Chapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (1)
Boston, 1919, pp. 10-12.
F. Vézinet, _Les maîtres du roman espagnol contemporain_, Paris, 1907, pp. 41-128.
R. W. Waldeck, "Benito Pérez Galdós, Novelist, Dramatist and Reformer," in _The Critic_, vol. 45 (1904), pp. 447-49.
Elizabeth Wallace, "The Spanish Drama of To-day," in _The Atlantic Monthly_, vol. 102 (1908), pp. 357-66.
José Yxart, _El arte escénico en España_, I, Barcelona, 1894, 309 to end, _passim_. [Objective and historical.]
MARIUCHA
COMEDIA EN CINCO ACTOS
Estrenada en el Teatro Eldorado de Barcelona el 16 de Julio de 1903
PERSONAJES
MARÍA SRA. GUERRERO FILOMENA, Marquesa de Alto-Rey SRTA. CANCIO VICENTA PULIDO, alcaldesa SRTA. VILLAR TEODOLINDA, viuda americana, millonaria SRA. MARTÍNEZ CIRILA, criada SRA. BUENO MENGA, jovenzuela, vendedora en la plaza SRTA. BLANCO SEÑORA de González SRA. SEGURA SEÑORITA SRTA. TORRES ÍDEM SRTA. VILLAR (D.) LEÓN SR. DÍAZ DE MENDOZA (D.F.) D. PEDRO DE GUZMÁN, Marqués de Alto-Rey y de San Esteban de Gormaz SR. MEDRANO CESÁREO, su hijo SR. DÍAZ DE MENDOZA (D.M.) DON RAFAEL, cura párroco SR. CIRERA CORRAL, plebeyo enriquecido SR. GUERRERO EL ALCALDE de Agramante SR. JUSTE EL POCHO, mayoral y alquilador de coches SR. URQUIJO BRAVO, juez municipal SR. SORIANO VIOZCA ROLDÁN, contratista SR. MANRIQUE GIL
_Villa de Agramante 1903_
MARIUCHA
ACTO PRIMERO
Sala en el palacio de Alto-Rey. El soberbio artesonado es el único vestigio de la antigua magnificencia. Las paredes desnudas; el mueblaje moderno, poco elegante; algunas piezas, ordinarias. Puerta al fondo y a la derecha. A la izquierda, ventana o balcón. Cerca de éste una mesa de escribir. A la derecha, sillón de respeto, sillas. Es de día.
ESCENA PRIMERA
CIRILA, arreglando y limpiando los muebles; CORRAL, EL POCHO, que entran por el fondo. Corral viste con afectación y mal gusto, ostentando brillantes gordos en la pechera, cadena de reloj muy llamativa y sortijas con piedras de valor.
POCHO. ¿Dan su permiso?
CIRILA. Adelante.
CORRAL. ¿No han vuelto de misa los señores?
CIRILA. No tardarán. (_Displicente._) ¡Vaya, otra vez aquí estos moscones! 5
POCHO. Otra vez, y cien más, hasta que...
CORRAL. Perdone la señora Cirila, yo no vengo a cobrar.
CIRILA. Viene a fisgonear, que es peor, y a meter sus narices en las interioridades de la casa... 10
CORRAL. Ea, no despotrique, señora.
CIRILA. (_Aparte._) ¡Farsante!
POCHO. Yo no hago papeles. Vengo por el aquél de mi propio derecho. (_Saca un papel y lo muestra._) El Sr. D. Pedro de Guzmán, Marqués de Alto-Rey y 15 de San Esteban de Gormaz, es en deber a Francisco Muela, apodado _El Pocho_, la cantidad de...
CIRILA. Basta.
POCHO. Por cuatro servicios de coche...
CIRILA. ¡Agobiar al señor por tal porquería!... 20
CORRAL. Ya cobrarás, Pocho. (_Dando largas._) Ten paciencia...
POCHO. ¡Paciencia!... que es como decir hambre.
CIRILA. (_Incomodada, señalándoles la puerta._) Hagan el favor... Tengo que hacer... 25
POCHO. Yo espero al señor.
CORRAL. Dos preguntas no más, señora Cirila, y perdone. Aún no hace un mes que estos señores Marqueses vinieron acá de Madrid huyendo de la quema. ¿Es cierto que se encuentran ya en situación tan precaria 30 que...?
CIRILA. Para nadie es un secreto que los que ayer fueron poderosos hoy no lo son.
CORRAL. Sí: ya saben hasta los perros de la calle que la casa de Alto-Rey es casa concluida. Hace más 35 de veinte años que viene cayendo, cayendo, y por fin... (_Con afectada pena._) ¡Las volteretas que de este mundo loco!... En la villa se dice que los señores Marqueses han llegado a carecer hasta de lo más preciso para la manutención. 40
POCHO. Y que se ven y se desean para poner un puchero.
CIRILA. ¡Eh... habladurías!
CORRAL. (_Queriendo internarse por la derecha._) Déjeme, déjeme ir a la cocina a ver qué es lo que guisan... 45
CIRILA. (_Deteniéndole._) Alto ahí... ¡Qué desvergüenza!
POCHO. ¡Si ni tan siquiera tendrán lumbre!
CORRAL. Hay que ver...
POCHO. (_Por Cirila._) ¡Cómo les tapa la miseria! 50 Ésta no les abandona en la desgracia.
CORRAL. Eso es nobleza.
CIRILA. Gratitud. Les quiero...
CORRAL. Particularmente a la señorita María.
CIRILA. ¡Mi niña del alma! Yo la crié; la he servido 55 desde que vino al mundo. Más que cariño, por ella tengo adoración.
POCHO. Y qué re-bonita, y qué re-maja, y qué re-salerosa es la niña, ¡Cristo con ella! No le faltará un ricacho que la saque de pobre. Anímese, don Faustino... 60 Usted rico, usted el más elegante caballero de nuestra villa... ¡Qué mejor proporción...!
CORRAL. (_Pavoneándose._) Verdaderamente, no es uno saco de paja... De menos nos hizo Dios.
POCHO. Pues si yo fuera don Faustino del Corral, 65 cualquiera me quitaba a mí esa niña, ¡Cristo con todos! Si tuviera yo esos diamantes en la pechera, esa cadena de reloj y esos anillos refulgentes, y lo que hay en casa, ¡Cristo conmigo! los dinerales que diz que tenemos en el Banco, ¿eh?... aguardando colocación... 70
CORRAL. No es tanto, Pocho. Algo se ha trabajado y no falta para unas sopas. (_A Cirila._) Ahora, la última pregunta si usted no se incomoda.
CIRILA. Diga.
CORRAL. ¿Es cierto que el propietario de este palaciote 75 de Alto-Rey lo cede gratuitamente a los señores Marqueses?
CIRILA. Así lo entiendo.
POCHO. ¡Y luego dicen...! ¡Vaya, que estos nobles tronados siempre caen de pie! Vendió el Marqués este 80 caserón hace diez años por un pedazo de pan...
CORRAL. ¿Hase visto mayor locura? Si hubiera estado yo en Agramante, no se me escapa esa ganguita... Compró la casa el sastre Diego López, que ha sacado ya triple del coste con el producto de las estancias bajas y 85 altas que tiene alquiladas. Y ahora, el hombre puede permitirse un rasgo: cede al Marqués las habitaciones mejores...
CIRILA. (_Que ha mirado por el fondo._) Los señores vienen. 90
CORRAL. (_Aparte al Pocho._) Ten comedimiento, Pocho. Hazte cargo de la pobreza...
POCHO. ¿Pues y la mía? ¡Cristo con...! (_Corral le manda callar. Se apartan a la izquierda._)
ESCENA II
Los mismos; DON PEDRO, cabizbajo: detiénese en la puerta como esperando a alguien. Conserva en su miseria la nobleza de la figura. El traje, aunque revelando bastante uso, es de corte y telas elegantes. Acude Cirila a recogerle el abrigo y sombrero.
CIRILA. ¿Y la señora Marquesa? 95
DON PEDRO. Detrás viene con María y el señor Cura. (_Entra despacio, abstraído._) ¿Qué... hay visitas?
CORRAL. (_Oficioso._) Señor Marqués, ¿cómo va ese valor?
DON PEDRO. Tirando, amigo, tirando... (_Sobresaltado, 100 al ver al Pocho._) ¡Otra vez este maldito Pocho!
CIRILA. ¡Desdichado señor!... ¡A lo que ha llegado! (_Vase por la derecha._)
POCHO. Vuecencia me dijo que hoy...
