Chapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (2)
LEÓN. Óigame, señorita, y vea toda mi maldad. Un 135 compañero mío de aquellas locuras discurrió... poner en un documento de crédito una firma que no era la suya. (_Movimiento de reprobación en María; protesta viva de León con mirada y gesto._) Yo no lo hice... me repugnaba. Mi complicidad consistió en que pude evitar el fraude, y 140 no lo evité... por el provecho momentáneo que de él tuve. Mi aturdimiento fue causa de que el menos culpable, yo, apareciese más recargado de responsabilidad y...
MARÍA. (_Vivamente._) De todo eso tengo yo una idea 145 vaga... En Madrid, por unos días, no se habló de otra cosa. Su tío de usted, el Marqués de Tarfe...
LEÓN. Mi tío, que hasta entonces no se había cuidado de mí, se mostró grande, generoso y justiciero ante la deshonra que yo arrojé sobre la familia. Con su dinero 150 fue cancelado el infamante documento; por gestión suya fue sobreseída la causa que se nos formó; y tratándome con severidad cruel, no tan cruel como yo merecía, me dio lo preciso para irme a Cádiz, donde un amigo suyo tenía el encargo de embarcarme para América. 155
MARÍA. Eso entendí... que se había ido usted a Montevideo, al Brasil, no sé... Siga.
LEÓN. Pero estoy importunando a usted con mi triste historia, impidiéndole...
MARÍA. (_Vivamente._) No: si eso me interesa más 160 que nada. Cuente... Se embarcó usted...
LEÓN. A embarcarme iba; pero en el camino caí enfermo, y en mi enfermedad y en mantenerme gasté el dinero que llevaba. Solo, vagabundo, sin más amparo que el Cielo arriba, mucha tierra por delante, entré en 165 relaciones con mi conciencia, y empecé a creer que un hombre nuevo alentaba en mí.
MARÍA. (_Con intensa curiosidad._) ¿Pero cómo vivía, cómo pudo arreglarse? Cuénteme esa parte de su historia... 170
LEÓN. ¿Le agrada a usted?
MARÍA. Es muy bonita... digo, es la más interesante...
LEÓN. Y la más terrible. No podrá usted, con todos los atrevimientos de su imaginación, reconstruir las torturas 175 mías, la fatiga inmensa, el angustioso _via crucis_ tras la caridad pública, la miseria, los ultrajes... Pero todo esto era necesario para que naciese el hombre nuevo, y allí nació, en aquel vivir doloroso...
MARÍA. Refiérame todo, sin omitir nada. (_Se sienta 180 en el banco de piedra, y escucha poniendo toda su alma en el relato._)
LEÓN. Pues mire usted, ni aun en los trances de mayor desesperación me decidí a quitarme la vida.
MARÍA. ¿No pensó usted en suicidarse? 185
LEÓN. Sí pensé alguna vez; pero en el momento de consumarlo, me detenía... Me daba lástima de matar al hombre nuevo... Me parecía que mataba a un niño.
MARÍA. (_Identificándose con la idea._) Sí, sí: lo comprendo, lo siento yo... Siga. 190
LEÓN. Sin norte ni rumbo, yo atravesaba sierras, valles, estepas... Caridad encontré en algunos lugares; en otros desprecio, palos, burlas...
MARÍA. (_Compadecida._) ¡Ay, qué hambres pasaría, pobrecito! 195
LEÓN. He recogido sobras de las cocinas más miserables; los pastores me han dado a rebañar sus sartenes.
MARÍA. Y andando, andando siempre, con su cruz a cuestas.
LEÓN. Con mi cruz... y con mi conciencia, que ya 200 no me ponía cara muy adusta.
MARÍA. Ya le sonreía, le alentaba... Y usted siempre adelante.
LEÓN. Hasta que llegué a las minas de Somonte. Allí pedí trabajo. Me lo prometieron... Entre tanto, 205 ayudaba a los carreteros a cargar carbón.
MARÍA. Y así vivía...
LEÓN. Allí tuve el primer dinero ganado por mí; ¡pero con qué trabajos!... Un día se murió de viejo un pobre borrico que trabajaba con un carro pequeño. 210 Yo lo sustituí.
MARÍA. ¡Jesús!
LEÓN. Y tirando de mi cargamento, aquí lo traje. Fue la primera vez que entré en Agramante... Volví a la mina. Un secreto instinto, algo como una naciente 215 vocación del hombre nuevo, movía mi voluntad, movía mis manos a una ocupación que era mi mayor gusto... Cuando los carros se ponían en camino, yo recogía los pedacitos de carbón que caían al suelo. Recogiendo y acopiando toda aquella miseria esparcida, llenaba yo 220 una cesta de carbón, que vendía luego en los pueblos próximos...
MARÍA. (_Maravillada._) ¡Oh, qué paciencia, Dios mío!
LEÓN. En mi afán de llenar la cesta, yo no me contentaba con recoger los pedacitos: quería recoger hasta 225 los átomos...
MARÍA. (_Identificándose con la idea._) ¡Los átomos! Es lo que yo digo: cuando pasa un átomo, cogerlo...
LEÓN. En esto, yo había escrito a mi tío explicándole mi deplorable situación: yo estaba descalzo, harapiento. 230 Por toda respuesta, me mandó a esta villa tres cajas en pequeña velocidad, porte pagado. En ellas venía toda mi ropa.
MARÍA. ¡Oh, qué bien! Por lo menos, se remedió usted de su mayor falta. ¿Y qué hizo entonces? ¿Se 235 puso usted su ropita y...?
LEÓN. No, señorita. ¿De qué me servía todo aquel matalotaje tan impropio de mi estado mísero? Salvo algunas prendas y el calzado más cómodo, vendí toda mi ropa. 240
MARÍA. ¡Oh, qué feliz idea!... La ropa elegante...
LEÓN. La vendí por lo que quisieron darme. ¿Y qué hice? Me fui a la mina y compré cuatro toneladas de carbón.
MARÍA. (_Animándose, se levanta_.) ¡Bravísimo, señor 245 hombre nuevo!
LEÓN. Pagué mi carbón a toca-teja: lo traje acá, parte en carro, parte en un borrico, y algo también a hombros, en una cesta...
MARÍA. Y lo vendió y ganó dinero. 250
LEÓN. Antes de veinte días pude comprar un carro.
MARÍA. (_Gozosa._) Ya veo, ya veo... Se le revelaba a usted un mundo.
LEÓN. Me sentía poseedor de cualidades nuevas, de ideas nuevas, de nuevas aptitudes... Buscaba en mí, 255 por curiosidad, al hombre antiguo, y no lo encontraba. Aquí de la expresión de usted, que me llega al alma: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»
MARÍA. Su historia, señor mío, me conmueve, me anonada. La veo no menos maravillosa que las vidas de 260 santos y que las empresas de los conquistadores más atrevidos. Lo demás...
LEÓN. Lo demás apenas necesita explicaciones: honradez intachable; trabajo continuo noche y día; diligencia, prontitud, buena fe; cumplimiento exacto, 265 infalible, de todo compromiso comercial... conciencia tranquila, robustez, salud...
MARÍA. (_Suspira hondamente._) ¡Cuántos bienes después de tanta adversidad!
LEÓN. Y ahora, señorita, desenmascarado absolutamente 270 el vecino negro, dígame usted en qué puedo servirla.
MARÍA. (_Aparte._) Después de oírle, siento más vergüenza que antes. (_Alto._) No soy digna de acercarme a usted con la pretensión de... No, no puedo decirlo... 275 Usted ha turbado mis ideas... Yo le creía un hombre inferior... y ahora es usted tan grande que casi no me atrevo a mirarle. (_Inquieta, recorre la escena._) ¡Oh! no, imposible. Debo retirarme. (_Llamando en voz baja._) Cirila. (_Acude ésta a su lado._) ¡No me atrevo; siento 280 una vergüenza...!
CIRILA. En casa no duermen. Tu papá se pasea de sala en sala. Debemos irnos.
MARÍA. (_Dudando._) No, no: aguarda... ¡Dios mío, qué ansiedad! 285
LEÓN. Estamos solos, señorita. Puede explicarme...
