el interior del templo.

Á la luz del farolillo, cuya dudosa claridad se perdía entre las espesas sombras de las naves y dibujaba con gigantescas proporciones sobre el muro la fantástica sombra del sargento aposentador que iba precediéndole, recorrió la iglesia de arriba abajo y escudriñó una por una todas sus desiertas capillas, hasta que una vez hecho cargo del local, mandó echar pie á tierra á su gente, y hombres y caballos revueltos, fué acomodándola como mejor pudo.

Según dejamos dicho, la iglesia estaba completamente desmantelada; en el altar mayor pendían aún de las alias cornisas los rotos jirones del velo con que le habían cubierto los religiosos al abandonar aquel recinto; diseminados por las naves veianse algunos retablos adosados al muro, sin imágenes en las hornacinas; en el coro se 'dibujaban con un ribete de luz los extraños perfiles de la obscura sillería de alerce; en el pavimento, destrozado en varies puntos, distinguíanse aún anchas losas sepulcrales llenas de timbres, escudos y largas inscripciones góticas; y allá á lo lejos, en el fondo de las silenciosas capillas y á lo largo del crucero, se destacaban confusamente entre la obscuridad, semejantes á blancos é inmóviles fantasmas, las estatuas de piedra que, unas tendidas, otras de hinojos sobre el mármol de sus tumbas, parecían ser los únicos habitantes del ruinoso edificio.

Á cualquiera otro menos molido que el oficial de dragones, el cual traía una jornada de catorce leguas en el cuerpo, ó menos acostumbrado á ver estos sacrilegios como la cosa más natural del mundo, hubiéranle bastado dos adarmes de imaginación para no pegar los ojos en toda la noche en aquel obscuro é imponente recinto, donde las blasfemias de los soldados que se quejaban en alta voz del improvisado cuartel, el metálico golpe de sus espuelas que resonaban sobre las antes losas sepulcrales del navimento, el ruido de los caballos que piafaban impacientes, cabeceando y haciendo sonar las cadenas con que estaban sujetos á los pilares, formaban un rumor extraño y temeroso que se dilataba por todo el ámbito de la iglesia y se reproducía cada vez más confuso repetido de eco en eco en sus alias bóvedas.

Pero nuestro héroe, aunque joven, estaba ya tan familiarizado con estas peripecias de la vida de campaña, que apenas hubo acomodado á su gente, mandó colocar un saco de forraje al pie de la grada del presbiterio, y arrebujándose como mejor pudo en su capote y echando la cabeza en el escalón, á los cinco minutos roncaba con más tranquilidad que el mismo rey José[1] en su palacio de Madrid.[2]

[Footnote 1: rey José. Joseph Bonaport. See p. 76, note 1.]

[Footnote 2: Madrid. The capital of Spain and of the province of
Madrid, situated on the Manzanares, and nearly in the geographical
center of Spain. Population some 540,000. The royal palace, begun in
1737, is an imposing rectangular structure on a lofty terrace
overlooking the Manzanares.]

Los soldados, haciendose almohadas de las monturas, imitaron su ejemplo, y poco á poco fué apagándose el murmullo de sus voces.

Á la media hora sólo se oían los ahogados gemidos del aire que entraba por las rotas vidrieras de las ojivas del templo, el atolondrado revolotear de las aves nocturnas que tenían sus nidos en el dosel de piedra de las esculturas dé los muros, y el alternado rumor de los pasos del vigilante que se paseaba envuelto en los anchos pliegues de su capote, á lo largo del pórtico.

II

En la época á que se remonta la relación de esta historia, tan verídica como extraordinaria, lo mismo que al presente, para los que no sabían apreciar los tesoros del arte que encierran sus muros la ciudad de Toledo no era mas que un poblacón destartalado, antiguo, ruinoso é insufrible.

Los oficiales del ejército francés, que á juzgar por los actos de vandalismo[1] con que dejaron en ella triste y perdurable memoria de su ocupación, de todo tenían menos de artistas ó arqueólogos, no hay para que decir que se fastidiaban soberanamente en la vetusta ciudad de los Césares.[2]

[Footnote 1: vandalismo. See p. 76, note 1.]

[Footnote 2: ciudad de los Césares. See p. 50, note 2, and p. 52,
note 1.]

En esta situación de ánimo, la más insignificante novedad que viniese á romper la monótona quietud de aquellos días eternos é iguales, era acogida con avidez entre los ociosos; así es que la promoción al grado inmediato de uno de sus camaradas, la noticia del movimiento estratégico de una columna volante, la salida de un correo de gabinete, ó la llegada de una fuerza cualquiera á la ciudad, convertíanse en tema fecundo de conversación y objeto de toda clase de comentarios, hasta tanto que otro incidente venía á sustituirle,[1] sirviendo de base á nuevas quejas, críticas y suposiciones.

[Footnote 1: sustituirle. See p. 66, note 1.]

Como era de esperar, entre los oficiales que, según tenían de costumbre, acudieron al día siguiente á tomar el sol y á charlar un rato en el Zocodover, no se hizo platillo de otra cosa que de la llegada de los dragones, cuyo jefe dejamos en el anterior capítulo durmiendo á pierna suelta y descansando de las fatigas de su viaje. Cerca de una hora hacía que la conversación giraba alrededor de este asunto, y ya comenzaba á interpretarse de diversos modos la ausencia del recién venido, á quien uno de los presentes, antiguo compañero suyo de colegio, habia citado para el Zocodover, cuando en una de las boca-calles de la plaza apareció al fin nuestro bizarro capitán despojado de su ancho capotón de guerra, luciendo un gran casco de metal con penacho de plumas blancas, una casaca azul turquí con vueltas rojas y un magnífico mandoble con vaina de acero, que resonaba arrastrándose al compás de sus marciales pasos y del golpe seco y agudo de sus espuelas de oro.

Apenas le vió su camarada, salió á su encuentro para saludarle, y con él se adelantaron casi todos los que á la sazón se encontraban en el corrillo; en quienes habían despertado la curiosidad y la gana de conocerle, los pormenores que ya habían oído referir acerca de su carácter original y extraño.