DON PEDRO. (_Con arrebato de cólera, bastón en mano._) 105 Dije a usted que le avisaría...
POCHO. Perdone vuecencia... pero...
DON PEDRO. Es mucho molestar... ¡Es grande impertinencia...!
POCHO. Necesidad, señor. Soy un pobre. 110
CORRAL. Paciencia, Pocho. Puedes volver...
DON PEDRO. Cuando se le avise... Espere... (_Se sienta en el sillón._)
POCHO. (_Con entereza._) Podré alimentarme de tronchos de berza, de cortezas de chopo; pero no de las buenas 115 palabras de vuecencia. Págueme, o de aquí me voy al Juzgado municipal...
CORRAL. ¡Pocho...!
DON PEDRO. (_Variando de tono ante la amenaza._) ¡Qué injusta desconfianza!... Pocho, venga usted aquí. 120 (_Llamándole, cariñoso._) Mi buen amigo... (_Le toma la mano._) ¿Cómo puede dudar...?
POCHO. No es duda, es pobreza.
DON PEDRO. (_Dolorido, con afectada mansedumbre._) Vaya, vaya, sosiéguese el buen Pocho. (_Dándole palmaditas 125 en la mano._) Y no dude que, con el pago, tendrá una buena gratificación... Es muy justo. (_Entran por el fondo Filomena y don Rafael._)
POCHO. Yo cedo a vuecencia la propina si hoy mismo... 130
DON RAFAEL. ¡Pocho...! (_Con un castañeteo de lengua como el que se usa para echar a los perros, le despide señalándole la puerta._)
POCHO. Ya, ya... (_Por D. Pedro._) ¡Cristo con él, con su madre y con toda su casta! (_Vase rápidamente._) 135
ESCENA III
DON PEDRO, CORRAL, FILOMENA, DON RAFAEL. La Marquesa de Alto-Rey revela menos que el Marqués, en su traza y vestimenta, la decadencia social. Viste traje negro elegante; mantilla.
DON PEDRO. (_Inquieto._) ¿Y María?
DON RAFAEL. En la plaza quedó con las de González.
FILOMENA. Entretenidita, viendo esos tipos de los pueblos, los pintorescos trajes, la animación del mercado... 140
CORRAL. (_Saludándola._) Señora Marquesa, tengo el honor...
FILOMENA. Señor de Corral, mucho gusto... (_Se quita la mantilla._)
DON PEDRO. (_Afectuoso, cogiéndole la mano._) Querido 145 Corral, sea usted indulgente con mi desgracia, la cual no sólo me aflige a mí, sino a los amigos que vienen a verme, pues poco grato ha de serles oír mis lamentos, y ver espectáculos como estas embestidas del Pocho...
CORRAL. No se hable más de eso. 150
DON RAFAEL. Y sobre todo, no se exaspere, Marqués... Tómelo con calma... Ya vendrán días mejores...
DON PEDRO. Yo confío en que el Gobierno...
FILOMENA. Por la Virgen, no me hables de 155 Gobiernos...
DON PEDRO. En la Providencia, sí: a eso voy. Quiero decir que Dios inspirará al Gobierno para que...
DON RAFAEL. (_Aprobando._) ¡Mucho!
DON PEDRO. También espero auxilio de las personas 160 de nuestra clase. Imposible que permanezcan indiferentes...
FILOMENA. Bien podrán ser nuestros iguales o el Gobierno instrumentos de que Dios se valga para salvarnos. Pero en Dios está toda mi esperanza. 165
DON RAFAEL. Sí, sí: Dios...
DON PEDRO. (_Muy nervioso se levanta y se pasea por la escena._) ¿Pero a qué espera?
FILOMENA. Paciencia, Pedro. Para mirar por nosotros, allá quedó nuestro hijo Cesáreo... 170
DON PEDRO. (_Exasperado._) ¿Pero qué hace en Madrid Cesáreo, pregunto yo, si no revuelve el mundo por sacarnos de este pantano?
CORRAL. (_Recordando._) Tengo el gusto de anunciar a los señores Marqueses que su hijo D. Cesáreo llegará hoy. 175
DON PEDRO. (_Gozoso._) ¡Mi hijo... aquí!
FILOMENA. (_Gozosa._) ¡Cesáreo! ¿Cómo lo sabe usted?
CORRAL. Por un telegrama que recibió esta mañana el Alcalde. 180
DON PEDRO. Me sorprende mucho.
FILOMENA. A mí no, sabiendo que está aquí Teodolinda.
DON PEDRO. La ricachona americana, la super-mujer, poseedora, según dicen, de un capital de diez millones 185 de pesos... No creo en cuentos de hadas; no creo que existan diez millones de duros, ni que una viuda los posea.
DON RAFAEL. ¿Ni creerá usted que le ha dado la ventolera de adquirir las propiedades más valiosas de la 190 provincia?
DON PEDRO. (_Escéptico._) Tampoco... Ni creo que con esa señora, con ese mito, tenga relación el viaje de Cesáreo.
CORRAL. Que en Madrid fueron novios o cosa tal, 195 se ha dicho en Agramante.
FILOMENA. Es cierto: en Madrid, el invierno último.
DON PEDRO. Pero aquello pasó... pura _flirtation_, galanteo fugaz...
FILOMENA. ¡Ah!... no sabemos... 200
DON PEDRO. (_Malhumorado._) Digo que terminó.
FILOMENA. Muy pronto lo afirmas.
DON RAFAEL. (_Con cierto misterio._) Yo puedo asegurar que ayer, hablando con Teodolinda...
DON PEDRO. (_Con súbito interés._) ¿Qué...? 205
FILOMENA. (_Lo mismo._) ¿Qué...?
DON RAFAEL. Pues hablando ayer con ese Potosí en figura humana... fue a entregarme una cantidad, y no floja, para los pobres...
DON PEDRO. ¿Y qué dijo? 210
DON RAFAEL. No sé cómo ni por qué nombramos a los señores Marqueses de Alto-Rey... Se habló de...
CORRAL. Estaba yo presente. Se habló del desastre de esta noble familia...
DON RAFAEL. Hizo grandes elogios de Cesáreo, de su 215 inteligencia, de su gallardía...
CORRAL. Y al fin dijo que no pensaba volver a casarse.
DON RAFAEL. (_Con viveza y enojo._) No: no dijo eso, Corral.
CORRAL. Don Rafael, mire que estoy bien seguro... 220
DON RAFAEL. (_Con energía._) No dijo eso, sino todo lo contrario. Y yo me permití aconsejarle... vamos, le indiqué... cuán conveniente le será un sostén... un compañero de la vida que le ayude a llevar la carga de tan desmedidas riquezas. 225
DON PEDRO. (_Excitadísimo._) Mi querido Corral, usted, que es la gaceta de Agramante, hágame el favor de enterarse del telegrama recibido por el Alcalde... si es verdad que viene Cesáreo...
FILOMENA. Y a qué hora... 230
CORRAL. Voy al punto.
DON PEDRO. Infórmese también de si esa señora...
CORRAL. Ya saben que alquiló la finca de Lugones, con magnífico parque...
DON RAFAEL. Y esta noche da una fiesta... al aire 235 libre.
CORRAL. Lo que llamamos _garden party_, o _garden_ no sé qué, con baile, _buffet_, farolitos...
FILOMENA. Querido Corral, no se entretenga...
CORRAL. Vuelvo. (_Vase presuroso._) 240
ESCENA IV
DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL; después CIRILA.
FILOMENA. ¡Qué paso lleva el oficioso señor!
DON PEDRO. Muestrario de pedrería falsa...
DON RAFAEL. Falsa, no: todo lo que lleva al exterior es de ley. El corazón sí que es falso, y la voluntad puro vidrio. 245
DON PEDRO. ¿Tiene dinero este hombre?
DON RAFAEL. Don Faustino del Corral, o de los Corrales, no se dejará ahorcar por un milloncejo de pesetas.
FILOMENA. ¡Jesús me valga!
DON PEDRO. Hará préstamos en condiciones 250 ventajosas.
DON RAFAEL. Suele dar dinero al tres por ciento mensual, con garantía hipotecaria.
DON PEDRO. Y _a retro_ quizás. El hombre no quiere arriesgarse. 255
FILOMENA. ¿Y a los pobres no da?
DON RAFAEL. ¡Oh! sí: en la suscripción para la _Casa de Misericordia_ figura con una suma mensual.
FILOMENA. Será considerable.