MARÍA. No, no, León: me falta valor. Soy una pobre señorita mal educada, incapaz de resolver cosa alguna... Lo que yo pretendía, lo que me impulsó a llamarle, es algo que a sus ojos me rebajaría, y yo no quiero rebajarme 290 a los ojos de usted, de quien ha sabido ser creador de sí mismo. Hágase usted cuenta de que no le llamé, de que no nos hemos visto, y retírese... Le suplico que se retire.
LEÓN. (_Con calma, que encubre una calculada expectación 295 y deseos de penetrar en las ideas de María._) Bien, señorita, en ese caso... (_Con gran lentitud._) Si es deseo de usted que me retire... poniéndome siempre a sus órdenes... (_Se va retirando muy despacio, parándose y volviendo la cabeza._) me retiraré. 300
MARÍA. (_Con súbito arranque._) León. (_Aparte a Cirila._) Sí, sí: lo diré... es preciso. Me volvería loca si no lo dijese. Ello es ridículo, humillante; ¿pero qué importa? (_Alto._) Usted comprenderá que no es por mí... que obligada me veo por... Hay duras necesidades... 305 que abruman...
CIRILA. (_Aparte a María._) Ángel, dilo pronto, en dos palabras, para que acabe tu agonía.
MARÍA. (_Con gran esfuerzo._) Mi padre, mi familia...
LEÓN. Yo haré menos violenta esa manifestación, 310 anticipándome...
MARÍA. Sí... hable usted por mí...
LEÓN. El Marqués se halla en situación precaria... Lo sé: he visto alguna carta dirigida por el señor Marqués a personas de la villa... 315
MARÍA. ¡Oh, qué vergüenza! (_Premiosa, trémula._) Mi padre me ordenó que escribiese a usted una de esas cartas... la escribí... Luego me pareció, viéndole a usted tan humilde, que de palabra... sería mejor... Perdone usted mi atrevimiento. Mi padre es bueno; 320 sólo que el pobrecito sueña con engrandecimientos y regeneraciones que no vienen, que no vendrán... Es bueno, y mi madre una excelente señora, y mis hermanitos... (_Sollozando_) son muy buenos también... están... en el colegio... Tenga compasión de nosotros... En mi 325 casa se ha llegado a una situación tan... no sé cómo decirlo... tal vez usted no lo crea. (_Más ahogado el sollozo._) Yo procuro ocultar a mi padre la terrible verdad de nuestra miseria. Yo sola la sé, yo y Cirila, que más que mi criada, es mi amiga. Los demás viven en 330 un mundo de ilusiones, de mentiras... Mi hermano los mantiene en el engaño... Nos hundimos; rodamos al precipicio, a la abyección... Esto lo veo yo... lo veo... pero no puedo remediarlo, no sé remediarlo... no sé, no sé... (_Rompe en llanto. Cirila llora también en 335 silencio._)
LEÓN. Es en usted mérito grande ver la situación en su realidad terrible, mirarla cara a cara...
MARÍA. (_Más serena._) Sí, señor... la miro... cara a cara. 340
LEÓN. Heroína es usted, y está llamada a entrar en batalla con las mayores desdichas... Pero usted tiene un corazón grande, un corazón valiente, ¿verdad?
MARÍA. Quiero tenerlo.
LEÓN. Usted no se acobarda ante ningún obstáculo. 345
MARÍA. No. (_Secándose las lágrimas, animosa._)
LEÓN. Y posee entereza bastante para permanecer serena ante un contratiempo, ante un golpe de adversidad... como el que yo voy a darle en este momento.
MARÍA. (_Aterrada._) ¡Usted... un golpe! 350
LEÓN. Diciéndole, como le digo, que no puedo socorrer a su familia. (_María permanece en muda expectación._) No podré esta noche, ni mañana... ni en algunos días podré.
MARÍA. (_Aparte consternada._) ¡Humillación, espantosa 355 ridiculez! (_Llévase las manos al rostro._)
LEÓN. ¡Cuánto me aflige mi negativa, sólo Dios lo sabe! (_Decidiéndose a presentar el asunto en su realidad descarnada._) Pero a una persona tan inteligente debo yo completa sinceridad... Suprimo las explicaciones sentimentales 360 de mi conducta, y daré a usted tan sólo las que deben hablar a su razón. (_María continúa expresando el trastorno de su desengaño._) Hace un mes, viendo claro un desarrollo grande de mi tráfico, hice a la mina un pedido de consideración. El nuevo ferrocarril me trajo 365 seis vagones, luego ocho, luego más. He colocado ya la mayor parte... Mañana, 10, es el día fatal, el vencimiento de las obligaciones que contraje. Gracias a mi puntualidad, tengo crédito en la Compañía Minera. La falta de pago me hundiría, me haría perder en un instante 370 la reputación mercantil adquirida con ímprobo trabajo y privaciones de que usted no puede tener idea.
MARÍA. (_Atónita, pero identificándose con las ideas de León._) Sí, sí: ya entiendo.
LEÓN. Allí (_Señalando a su casa._) tengo apilada, billete 375 sobre billete, duro sobre duro, la cantidad que he de pagar mañana. No me ha sobrado nada. ¿Quiere usted que le traiga la suma que allí espera... para el pago de una deuda sagrada y para la sanción de mi crédito? (_Pausa._) 380
MARÍA. (_Después de una vacilación momentánea, dice con voz firme:_) No.
LEÓN. Es usted fuerte, animosa. (_Gozoso._) Veo que si yo soy de hierro, usted también.
MARÍA. ¿Yo? (_Con grave acento y convicción._) Si 385 Dios me concede lo que le pido, el bronce será menos fuerte que yo, y el acero menos templado.
LEÓN. ¡Mujer grande!
MARÍA. Mujer... del tamaño de los acontecimientos, considero muy bien las razones que usted me da para... 390 En fin, que no desmerezca yo a sus ojos; que no me crea... no sé qué iba a decir... y procure usted olvidar esta entrevista...
LEÓN. Eso nunca. Espero que, en un día próximo, podré ser menos cruel que he sido esta noche. 395
MARÍA. (_Turbada._) Gracias, infinitas gracias. Retírese usted... Tiene ocupaciones... Yo también.
LEÓN. Sí... debo retirarme. (_Le hace reverencia. Aléjase lentamente; la contempla a distancia. Aparte._) ¡Dura lección es ésta!... ¡Terrible lección! Aprovéchala. 400 (_Continúa observándola. Acércase Cirila de nuevo a María, con ánimo de consolarla._) Desdichada víctima social, lucha, padece y vencerás. (_Entra en su casa._)
ESCENA III
MARÍA, CIRILA; después VICENTA.
CIRILA. Niña del alma, no te acobardes. Poco amable y nada generoso ha estado el vecino. Probaremos 405 con otros. (_Saca la carta._) Con variar el nombre...
MARÍA. (_Vivamente, mirando a la parte obscura de la escena por donde ha desaparecido León, arrebata a Cirila la carta y la estruja._) Acábese esta ignominia. (_Rompe la carta y arroja los pedazos. Aparece Vicenta por la 410 puerta del patio. Viste traje para la fiesta._) Su proceder duro, casi bárbaro, es para mí un aviso del Cielo. Admiro en ese hombre la severidad de un maestro inflexible.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Aquí María!... ¡y qué elegante!... 415
CIRILA. La señora Alcaldesa.
MARÍA. (_Aparte a Cirila._) Apártate... Vigila en la escalera. (_Cirila se aleja por la derecha, cautelosa, y aguarda sentada en el primer peldaño._)
ESCENA IV
MARÍA, VICENTA.
VICENTA. ¡María... querida! Usted, impaciente por 420 mi tardanza, ha bajado a esperarme.
MARÍA. Sí: esperaba a usted...
VICENTA. Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tarde hemos estado mi hermana y yo con el dichoso arreglo. (_Mostrando su vestido._) Yo quería que lo viese su mamá. 425
MARÍA. Mamá se acuesta muy temprano.
VICENTA. (_Girando sobre sí._) ¿Qué tal estoy?...
MARÍA. (_Riendo._) ¡Horrible! No podía usted discurrir un arreglo más desatinado.
VICENTA. ¡Oh, qué pena me da usted!... Pero ya 430 no tiene remedio... Vámonos.
MARÍA. No: yo no voy. Después de vestida, decido no ir.