Después de los estrechos abrazos de costumbre y de las exclamaciones, plácemes y preguntas de rigor en estas entrevistas; después de hablar largo y tendido sobre las novedades que andaban por Madrid, la varia fortuna de la guerra y los amigotes muertos ó ausentes, rodando de uno en otro asunto la conversación, vino á parar al tema obligado, esto es, las penalidades del servicio, la falta de distracciones de la ciudad y el inconveniente de los alojamientos.

Al llegar á este punto, uno de los de la reunión que, por lo visto, tenía noticia del mal talante con que el joven oficial se había resignado á acomodar su gente en la abandonada iglesia, le dijo con aire de zumba:

--Y á propósito de alojamiento, ¿qué tal se ha pasado la noche en el que ocupáis?

--Ha habido de todo, contestó el interpelado; pues si bien es verdad que no he dormido gran cosa, el origen de mi vigilia merece la pena de la velada. El insomnio junto á una mujer bonita no es seguramente el peor de los males.

--¡Una mujer! repitió su interlocutor como admirándose de la buena fortuna del recién venido; eso es lo que se llama llegar y besar el santo.

--Será tal vez algún antiguo amor de la corte que le sigue á Toledo para hacerle más soportable el ostracismo, añadió otro de los del grupo.

--¡Oh! no, dijo entonces el capitán; nada menos que eso. Juro, á fe de quien soy, que no la conocía y que nunca creí hallar tan bella patrona en tan incómódo alojamiento. Es todo lo que se llama una verdadera aventura.

--¡Contadla! ¡contadla! exclamaron en coro los oficiales que rodeaban al capitán; y como éste se dispusiera á hacerlo así, todos prestaron la mayor atención á sus palabras, mientras él comenzó la historia en estos terminos:

--Dormía esta noche pasada como duerme un hombre que trae en el cuerpo trece[1] leguas de camino, cuando he aquí que en lo mejor del sueño me hizo despertar sobresaltado é incorporarme sobre el codo un estruendo horrible, un estruendo tal, que me ensordeció un instante para dejarme después los oídos zumbando cerca de un minuto, como si un moscardón me cantase á la oreja.

[Footnote 1: trece = 'thirteen.' Our author has told us on p. 79
that it was catorce ('fourteen').]

Como os habrás figurado, la causa de mi susto era el primer golpe que oía de esa endiablada campana gorda,[1] especie de sochantre de bronce, que los canónigos de Toledo han colgado en su catedral con el laudable propósito de matar á disgustos a los necesitados de reposo.

[Footnote 1: campana gorda = 'great bell.' The famous _Campana
Gorda_, weighing nearly two tons, was cast by Alejandro Gargollo in
1753. It hangs in the cathedral tower surrounded by eight other
bells, and surmounted by two more.]

Renegando entre dientes de la campana y del campanero que la toca, disponíame, una vez apagado aquel insólito y temeroso rumor, á coger nuevamente el hilo del interrumpido sueño, cuando vino á herir mi imaginación y á ofrecerse ante mis ojos una cosa extraordinaria. Á la dudosa luz de la luna que entraba en el templo por el estrecho ajimez del muro de la capilla mayor, ví una mujer arrodillada junto al altar.

Los oficiales se miraron éntre sí con expresion entre asombrada é incrédula; el capitán, sin atender al efecto que su narración producía, continuó de este modo:

--No podéis figuraros nada semejante á aquella nocturna y fantástica visión que se dibujaba confusamente en la penumbra de la capilla como esas virgenes pintadas en los vidrios de colores que habréis visto alguna vez destacarse á lo lejos, blancas y luminosas, sobre el obscuro fondo de las catedrales.

Su rostro ovalado, en donde se veía impreso el sello de una leve y espiritual demacración, sus armoniosas facciones llenas de una suave y melancólica dulzura; su intensa palidez, las purisimas líneas de su contorno esbelto, su ademán reposado y noble, su traje blanco y flotante, me traían á la memoria esas mujeres que yo soñaba cuando casi era un niño. ¡Castas y celestes imágenes, quimérico objeto del vago amor de la adolescencia! Yo me creía juguete de una alucinación, y sin quitarle un punto los ojos, ni aún osaba respirar, temiendo que un soplo desvaneciese el encanto. Ella permanecía inmóvil.

Antojábaseme al verla tan diáfana y luminosa que no era una criatura terrenal, sino un espíritu que, revistiendo por un instante la forma humana, había descendido en el rayo de la luna, dejando en el aire y en pos de sí la azulada estela que desde el alto ajimez bajaba verticalmente hasta el pie del opuesto muro, rompiendo la obscura sombra de aquel recinto lóbrego y misterioso.

--Pero ... exclamó interrumpiéndole su camarada de colegio, que, comenzando por echar á broma la historia, había concluido interesándose con su relato: ¿cómo estaba allí aquella mujer? ¿No la[1] dijiste nada? ¿No te explicó su presencia en aquel sitio?

[Footnote 1: la. See p. 20, note 2.]

--No me determiné á hablarla,[1] porque estaba seguro de que no había de contestarme, ni verme ni oirme.

[Footnote 1: la. See p. 20, note 2.]

--¿Era sorda?

--¿Era ciega?

--¿Era muda? exclamaron á un tiempo tres ó cuatro de los que escuchaban la relación.

--Lo era todo á la vez, exclamó al fin el capitán después de un momento de pausa; porque era... de mármol. Al oir el estupendo desenlace de tan extraña aventura, cuantos había en el corro prorrumpieron en una ruidosa carcajada, mientras uno de ellos dijo al narrador de la peregrina historia, que era el único que permanecía callado y en una grave actitud:

--¡Acabáramos de una vez! Lo que es de ese género, tengo yo más de un millar, un verdadero serrallo, en San Juan de los Reyes; serrallo que desde ahora pongo á vuestra disposición, ya que, á lo que parece, tanto os da de una mujer de carne como de piedra.

--¡Oh! no ... continuó el capitán, sin alterarse en lo más mínimo por las carcajadas de sus compañeros: estoy seguro de que no pueden ser como la mía. La mía es una verdadera dama castellana que por un milagro de la escultura parece que no la han enterrado en un sepulcro, sino que aún permanece en cuerpo y alma de hinojos sobre la losa que le cubre, inmóvil, con las manos juntas en ademan suplicante, sumergida en un éxtasis de místico amor.