DON RAFAEL. Noventa céntimos. 260
CIRILA. (_Entrando por el fondo con cartas y periódicos._) El correo. (_Dirígese a la mesa de la izquierda, a la que va también don Pedro._)
FILOMENA. (_A la derecha, con don Rafael._) La sordidez, ave rastrera, hace casi siempre sus nidos en las 265 arcas más llenas de caudales.
DON RAFAEL. Así como la caridad, ave del Cielo, suele acomodarse en las arcas vacías. ¡Triste humanidad!
FILOMENA. Por eso yo, en mis angustias actuales, 270 me acuerdo de los que aun son más pobres que yo...
DON RAFAEL. (_Elogiando._) ¡Mucho, mucho!
DON PEDRO. (_A Cirila._) Aguárdate, que algo hay que llevar al correo. (_En voz alta, mirando el sobre de una carta._) Filomena, carta de tu madre. (_La da a Cirila, 275 que la lleva a su señora._)
FILOMENA. ¿Han escrito los niños?
DON PEDRO. No; pero me escribe el Rector que están buenos y contentísimos... Perico muy aplicado, Ricardillo un poco travieso... 280
FILOMENA. Pero buenos y sanos, que es lo que importa. (_Abre la carta de su madre._)
DON PEDRO. (_A Cirila, quitándole una de las cartas que le ha dado._) ¡Qué cabeza! Ésta, para Cesáreo, no va... Aguarda, voy a concluir ésta. 285
FILOMENA. (_Aparte a don Rafael, gozosa, después de leer la carta._) Para que se vea si tengo razón en poner toda mi confianza en el auxilio celestial. Mi pobre madre, que hoy sufre también penuria, aunque no tanta como yo, me manda por segunda vez una corta cantidad. 290
DON RAFAEL. ¿También por conducto mío?
FILOMENA. Sí: usted recibirá el libramiento.
DON RAFAEL. Pues mañana mismo...
FILOMENA. No: no me lo traiga usted. Eso que Dios me envía, en su culto y en obras de piedad quiero 295 emplearlo.
DON RAFAEL. Fíjese usted, amiga mía, en sus necesidades. (_Siguen hablando en voz baja._)
DON PEDRO. (_Cerrada la carta que ha escrito, la da a Cirila._) Oye: si viene esa señora a invitarnos... 300
CIRILA. ¿Qué señora?
DON PEDRO. La super-mujer. ¿Podremos obsequiarla con un té? Dime, ¿queda algo de aquel Porto riquísimo que trajimos de Madrid?
CIRILA. Señor, lo poco que queda resérvelo... (_Sigue 305 diciéndole que la despensa está poco menos que vacía._)
FILOMENA. (_Aparte a don Rafael._) Dios cuida de nosotros. ¿Por qué conducto? Por éste, por otros que no podemos presumir. Entre tanto, reúna usted lo que 310 ahora manda Dios con lo que antes vino, y el total divídalo en tres partes: la una sea para sufragios por el alma de mi padre, por la de los hermanos míos y de mi esposo. La otra, la distribuye usted entre los pobres. Con la última parte quiero ofrecer a la Santísima Virgen 315 del Rosario un manto nuevo. (_Concluye don Pedro de hablar con Cirila y ésta se va._)
DON RAFAEL. Ya podrá pasarse por este año con el viejo. Nuestra Señora es modesta: no se paga de ostentaciones... 320
FILOMENA. Don Rafael, es mi gusto; es un anhelo ferviente.
DON RAFAEL. Bueno, bueno. No hablemos más. (_Don Pedro, en pie junto a la mesa, reconoce papeles con febril inquietud, irascible._) 325
DON PEDRO. Filomena, ¿dónde diablos me habéis puesto...?
FILOMENA. (_Acudiendo a su lado._) ¿Qué, hijo?
DON PEDRO. Es María la que sabe... (_Llamando._) ¡María, Mariucha! 330
FILOMENA. (_Mirando por el balcón._) ¡Esa hija...! En la plaza no la veo.
DON PEDRO. Pues que la busquen, que la traigan.
DON RAFAEL. (_Asomándose por el fondo._) ¡Si está aquí, en el patio! Habla con las vecinas que llenan sus 335 cántaros en la fuente... Hace fiestas a los chiquillos. (_La llama por señas._) Es la bondad misma.
FILOMENA. (_Con profunda tristeza._) ¡Pobre ángel caído en este pozo!
ESCENA V
Los mismos; MARÍA por el fondo. Viste con sencilla elegancia, sin que en su atavío se conozca la pobreza de la familia.
MARÍA. (_Serena, risueña._) Aquí estoy. 340
DON PEDRO. Pero, hija de mi alma, ¿qué hacías?
MARÍA. Me entretuve viendo y examinando nuestra vecindad. En el segundo patio he visto unas familias pobres muy simpáticas, unos chiquillos saladísimos. He hablado con cuantas mujeres vi, preguntándoles de qué 345 viven, cómo viven, qué comen... Y sus nombres, edad, familia, todito les pregunté... Tengo ese defecto: soy una fisgona insufrible...
FILOMENA. Eres una chiquilla.
MARÍA. Pues en este patio primero tenemos vecinos 350 de mucha importancia. A esta parte, al extremo de la galería de cristales por donde salimos al patio, tenemos de vecino a un carbonero.
DON RAFAEL. Almacén de carbones, sí. El dueño es un hombre excelente, muy trabajador... Le 355 conozco...
MARÍA. ¡Por cierto que pasé un susto...! Como me da por verlo todo, me planté en la puerta mirando aquella caverna tenebrosa. De pronto, salió de lo más hondo un hombre horrible, la cara negra, tiznada; los 360 ojos, como ascuas, relucían sobre la tez manchada de carbón... Después me eché a reír. El hombre me dijo: «Señorita, ¿en qué puedo servirle?» Y yo...
FILOMENA. (_Interrumpiéndola._) ¡Vaya que ponerte a hablar con un bruto semejante! 365
MARÍA. ¡Si es un hombre finísimo; si me quedé asombrada de oírle!
DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! Ya les contaré algo de ese y otros vecinos.
MARÍA. Todos me han parecido la mejor gente del 370 mundo, incluso el negro. ¿Y qué me dices, papá, del espectáculo de esa plaza, hoy día de mercado? Tú no lo has visto; tú, mamá, tampoco.
FILOMENA. Ya nos fijamos al pasar...
MARÍA. Os aseguro que nunca vi cosa que más me 375 divirtiera. ¡Esos pobres campesinos que vienen de tan lejos con el fruto de su trabajo!... Venden lo que les sobra, compran lo que necesitan. Abrumados llegan, abrumados parten, con el peso de la vida que va y viene, sube y baja... Unos traen grano, otros panes, otros 380 hortalizas, cochinitos chicos tan monos... Aquéllos una carguita de leña: son los más pobres; éstos cargas de lana: son los más ricos... En todos los puestos, en todos los grupos me metía yo con Teresa y Ramona, y a todos preguntaba: ¿De dónde sois? ¿Cuánto os 385 valen las hogazas?... Por esa carga de leña, ¿qué os dan?... Con esos cinco reales, ¿qué compráis ahora? ¿A cómo dais la ristra de cebollas?... Y esas enjalmas rojas para los borricos, ¿cuánto valen?... ¿Habéis hecho buen negocio?... ¿Este trigo es toda vuestra 390 cosecha?... ¿Compraréis cochinito?... ¿Lo engordaréis hasta que le arrastre la barriga?... ¿Y vosotros nunca coméis estos pollos, estos patos?... ¿Qué coméis?... ¿Y vuestros nenes se han quedado allá solitos?... Cuando volvéis allá, ¿qué os dicen las pobres 395 criaturas?
FILOMENA. ¡Vaya, que eres de verdad reparona y entremetida!... un ángel a quien interesan las cosas de la tierra más que las del Cielo.
DON RAFAEL. (_Con calor._) Más, no, señora; lo 400 mismo.
MARÍA. Es que gozo lo indecible, me lo pueden creer, viendo este hormigueo de la vida de los pequeños: cómo viven, cómo luchan, cómo se defienden... Y no sé si reírme o llorar cuando pienso que no son ellos más pobres 405 que yo.
DON PEDRO. (_Melancólico._) Más ricos... No hay riqueza como la ignorancia.
FILOMENA. Riqueza y pobreza, por nuestros deseos se miden. 410
MARÍA. Ello es que los veo contentos, al menos tranquilos, y su contento y su tranquilidad se me comunican... Vedme alegre, confiada, con muchas ganas de infundiros a todos confianza y alegría.