VICENTA. Entonces, ¿qué hacía usted aquí?
MARÍA. Salíamos... (_Sin saber qué decir._) Íbamos a 435 casa de usted para que me viese...
VICENTA. (_Deslumbrada por la elegancia y riqueza del atavío de María._) ¡Oh, suprema elegancia! Está usted divina, ideal.
MARÍA. Vea usted, Vicenta: con un traje como éste 440 debiera usted presentarse esta noche en los jardines de Teodolinda, iluminados _a giorno_. Una _toilette_ así es lo que a usted le corresponde, por su posición, por su natural elegancia y belleza... y no ese adefesio barato, que va pregonando las hechuras de casa y el aprovechamiento 445 de trapitos. (_Burlándose._) ¡Pobre amiga mía! No puede usted imaginar qué lástima le tengo.
VICENTA. (_Consternada._) No me lo diga usted más, porque hago lo que usted: no ir.
MARÍA. (_Vivamente._) No, no, Vicenta. Usted no 450 puede faltar. ¡Qué se diría! No, no... De ninguna manera...
VICENTA. ¡Vaya que es desdicha! No tan bueno como ése, pero elegantísimo también y de gran novedad, es el vestido que yo encargué. (_Furiosa._) ¡Ay, 455 qué bribona de modista; era cosa de arrastrarla!...
MARÍA. (_Imitando su furia._) De sacarle los ojos. Sí, porque con su informalidad la pone a usted en un ridículo espantoso. Yo lo siento tanto como usted, y estoy pensando que... (_Pausa._) 460
VICENTA. (_Con gran ansiedad, reparando en todas las partes del hermoso vestido._) ¿Qué, hija mía?
MARÍA. (_Gozando con la ansiedad de Vicenta._) Pienso... que con este traje estaría usted encantadora, Vicenta. 465
VICENTA. ¡Oh, sí...!
MARÍA. ¡Y qué golpe daría usted si con él se presentara en el baile! Usted imagínese la grandiosa decoración del parque y jardines... los focos eléctricos, que darán a las mujeres bien vestidas un aspecto ideal, fantástico... 470 y por fondo el follaje verde, salpicado de lucecitas...
VICENTA. (_Entusiasmada._) ¡Oh, incomparable! Creerían que es el vestido que encargué a Madrid... María, amiga del alma, ¿es cierto lo que sospecho? 475 Me dice el corazón que usted, con su generosidad sin ejemplo, se digna prestarme... (_María hace signos afirmativos, lentamente._) ¡Oh, qué alegría! ¿Con que...?
MARÍA. (_Empezando a ponerse grave._) Hay algún 480 inconveniente.
VICENTA. ¿Cuál?
MARÍA. Yo le prestaría a usted con mucho gusto mi traje... pero... si luego me lo ven a mí, ¡qué dirán!
VICENTA. (_Desconsolada._) ¡Ah, sí...! no había 485 caído...
MARÍA. No debo prestar a usted mi vestido, no... Pero... por otro medio podría lucirlo. (_Pausa, expectación de Vicenta._)
VICENTA. ¿Cómo? 490
MARÍA. Comprándolo.
VICENTA. (_Asustada, cruzando las manos._) ¡María!
MARÍA. Vendo esta ropa, que es absurda, irrisoria, en la humilde situación a que ha llegado mi familia. Mi padre es pobre, tan pobre que no lo son más los que 495 mendigan en las calles. Ya no hay forma de disimular ni encubrir nuestra descarnada miseria...
VICENTA. (_Compadecida._) ¡Pobre amiga de mi alma! ¡Qué pena!... Sí: compro el vestido... compro todo: traje, sombrero, abrigo... Pero ello ha de ser para 500 ponérmelo y lucirlo esta noche.
MARÍA. Tiene usted tiempo.
VICENTA. (_Con gran impaciencia._) Pero no podemos descuidarnos.
MARÍA. Espérese un poco. Aún tenemos que 505 estipular...
VICENTA. Naturalmente, el precio.
MARÍA. Que no puede ser corto. Usted, señora rica y de buen gusto, puede apreciar... Fíjese bien: este traje es de Redfern, el primer modisto de París... 510
VICENTA. Ya se conoce.
MARÍA. _Rue de Rivoli_, 242. Viste a la Emperatriz de Rusia y a la Reina de Inglaterra.
VICENTA. Y será carísimo.
MARÍA. Usted figúrese... Mis padres encargaron y 515 pagaron estos lujosos trapos dos meses ha, cuando ya eran pobres, casi miserables. Lo que ellos dieron entonces a la vanidad, justo es que la vanidad se lo devuelva.
VICENTA. Amiga mía, me hago cargo de las circunstancias, y sé que me obligan a ser generosa. Fije usted 520 un valor razonable, teniendo en cuenta que es prenda usada, y no regatearemos. (_Impaciente porque María se quite el vestido._) Y ahora... Porque los instantes vuelan, María. El precio y pago lo arreglaremos mañana.
MARÍA. Perdone usted, Vicenta. Los malditos _mañanas_, 525 causa de tantos desórdenes, están abolidos...
VICENTA. ¿Por quién?
MARÍA. Por mí. Me propongo cambiar radicalmente mi modo de ser. Ya no soy aquélla, soy otra. La gravedad, la urgencia del caso exigen que esta noche quede 530 todo resuelto y concluido: la entrega de la ropa, el pago, etc... No he de ser exigente. De lo que costaron a mi padre este rico traje y sus accesorios... ya usted ve: todo nuevecito... sólo una vez me lo puse en Madrid,... rebajo la mitad. 535
VICENTA. Bien.
MARÍA. Si usted quiere lucirlo esta noche haciéndolo pasar por el que encargó a Madrid, tiene que darme...
VICENTA. ¿Cuánto? 540
MARÍA. (_Con energía._) No mañana, mañana no, esta noche misma, ahora, corra usted a su casa, que está bien cerca, dos pasos, y tráigame... cuatrocientos duros.
VICENTA. (_Confusa, sin saber qué hacer._) Pero... verá usted... el caso es que esta noche... Naturalmente, 545 no voy a decirle a Nicolás... Quizás se opondría.
MARÍA. Pues entonces, no hay trato.
VICENTA. Mañana, amiga mía... ma...
MARÍA. (_Cortándole el concepto._) No hay amiguitas, ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso. ¿No sabe 550 usted que soy de bronce?
VICENTA. Ya lo veo, ya... Pero... No sé cómo arreglarlo... (_Con una idea salvadora._) ¡Ah! Si usted se aviene a recibir esta noche la mitad, un poquito menos... Sin enterar a Nicolás ni a nadie, puedo disponer ahora 555 mismo de unas novecientas pesetas.
MARÍA. Acepto, siempre que usted me dé formal promesa de entregarme el resto antes de las veinticuatro horas... mil cien pesetas.
VICENTA. Justas y cabales. Pero no perdamos tiempo... 560 Corro a casa... Nicolás, a quien dije que iríamos juntas, ya está allá. Luego le diré: «¿no sabes? llegó el vestido...» Y mañana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... tardaré tres minutos... Que cuando yo venga, esté usted despojada... ¿Subiré a su casa? 565
MARÍA. No: espéreme aquí. (_Se quita el abrigo y sombrero._)
VICENTA. A prisita, a prisita, para que yo tenga tiempo... (_Vase corriendo por el patio._)
ESCENA V
MARÍA, CIRILA; después DON PEDRO, dentro.
CIRILA. (_Deteniendo a María que se dirige a la escalera, 570 llevando en la mano sombrero y abrigo._) No subas: tu papá, inquieto y desvelado, con el torbellino de sus ilusiones, no hace más que pasear por toda la casa, y a ratos sale a la galería alta.
MARÍA. (_Indicando la glorieta, junto a la escalera._) 575 Pues aquí mismo. (_Entrega a Cirila el abrigo, el sombrero._) Sube corriendo y traeme un _peignoir_. Si te preguntan... di... cualquier cosa, que lo piden la Alcaldesa y su hermana para modelo.
CIRILA. Voy. (_Presurosa sube a la casa._) 580
MARÍA. (_Sola desabrochándose._) ¡Qué agradecida estoy a ese hombre! Su negativa me ha puesto en el verdadero camino. (_Óyese la voz de Don Pedro, que en la galería alta llama._)
DON PEDRO. ¡Cirila, Cirila! 585
MARÍA. (_Con voz muy queda, gozosa._) Señor Marqués, señor papaíto, ya tenemos dinero.