--De tal modo te explicas, que acabarás por probarnos la verosimilitud de la fábula de Galatea.[1]

[Footnote 1: Galatea. In the story told by Ovid (_Met._ x. 243)
Pygmalion, king of Cyprus, conceived an aversion to women, and
devoted himself to art, but having made in ivory a lovely statue of
a woman he became enamored of it, and at his request Aphrodite
endowed it with life. This beautiful woman, Galatea, became his
wife, and bore him a son called Paphos, founder of the city of that
name in Cyprus.]

--Por mi parte, puedo deciros que siempre la creí una locura; mas desde anoche comienzo á comprender la pasión del escultor griego.

--Dadas las especiales condiciones de tu nueva dama, creo que, no tendrás inconveniente en presentarnos á ella. De mí sé decir que ya no vivo hasta ver esa maravilla. Pero ... ¿qué diantres te pasa? ... diríase que esquivas la presentación. ¡Já! ¡já! ¡já! Bonito fuera que ya te tuviéramos hasta celoso.

--Celoso, se apresuró á decir el capitán, celoso ... de los hombres no ... mas ved, sin embargo, hasta donde llega mi extravagancia. Junto á la imagen de esa mujer, también de mármol, grave y al parecer con vida como ella, hay un guerrero, ... su marido sin duda.... Pues bien ... lo voy á decir todo, aunque os moféis de mi necedad ... si no hubiera temido que me tratasen de loco, creo que ya lo habría hecho cien veces pedazos.

Una nueva y aún más ruidosa carcajada de los oficiales saludó esta original revelación del estrambótico enamorado de la dama de piedra.

--Nada, nada; es preciso que la veamos, decían los unos.

--Si, si, es preciso saber si el objeto corresponde á tan alta pasión, añadian los otros.

--¿Cuando nos reuniremos á echar un trago en la iglesia en que os alojáis? exclamaron los demás.

--Cuando mejor os parezca: esta misma noche si queréis, respondió el joven capitán, recobrando su habitual sonrisa, disipada un instante por aquel relámpago de celos.--Á propósito. Con los bagajes he traído hasta un par de docenas de botellas de _Champagne_, verdadero _Champagne_, restos de un regalo hecho á nuestro general de brigada, que, como sabéis, es algo pariente.

¡Bravo! ¡bravo! exclamaron los oficiales á una voz, prorrumpiendo en alegres exclamaciones.

--¡Se bebera vino del país![1]

[Footnote 1: vino del país = 'wine from home,' 'wine from our own
country.']

--¡Y cantaremos una canción de Ronsard![1]

[Footnote 1: Ronsard. A celebrated French poet of the sixteenth
century (b. 1524, d. 1585) and father of lyric poetry in France.]

--Y hablaremos de mujeres, á proposito de la dama del anfitrión.

--Conque ... ¡hasta la noche!

--Hasta la noche.

III

Ya hacía largo rato que los pacíficos habitantes de Toledo habían cerrado con llave y cerrojo las pesadas puertas de sus antiguos caserones; la campana gorda de la catedral anunciaba la hora de la queda, y en lo alto del alcázar, convertido en cuartel, se oía el ultimo toque de silencio de los clarines, cuando diez ó doce oficiales que poco á poco habían ido reuniéndose en el Zocodover, tomaron el camino que conduce desde aquel punto al convento en que se alojaba el capitán, animados más con la esperanza de apurar las prometidas botellas, que con el deseo de conocer la-maravillosa escultura.

La noche había cerrado sombría y amenazadora; el cielo estaba cubierto de nubes de color de plomo; el aire, que zumbaba encarcelado en las estrechas y retorcidas calles, agitaba la moribunda luz del farolillo de los retablos, ó hacia girar con un chirrido agudo las veletas de hierro de las torres.

Apenas los oficiales dieron vista á la plaza en que se hallaba situado el alojamiento de su nuevo amigo, este, que les aguardaba impaciente, salió á encontrarles; y después de cambiar algunas palabras á media voz, todos penetraron juntos en la iglesia, en cuyo lóbrego recinto la escasa claridad de una linterna luchaba trabajosamente con las obscuras y espesísimas sombras.

--¡Por quien soy! exclamo uno de los convidados tendiendo a su alrededor la vista, que el local es de los menos aproposito del mundo para una fiesta.

--Efectivamente, dijo otro; nos traes á conocer á una dama, y apenas si con mucha dificultad se ven los dedos de la mano.

--Y sobre todo, hace un frío, que no parece sino que estamos en la Siberia,[1] añadió un tercero arrebujándose en el capote.

[Footnote 1: Siberia. A vast region in northern and central Asia,
which forms part of the Russian empire, and which has by far the
lowest winter temperatures of the known world.]

--Calma, señores, calma, interrumpió el anfitrión; calma, que á todo. se proveerá. ¡Eh, muchacho! prosiguió dirigiéndose á uno de sus asistentes; busca por ahí un poco de leña, y enciéndenos una buena fogata en la capilla mayor.

El asistente, obedeciendo las órdenes de su capitán, comenzó á descargar golpes en la sillería del coro, y después que hubo reunido una gran cantidad de leña que fué apilando al pie de las gradas del presbiterio, tomó la linterna y se dispuso á hacer un auto de fe con aquellos fragmentos tallados de riquísimas labores entre los que se veían por aquí parte de una columnilla salomónica, por allá la imagen de un santo abad, el torso de una mujer, ó la disforme cabeza de un grifo asomado entre hojarasca.

Á los pocos minutos, una gran claridad que de improviso se derramó por todo el ámbito de la iglesia, anunció á los oficiales que había llegado la hora de comenzar el festín.

El capitán, que hacía los honores de su alojamiento con la misma ceremonia que hubiera hecho los de su casa, exclamó dirigiéndose á los convidados:

--Si gustáis, pasaremos al _buffet_.[1]

[Footnote 1: buffet. A French word meaning 'refreshment-table.' It
is customary in France at large receptions and dancing-parties to
install in some room a counter or table from which to serve
refreshments. This is known as the _buffet_.]

Sus camaradas, afectando la mayor gravedad, respondieron á la invitación con un cómico salido, y se encaminaron á la capilla mayor precedidos del héroe de la fiesta, que al llegar á la escalinata se detuvo un instante, y extendiendo la mano en dirección al sitio que ocupaba la tumba, les dijo con la finura más exquisita:

--Tengo el placer de presentaros á la dama de mis pensamientos. Creo que convendréis conmigo en que no he exagerado su belleza.