DON PEDRO. (_Dirígese a la mesa._) Ven aquí, ven 415 aquí... Dime, ante todo, dónde metiste las esquelas de... (_Se sienta._)
MARÍA. (_Aparte, suspirando._) Corazón mío, poco te duró el contento. (_Abriendo un cajón de la mesa._) ¡Si están aquí! 420
DON PEDRO. ¡Ah! dame...
DON RAFAEL. Señor Marqués, con su permiso... ¿Tiene algo que mandarme?
DON PEDRO. (_Disponiéndose a escribir una carta._) Querido cura: que no nos olvide en sus oraciones. 425
DON RAFAEL. ¡Ah! por mí no ha de quedar. (_Viendo escribir a su padre, y sabiendo lo que escribe, María manifiesta gran aflicción._)
FILOMENA. (_Aparte a don Rafael al despedirle._) ¿Se ha fijado bien, don Rafael, en lo que le dije de la 430 distribución...?
DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! Descuide: lo haré a toda conciencia, con plena conciencia de mi deber. (_Vase por el fondo._)
DON PEDRO. (_Sin dejar de escribir._) Filomena, que 435 me preparen el baño.
FILOMENA. Iré yo misma. No hay que agobiar a la pobre Cirila. (_Vase por la derecha._)
ESCENA VI
MARÍA, DON PEDRO.
DON PEDRO. (_Mostrando a su hija las cartas que ésta sacó._) Cuidarás de que hoy mismo lleguen a su destino. 440
MARÍA. (_Angustiada._) ¡Ay, papá mío! déjame que te diga... ¿No te sientes humillado, degradado, con pedir limosna de esta manera?
DON PEDRO. (_Irascible._) ¿Y qué he de hacer? ¿Estoy en el caso de solicitar un jornal del Ayuntamiento, 445 y ponerme a picar piedra en un camino, o a recoger las basuras de las calles?
MARÍA. Pues mira tú: yo preferiría eso.
DON PEDRO. ¿Preferirías verme...?
MARÍA. Lo haría yo si pudiera... romper piedras, 450 barrer las calles de Agramante.
DON PEDRO. Toma las cartas y mándalas esta tarde. He agregado una... para ese Corral...
MARÍA. (_Resistiéndose a tomar las cartas._) ¡Ay, Dios mío, Dios mío! (_Llorosa, permanece en resistencia_ 455 _pasiva._)
DON PEDRO. (_Con severidad._) Obedéceme... No me irrites...
MARÍA. Bueno, papá: haré todo lo que me mandes. (_Toma las cartas y las guarda en el bolsillo._) Es mi deber... 460 Pero di, ¿no hay otro medio? (_Recordando._) ¡Ah! me dijeron que viene Cesáreo. ¿Lo sabías?
DON PEDRO. Sí.
MARÍA. ¿Y no esperas que Cesáreo te traiga...? Aguardemos a que llegue... 465
DON PEDRO. Lo que traiga tu hermano, que no será mucho, lo necesitará para sí. Está obligado a conservar aquí cierto brillo y... No puedo explicártelo.
MARÍA. Sin tus explicaciones lo comprendo. ¿Crees que se me escapan las ideas tuyas, las ideas de toda la 470 familia? Mi hermano hizo la corte a esa viuda millonaria... Tal vez ahora...
DON PEDRO. No sé... Podría ser...
MARÍA. (_Con agudeza._) ¿Y no se te ha ocurrido que de estos petitorios podría la dama ricachona enterarse? 475 ¡Qué diría, qué pensaría de nosotros!
DON PEDRO. (_Confuso._) Sí; pero... Se haría cargo... No obstante, la idea de que la viuda se entere, me inquieta un poco.
MARÍA. Esta mañana, cuando salía yo de la iglesia 480 con Vicenta Pulido, vi a la millonaria. ¡Ay, qué facha, qué cargazón de sedas, de plumas, de encajes, de joyas! Cuentan por ahí que lleva las ligas recamadas de perlas, y que en su casa de Madrid hay más plata que en una catedral. 485
DON PEDRO. Lo creo...
MARÍA. Y que las mesas de noche son de marfil, y otras cosas... de lápiz-lázuli... Su aspecto es de una _rastaquouère_ tremenda y de una cursi estrepitosa.
DON PEDRO. Nunca la he visto. Dicen que es 490 hermosa.
MARÍA. Lo fue el año de la Revolución de Septiembre, cuando tú todavía no te habías casado.
ESCENA VII
Los mismos; FILOMENA, CIRILA.
FILOMENA. (_Por la derecha._) Ya tienes el baño pronto. 495
DON PEDRO. Voy... (_Al salir detiénese preocupado._) Si vuelve ese maldito Pocho... le decís... que mañana. (_Entra Cirila por el fondo y habla con María._)
FILOMENA. No prometas nunca para mañana... Tómate más tiempo. 500
DON PEDRO. Tienes razón... Mejor será el lunes... seguro, el lunes. (_Vase por la derecha._)
CIRILA. La he visto entrar en el patio.
FILOMENA. ¿Quién?
CIRILA. La señora Alcaldesa. Creo que viene acá. 505 (_Entra Vicenta por el fondo._)
MARÍA. Ya está aquí. (_Vase Cirila._)
ESCENA VIII
MARÍA, FILOMENA, VICENTA; después CIRILA.
VICENTA. Amigas muy queridas: un aviso, una petición, y me voy al instante.
FILOMENA. Ante todo, ¿sabe usted si viene Cesáreo? 510 Su marido de usted ha recibido un telegrama...
VICENTA. No sé nada. En casa estuve después de misa. Nicolás había salido.
MARÍA. ¿No se sienta? (_Se sientan las tres._)
VICENTA. Un momento... Lo primero, advertir a 515 ustedes que Teodolinda viene en persona a invitarlas.
FILOMENA. ¿Esta tarde?
VICENTA. No: antes de mediodía. ¿Irán ustedes a la fiesta veneciana?
FILOMENA. La verdad... no quisiéramos... 520
VICENTA. ¡Por Dios, Marquesa! Esta pobre niña debe distraerse, lucir su belleza...
FILOMENA. Sí, sí... María irá con usted...
VICENTA. Para mí no hay mayor honra... (_A María._) Y me enorgullece llevarla a usted conmigo, aunque a 525 su lado resultaré una facha.
MARÍA. ¡Por Dios, Vicenta!...
VICENTA. Usted ha traído todo su guardarropa, de última moda, elegantísimo, y yo...
MARÍA. ¿No me dijo usted que esperaba hoy el vestido 530 de _garden party_ que encargó a Madrid?
VICENTA. (_Desconsolada._) Pero no vendrá, ¡qué pena! (_Saca una carta._) Vean la carta de la modista, que ha sido como un rayo... (_Lee._) «Imposible remitir hoy...» Este contratiempo me anonada. 535
FILOMENA. Lo comprendo. ¡Contar con una cosa y...! Las modistas son tremendas.
VICENTA. Pues ahora viene la súplica. En este conflicto no veo más que una solución: arreglar un vestido que estrené año pasado, cuando vino el Ministro de 540 Fomento y se alojó en mi casa. Pero desconfío de que mi hermana y yo podamos arreglarlo con toda la elegancia que deseo. Ustedes me indicarán... Perdonen mi impertinencia. El puesto que ocupa Nicolás me obliga a ser la más elegante del pueblo. No quiero hacer mal 545 papel. Nicolás se disgustaría con esto más que si perdiera las elecciones.
FILOMENA. Enseñaré a ustedes un modelo que traje. (_Las interrumpe Cirila entrando presurosa por el fondo._)
CIRILA. Señora... ahí sube. 550
FILOMENA. ¿Quién?
CIRILA. Esa señora tan...
VICENTA. ¡Teodolinda!
MARÍA. ¡La _rastaquouère_...!
VICENTA. (_A Filomena._) ¡Verá usted qué lujo tan 555 desfachatado! (_Entra Teodolinda. Su figura y vestido son conformes a las descripciones que de ella se han hecho. Vase Cirila._)
ESCENA IX
FILOMENA, MARÍA, VICENTA, TEODOLINDA.
TEODOLINDA. Señora Marquesa, me perdonará usted que haya sido muy inconveniente en la elección de hora 560 para mi visita.
FILOMENA. ¡Oh! el honor que recibimos no sabe hacer distinción de horas. (_Se sientan: María al extremo izquierda._)
TEODOLINDA. Y hemos de convenir en que la vida de 565 campo forzosamente ha de relajar un poco la etiqueta social.
FILOMENA. Seguramente.
TEODOLINDA. Perdóneme la señora Alcaldesa si llamo campo a esta preciosa villa, tan culta, modelo de policía 570 y urbanización.