DON PEDRO. ¿Pero dónde se mete esa...?
MARÍA. Y sin pedir nada a nadie.
CIRILA. (_Baja rápidamente con la prenda pedida._) 590 Aquí está. (_Señalando la galería alta hacia el fondo._) Ya se ha cansado de llamar; ya se va.
MARÍA. (_Cogiendo el peignoir._) Dáme. _(A Cirila que fija la vista en la reja y puerta de la casa de León._) ¿Qué miras? 595
CIRILA. Parecióme ver los ojos del hombre negro acechando tras de la reja.
MARÍA. Ilusión tuya. (_Entra en la glorieta. Cirila le desabrocha el vestido._) Nadie más que tú verá el nacimiento de la mujer nueva. (_Gozosa._) Cirila, abrázame. 600
CIRILA. ¿Estás contenta?
MARÍA. ¿No lo ves?... ¿No notas tú que el mundo todo se ha transformado? No, tú no lo notarás.
CIRILA. Es tu alegría.
MARÍA. No: es el mundo que me sonríe y me dice: 605 «Soy muy grande. Estoy lleno de tesoros... Ven, toma para ti lo que encuentres, que no sea de los demás. Recoge todo, recoge los átomos...»
CIRILA. Vaya, no delires tú ahora. (_Ayudándola a cambiar de ropa._) 610
MARÍA. (_En la glorieta habrá un trozo de follaje, tras el cual se oculta María al desprenderse de la falda y cuerpo._) Es la sociedad que me dice: «Mírame: no soy toda egoísmo, no soy toda vanidad y mentiras. Estoy llena de virtudes: búscalas, y en ellas encontrarás la vida.» 615
CIRILA. Es tu ilusión de sustentar a la familia.
MARÍA. Es Dios que me dice: «Soy la voluntad que hizo el mundo. A ti te di la existencia, y por redimirte sufrí martirio. Adórame Redentor y mártir... Adórame también Creador.» (_Vuelve Vicenta presurosa por el 620 fondo. Busca a María en el sitio donde la dejó. De la glorieta sale María completamente transformada._)
ESCENA VI
MARÍA, VICENTA, CIRILA.
CIRILA. Aquí, señora.
VICENTA. (_Llega junto a María y le entrega los billetes._) Aquí está. Cuéntelo... 625
MARÍA. (_Toma los billetes sin mirarlos._) Gracias, amiga mía.
VICENTA. ¿Y cómo no ha subido usted?...
MARÍA. No conviene que se enteren. No pierda usted tiempo, Vicenta. 630
VICENTA. (_Muy impaciente._) Sí: me vestiré al instante. (_Recoge la ropa._)
MARÍA. (_Coge la mano de Vicenta y la retiene entre las suyas._) Ahora, júreme por la salud de sus hijos que me dará lo restante... 635
VICENTA. Antes de las veinticuatro horas.
MARÍA. Júreme también que me guardará el secreto.
VICENTA. Mi marido y mi hermana tienen que saberlo.
MARÍA. Pero nadie más... Júremelo.
VICENTA. Nadie más. Por la salud de mis hijos. 640
MARÍA. Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo?
CIRILA. Cuerpo, falda... (_Le va entregando todo._)
MARÍA. Sombrero, abrigo...
VICENTA. (_Recogiendo todo cuidadosamente._) Está bien. 645
MARÍA. Estará usted...
VICENTA. (_Con entusiasmo._) ¡Oh, elegantísima! Adiós. Hasta mañana. (_Vase corriendo._)
CIRILA. (_Después de mirar por la escalera._) Podemos subir. Tu papá se ha retirado. Nos meteremos en mi 650 cuarto.
MARÍA. Sí. (_Contemplando los billetes._) Dinero de mi pobreza, ya estamos aquí frente a frente tú y yo... ¿Qué quieres decirme al venir a mí? Que desde que te inventaron los hombres eres muy malo, y que por malo 655 te han puesto innumerables motes injuriosos... que revuelves todo el mundo y originas infinitos desastres... ¡Ah! ya veremos eso... Conmigo no juegas. ¡No sabes tú en qué manos has venido a parar!... ¿Serás bueno, eh?... Seremos amigos. (_Los besa y los guarda en el 660 seno._)
CIRILA. Vámonos ya.
MARÍA. Un momento. (_En el centro de la escena, vuelta hacia la casa de León._) ¡Maestro...!
CIRILA. No responde... No hay nadie. 665
MARÍA. Hablo con su espíritu, mujer. (_Alzando más la voz y mirando siempre a la izquierda._) Ya no soy aquélla... soy otra.
CIRILA. (_Asustada._) Cállate, niña mía...
MARÍA. No puedo. Déjame expresar mi alegría, mi 670 gratitud... Maestro, buenas noches. (_Dirígese a la escalera con paso ligero._)
ACTO TERCERO
Sala baja en el palacio de Alto-Rey. En el fondo dos grandes rejas por las cuales se ve un patio con árboles separado de la calle por un muro bajo o empalizada. A la izquierda, puerta por donde entran los que vienen de la calle. A la derecha, puerta grande que comunica con el interior.--Mesa grande a la derecha, con cajón practicable; a la izquierda otra mesa sobre la cual hay piezas de puntilla y cajas de flores artificiales, pasamanería. Parte de estos objetos están a la vista, fuera de las cajas. Debajo de la mesa, más cajas. En el fondo grandes armarios antiguos, con puertas de nogal. En el ángulo de la derecha un perchero con ropa de María. Ésta, junto a la mesa de la derecha, de perfil al público, toma nota de existencias. Viste con elegante sencillez; se cubre con un largo delantal. Cirila está mirando a la calle por la reja. Óyese lejano rumor de panderetas y cantos populares.
ESCENA PRIMERA
MARÍA, CIRILA.
MARÍA. ¿Pero qué bulla es esa?
CIRILA. Primer día de ferias. El pueblo quiere divertirse. (_Dirígese a la mesa de la izquierda._)
MARÍA. Sigamos. De puntillas quedan... dos cajas...
CIRILA. (_Contando piezas de puntilla._) Dos, y estas 5 cuatro piezas.
MARÍA. Lástima no haber traído más.
CIRILA. Inspirada fue tu invención de esta granjería. Los tenderos de aquí traían un género anticuado, carísimo, y más falso que Judas... y tú, pidiéndolo directamente a 10 la fábrica y contentándote con una ganancia corta...
MARÍA. (_Atenta a sus notas._) Doscientas doce. (_Hace su apuntación en pie._)
CIRILA. (_Suspendiendo el trabajo._) ¿Sabes, mi ángel, que es una maravilla lo que has hecho? En poco más 15 de dos meses...
MARÍA. Dos meses y algunos días desde aquella noche... Parece que fue ayer...
CIRILA. Cuando le vendiste a doña Vicenta tu ropa... ¡Ay, de rodillas debiera adorarte la familia! Mira que... 20 Imposible parece...
MARÍA. Vamos, Cirila, no te entretengas. Si no me ayudas, tendré que volver a ponerte en la cocina. (_Pasa a la mesa de la derecha._)
CIRILA. ¡Ay! no, no: déjame aquí. (_Vuelve a su 25 trabajo._) Por cierto que con la nueva cocinera están muy contentos los señores. Tu papá la llama _el jefe_. Esta mañana, a más del _rosbif_, ha traído Bernarda unas aves riquísimas, pavipollos que parecen bolas de manteca... un jamón de York... pasas de Corinto para hacer _plum 30 pudding_... té superior... _foie-gras_... y vino blanco, de ese que llaman _Chablis_... (_Pasa a la derecha._) ¿Pero no sabes, bobita? (_Con misterio._) Quieren convidar a comer al señor de Corral.
MARÍA. (_Vivamente._) ¡A ese gaznápiro insufrible! 35 ¡Vaya que es gana de contrariarme! Sabiendo mi antipatía, mi repugnancia.
ESCENA II
Las mismas; MENGA. Mozuela del pueblo, vendedora en la plaza. Viste pobremente; trae al brazo un gran cesto con sus variadas mercancías; en la mano un palo tarja. Su hablar es áspero y descarado.