Los oficiales volvieron los ojos al punto que les señalaba su amigo, y una exclamación de asombro se escapó involuntariamente de todos los labios.

En el fondo de un arco sepulcral revestido de mármoles negros, arrodillada delante de un reclinatorio, con las manos juntas y la cara vuelta hacia el altar, vieron, en efecto, la imagen de una mujer tan bella, que jamás salió otra igual de manos de un escultor, ni el deseo pudo pintarla en la fantasía más soberanamente hermosa.

--En verdad que es un ángel, exclamó uno de ellos.

--¡Lástima que sea de mármol! añadió otro.

--No hay duda que aunque no sea más que la ilusión de hallarse junto á una mujer de este calibre, es lo suficiente para no pegar los ojos en toda la noche.

--¿Y no sabéis quién es ella? preguntaron algunos de los que contemplaban la estatua al capitán, que sonreía satisfecho de su triunfo.

--Recordando un poco del latín--que en mi niñez supe, he conseguido, á duras penas, descifrar la inscripción de la tumba, contestó el interpelado; y á lo que he podido colegir, pertenece á un título de Castilla,[1] famoso guerrero que hizo la campaña con el Gran Capitán.[2] Su nombre lo he olvidado; mas su esposa, que es la que véis, se llama doña Elvira de Castañeda, y por mi fe que si la copia se parece al original, debió ser la mujer más notable de su siglo.

[Footnote 1: Castilla. See p. 34, note 1.]

[Footnote 2: el Gran Capitán. Gonzalo Fernández de Córdoba (b. 1453,
d. 1515). A famous Spanish general, who served with distinction in
the wars against Portugal and the Moors, and in several Italian
campaigns.]

Después de estas breves explicaciones, los convidados, que no perdían de vista al principal objeto de la reunión, procedieron á destapar algunas de las botellas y sentándose alrededor de la lumbre, empezó á andar el vino á la ronda.

Á medida que las libaciones se hacían más numerosas y frecuentes, y el vapor del espumoso _Champagne_ comenzaba á trastornar las cabezas, crecían la animación, el ruido y la algazara de los jóvenes, de los cuales éstos arrojaban á los monjes de granito adosados en los pilares los cascos de las botellas vacías, y aquellos cantaban á toda voz canciones báquicas y escandalosas, mientras los de más allá prorrumpían en carcajadas, batían las palmas en señal de aplauso, ó disputaban entre sí con blasfemias y juramentos.

El capitán bebía en silencio como un desesperado y sin apartar los ojos de la estatua de doña Elvira.

Iluminada por el rojizo resplandor de la hoguera, y á través del confuso velo que la embriaguez había puesto delante de su vista, parecíale que la marmórea imagen se transformaba áveces en una mujer real; parecíale que entreabría los labios como murmurando una oración; que se alzaba su pecho' como oprimido y sollozante; que cruzaba las manos con más fuerza; que sus mejillas se coloreaban, en fin, como si se ruborizase ante aquel sacrílego y repugnante espectáculo.

Los oficiales que advirtieron la taciturna tristeza de su camarada, le sacaron del éxtasis en que se encontraba sumergido, y presentándole una copa, exclamaron en coro:

--¡Vamos, brindad vos, que sois el único que no lo ha hecho en toda la noche!

El joven tomó la copa, y poniéndose de pie y alzándola en alto, dijo encarándose con la estatua del guerrero arrodillado junto á doña Elvira:

--¡Brindo por el emperador,[1] y brindo por la fortuna de sus armas, merced á las cuales hemos podido venir hasta el fondo de Castilla á cortejarle su mujer, en su misma tumba, á un vencedor de Ceriñola![2]

[Footnote 1: el emperador. Napoleon Bonaparte, born at Ajaccio,
Corsica, August 15, 1769; died on the island of St. Helena, May 5,
1821. At this time he was at the height of his power.]

[Footnote 2: Ceriñola. At Cerignola, Italy, on April 28, 1503, the
Spanish army under Gonzalo de Córdoba defeated the French under the
Duc de Nemours, and gained for Spain the kingdom of Naples.]

Los militares acogieron el brindis con una salva de aplausos, y el capitán, balanceándose, dio algunos pasos hacia el sepulcro.

--No... prosiguió dirigiéndose siempre á la estatua del guerrero, y con esa sonrisa estúpida propia de la embriaguez ...no creas que te tengo rencor alguno porque veo en tí un rival... al contrario, te admiro como un marido paciente, ejemplo de longanimidad y mansedumbre, y á mi vez quiero también ser generoso. Tú serias bebedor á fuer de soldado... no se ha de decir que te he dejado morir de sed, viéndonos vaciar veinte botellas... ¡toma!

Y esto diciendo llevóse la copa á los labios, y después de humedecérselos con el licor que contenía, le arrojó el resto á la cara, prorrumpiendo en una carcajada estrepitosa al ver como caía el vino sobre la tumba goteando de las barbas de piedra del inmóvil guerrero.

--¡Capitán! exclamó en aquel punto uno de sus camaradas en tono de zumba, cuidado con lo que hacéis.... Mirad que esas bromas con la gente de piedra suelen costar caras.... Acordaos de lo que aconteció á los húsares del 5° en el monasterio de Poblet.[1] ... Los guerreros del claustro dicen que pusieron mano una noche á sus espadas de granito, y dieron que hacer á los que se entretenían en pintarles bigotes con carbón.

[Footnote 1: Poblet. A once celebrated Cistercien monastery,
situated about midway between Lérida and Tarragona. It owes its name
to a holy hermit, who, after suffering many persecutions at the
hands of the Moors, was finally granted all the territory of
Hardeta. "When the Christians reconquered the country in 1149, the
body of Poblet was revealed to the Church by miraculous lights, in
consequence of which Ramón Berenguer IV immediately built the
convent... (which) became the Escorial of Aragon." (Ford,
_Handbook_.) It was plundered and partly destroyed in 1822-1835, but
the ruins are still beautiful and imposing. The following incident
is not one of its well-known legends.]