VICENTA. Campo es... con casas... ciudad... al aire libre.
TEODOLINDA. Y la más hospitalaria que cabe imaginar. Estoy contentísima. La casa que he tomado es una preciosidad... 575 aunque algo pequeña...
MARÍA. (_Aparte._) ¡Jesús! Pequeña dice. ¡Y la edificaron para convento! Pues que le traigan el Escorial.
TEODOLINDA. El parque muy frondoso. Sería incomparable si tuviera lago... 580
MARÍA. (_Aparte._) ¡Y mucha agua!
TEODOLINDA. Y una extensión de quinientas hectáreas.
FILOMENA. A propósito de extensiones de tierra, se dice que usted adquiere pertenencias mineras y bienes raíces en la provincia. 585
VICENTA. Y un monte grandísimo, y tres dehesas...
TEODOLINDA. Que me gustaría poder juntar en una sola, para formar una propiedad verdaderamente regia.
MARÍA. (_Aparte._) ¡Cuatro dehesas juntas! para que esta fiera tenga donde pasearse a sus anchas. 590
FILOMENA. Hará usted todo lo que se le antoje, y no habrá ilusión ni capricho que no pueda satisfacer.
TEODOLINDA. (_Con refinada amabilidad._) Por lo pronto, señora Marquesa, aquí me trae la ilusión de que usted y su linda hija honren esta noche mi casa. 595
FILOMENA. Mi esposo y yo agradecemos a usted en el alma su invitación. (_Suspirando._) Nos hallamos bajo el peso de tristezas y desazones que excluyen todo regocijo. Pero no privaremos a nuestra hija de esa magnífica fiesta. Cuente usted con María, que irá con la señora 600 Alcaldesa.
TEODOLINDA. Amiga mía, del mal el menos... Su preciosa hija será la flor más lucida de mi jardín, y la estrella más brillante de mi noche... quiero decir... de la noche de... (_Embarullándose, no puede acabar el 605 concepto._)
FILOMENA. (_Comprendiendo._) Sí, sí... ya...
MARÍA. (_Aparte._) ¡Ay, Dios mío, se le acabó la cuerda!
FILOMENA. María agradece tanta bondad... y tendrá 610 mucho gusto...
MARÍA. Grandísimo placer... Será una fiesta espléndida, nunca vista en Agramante.
TEODOLINDA. Las señoras de esta culta villa le darán todo su encanto. 615
VICENTA. Y encanto mayor usted...
MARÍA. Usted, la amable dueña de la casa, la opulenta anfitrionisa...
ESCENA X
Los mismos; CORRAL, presuroso, por el fondo.
CORRAL. Señor Marqués, señoras...
FILOMENA. (_Alarmada, se levanta._) ¿Qué noticias, 620 Corral?
MARÍA. ¿Viene mi hermano?
CORRAL. Ya está en Agramante... Le vi en la estación. Salieron a recibirle el Alcalde, el Coronel de la zona, el Juez municipal y el Contratista de la traída de 625 aguas... Al instante vendrá. ¿Y el señor Marqués? (_Hace reverencia a Teodolinda._)
FILOMENA. (_A María._) Ve, hija: dale prisa... (_Vase María por la derecha._)
CORRAL. (_A Filomena._) Debo anticipar a usted que 630 Cesáreo sólo estará en Agramante algunas horas. Esta tarde tomará el tren mixto para llegar a Santamar, la capital de la provincia, antes que salga de allí el Ministro de la Gobernación, que ha ido a inaugurar el nuevo Presidio. 635
ESCENA XI
Los mismos; DON PEDRO; tras él, MARÍA.
DON PEDRO. Ya sé... ya me ha enterado María... (_A Teodolinda muy cortés._) Señora mía, crea usted que me confunde el honor que hace a esta humilde casa...
TEODOLINDA. La casa y familia, dignas son de todos los honores. La casa es un soberbio palacio. Al venir 640 aquí, he admirado por tercera vez la hermosa fachada plateresca. ¡Qué maravilla, señor Marqués!
FILOMENA. (_Con tristeza._) Esa maravilla y otras ¡ay! fueron nuestras.
DON PEDRO. Cuando Dios quería... 645
TEODOLINDA. ¡Y quién sabe si volverán, cuando menos se piense, a su primitivo, a su ilustre dueño!
DON PEDRO. ¡Quién sabe...! Cesáreo tal vez, si adquiere, como yo espero y él merece, una elevada posición en la política... 650
TEODOLINDA. Ya sabe usted que está aquí.
DON PEDRO. Le esperamos por instantes.
CORRAL. Pronto vendrá. Han querido enterarle del asunto de las aguas...
FILOMENA. (_Impaciente._) Mucho tardan. 655
VICENTA. La culpa es de mi marido.
CORRAL. (_Que ha mirado por el fondo._) Ya vienen, ya suben, ya están aquí. (_Corren Filomena y María al encuentro de Cesáreo. Le abrazan y besan cariñosamente. Tras de Cesáreo entran el Alcalde, Roldán y Bravo. Don 660 Pedro ha permanecido junto a Teodolinda._)
ESCENA XII
Los mismos; CESÁREO, el ALCALDE, ROLDÁN, BRAVO. Roldán es ordinario, de mediana edad; Bravo, persona fina, abogado joven.
CESÁREO. (_Con emoción._) Mamá, te encuentro bien. Tú, Mariucha, te has repuesto... Estos aires... (_Avanza. Ve a don Pedro y se abrazan tiernamente._)
ALCALDE. Nos hemos permitido secuestrarle por unos 665 minutos.
ROLDÁN (_Contratista_). Perdonen los señores Marqueses...
BRAVO (_Juez municipal_). Los intereses del pueblo nos han hecho olvidar la felicidad de la familia. 670
DON PEDRO. ¡Qué sorpresa, hijo; qué alegría! (_Indicando la presencia de Teodolinda._) Y no es una sorpresa sola.
CESÁREO. (_Dirigiéndose a Teodolinda._) Ya me dijo el Alcalde... (_Corral habla con María; Roldán y Bravo 675 con Filomena._)
TEODOLINDA. ¿Que estaba yo aquí? (_Alargándole su mano._) Pues ha sido de lo más casual... Yo no sospechaba...
DON PEDRO. Con piedra blanca marco esta coincidencia 680 felicísima. La alegría de verte y el honor de esta visita.
TEODOLINDA. Ya ve usted, Cesáreo, cómo no se pueden hacer profecías.
CESÁREO. Ya, ya... (_Don Pedro habla con el 685 Contratista._)
TEODOLINDA. La última vez que estuvo usted en mi casa salió diciendo que ya no nos veríamos más.
CESÁREO. Antes profetizó usted otra cosa, Teodolinda, que no fue confirmada. 690
TEODOLINDA. Tal vez... Lo que prueba que todos somos muy malos profetas. Aleccionada por la pícara realidad, que así nos desmiente, ya no profetizo, Cesáreo. (_Se levanta._)
DON PEDRO. (_Desconsolado._) ¿Tan pronto? 695
TEODOLINDA. ¡Oh! no desconozco lo que son estos momentos para una familia cariñosa...
FILOMENA. (_Acudiendo a despedirla._) Señora, amiga mía...
CORRAL. (_Aparte a María, con galanteo meloso._) Si 700 usted va, ¿cómo he de faltar yo? Iré tras el lucero buscando en su brillo un rayito de esperanza.
MARÍA. ¡Ay, qué empalagoso!
TEODOLINDA. (_Despidiéndose de María._) Que no me falte, por Dios. No tendría yo consuelo. 705
MARÍA. Mil y mil gracias.
TEODOLINDA. (_A Cesáreo._) Y usted ¿no querrá dar un vistazo a mi fiesta?
CESÁREO. Imposible, Teodolinda.
DON PEDRO. Quédate, hijo... 710
CESÁREO. Imposible.
TEODOLINDA. Ya no le ruego más. ¡Cuando se obstina en hacerse el interesante...!
CESÁREO. Es absolutamente preciso que yo salga en el tren de las cinco. 715
TEODOLINDA. Ya: tiene que conferenciar con el Ministro. De ello dependerá la salvación de la patria.
CESÁREO. No salvaré a la patria... Quizás salve a una parte de ella.
TEODOLINDA. En fin, adiós y buen viaje. Si quiere 720 comer conmigo... A la una en punto... ¡Pero qué tonta! El corto tiempo de que dispone pertenece a la familia.
DON PEDRO. Antes que nosotros está la cortesía. Irá, Teodolinda; aceptará su amable invitación. 725
CESÁREO. No, no...