MENGA. (_Por la izquierda._) ¿Ha lugar, muesama?
MARÍA. Adelante, Menga.
MENGA. Si quié que ajustemos la cuenta... (_Saca 40 un bolsón mugriento._)
MARÍA. Vamos allá. (_Se sienta. Saca del cajón de la mesa una cestilla con dinero y un papel._)
MENGA. Léame la apuntación, a ver si hay conformidá. 45
MARÍA. Tienes que darme: pesetas...
MENGA. (_Vivamente._) ¡Noramala con las pesetas! ¡Cuénteme por benditos riales!
MARÍA. Pues cuatrocientos ochenta reales. Bien clarito está. 50
MENGA. No, muesama.
MARÍA. ¿Que no? Pues haz tú la cuenta.
MENGA. Cuenta clara. (_Mirando el palo en que tiene hecha la cuenta por cortaduras a navaja._) Sesenta piezas. 55
MARÍA. Sesenta piezas.
MENGA. A siete y medio. Pus son: cuarenta dieces, más cuatro cincos, que hacen veinte, más sesenta medios riales. Esto sí que es claro.
MARÍA. A ver. (_Mirando la tarja._) Ya... es que 60 tú te descuentas tu corretaje...
MENGA. ¡Pus no!
MARÍA. ¡Pero si del corretaje te llevo yo cuenta aparte! (_Saca otro papel._) Toma: treinta reales. (_Se los da._) 65
MENGA. (_Coge su dinero. Saca del bolsón billetes y plata._) Cuentas claras: cuarenta y cinco dieces, más seis cincos... Ahí tiene... Ahora déme (_Sacando cuenta mental, ayudada de los dedos._) veinte piezas, y otras veinte, y cinco más. 70
CIRILA. Cuarenta y cinco. Toma. (_Se las va contando._)
MENGA. Las aldeanas no quién otra cosa. Yo les digo que to l' señorío de Madril lo gasta, la Reina mesmamente en sus camisolines... y que lo train de unas 75 fráicas nuevas de las Alemañas, o del quinto infierno.
MARÍA. No te quejarás, Menga: bien te doy a ganar.
MENGA. No hay queja, muesama. Pero vea: siete bocas tengo que tapar: mi madre, mi güela de padre, mi güelo de madre, y cuatro sobrinos mocosos, tamaños 80 así.
MARÍA. Pero tú ganas mucho. Eres gran comercianta.
CIRILA. Pues no llevas aquí poco material. (_Mirando el contenido del cesto._)
MARÍA. ¿Qué vendes, a más de la puntilla? 85
MENGA. (_Mostrando sus mercancías._) Poca cosa: vendo cangrejos, peines, cuerdas de guitarra, aleluyas para los chicos, y velas para los difuntos.
CIRILA. ¡Ay, qué allegadora!
MARÍA. Dios la protegerá. (_Entra Vicenta por la 90 izquierda._)
ESCENA III
Las mismas, VICENTA.
VICENTA. ¡Queridísima...!
MARÍA. ¡Oh, Vicenta...! (_Se levanta. Alegre va a su encuentro._) ¿Qué hay, qué noticias me trae?
VICENTA. (_Con entusiasmo._) Hija, las flores y pájaros 95 para adorno de sombreros han tenido una aceptación colosal. ¡Qué feliz idea! No llegaban acá más que porquerías anticuadas... Me ha dicho Josefita que se queda con todo, y que le mande usted la factura.
MARÍA. Bien. (_Destapa cajas y le muestra más flores 100 y otros objetos._) Tengo más, mucho más... Mire, mire: aquí más flores... pájaros lindísimos... Aquí cascos de paja... ¡Vea usted qué cosa más elegante!
VICENTA. (_Con grande admiración._) ¡Oh, qué maravilla! 105
MARÍA. (_Sigue mostrando._) Vea la encajería para adorno de vestidos.
MENGA. (_Acercándose con Cirila y admirando aquellos primores._) Miá, miá, lo que trujo pa las señoras de acá... ¡Hale con ellas, muesama, y engáñelas y sáqueles la 110 enjundia, que son bien ricachonas!
VICENTA. Ha tenido el talento de adivinar los adelantos de esta villa...
MENGA. ¡Qué no discurrirá ésta, si tié los dimonios en el cuerpo! 115
CIRILA. Los ángeles tiene, que no demonios, bruta.
MENGA. Lo mesmo da... que hay dimonios del Cielo.
CIRILA. ¡Jesús, qué blasfemia!
MENGA. O angelicos de los infiernos... Dígolo porque 120 ésta paiz un dimonio, y es, como quien dice, santa... Ea, dame lo mío.
CIRILA. (_La va cargando de piezas._) Santa es: no lo sabes tú bien.
MENGA. (_Acomodando su carga en el cesto y en la 125 cabeza._) Echa más... ¡Arre ahora!
MARÍA. ¡Adiós Menga, ricachona!
MENGA. (_Abrumada con su carga._) Adiós, Santa Mariucha. (_Vase por la izquierda._)
MARÍA. (_A Cirila._) No te necesito por ahora. Acompaña 130 un ratito a mamá. (_Vase Cirila por la derecha._)
ESCENA IV
MARÍA, VICENTA.
VICENTA. Josefita colocará desde luego parte de estos primores. Ha estado usted felicísima. Agramante será dentro de poco un pequeño Madrid. Como dice Nicolás, la ola del lujo avanza, avanza... 135
MARÍA. Tendrá Josefita muchos encargos.
VICENTA. Como que se verá muy mal para poder cumplir. Ya sabe usted que para la inauguración del nuevo teatro tendremos aquí la compañía del Español. Nos abonaremos... todo el señorío. 140
MARÍA. Y venga lujo, vengan flores y encajes... y sombreros grandísimos, que son lo más propio para teatro.
VICENTA. Lo más elegante.
MARÍA. Así da gusto ver las butacas, hechas un bosque 145 de plumas.
VICENTA. En nuestro lindo coliseo, desplegará la aristocracia agramantina un lujo... (_Sin recordar el adjetivo._) ¿Cómo se llama al lujo?... ¡Ah! inusitado. 150
MARÍA. ¡Bien por Agramante!
VICENTA. Y ahora, otra cosa. (_Se sienta frente a ella._) Y esto que voy a decirle, querida mía, es un tantico desagradable...
MARÍA. (_Alarmada._) ¿Qué, Vicenta? 155
VICENTA. No, María, no es para asustarse... Soy su mejor amiga; me intereso mucho por usted, y quiero prevenirla de ciertos rumores...
MARÍA. (_Serena._) ¿A ver, a ver?... ¿Qué dicen de mí? 160
VICENTA. Naturalmente, todo el mundo encuentra muy extraordinario, encuentra inverosímil que una mujer sola pueda...
MARÍA. ¿Levantar del suelo a una familia, sostenerla en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con el milagro! 165 ¿Y de esto se asombran?
VICENTA. Se asustan, se escandalizan. Este compra-y-vende de una señorita noble, hija de Marqueses, no está en nuestras costumbres.
MARÍA. Ni ello les cabe en la cabeza a estas mujercitas 170 encogidas y para poco... Como si lo estuviera oyendo, Vicenta... dirán que una mujer no puede ganar dinero...
VICENTA. Honradamente. Se lo digo a usted con toda esa crudeza, para, que se indigne. 175
MARÍA. No, amiga mía: si no me indigno.
VICENTA. ¡Y se queda tan fresca!
MARÍA. Cuando me determiné a sacar a mis padres de la miseria, por los medios que usted conoce, ya conté con que me habían de tomar por loca, o por otra cosa 180 peor... y fortifiqué mi alma contra esos ataques... que no podían faltar.
VICENTA. ¿De modo que usted no teme...?
MARÍA. ¿A lo que llaman la opinión, a la falsa crítica, a la mentira maliciosa? No la temo. Todo es pura 185 espuma, y yo soy roca.
VICENTA. Dios la conserve a usted en esa fortaleza y serenidad.
MARÍA. Con ellas me va muy bien: nadie viene a turbarme... 190
VICENTA. ¿Nadie? (_Picaresca._) Eso no es verdad; que por ser usted mujer de tanto mérito, no le falta el asedio de pretendientes, alguno tan enfadoso como el pobre Corral...