Los jóvenes acogieron con grandes carcajadas esta ocurrencia; pero el capitán sin hacer caso de sus lisas, continuó siempre fijo en la misma idea:

--¿Creéis que yo le hubiera dado el vino á no saber que se tragaba al menos el que le cayese en la boca? ... ¡Oh! ... ¡no! ... yo no creo como vosotros que esas estatuas son un pedazo de marmól tan inerte hoy como el día en que lo arrancaron de la cantera. Indudablemente el artista, que es casi un dios, da á su obra un soplo de vida que no logra hacer que ande y se mueva, pero que le infunde una vida incomprensible y extraña; vida que yo no me explico bien, pero que la siento, sobre todo cuando bebo un poco.

--¡Magnífico! exclamaron sus camaradas, bebe y prosigue. El oficial bebió, y fijando los ojos en la imagen de doña Elvira, prosiguió con una exaltación creciente:

--¡Miradla! ... ¡miradla! ... ¿No véis esos cambiantes rojos de sus carnes mórbidas y transparentes? ... ¿No parece que por debajo de esa ligera epidermis azulada y suave de alabastro circula un flúido de luz de color de rosa? ... ¿Queréis más vida? ... ¿Queréis más realidad? ...

--¡Oh! sí, seguramente, dijo uno de los que le escuchaban; quisiéramos que fuese de carne y hueso.

--¡Carne y hueso! ... ¡Miseria, podredumbre! ... exclamo el capitán. Yo he sentido en una orgía arder mis labios y mi cabeza; yo he sentido este fuego que corre por las venas hirviente como la lava de un volcán, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas. Entonces el beso de esas mujeres materiales me quemaba como un hierro candente, y las apartaba de mí con disgusto, con horror, hasta con asco; porque entonces, como ahora, necesitaba un soplo de 'brisa del mar para mi frente calurosa, beber hielo y besar nieve... nieve teñida de suave luz, nieve coloreada por un dorado rayo de sol... una mujer blanca, hermosa y fría, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantástica hermosura, que parece que oscila al compás de la llama, y me provoca entreabriendo sus labios y ofréciendome un tesoro de amor.... ¡Oh!... sí... un beso... sólo un beso tuyo podrá calmar el ardor que me consume.

--¡Capitán! exclamaron algunos de los oficiales al verle dirigirse hacia la estatua como fuera de sí, extraviada la vista y con pasos inseguros... ¿qué locura váis á hacer? ¡Basta de broma y dejad en paz á los muertos!

El joven ni oyó siquiera las palabras de sus amigos, y tambaleando y como pudo llegó á la tumba y aproximose á la estatua; pero al tenderle los brazos resonó un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca y nariz había caído desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro.

Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevían á dar un paso para prestarle socorro.

En el momento en que su camarada intento acercar sus labios ardientes á los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra.

MAESE[1] PÉREZ EL ORGANISTA

[Footnote 1: maese. Obsolete for _maestro_, 'master,' a title of
respect.]

En Sevilla[1] en el mismo atrio de Santa Inés,[2] y mientras esperaba que comenzase la Misa del Gallo,[3] oí esta tradición á una demandadera del convento.

[Footnote 1: Sevilla. Seville, the capital of the province of
Seville, is a city of some 148,000 inhabitants situated in the
southwestern part of Spain on the Guadalquivir River. In the
sixteenth century, during the reign of Philip II (1556-1598), at
which time the events of this story are supposed to take place,
Seville reached the height of its prosperity.]

[Footnote 2: Santa Inés. A convent church founded about 1374 by Doña
Maria Coronel, its first abbess, and situated in the street named
after her. The architecture is semi-Gothic.]

[Footnote 3: la Misa del Gallo. The midnight mass preceding
Christmas day. The introduction of the word _gallo_ has reference to
the early cockcrowing. Compare the expression _al primer gallo_, at
midnight.]

Como era natural, después de oirla, aguardé impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir á un prodigio.

Nada menos prodigioso, sin embargo, que el órgano de Santa Inés, ni nada más vulgar que los insulsos motetes que nos regaló su organista aquella noche.

Al salir de la Misa, no pude por menos de decirle á la demandadera con aire de burla:

--¿En que consiste que el órgano de maese Pérez suena ahora tan mal?

--¡Toma! me contestó la vieja, en que ése no es el suyo.

--¿No es el suyo? ¿Pues que ha sido de él?

--Se cayó á pedazos de puro viejo, hace una porción de años.

--¿Y el alma del organista?

--No ha vuelto á aparecer desde que colocaron el que ahora le sustituye. Si á alguno de mis lectores se le ocurriese hacerme la misma pregunta, después de leer esta historia, ya sabe el por qué no se ha continuado el milagroso portento hasta nuestros días.

I

--¿Véis ése de la capa roja y la pluma blanca en el fieltro, que parece que trae sobre su justillo todo el oro de los galeones de Indias;[1] aquél que baja en este momento de su litera para dar la mano á esa otra señora, que después de dejar la suya, se adelanta hacia aquí, precedida de cuatro pajes con hachas? Pues ése es el marqués de Moscoso,[2] galán de la condesa viuda de Villapineda. Se dice que antes de poner sus ojos sobre esta dama, había pedido en matrimonio á la hija de un opulento señor; mas el padre de la doncella, de quien se murmura que es un poco avaro ... pero, ¡calle! en hablando del ruín de Roma, cátale aquí que asoma.[3] ¿Véis aquél que viene por debajo del arco de San Felipe,[4] á pie, embozado en una capa obscura, y precedido de un solo criado con una linterna? Ahora llega frente al retablo.

[Footnote 1: los galeones de Indias. The galleons from the West
Indies brought much gold to Spain in the sixteenth century.]

[Footnote 2: Moscoso ... Villapineda. Well-known Sevillian titles,
but created much later than the epoch of our story, the former in
1780, and the latter in 1738 (see Guía _oficial de España_, Madrid,
1905). These anachronisms on the part of the author, however, in no
way affect the artistic merit of the work. Nor are they the only
ones to be found in this same legend. See note 4, below; also p. 98,
note 2; p. 99, note 3.]

[Footnote 3: en hablando del ruín de Roma, cátale aquí que asoma. A
colloquial expression worded in various ways, as, for example, _en
nombrando al ruín de Roma, luego asoma_. Compare the English
expression "speak of the devil and he will appear," used under
similar circumstances. By _Roma_ was probably meant originally the
Catholic church or its officers.]