TEODOLINDA. Verá usted, Marqués, cómo nos deja mal a todos. Adiós, adiós. (_Las señoras la acompañan hasta la puerta. Corral, con oficiosa galantería, va tras ella ofreciéndole el brazo para conducirla hasta la 730 calle._)
VICENTA. (_Al Alcalde._) Nicolás, vámonos.
ALCALDE. (_Despidiéndose._) Señor Marqués, muy suyo siempre. Luego le explicaremos este asunto de las aguas... 735
ROLDÁN. El giro que quieren dar al expediente es de lo más desatinado...
BRAVO. A todos nos preocupa hondamente...
DON PEDRO. A mí también... a mí también... No se aparta de mi pensamiento la traída de los diez millones... 740 digo, de las aguas, la traída de aguas...
VICENTA. (_A Filomena._) Volveré esta tarde... Veré ese modelo...
MARÍA. (_Despidiendo a Vicenta._) Adiós... hasta luego... 745
ROLDÁN. (_Despidiéndose del Marqués._) Siempre a sus órdenes...
BRAVO. (_Ídem._) Repito...
ALCALDE. (_Ídem._) Felicidades. (_Salen Vicenta, el Alcalde, Roldán y Bravo._) 750
FILOMENA. (_Cogiendo a Cesáreo del brazo._) Ven y verás cómo nos hemos instalado.
DON PEDRO. (_Reteniéndole._) Luego irá. Dejadle un rato conmigo. (_Les hace seña de que se alejen._)
MARÍA. Pero que sea cortito. También nosotros 755 tenemos que charlar...
FILOMENA. Déjale ahora. Tienen que hablar a solas. (_Se va, llevándose a María._)
ESCENA XIII
DON PEDRO; CESÁREO, que se sienta, pensativo, apoyada la frente en la mano.
DON PEDRO. (_En pie._) Acepta, hijo, acepta la invitación de esa señora. 760
CESÁREO. Convéncete, papá, de que Teodolinda es una esperanza inmensamente remota, un sueño...
DON PEDRO. Pero... en Madrid, el invierno último, dijiste a tu madre...
CESÁREO. Sí, lo dije... yo soñaba... creí poder traer 765 a casa la lámpara de Aladino.
DON PEDRO. Tú le hacías la corte.
CESÁREO. Sí.
DON PEDRO. ¿Hubo rompimiento?
CESÁREO. Absoluto. 770
DON PEDRO. ¿Iniciado por ti?
CESÁREO. Por ella.
DON PEDRO. Al invitarte ahora, quizás desea reanudar...
CESÁREO. No la conoces. Teodolinda no es toda vanidad: 775 tiene inteligencia, sentido práctico, que aprendió de los yankees. Conoce bien nuestra desgracia, el abismo de descrédito en que hemos caído... Teme el ridículo... Coquetea con sus millones, como otras coquetean con sus gracias... 780
DON PEDRO. (_Suspirando, con gran desaliento._) Bien... no digo nada.
CESÁREO. Pero con todo... (_Dudando._) ¿Iré a comer? (_Con resolución súbita._) Iré. ¿Qué pierdo en ello? (_Se levanta._) 785
DON PEDRO. Nada pierdes... ¡Y quién sabe si...!
CESÁREO. No, papá: hoy, pensar en eso es un delirio. Podría no serlo... (_Meditabundo._)
DON PEDRO. ¿Cuándo? ¿En qué caso? 790
CESÁREO. En el caso de que yo adquiriese la posición política que busco, que creo tener ya... casi casi en la mano.
DON PEDRO. Entendido. (_Impaciente._) Vete, hijo, vete. Toma el tren. Por Dios, habla con el Ministro 795 esta noche, mañana...
CESÁREO. Esta noche sin falta.
DON PEDRO. Yo espero, tragando amargura, sufriendo humillaciones, devorando sonrojos. ¿Pero qué importa?... 800
CESÁREO. (_Echando mano al bolsillo para sacar su cartera._) Y a propósito, papá... Tengo muy poco dinero, poquísimo...
DON PEDRO. Pues déjalo para ti, que lo necesitarás más que nosotros... 805
CESÁREO. Tengo lo preciso para llegar a Santamar y volverme a Madrid... Pero en Santamar está Jacinto Mondéjar, que me ha ofrecido prestarme una cantidad...
DON PEDRO. Pues a la vuelta me la darás. 810
CESÁREO. ¿De veras podréis pasar...? (_Mostrando la cartera, en ademán de abrirla._)
DON PEDRO. Pasaremos... Más pasó Jesucristo. Adelante, hijo... Por delante siempre tú, el único redentor posible de la familia. 815
ESCENA XIV
DON PEDRO, CESÁREO, MARÍA; después FILOMENA.
MARÍA. (_Por la derecha, entreabre la puerta y se asoma cautelosa._) Papá y hermano, ¿no me permitiréis curiosear un poquito?
DON PEDRO. Entra ya, hijita.
CESÁREO. (_Llamándola cariñoso._) Ven, que aún no 820 he podido abrazarte a mi gusto. (_Se abrazan._) ¡Pobre Mariucha! ¡Recluida en este medio social tan impropio de ti, entre tanta vulgaridad!
MARÍA. No creas... Me acomodo perfectamente a esta vida provinciana. 825
CESÁREO. Papá, a todos recomiendo un exquisito cuidado de esta joya. (_Con entusiasmo._) Joya, digo: cuerpo y alma de lo más selecto que da de sí la humanidad. Velad por ella sin descanso. ¡Mariucha! (_Acariciándola._) ¡Mi Mariucha! Merece que nos desvivamos 830 por llevarla a su esfera natural, donde luzca, donde brille...
MARÍA. Pero, tontín, ¿quieres llevarme a donde hay tanta luz? Si alguna tengo en mí, mejor brillaré en la obscuridad. 835
DON PEDRO. ¡Ah! Veremos quién está en lo cierto.
FILOMENA. Ven, Cesáreo, para que veas cómo nos hemos instalado en este medio palacio. No nos falta comodidad. 840
CESÁREO. Enseñadme vuestra habitación, la de María... (_Vase con Filomena por la derecha._)
ESCENA XV
MARÍA; DON PEDRO, que muy excitado y hablando solo se pasea por la escena.
MARÍA. Papaíto, ¿estás contento?
DON PEDRO. (_Sin hacerle caso._) El Ministro, si es hombre agradecido, le acogerá bien. Recordará que le 845 di la mano en sus primeros pasos.
MARÍA. Dime, papaíto... (_Tras él sin lograr que la escuche._)
DON PEDRO. El Gobierno, la situación en masa, la Corona, el país... no permitirán que la casa de Alto-Rey 850 acabe de hundirse...
MARÍA. Papá...
DON PEDRO. Hija mía, no puedo decirte que estoy contento ni que estoy triste. Me encuentro en una expectación solemne... 855
MARÍA. ¿Ves algún horizonte? ¿Y por fin, Cesáreo...? Cuéntaselo todo a tu hijita... ¿Te ha traído...?
DON PEDRO. No he querido tomar lo poco que trae, pues sería loca imprudencia dejar inerme al guerrero que 860 se apresta al combate.
MARÍA. ¡Jesús, pues no estás hoy poco imaginativo!
DON PEDRO. Digo que nosotros...
MARÍA. (_Severa._) Nosotros... 865
DON PEDRO. Nos arreglaremos.
MARÍA. ¿Cómo?... Papá, por la Virgen Santísima, tú olvidas el ahogo continuo de esta existencia; el afán de ayer, de hoy, de mañana; la cadena de compromisos, de pequeñas deudas, que oprime, que envilece... 870
DON PEDRO. A todo se atenderá. ¿Recogiste las cartas?
MARÍA. Las recogí... pensaba quemarlas.
DON PEDRO. (_Vivamente._) No, por Dios.
ESCENA XVI
DON PEDRO, MARÍA, LEÓN. Hállanse el Marqués y su hija junto a la mesa. Entra LEÓN y dice las primeras palabras en la puerta. Trae la cara tiznada; viste traje de pana.
LEÓN. El señor Marqués... 875
DON PEDRO. (_Aterrado, sin atreverse a mirar a la puerta, creyendo que el que entra es el Pocho._) ¡Otra vez ese hombre!
MARÍA. (_Mirando a la puerta._) ¿Quién es?
DON PEDRO. (_Sin mirar._) ¡Que vuelva... que se 880 vaya!... Mañana... el lunes...