MARÍA. ¡Mentecato como ése! 195
VICENTA. Loco está por usted, y a los desdenes responde con mayor exaltación... La verdad: yo, en el caso y en las circunstancias de usted...
MARÍA. (_Imponiéndole silencio._) No siga, Vicenta, se lo suplico... y hablemos de otra cosa. (_Transición 200 rápida a las ideas alegres._) Hablemos de esto, de mi lindo comercio. ¿Sabe usted que tengo que ver a Josefita y acordar con ella plazos, precios...?
VICENTA. Iremos juntas. Yo también tengo que verla. ¿Vámonos ahora? 205
MARÍA. Dentro de un rato, si le parece bien.
VICENTA. (_En actitud de despedirse._) Viene usted a mi casa, o llama desde el balcón... (_Recordando._) ¡Ah!... Otra cosa: ya decía yo que se me olvidaba lo más importante... Esta tarde empiezan las fiestas de 210 la Virgen de las Mieses... Es la locura de Agramante. Mañana y pasado, gran baile popular en el campo que rodea el Santuario, al pie del monte. Es costumbre de las señoras principales, en días tan alegres, sacar de las arcas los mantones de Manila. 215
MARÍA. ¿Y bailan?
VICENTA. Baila sólo el pueblo. Nosotras organizamos meriendas, paseamos en el bosque, nos reunimos las amigas, formamos corros...
MARÍA. ¡Oh, sí!... Un rato de expansión, al aire 220 libre, entre personas amables, me agradará mucho...
VICENTA. Pues allá nos vamos. Yo tengo mantones...
ESCENA V
MARÍA, VICENTA; LEÓN, por la izquierda.
LEÓN. (_En la puerta, gozoso, gallardo, descubriéndose._) Saludo a María, estrella de la mañana, torre de marfil, asiento de la sabiduría. 225
MARÍA. _Ora pro nobis._ (_Riendo._) ¡Cómo viene hoy! (_Ocupa su sitio en la mesa._)
VICENTA. (_Aparte._) ¡Jesús, qué saludos tan poéticos usa este hombre carbonífero!
LEÓN. Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (_A María._) 230 Hoy, más que ningún día, anhelaba yo venir a tomar sus órdenes.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Y entra aquí como en su casa! Pues yo no me voy sin enterarme... (_Retirándose a la izquierda._) 235
MARÍA. No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que hablemos León y yo puede usted oírlo.
LEÓN. Tratamos de negocios. (_Saca una voluminosa cartera y la pone en la mesa._) Señora Alcaldesa, acérquese usted. Aquí no hay secreto, porque los arrebatos 240 de mi admiración por esta señorita sin par, de nadie los recato... quiero que sean públicos.
VICENTA. Y lo serán... Ya empiezan a serlo.
MARÍA. Vaya, vaya, tenga juicio.
VICENTA. (_Maliciosa._) Creo haber oído... que 245 María debe a usted sus conocimientos mercantiles.
LEÓN. No merezco el honor de llamarme su maestro. Si esto se dice, será porque algún ejemplo de mi azarosa vida le sirvió de lección saludable. De aquellos ejemplos ha sacado su ciencia; de su ciencia, sus triunfos y la 250 reparación de su casa y familia.
VICENTA. ¿Es cierto, amiga mía?
MARÍA. Cierto será cuando él lo dice, Vicenta.
VICENTA. Bien. (_A León con picardía._) Sabe mucho su alumna. 255
LEÓN. ¡Que si sabe! (_Observando a María, que sonríe._) Vea usted esos ojos, que penetran en toda la realidad humana.
VICENTA. ¡Los ojos!... Ésa es la ciencia que a usted le fascina, señor mío. 260
MARÍA. No le haga usted caso, Vicenta. Hoy le desconozco: el hombre más aplomado y más sereno del mundo, se nos presenta como un cadete sin juicio... ¿Qué le pasa a usted hoy?
LEÓN. Me pasa... Pues verá usted: hoy he despertado 265 con una idea luminosa, que repentinamente brotó en mí como una inspiración. Pensé...
MARÍA. (_Con gran interés, levantándose y pasando al centro._) ¿A ver, qué ha pensado el hombre?
LEÓN. Muy sencillo... Pienso... como si Dios murmurara 270 en mi alma... pienso que después de tanto penar, después del largo espacio de soledad y afanes en mi trabajosa vida, ya merezco el descanso, la alegría. Acábese mi Purgatorio y denme el Cielo, que ya tengo bien ganado. 275
VICENTA. ¿Y quién es usted para decir y afirmar que lo merece ya?
MARÍA. Eso sólo Dios lo decide.
LEÓN. Pues... a eso voy. Creo que Dios ha decidido mi indulto. 280
MARÍA. ¿En qué se funda para creerlo así?
LEÓN. En que... hoy, hoy ha dispuesto Dios... algo que estimula mis esperanzas. Y al hacerlo así, me ha dicho...
VICENTA. ¿Dios?... ¿Pero habla Dios con los 285 comerciantes?
LEÓN. Alguna vez... Pues me ha dicho... «Pobre alma, acábese tu suplicio... ven... llama a la puerta de mi Cielo... No faltará un ángel que te abra...»
VICENTA. ¿Y ha llamado usted? 290
LEÓN. Voy a llamar.
VICENTA. (_Aparte._) Sin duda estorbo para el llamamiento... Pero aquí me planto.
MARÍA. (_Queriendo variar de conversación._) En fin, loquinario, ¿viene usted o no a que pongamos en orden 295 nuestras cuentas?
LEÓN. No... Digo, sí... vengo a eso... y a otra cosa. Empecemos por las cuentas.
VICENTA. (_Apartándose._) ¡Ay, ay, ay! Estas cuentecitas... me parece a mí que es el diablo quien las 300 arregla.
LEÓN. (_Saca de su cartera un papel._) Liquidación de azulejos.
VICENTA. ¿Qué, también vende alfarería? En el nombre del Padre... 305
LEÓN. Alfarería y cerámica superior. ¿A qué ese asombro? Mi discípula pidió a Sevilla dos partidas de azulejos: la una superior, con reflejos metálicos... la otra ordinaria. A mí me dio el encargo de colocarlas... ¿Pero no ha visto usted el zócalo del nuevo salón del 310 Ayuntamiento?
VICENTA. Y los portales de las casas nuevas... sí.
LEÓN. (_A María._) La clase superior se ha vendido ya totalmente. La otra ya irá saliendo. Liquidaremos las dos... 315
MARÍA. No: liquidemos sólo la partida realizada.
VICENTA. (_Aparte._) Estas partiditas y estas liquidacioncitas... ¡ay! (_Suspira._)
LEÓN. (_Saca billetes de su cartera._) Son ochocientas treinta y dos... Rebajadas las letras de Aguiló Hermanos, 320 Pasamanería, que pagué, resultan...
MARÍA. (_Después de hacer rápida cuenta._) No tiene usted que darme más que cuatrocientas catorce, con diez céntimos.
LEÓN. Hija, no: seiscientas veintiocho. 325
MARÍA. ¿Y su comisión, no la descuenta?
LEÓN. Deje usted. Otra vez será.
MARÍA. No, no. ¡Lucido está el maestro! ¡Vaya un ejemplo que me da!... No hacemos más tratos si no descuenta ahora mismo... 330
LEÓN. Bueno, bueno: no riña. (_Contando._) Cuatrocientas catorce... No discuto con usted ninguna de las formalidades mercantiles, y tomo lo que, según convenio, me corresponde. Esto no quita para que esté dispuesto ahora y siempre a dar a usted mi hacienda toda, mi vida, 335 y mil vidas si mil tuviera.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Ay, Dios mío, esto está perdido!
MARÍA. Pues con esto, unido a lo que me trajo usted ayer por las vajillas de porcelana superior y la cristalería 340 de Bohemia (_Contando en la cesta del dinero_)... y otras cosillas, tengo en mi caja más de dos mil pesetas... Verdad que hay aquí un ingreso... (_Picaresca._)
LEÓN. ¿De qué?
MARÍA. ¡Curiosón!... Esto es una partida secreta... 345 un dinerito que me ha caído del Cielo. No puedo decir más.