[Footnote 4: arco de San Felipe. This is another anachronism on the
part of Becquer, for the arch and church of San Felipe were not
constructed until the eighteenth century. Neither exists at present.
The arch traversed a narrow street between the church of the same
name and the convent of Santa Inés. Below the arch was a picture in
_azulejos_ representing Christ fallen with the cross and aided by
Simon the Cyrenian.]

¿Reparasteis, al desembozarse para saludar á la imagen, la encomienda que brilla en su pecho?

Á no ser por ese noble distintivo, cualquiera le creería un lonjista de la calle de Culebras.[1] ... Pues ese es el padre en cuestión; mirad como la gente del pueblo le abre paso y le saluda.

[Footnote 1: calle de Culebras. One of the ancient commercial
streets of Seville, known to-day as the Calle de Villegas. It
connects the Plaza de San Salvador and the Calle de Francos.]

Toda Sevilla le conoce por su colosal fortuna. Él solo tiene más ducados de oro en sus arcas que soldados mantiene nuestro señor el rey Don Felipe;[1] y con sus galeones podría formar una escuadra suficiente á resistir á la del Gran Turco....[2]

[Footnote 1: Don Felipe. Evidently Philip II, born at Valladolid,
Spain, May 21, 1527; king of Spain 1556-98; died at the Escorial,
Spain, September 13, 1598. Son of the emperor Charles V and Isabella
of Portugal. The recluse king made his first visit to Seville in
1570 at the time of the preparations for the great war with the
Turks.]

[Footnote 2: el Gran Turco = 'the Grand Turk,' that is to say the
Sultan of Turkey. Selim II was sultan at this time, and his navy was
considered the most powerful of Europe. On October 7, 1571, however,
it was defeated in the battle of Lepanto by the united fleets of
Spain and several of the Italian states, commanded by Don Juan of
Austria.]

Mirad, mirad ese grupo de señores graves: esos son los caballeros veinticuatros.[1] ¡Hola, hola! También está aquí el flamencote,[2] á quien se dice que no han echado ya el guante los señores de la cruz verde,[3] merced á su influjo con los magnates [4] de Madrid.[5] ... Éste no viene á la iglesia más que á oir música.... No, pues si maese Perez no le arranca con su órgano lagrimas como puños, bien se puede asegurar que no tiene su alma en su armario, sino friéndose en las calderas de Pero Botero.[6] ... ¡Ay, vecina! Malo... malo... presumo que vamos á tener jarana; yo me refugio en la iglesia, pues por lo que veo, aquí van á andar más de sobra los cintarazos que los _Pater Noster_.[7] Mirad, mirad; las gentes del duque de Alcalá[8] doblan la esquina de la plaza de San Pedro,[9] y por el callejón de las Dueñas[10] se me figura que he columbrado á las del de Medinasidonia.[11] ... ¿No os lo dije?

[Footnote 1: veinticuatros. Magistrates of certain cities of
Andalusia, whose duties, according to the ancient municipal régime,
were much the same as those of the modern _regidores_ or aldermen.
As the name indicates, there were twenty-four of these city
councilors.]

[Footnote 2: el flamencote = 'the big (_or_ great) Fleming.' During
the reign of Philip II, owing to his religious persecutions in the
Netherlands, several eminent Flemish noblemen were sent to Spain to
treat with him on this question. Among the most famous were Egmont
(Lamoral, count of Egmont), who was in Spain from January to April,
1565, and Montigny (Floris de Montmorency), who made two trips to
Spain, one in 1562, and the other in 1566, on which occasion he
remained until 1570, when he was murdered at the king's bidding.
Philip received both of these envoys with a show of great cordiality
and affection. The Spanish nobles, on the contrary, were cold in
their reception, and would gladly have given them over to the
Inquisition had there been no fear of Philip's anger. Either of
these envoys, if they were ever in Seville, may be referred to here,
or some other influential Fleming who may have been there under
similar conditions, or this may be mere fiction.]

[Footnote 3: los señores de la cruz verde. The officers of the
Inquisition. The arms of this body were a green cross surmounted by
a crown, with a drawn sword to the right and an olive branch to the
left, upon a field of sable. See Emmanuel Delorme, _les Emblèmes de
L'Inquisition d'Espagne_, Toulouse, 1905.]

[Footnote 4: los magnates. Doubtless Philip II and his court are
meant.]

[Footnote 5: Madrid. See p. 80, note 2.]

[Footnote 6: Pero Botero. See vocabulary.]

[Footnote 7: Pater Noster. See p. 33, note 1.]

[Footnote 8: El duque de Alcalá. In 1558 Philip II bestowed this
title upon D. Pedro Afán o Enríquez de Ribera y Portocarrero, second
Marquis of Tarifa, sixth Count of los Molares, and bearer of other
titles as well. He was made viceroy of Naples in 1559, at about the
age of fifty, and died some dozen years later. His wife was Doña
Leonor Ponce de Leon, by whom he had no children. This is probably
the duke referred to here, if we presume that the author had some
definite duke in mind. The beautiful family mansion, known as _la
Casa de Pílatos_, is still standing, a mixture of Gothic, Moorish,
and Renaissance designs.]

[Footnote 9: San Pedro. The church of San Pedro, a Gothic structure
of the fourteenth century, built on the site of a mosque, is
situated near the modern market and not far from the University. The
little square in front of the church bears the same name.]

[Footnote 10: callejón de las Dueñas. A short street called to-day
_Calle de Gerona_. It connects the Plaza del Espiritu Santo and that
of Sta. Catalina. This street received its name from the Cistercian
nuns whose convent, destroyed in the revolution of 1868, was
situated here.]

[Footnote 11: las del de Medinasidonia= 'those of the (Duke) of
Medinasidonia.' In the fifteenth century Seville was the scene of
many bloody frays between the hostile houses of Medinasidonia and
Ponce de Leon, but through the intervention of Ferdinand and
Isabella this enmity was happily terminated before the close of that
century, long before the creation of the title of Duke of Alcalá.
The dukedom of Medinasidonia was created in 1445 by Juan II, and the
best-known duke of this name during the reign of Philip II was
commander of the celebrated Armada (1588).]

Ya se han visto, ya se detienen unos y otros, sin pasar de sus puestos... los grupos se disuelven... los ministriles, á quienes en estas ocasiones apalean amigos y enemigos, se retiran ... hasta el señor asistente,[1] con su vara y todo, se refugia en el atrio... y luego dicen que hay justicia.