MARÍA. (_Reconociendo a León._) Papá, si no es el Pocho!... Es nuestro vecino, el carbonero... digo, el dueño del almacén de carbones.
LEÓN. (_Avanzando respetuoso, pero sin timidez._) 885 Molestaré muy poco al señor Marqués...
DON PEDRO. Adelante... Dígame lo que guste. Es usted tímido.
LEÓN. Tímido no soy... Tengo otros defectos, pero ése no. Sé hablar con personas distinguidas. 890
MARÍA. ¿Oyes, papá?
DON PEDRO. (_Observándole._) En efecto: su lenguaje, sus modales no se avienen con su modesta ocupación... ¿Y en qué puedo servirle?
LEÓN. Soy inquilino del almacén y vivienda de este 895 primer patio a la izquierda. Mi negocio me pide ya ensanche de local. Quisiera que el señor Marqués me arrendase toda la crujía, hasta la medianería del Juzgado municipal, desalojando el cafetín, que no paga alquiler.
DON PEDRO. Amigo mío, yo no soy el propietario: 900 lo fui.
MARÍA. Somos simples inquilinos, como usted... Ese señor sastre nos ha cedido esta parte no más...
LEÓN. ¡Ah! Perdone usted: yo entendí que había entregado el edificio a los señores Marqueses para que 905 dispusiesen de todo... arriba y abajo...
DON PEDRO. No, hijo mío.
LEÓN. Así lo entendí. Yo, la verdad, en el caso del Sr. López, así lo habría hecho.
DON PEDRO. Gracias, amigo. 910
MARÍA. (_Aparte a su padre._) ¿Ves qué generoso, qué atento?
LEÓN. Dispénseme el señor Marqués. Mi petición resulta una impertinencia. (_Hace reverencia para retirarse._) 915
DON PEDRO. Un momento, vecino... (_Con interés._) ¿Y qué tal, qué tal ese negocio?...
LEÓN. Pues no voy mal, señor. El desarrollo que han tomado en Agramante las pequeñas industrias, me ha favorecido mucho. 920
MARÍA. ¡Vaya, vaya!
DON PEDRO. (_Risueño._) ¿Con que vamos bien, vamos bien? ¿El tráfico marcha?
LEÓN. Sí, señor: marcha a fuerza de atención, de diligencia, de trabajo rudo... 925
DON PEDRO. (_Sumamente amable._) Tendrá usted su capitalito...
LEÓN. Empiezo a formarlo.
DON PEDRO. Bien, joven, muy bien. Y sus ahorros los irá usted colocando para obtener nuevas ganancias... 930 Bien, amigo mío. La vecindad de usted es para mí muy grata.
MARÍA. (_Con interés._) ¿Y todo ese carbón lo trae usted de las minas, de los montes?
LEÓN. El mundo está lleno de tesoros, unos escondidos, 935 otros bien a la vista... Para cogerlos, hace falta mucha paciencia, mucha, porque...
ESCENA XVII
DON PEDRO, MARÍA, LEÓN, FILOMENA, CESÁREO.
FILOMENA. (_Que viene disputando con su hijo._) No, no: en la Providencia, sólo en la Providencia debemos poner nuestra esperanza. 940
CESÁREO. Conforme, mamá. Pero de algún mediador se ha de valer la Providencia. (_Van acercándose al centro. Repara en León._)
MARÍA. (_Presentándole._) Nuestro vecino, el comerciante en carbones... 945
LEÓN. (_Despidiéndose._) Con la venia de los señores...
CESÁREO. (_Que al verle se ha fijado en él creyendo descubrir, bajo el tizne, un rostro conocido._) Aguarde un momento, buen amigo. (_León se detiene, rígido, parado_ 950 _en firme. Cesáreo le contempla fijamente. León, impávido, afronta su mirada._)
MARÍA. ¿Qué... le conoces?
DON PEDRO. Es un trabajador bien acomodado; un excelente vecino. 955
CESÁREO. Paréceme... (_Sospechando._) Juraría... (_Abandonando su sospecha._) No, no... Perdone usted... Creí... No es, no.
LEÓN. (_Aparte al retirarse._) Dice que no soy. Tiene razón: no soy. (_Hace reverencia y sale._) 960
ESCENA XVIII
MARÍA, DON PEDRO, CESÁREO, FILOMENA; después CIRILA.
FILOMENA. ¿Pero qué...? ¿Has visto en él...?
MARÍA. (_Vivamente._) ¿Alguna persona conocida?
CESÁREO. Creí ver, al través de lo negro... ¿Os acordáis de aquel Antonio Sanfelices, sobrino del Marqués de Tarfe?... 965
FILOMENA. ¡Jesús! El mayor calavera de Madrid.
DON PEDRO. ¿No fue procesado?
MARÍA. Sí, sí: Sanfelices. Pero éste no es aquél, Cesáreo: es otro.
CIRILA. (_Por el fondo._) Recado de esa señora doña 970 Teodolinda... Que esperan al señor don Cesáreo para comer.
MARÍA. (_Desconsolada._) ¿Y no come con nosotros? ¿Nuestra compañía no vale más que el _menú_ de esa feróstica? 975
CESÁREO. Ha llegado el momento de sacrificar hasta los más dulces afectos...
DON PEDRO. (_Separándole de su hermana._) Vete pronto, hijo; no te hagas esperar.
CESÁREO. Voy, sí. (_A Filomena y María._) Y no 980 partiré sin volver acá. Seguro, seguro. (_Dirígese al fondo. Filomena y María van con él, prodigándole cariños. Permanecen en la puerta despidiéndole._)
DON PEDRO. (_Junto a la mesa, a la izquierda._) Cirila. 985
CIRILA. Señor.
DON PEDRO. No te descuides en traer un buen trozo de carne para rosbif...
CIRILA. (_Con expresión lastimera, indicando la escasez de recursos._) Señor, considere... 990
DON PEDRO. Considero, considero... que no puedo pasarme sin una alimentación muy sólida.
CIRILA. Yo cuidaré, señor; pero tenga en cuenta...
DON PEDRO. (_Propendiendo a la irascibilidad._) No ha de faltar crédito... Y suceda lo que quiera, ¿he 995 de consentir que la anemia me devore?
CIRILA. (_Aparte._) Dios nos tenga de su mano. (_Dirígese a Filomena: ésta y María vuelven de despedir a Cesáreo._)
MARÍA. (_Llorosa._) Es una ingratitud... 1000
FILOMENA. Hija, si así conviene... (_A Cirila._) Comeremos. (_Van hacia la derecha._)
CIRILA. Señora, ¿no sabe...? (_Le cuenta que don Pedro pide rosbif, etc. Vanse por la derecha._)
ESCENA XIX
MARÍA, DON PEDRO; después FILOMENA.
DON PEDRO. María, irás esta noche a la fiesta de 1005 Teodolinda.
MARÍA. (_Resignada._) ¡Si vieras, papá, qué sacrificio es para mí...!
DON PEDRO. No me repliques. (_Vivamente._) ¡Ah! lo principal se me olvidaba. No mandes por ahora esas 1010 cartas.
MARÍA. ¡Oh, cuánto me alegro! (_Las saca del bolsillo._)
DON PEDRO. Es que... he pensado... Se mandará sólo una. (_Toma las cartas y escoge una entre ellas._) 1015 Ésta: la reproduces, variando el nombre...
MARÍA. (_Suspensa._) ¿Y qué nombre se pone?
DON PEDRO. El de nuestro amable y simpático vecino...
MARÍA. (_Con gran asombro._) ¡El de la cara negra! 1020
DON PEDRO. Verás cómo ése no me desaira.
MARÍA. (_Con ansiedad._) ¿Pero qué piensas?... ¿Cuál es tu plan? ¿Cómo te atreves a solicitar...? ¡Y si luego...! ¡Explícame, papá, por Dios...!
DON PEDRO. (_Con gran confusión en su mente._) 1025 ¡No puedo explicártelo!... Siento en mi cabeza un desvanecimiento, una debilidad... Principio de anemia, por causa de la alimentación insuficiente.
MARÍA. ¡Oh!
DON PEDRO. ¿Mandarás la carta? (_María permanece 1030 muda, en profunda meditación. Pausa._) Contéstame.
MARÍA. (_Con resolución animosa, alzando la cabeza._) Sí.
FILOMENA. (_En la puerta de la derecha._) ¿Pero no 1035 venís a comer?