VICENTA. (_Aparte maliciosa._) ¡Qué cielo será ése, Señor, de donde caen estos dineritos!
MARÍA. Bueno, bueno. Pues lo que debo a usted 350 sigo pagándolo en partiditas... Abóneme otras trescientas pesetas. (_Se las pone delante._)
LEÓN. ¿De veras no las necesita? Antes que los principios, está la conveniencia de usted.
MARÍA. (_Insistiendo._) No, hijo: cuando digo que... 355
VICENTA. (_Aparte._) ¡También le presta dinero!
LEÓN. (_A Vicenta._) Estos son negocios, esto es ley y mutuo auxilio comercial, señora Alcaldesa.
MARÍA. Llevamos nuestras cuentas con todo rigor.
LEÓN. Aquí no hay engaño ni misterio. Señora mía, 360 está usted en la casa de la sinceridad, de la honradez más pura.
VICENTA. Sí, sí... Pero estos tratos y combinaciones...
LEÓN. (_Con brío._) A gritos los digo yo en medio de 365 la calle. Y puesto a descubrir mi alma, gritaré también que quiero a María, que la quiero con amistad, con respeto, con amor: la trinidad del querer...
MARÍA. (_Riendo._) ¡Qué sutil y qué hiperbólico, Dios mío! 370
VICENTA. ¿Pasión tenemos?... Ya dije yo...
LEÓN. Culto fervoroso que no quiere ni debe ocultarse.
MARÍA. Basta ya... Cállese la boca. Sea usted discreto. 375
LEÓN. No puedo callar. La realidad presente me ordena la indiscreción.
MARÍA. (_Confusa, turbada._) ¿Qué realidad es ésa que ayer no existía y hoy sí?
LEÓN. Ha llegado la ocasión de que todos los buenos 380 afrontemos la verdad de la vida, y despreciemos todo artificio por imponente que sea.
MARÍA. (_Con gran confusión._) ¿Qué dice?... ¿qué pasa?
LEÓN. Cualquier suceso inesperado abre a la voluntad 385 humana caminos nuevos.
VICENTA. Ya, ya. (_Con pretensiones de agudeza._) Crisis comercial... ¿no es eso?
LEÓN. Sí, señora... crisis.
MARÍA. ¿Crisis en el comercio de usted o en el mío? 390
LEÓN. En los dos... No, no: en el de usted.
VICENTA. Subida inesperada en el precio de los artículos.
LEÓN. Sí... Artículo hay que ha estado por los suelos, y ahora sube, sube... 395
MARÍA. No entiendo...
VICENTA. Y vendrá la quiebra.
LEÓN. Para impedir la ruina de mi amiga, le propongo mi apoyo comercial.
MARÍA. ¿Cómo? 400
VICENTA. Es muy sencillo... asociándose...
LEÓN. Propongo un negocio comanditario... sobre nuevas bases... Formulado lo traigo aquí. (_Saca de su cartera un pliego sellado._)
MARÍA. (_Con gran curiosidad, tomándolo._) A ver, a 405 ver... (_Trata de abrirlo._)
LEÓN. No, no: la índole delicada de este nuevo negocio exige que usted no se entere de él hasta que pueda consagrarle toda su atención... en la soledad.
VICENTA. Ya... estorbo. 410
MARÍA. No. (_Persistiendo en su confusión._) ¡Si no es amor, Vicenta: es...!
VICENTA. ¿Que no? Abra usted y lea.
LEÓN. Ahora no.
VICENTA. ¡Si bien claro lo dijo antes! Huido del 415 Purgatorio, se atreve a llamar a las puertas del Cielo.
LEÓN. He llamado, sí... ¡y con alma!
VICENTA. Me parece que no le abrirán, señor mío. (_Mira alternativamente a León y a María. Pausa. María mira al suelo, a León; mira la carta. Con los ojos expresa 420 todo: alegría, expectación, miedo de dar a conocer sus sentimientos ante su amiga._)
LEÓN. (_Que ha recogido rápidamente su cartera y sombrero._) Si no me abren, si soy despedido, volveré al lugar de suplicio y expiación. Sé padecer; conozco el 425 dolor; viviré recogido y encerrado en el desconsuelo infinito... sin que por eso flaquee mi fe cristiana. Siempre diré: Dios en las alturas, María en la tierra. María es la paz; María es la esperanza, la flor y el fruto de todo bien... (_Se retira hacia la izquierda._) He llamado y 430 espero. (_Hace ligera reverencia y se va. María le sigue con la mirada. Permanece absorta._)
ESCENA VI
MARÍA, VICENTA; después CIRILA.
VICENTA. (_Mirándola con severidad._) Lea usted... lea para sí. Hágase cuenta de que está sola.
MARÍA. (_Vencida de la curiosidad, rasga el sobre; 435 desdobla con febril mano el papel, y lee rápidamente._) «En previsión de una crisis próxima...» ¿Ve usted? no es nada. Cosa de política, de comercio...
VICENTA. Amiga querida, estoy asustada. Preveo cosas muy graves. 440
MARÍA. ¿Por qué?
VICENTA. Ya sabe usted cuánto la quiero. Lo que he visto y oído aquí paréceme un principio de grandes desastres.
MARÍA. (_Abrasada de curiosidad, vuelve a desdoblar la 445 carta._) Permítame un instante. (_Lee para sí._) «Crisis de familia...» (_Se interrumpe al oír la voz de Cirila; vuelve a replegar la carta._)
CIRILA. (_Entrando por la derecha._) Los señores Marqueses bajan ahora. 450
VICENTA. Yo me voy. (_Retrocede._) Hemos quedado en ir juntas a la romería. Vendrán conmigo las de González. Por Dios, María, que no se arrime a usted ese hombre, que no caiga en la estúpida presunción de acompañarla. 455
MARÍA. (_Sin oír lo que dice._) Bien... sí... Hasta luego, amiga mía.
VICENTA. Adiós.
MARÍA. (_En cuanto la ve salir, lee rápidamente saltando de una carilla a otra._) «Este inmenso amor mío, 460 hijo de la adversidad, tiene de su madre la firmeza y la esperanza...»
CIRILA. (_Mirando por la derecha._) Ya vienen...
MARÍA. (_Lee saltando._) «Soy incandescente. Ardo: no me consumo. Siempre espero. (_Saltando._)... alma 465 superior, fuerte... La vida armónica... eficaz. (_Repliega la carta y la esconde al sentir la voz de su padre._)
ESCENA VII
MARÍA, CIRILA, DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL.
DON PEDRO. Hijita del alma, los ratos que nos roban tus quehaceres nos parecen siglos.
FILOMENA. Y siglos de tristeza, porque debemos 470 decirte...
DON RAFAEL. ¿Qué?... ¿Ya empiezan a reñirla?
DON PEDRO. ¿Quién habla de reñir? Adorada Mariucha, tus ideas de mujer entendida y laboriosa han sido el remedio de nuestra desdicha. Pero... 475
FILOMENA. Te agradecemos en el alma lo primero que hiciste por nosotros...
DON PEDRO. La venta de tu ropa de lujo nos pareció un rasgo de cariño filial. Lo demás...
MARÍA. ¿Lo demás, qué...? 480
DON RAFAEL. Lo diré yo. Es que no pueden habituarse... cuestión de sangre, de nacimiento... no se acomodan a estos menesteres mercantiles.
MARÍA. Bah, bah. (_Acariciándoles._) Por Dios, queridos papás, reflexionad en lo que consumimos; y si 485 habéis pensado mejor arbitrio para vivir decorosamente, decídmelo... Pero ahora no. (_Impaciente._) Estoy de prisa.
FILOMENA. ¿Tienes que salir?
MARÍA. Voy con Vicenta a casa de Josefita. 490
DON PEDRO. Ya... Pues vete, vete.
FILOMENA. ¿Volverás pronto?
MARÍA. (_En el ángulo de la derecha, quitándose el delantal._) En seguida... Dime, papaíto: de las remesas de esperanzas que te hace mi hermano, ¿ha resultado 495 algo positivo?
DON PEDRO. (_Con tristeza._) Nada, hija mía.
MARÍA. Ya ves que ni le han hecho diputado, ni le ha salido aquel negocio, ni nada...