[Footnote 1: asistente. A magistrate in Seville, and certain other
cities, whose duties and prerogatives corresponded with those of the
_corregidor_ elsewhere. This office came into existence in Seville
about the middle of the fifteenth century, and was filled during the
reign of Philip II by some fifteen asistentes in succession, most of
them counts.]

Para los pobres....

Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la obscuridad.... ¡Nuestro Señor del Gran Poder[1] nos asista! Ya comienzan los golpes ¡vecina! ¡vecina! aqui... antes que cierren las puertas. Pero ¡calle! ¿Qué es eso? Aún no ban comenzado, cuando lo dejan. ¿Que resplandor es aquel? ¡Hachas encendidas! ¡Literas! Es el señor obispo.[2]

[Footnote 1: Nuestro Señor del Gran Poder. An epithet applied to
Christ.]

[Footnote 2: obispo. Of course the archbishop is meant here. The
Seville Archbishops during the reign of Philip II were D. Fernando
Valdes, Inquisitor General (d. 1568), D. Gaspar de Zúñiga y
Avellaneda (d. 1571), D. Cristohal de Roxas y Sandoval (d. 1580),
and D. Rodrigo de Castro (d. 1600). See Fermín Arana de Varflora,
_Compendio descriptivo de ... Sevilla_, 1789, za parte, p. 13.]

La Virgen Santísima del Amparo,[1] á quien invocaba ahora mismo con el pensamiento, lo trae en mi ayuda.... ¡Ay! ¡Si nadie sabe lo que yo debo á esta Señora![2] ... ¡Con cuánta usura me paga las candelillas que le enciendo los sabados!... Vedlo, qué hermosote está con sus hábitos morados y su birrete rojo.... Dios le conserve en su silla tantos siglos como yo deseo de vida para mí. Si no fuera por él, media Sevilla hubiera ya ardido con estas disensiones de los duques. Vedlos, vedlos, los hipocritones, como se acercan ambos á la litera del Prelado para besarle el anillo.... Cómo le siguen y le acompañan, confundiéndose con sus familiares. Quién diria que esos dos que parecen tan amigos, si dentro de media hora se encuentran en una calle obscura ... es decir, ¡ellos ... ellos! ... Líbreme Dios de creerlos cobardes; buena muestra han dado de sí, peleando en algunas ocasiones contra los enemigos de Nuestro Señor.... Pero es la verdad, que si se buscaran ... y si se buscaran con ganas de encontrarse, se encontrarían, poniendo fin de una vez á estas continuas reyertas, en las cuales los que verdaderamente baten el cobre de firme son sus deudos, sus allegados y su servidumbre.

[Footnote 1: La Virgen Santisima del Amparo. An appellation that
recalls the frequent rôle of the Virgin as protector in the
mediaeval legends.]

[Footnote 2: esta Señora--this Lady,' referring to the Virgin.]

Pero vamos, vecina, vamos á la iglesia, antes que se ponga de bote en bote ... que algunas noches como ésta suele llenarse de modo que no cabe ni un grano de trigo.... ¡Buena ganga tienen las monjas con su organista!... ¿Cuándo se ha visto el convento tan favorecido como ahora?...[1] De las otras comunidades, puedo decir que le han hecho á maese Pérez proposiciones magnificas, verdad que nada tiene de extraño, pues hasta el señor arzobispo le ha ofrecido montes de oro por llevarle á la catedral... pero él, nada.... Primero dejaría la vida que abandonar su órgano favorito.... ¿No conocéis á maese Pérez? Verdad es que sois nueva en el barrio.... Pues es un santo varón; pobre sí, pero limosnero cual no otro.... Sin más parientes que su hija ni mas amigo que su órgano, pasa su vida entera en velar por la inocencia de la una y componer los registros del otro.... ¡Cuidado que el ergano es viejo!... Pues nada, él se da tal mana en arreglarlo y cuidarlo, que sueña, que es una maravilla.... Como que le conoce de tal modo, que a tientas... porque no sé si os lo he dicho, pero el pobre señor es ciego de nacimiento.... Y ¡con que paciencia lleva su desgracia!... Cuando le preguntan que[2] cuánto daría por ver, responde: mucho, pero no tanto como creéls, porque tengo esperanzas.--¿Esperanzas de ver?--Si, y muy pronto, añade sonriéndose como un angel; ya cuento setenta y seis años; por muy larga que sea mi vida, pronto veré á Dios....

[Footnote 1: In women's convents the organ is played by the nuns
themselves, and in Sta. Inés it is in the choir and not in a gallery
apart, as Becyuer puts it.]

[Footnote 2: que. A redundant use of the conjunction quite
frequently found in Spanish.]

¡Pobrecito! Y si lo verá ... porque es humilde como las piedras de la calle, que se dejan pisar de todo el mundo.... Siempre dice que no es más que un pobre organista de convento, y puede dar lecciones de solfa al mismo maestro de capilla de la Primada;[1] como que echó los dientes en el oficio. Su padre tenía la misma profesión que él; yo no le conocí, pero mi señora madre, que santa gloria haya,[2] dice que le llevaba siempre al órgano consigo para darle á los fuelles. Luego, el muchacho mostró tales disposiciones que, como era natural, á la muerte de su padre heredó el cargo. ¡Y qué manos tiene! Dios se las bendiga. Merecía que se las llevaran á la calle de Chicarreros[3] y se las engarzasen en oro.... Siempre toca bien, siempre; pero en semejante noche como ésta, es un prodigio.... Él tiene una gran devoción por esta ceremonia de la Misa del Gallo, y cuando levantan la Sagrada Forma[4] al punto y hora de las doce, que es cuando vino al mundo Nuestro Señor Jesucristo ... las voces de su órgano son voces de ángeles....

[Footnote 1: la Primada =:'the primatical church.' Here the
cathedral of Seville.]

[Footnote 2: que santa gloria haya. In speaking of one who has died,
it is customary in Spain to express some similar hope for the
welfare of his soul. Notice the use of _haya_ instead of tenga,
although possession is indicated.]

[Footnote 3: la calle de Chicarreros. A street in Seville connecting
the Plaza de San Francisco and the Calle de Francos. It was famous
at this time for its jewelry-shops.]