DON PEDRO. Sí... ¡tengo un apetito...! (_Dirígese a la puerta. María permanece inmóvil, meditabunda._)
FILOMENA. (_A María._) ¿Y tú, Mariucha?... ¿qué haces, qué piensas? 1040
MARÍA. Nada. (_Impetuosa, después que les ve alejarse._) ¡La muerte, Señor, dame la muerte, o enséñame cómo hemos de vivir!
ACTO SEGUNDO
Crujía baja del patio claustrado en el palacio de Alto-Rey. Todos los huecos de la galería están cubiertos de cristalería antigua emplomada, a excepción del más próximo a la derecha, que es entrada de una glorieta cerrada, en su parte interior, por enrejado cubierto de enredaderas. Dicha glorieta se supone hecha para ocultar aquel lado del claustro que está en ruinas. Al extremo derecho de la galería está el arranque de la escalera que conduce a las habitaciones altas de los Marqueses; al izquierdo puerta practicable por la cual se sale al centro del patio y a la calle.
En la casa de la izquierda, puerta y reja del almacén de carbón.
Bancos de piedra arrimados a los cristales. Es primera hora de la noche. Claridad viva de luna llena ilumina la glorieta y arranque de la escalera, y la parte derecha del escenario.
ESCENA PRIMERA
LEÓN, CIRILA, que salen por la izquierda. LEÓN con la cara lavada.
LEÓN. ¿Está usted segura de lo que dice? Repítamelo.
CIRILA. ¿Otra vez?
LEÓN. Es tan extraordinario, tan fuera de lo común, el mensaje traído por usted, que... Oído ya tres veces, 5 no me determino a creerlo.
CIRILA. Pues a la cuarta va la vencida. Mi señorita, la señorita María, hija de los señores Marqueses de Alto-Rey... ¿Duda usted de que exista mi señorita?
LEÓN. No puedo dudar de lo que he visto. Lo que 10 dudo es que...
CIRILA. ¿No se llama usted León, don León o el señor León? ¿No tiene la cara negra?
LEÓN. Ya me he lavado... Míreme bien.
CIRILA. Bueno: es usted el sujeto con quien hablar 15 desea.
LEÓN. ¿Aquí?
CIRILA. La señorita irá esta noche a esa gran fiesta en casa de...
LEÓN. Ya... 20
CIRILA. Mis amos, para que la señora Alcaldesa no se moleste en venir a buscarla, han determinado que yo la lleve a casa de la señora Alcaldesa... ahí enfrente... La señorita baja conmigo... la espera usted... Por aquí, según veo, no pasa a estas horas un alma... 25
LEÓN. Nadie. El Juzgado municipal está cerrado de noche.
CIRILA. Hablan la señorita y usted... delante de mí...
LEÓN. Hablamos... hablará ella, y me dirá... Perdone usted: esta confusión y estas dudas mías provienen 30 de la obscuridad y del acento turbado con que usted se expresa. Usted entró en mi casa diciendo que traía una carta para mí... Después...
CIRILA. (_Interrumpiéndole._) Porque la señorita me dio la carta para el señor León, y apenas la puso en mis 35 manos, me la arrebató diciéndome: «No, no: nada de carta. Aunque es muy penosa esta declaración hablada, prefiero...» (_Sintiendo rumor en la escalera._) ¡Ah! ya viene. (_María desciende cautelosa, aplicando el oído, mirando a todos lados. Detiénese a cada peldaño, con temor 40 y ansiedad. Viene vestida para la fiesta nocturna, con traje de extraordinaria elegancia y riqueza. Sombrero; abrigo de verano. La luna llena ilumina la hermosa figura._)
ESCENA II
LEÓN, CIRILA, MARÍA.
MARÍA. Aquí está... Me espera. (_Parada en el primer peldaño, temerosa._) ¡Oh! no me atrevo... le diré 45 que se vaya, que me equivoqué... Es necedad, locura...
CIRILA. (_Se acerca a ella, secreteando._) Te aguarda... ¿Qué... temes?
MARÍA. (_Rehaciéndose._) ¡Ay, sí!... Pero más que mi miedo podrá el tesón del alma mía. Lo que resolví 50 después de mucho meditar, debe hacerse, se hará... Inspíreme Dios y fortalézcame. Cirila, tú te sientas aquí para avisarme si alguien de casa...
CIRILA. Sí, sí: yo estaré al cuidado... (_Se sienta en el primer peldaño._) 55
MARÍA. (_Aparte, avanzando._) Es bueno, es generoso... Nos atenderá... Con esta esperanza me aventuro...
LEÓN. (_Respetuoso._) Señorita... estoy a sus órdenes.
MARÍA. Gracias... Si me he permitido molestarle... (_Aparte._) No sé cómo empezar. Estudié un principio 60 muy oportuno... y ya se me ha ido de la memoria...
LEÓN. Para mí es grande honor...
MARÍA. (_Aparte recordando._) ¡Ah! ya... (_Alto._) Pues mi padre... (_Aparte._) No era esto... (_Alto._) Mi hermano... 65
LEÓN. Su hermano de usted hizo esta mañana un reconocimiento minucioso de mi fisonomía. Le estorbaba un poco la máscara de carbón que llevaba yo entonces...
MARÍA. Signo, emblema de un trabajo honrado. (_Aparte._) Me parece que voy bien. Debo ganarme su 70 voluntad. (_Alto._) Mi hermano creyó ver en su cara de usted cierto parecido con un muchacho de Madrid... un mala cabeza, que dio mil escándalos y cometió... no sé qué diabluras... Realmente no existe semejanza.
LEÓN. ¿Que no existe semejanza? ¿Y usted lo 75 afirma?
MARÍA. (_Principiando a sospechar, mirándole atenta._) Sí... yo... conocí al tal. Verdad que no recuerdo bien su fisonomía. Por eso dije luego: «No es aquél, Cesáreo; es otro.» 80
LEÓN. Su hermano de usted, creyendo ver en esta cara facciones conocidas, estaba en lo cierto. Soy Antonio Sanfelices.
MARÍA. (_Retrocediendo asustada._) ¡Oh, Dios mío! Usted... Perdóneme si he dicho... (_Aparte._) ¡Ay! 85 ahora la he hecho buena.
LEÓN. No tengo por qué perdonarla. Sosiéguese usted.
MARÍA. No haga usted caso... Juzgando por lo que oí, dije... 90
LEÓN. ¡Si ha estado usted excesivamente benigna en la calificación de mis actos! Diabluras ha dicho. Fue algo más... Si quiere usted atenuar mis faltas, diga: complicidad irreflexiva en delitos graves.
MARÍA. (_Asustada._)¡Ay, Dios mío! Yo no digo 95 nada, ni sé nada de eso... Y no tema que yo le delate, ni que descubra su verdadero nombre.
LEÓN. En realidad, no tengo ya por qué ocultarlo. León es mi segundo nombre de pila. Lo adopté como primero en los días más horrendos de mi vida, cuando, 100 abandonado por unos, de otros perseguido, me vi solo, encadenado a mi conciencia, frente al mundo inmenso, que me pareció el conjunto de todas las iras contra mí. Hoy conservo este nombre porque en él veo la forma bautismal de mi regeneración. Usted, con divina perspicacia, 105 acertaba cuando dijo: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»
MARÍA. (_Reflexiva._) Es usted otro.
LEÓN. El hombre lleva en sí todos los elementos del bien y del mal. Excelentes personas han caído en la 110 perdición; santos hay que fueron perversos.
MARÍA. Si es usted de estos últimos, déjeme que le admire.
LEÓN. Merezco quizás el respeto de usted; admiración, no. 115
MARÍA. La desgracia, tal vez la miseria, le han obligado a luchar; la lucha le ha redimido: ¿no es eso?
LEÓN. Criado fui en la holganza... Puedo decir que no tuve padres, porque murieron dejándome muy niño. Hombre ya, heredé una fortuna, que vino a mis manos 120 cuando la compañía de amigos, peores que yo, me había educado ya en los vicios de la disipación y el juego, en el menosprecio de toda rectitud... Corrí desvanecido por el mundo, ciego y desmandado. Este vértigo, este correr loco, forzosamente habían de precipitarme al 125 abismo. Mis amigos iban delante, más ciegos que yo. Si el dinero nos faltaba, ¡qué arbitrios, qué combinaciones depravadas para procurárnoslo! Por fin, la escasez nos arrastró a la desesperación, la desesperación a la ignominia, ésta al escándalo, y el escándalo nos estrelló 130 contra la justicia, y nuestros nombres fueron oprobio de familias respetables.
MARÍA. (_Con estupor candoroso._) ¡Jesús! ¿Y por qué, dígame, por qué fue usted tan malo?
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MariuchaChapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (1)
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