FILOMENA. Pero en su última carta nos dice, con 500 cierto misterio, que no tardarán en despejarse los horizontes.
MARÍA. (_Arreglándose._) No os fiéis de horizontes, ni de las nubes esperéis nada bueno. Miradme a mí, que quiero ser vuestro cielo, y más aun vuestra tierra. Dejadme 505 que os gobierne, que os cuide, que os alimente... Sed modestos, sencillos, y no soñéis con grandezas alcanzadas por arte de magia. (_Vuelve al centro ya vestida, el sombrero en la mano._) Mil veces os lo he dicho y hoy os lo repito. El noble arruinado no debe obstinarse en 510 aparentar la posición perdida. Hágase cuenta de que se ha caído de la altura social, y al caer... naturalmente... cae en el pueblo... en el pueblo de donde todo sale y a donde todo vuelve.
DON PEDRO. ¿Pueblo nosotros?... _Shocking._ 515
MARÍA. (_Expresión de incredulidad y burla en el Marqués y Filomena._) ¿No lo creéis, dudáis?... Pues no dudéis nunca del amor ni de la abnegación de vuestra hija.
FILOMENA. (_Poniéndole el sombrero._) Sí, sí... No 520 dudamos... Pero no te detengas, hija.
DON PEDRO. (_Deseando que salga._) Lo primero tus asuntos.
MARÍA. No tardaré. (_Indica a Cirila las cajas que ha de llevar._) 525
DON RAFAEL. (_Aparte a María, junto a la puerta._) ¿Volverá usted pronto?
MARÍA. (_Aparte a don Rafael, con vivo afán._) Sí: espéreme usted aquí, don Rafael. Tengo que hablarle.
DON RAFAEL. ¿Cosa de importancia? 530
MARÍA. De inmensa importancia y gravedad.
DON RAFAEL. Aquí estaré. (_Sale María, seguida de Cirila con cajas._)
ESCENA VIII
DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL.
DON PEDRO. (_Esperando que se aleje._) Ahora, aprovechando su ausencia... (_A Filomena, que se asoma a 535 la puerta._) ¿Está lejos?
FILOMENA. Ya están en la calle... Registremos todo. (_Dirígense los dos a la mesa de escribir._)
DON RAFAEL. ¿Pero qué hacen?
DON PEDRO. (_Probando a abrir el cajón de la 540 mesa._) Veamos si se encuentra aquí la clave de este misterio.
FILOMENA. (_Dándole un manojito de llaves._) Prueba con estas llaves.
DON RAFAEL. Pero, señor Marqués... 545
DON PEDRO. Alguna habrá que sirva. (_Probando llaves._) Ésta no va... probemos otra.
DON RAFAEL. Permítanme que les diga...
DON PEDRO. Sí: que es cosa fea esta violación de cerraduras... 550
FILOMENA. Pero se trata de un ser adorado...
DON PEDRO. Que no queremos que se nos extravíe.
FILOMENA. Nos encontramos frente a un tremendo enigma...
DON PEDRO. (_Probando otra llave._) A ver ésta... 555 Señor don Rafael, el enigma es éste: ¿cómo se puede atender a las necesidades de esta familia, y pagar el colegio de los niños, vendiendo flores de trapo y jugando a las tiendas?
DON RAFAEL. Puede ser, cuando ella lo hace. 560
DON PEDRO. Pero de veras, don Rafael, ¿usted no duda?
FILOMENA. ¿No sospecha...?
DON RAFAEL. (_Con energía._) Ni sospecho ni dudo. Yo creo en María. 565
DON PEDRO. (_Lanzando una exclamación de alegría al sentir que se abre la cerradura._) ¡Ah! (_Tira del cajón._)
FILOMENA. ¡Abierto! (_Se aproxima con viva curiosidad._)
DON PEDRO. Venga usted, señor Cura, y examine... 570
DON RAFAEL. (_Alejándose._) Yo no: soy confesor; pero no abro las conciencias con llave falsa.
FILOMENA. (_Dando prisa a don Pedro._) Registra pronto, por si vuelve.
DON PEDRO. (_Sacando con gran respeto la cestilla 575 del dinero._) ¡Santa Bárbara, cuánto dinero! (_Se asombra de su contenido._)
FILOMENA. (_Mirando el dinero sin contarlo._) Pasa de quinientas pesetas...
DON PEDRO. (_Contando a la ligera._) Doscientas... 580 cuatro... seis... Y también mil... (_Más asombrado._) ¡Y también dos mil!... Y aquí un sobre que contiene billetes. A ver, ¿qué dice aquí? (_Lee el sobre._) «Dinero del Cielo.»
DON RAFAEL. (_Aparte._) ¡Ahora es ella! 585
DON PEDRO. Tanto dinero me pone en gran confusión.
FILOMENA. Y a mí.
DON RAFAEL. A mí no. Dios ha favorecido a la niña en sus negocios.
DON PEDRO. La legítima ganancia no puede ser tan 590 grande.
FILOMENA. No nos hará creer don Rafael que Dios multiplica los billetes de Banco.
DON RAFAEL. ¿No multiplicó los panes y los peces?
DON PEDRO. Amigo mío, no estamos en los tiempos 595 bíblicos.
DON RAFAEL. En los tiempos bíblicos y en todos los tiempos, Dios hace lo que le da la gana.
FILOMENA. Y este dinero bajado del Cielo, ¿qué significa? Yo no lo entiendo. 600
DON PEDRO. Queridísimo Cura, ¿no comprende usted que hay misterio?
DON RAFAEL. Misterio habrá. Pero mi fe religiosa me ha enseñado a creer lo que no entiendo. Creo en María.
FILOMENA. (_A Don Pedro._) Sigue... A ver si los 605 papeles nos aclaran el enigma.
DON PEDRO. (_Pone la cestilla donde estaba. Saca papeles._) Cuentas... facturas...
FILOMENA. Lee.
DON PEDRO. (_Leyendo._) «Letras pagadas por 610 León... Saldo con León...»
FILOMENA. ¿Y esto, don Rafael?... ¿Qué dice de esta ingerencia del carbonero en los asuntos de mi hija?
DON RAFAEL. (_Imperturbable, paseándose._) Creo en Mariucha. 615
DON PEDRO. (_Examinando otro papel._) Una cuenta de sus gastos... (_Lee._) «Caja de puros _Henry Clay_ para papá... la pensión de los niños... (_Alzando la voz._) Pagado a León...»
FILOMENA. (_Que también ha examinado papeles._) Y 620 aquí: «Cobrado de León...» Esto ya es demasiado.
DON PEDRO. (_Repitiendo._) ¡Debido a León... entregado a León... recibido de León!... ¡Pero esto es una cueva de leones! (_Se levanta indignado._)
FILOMENA. (_Con disgusto._) Déjalo ya... tapa... 625 cierra.
DON PEDRO. (_A Don Rafael._) ¿Qué significa la repetición de este maldito nombre en todos los apuntes, en todas las cuentas?
DON RAFAEL. No sé... Con leones y sin leones, creo 630 en Mariucha; creo en la que ha sido y es imagen de la Providencia, mensajera de los consuelos que Dios envía a una desgraciada familia...
FILOMENA. ¡Oh, quién pudiera creer...! (_Óyense las voces de Corral y Bravo dentro._) 635
DON PEDRO. ¡Si esa fe se nos pudiera comunicar!... ¡Ah! ¿Qué voces son esas?
ESCENA IX
DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL, CORRAL, BRAVO.
CORRAL. (_En la puerta, ambos con grandes aspavientos de alegría, descubriéndose._) ¡Vivan los señores Marqueses de Alto-Rey! 640
BRAVO. ¡Vivan...!
CORRAL. ¡Viva el muy ilustre caballero, la nobilísima dama y la elegantísima señorita, el elegantísimo ángel...! (_Notando la ausencia de María._) ¿Pero no está el ángel...? 645
BRAVO. ¡Vivan todos, vivaaaan!
DON PEDRO. (_En gran confusión._) ¿Pero qué es esto?... ¿Por qué tanto júbilo?...
DON RAFAEL. ¿Os ha picado la tarántula? (_Don Rafael lleva aparte a Bravo para interrogarle._) 650
FILOMENA. (_Muy impaciente._) Explíquenos, Corral...
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MariuchaChapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (2)
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