[Footnote 4: la Sagrada Forma = 'the consecrated host.' It is at the
moment of the elevation of the host that the miracle of
transubstantiation is believed by the Roman Catholic Church to take
place. See p. 106, 1. 4.]

En fin, ¿para qué tengo de ponderarle lo que esta noche oirá? baste el ver como todo lo más florido de Sevilla, hasta el mismo señor arzobispo, vienen á un humilde convento para escucharle; y no se crea que solo la gente sabida y á la que se le alcanza esto de la solfa conocen su mérito, sino que hasta el populacho. Todas esas bandadas que véis llegar con teas encendidas entonando villancicos con gritos desaforados al compás de los panderos, las sonajas y las zambombas, contra su costumbre, que es la de alborotar las iglesias, callan como muertos cuando pone maese Pérez las manos en el órgano... y cuando alzan ... no se siente una mosca ... de todos los ojos caen lagrimones tamaños, y al concluir se oye como un suspiro inmenso, que no es otra cosa que la respiración de los circunstantes contenida mientras dura la música.... Pero vamos, vamos, ya han dejado de tocar las campanas, y va á comenzar la Misa; vamos adentro....

Para todo el mundo es esta noche Noche-Buena,[1] pero para nadie mejor que para nosotros.

[Footnote 1: Noche-Buena = 'Christmas eve.' It is impossible to
render in English the play upon the words _Buena_ and _mejor_.]

Esto diciendo, la buena mujer que había servido de cicerone á su vecina, atravesó el atrio del convento de Santa Inés,[1] y codazo en éste, empujón en aquel, se internó en el templo, perdiéndose entre la muchedumbre que se agolpaba en la puerta.

[Footnote 1: Santa Inés. See p. 94, note 3.]

II

La iglesia estaba iluminada con una profusión asombrosa. El torrente de luz que se desprendía de los altares para llenar sus ámbitos, chispeaba en los ricos joyeles de las damas que, arrodillándose sobre los cojines de terciopelo que tendían los pajes y tomando el libro de oraciones de manos de las dueñas,[1] vinieron á formar un brillante círculo alrededor de la verja del presbiterio. Junto á aquella verja, de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido las encomiendas rojas y verdes, en la una mano el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices, la otra sobre los bruñidos gavilanes del estoque ó acariciando el pomo del cincelado puñal, los caballaros veinticuatros,[2] con gran parte de lo mejor de la nobleza sevillana, parecían formar un muro, destinado á defender á sus hijas y sus esposas del contacto de la plebe. Ésta, que se agitaba en el fondo de las naves, con un rumor parecido al del mar cuando se alborota, prorrumpie en una aclamación de jubilo, acompañada del discordante sonido de las sonajas y los panderos, al mirar aparecer al arzobispo, el cual, después de sentarse junto al altar mayor bajo un solio de grana que rodearon sus familiares, echó por tres veces la bendición al pueblo.

[Footnote 1: dueñas. See p.67, note 1.]

[Footnote 2: veinticuatros. See p. 96, note 4.]

Era lá hora de que comenzase la Misa.

Trascurrieron, sin embargo, algunos minutos sin que el celebrante apareciese. La multitud comenzaba á rebullirse, demostrando su impaciencia; los caballeros cambiaban entre sí algunas palabras á media voz, y el arzobispo mando á la sacristía uno de sus familiares á inquirir el por qué no comenzaba la ceremonia.

--Maese Pérez se ha puesto malo, muy malo, y será imposible que asista esta noche á la Misa de media noche. Esta fué la respuesta del familiar.

La noticia cundió instantáneamente entre la muchedumbre. Pintar el efecto desagradable que causó en todo el mundo, sería cosa imposible; baste decir que comenzó á notarse tal bullicio en el templo, que el asistente se puso de pie y los alguaciles entraron á imponer silencio, confundiéndose entre las apiñadas olas de la multitud.

En aquel momento, un hombre mal trazado, seco, huesudo y bisojo por añadidura, se adelantó hasta el sitio que ocupaba el prelado.

--Maese Pérez está enfermo, dijo: la ceremonia no puede empezar. Si queréis, yo tocaré el órgano en su ausencia; que ni maese Pérez es el primer organista del mundo, ni á su muerte dejará de usarse este instrumento por falta de inteligente.... El arzobispo hizo una señal de asentimiento con la cabeza, y ya algunos de los fieles que conocían á aquel personaje extraño por un organista envidioso, enemigo del de Santa Inés, comenzaban á prorrumpir en exclamaciones de disgusto, cuando de improviso se oyó en el atrio un ruido espantoso.

--¡Maese Pérez está aquí!... ¡Maese Pérez está aquí!... Á estas voces de los que estaban apiñados en la puerta, todo el mundo volvió la cara.

Maese Pérez, pálido y desencajado, entraba en efecto en la iglesia, conducido en un sillón, que todos se disputaban el honor de llevar en sus hombros.

Los preceptos de los doctores, las lágrimas de su hija, nada había sido bastante á detenerle en el lecho.

--No, había dicho; ésta es la última, lo conozco, lo conozco, y no quiero morir sin visitar mi órgano, y esta noche sobre todo, la Noche-Buena. Vamos, lo quiero, lo mando; vamos a la iglesia.

Sus deseos se habían cumplido; los concurrentes le subieron en brazos á la tribuna, y comenzó la Misa.

En aquel punto sonaban las doce en el reloj de la catedral.

Pasó el introito[1] y el Evangelio[2] y el ofertorio,[3] y llegó el instante solemne en que el sacerdote, después de haberla consagrado, toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y comienza á elevarla.

[Footnote 1: introito. "In the ancient Church a psalm was sung or
chanted immediately before the Collect, Epistle, and Gospel. As this
took place while the priest was entering within the septum or rails
of the altar, it acquired the name of Introitus or Introit." Walter
F. Hook, _Church Dict._, London, Murray, 1887, p. 407.]

[Footnote 2: Evangelio = Gospel.' "The First Council of Orange in
441, and that of Valentia in Spain, ordered the Gospel to be read
after the Epistle and before the offertory." Addis and Arnold,
'_Catholic Dict._, London, 1884, p. 380.]

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Legends, Tales and PoemsChapter IV: Rhyme (4)

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