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Chapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (3)

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DON RAFAEL. (_Aparte a Bravo, oída su explicación._) ¿Pero es verdad?

BRAVO. He visto los telegramas...

DON RAFAEL. ¡Dios nos asista! Esta gente se va a 655 volver loca.

CORRAL. (_A los Marqueses._) No les doy la noticia sino a cambio de una promesa.

DON PEDRO. (_Vivamente._) Sí, sí... por prometido, por prometido. 660

CORRAL. Promesa, seguridad quiero de que han de influir en el ánimo del ángel de la casa... para que...

DON PEDRO. Bueno, bueno... se hará... Diga...

ESCENA X

Los mismos; el ALCALDE, MARÍA, CIRILA, que entran por la izquierda.

ALCALDE. ¿Qué...? ¿Se me han anticipado estos locos? 665

DON PEDRO. (_Abrasado de impaciencia._) Alcalde, ¿qué hay?

ALCALDE. Que me debe usted una merienda en el campo. He ganado la apuesta.

DON PEDRO. ¡Ah! (_Quédase con la palabra atravesada 670 en la garganta._)

FILOMENA. (_A María._) ¿Hija... qué?

MARÍA. (_Sin mostrar alegría, pero sin afectación de pena._) Queridos padres, vuestras esperanzas son realidad. 675 Mi... (_Iba a decir «mi hermano:» se corrige._) Vuestro hijo será antes de una semana... el esposo de Teodolinda.

DON PEDRO. ¡Jesús!... ¡Oh!... (_Quiere hablar y no puede. Queda como paralizado._)

ALCALDE. La noticia es de las que al modo de centella 680 pueden herir. Por esto Cesáreo se sirve de mí como pararrayos. Vean los telegramas. Son de ayer: han venido con retraso. (_Les alarga los telegramas. Filomena los arrebata._)

FILOMENA. Déme... 685

DON PEDRO. No, no... mentira... no creo... (_Es acometido de una violenta perturbación nerviosa._)

FILOMENA. (_Leyendo trémula, la voz cortada._) «Casamiento... lunes próximo... Teodolinda... abraza a sus padres... amorosa hija...» 690

DON PEDRO. (_Alelado._) No creo... no creo... Millones de pesos... diez... Falso, falso... no existen... fantasía números... ilusión... mentira...

FILOMENA. (_Mostrando los telegramas._) Pero, hijo, mira... 695

DON PEDRO. (_Tiemblan sus manos; su mirada divaga. Cae en el sillón. Acude María a su lado._) Tele... telegramas mentira... de la elec... elec... tricidad. (_Compungido, con amago de parálisis._) Quieren vol... volverme loco. Quieren ma... ma... tarme. 700

MARÍA. Cree, papá, y alégrate.

DON PEDRO. (_Abrazando a su esposa con infantil ternura._) ¡Filomena!

FILOMENA. Tanto padecer ha tenido al fin su término.

DON PEDRO. (_Abrazando a su hija._) ¡Hija del alma, 705 ángel del Cielo...!

MARÍA. (_En brazos de su padre._) Ya eres feliz, papaíto querido. (_Entra Cirila con un vaso de agua._)

DON PEDRO. (_Levántase y acude a ellos._) Don Rafael, Alcalde, Corral, Juez... ¿Pero es verdad? 710

DON RAFAEL. Sí: creo en María... (_Corrigiéndose._) Creo en Cesáreo... (_Se aparta con Bravo._)

ALCALDE. Dios no abandona a los buenos.

MARÍA. (_Ofreciéndole el vaso de agua._) Bebe un poquito de agua, y serénate. (_Continúan María y su 715 madre animándole con cariñosas expresiones. Forman grupo junto a una de las rejas del fondo._)

DON RAFAEL. (_Con Bravo a la izquierda._) Con este inaudito casorio, que no sé si es obra de Dios o del mismo diablo, tendremos al don Cesáreo de perpetuo cacicón, 720 o feudal amo de todo este territorio. (_Se agregan el Alcalde y Corral._)

BRAVO. Sátrapa y mandón de Agramante para _in æternum_.

CORRAL. Ayer fueron inscritas en el Registro las 725 Albercas.

ALCALDE. Y las pertenencias más ricas de Somonte son suyas.

DON RAFAEL. Y el aire, y el sol, y la luna... y nuestra respiración, y hasta las pulgas que nos pican. (_Incomodado 730 se aleja del grupo._)

DON PEDRO. (_Que ha leído con infantil risa los telegramas._) Bien claro está. (_Lee._) Saldré... recoger familia...

MARÍA. Pero no dice cuándo. 735

FILOMENA. Será hoy, mañana...

DON PEDRO. Naturalmente, iremos a la boda... Ya creo, ya creo. (_Su crisis nerviosa se resuelve subitamente en una inquietud o desvarío mecánico. Recorre la escena con paso inseguro; después en actitud gallarda y altanera._) 740

MARÍA. (_Siguiéndole._) Papá, ten calma...

DON PEDRO. (_A Filomena, que también le sigue._) Inmediatamente, dispón los equipajes...

FILOMENA. Recogeremos todo. Puede llegar Cesáreo de un momento a otro... 745

DON PEDRO. ¡Adiós, maldito Agramante; adiós, triste destierro...!

MARÍA. Papá, no maldigas esta tierra de nuestro descanso.

ALCALDE. Lo que es alegría para ustedes es pesar 750 para nosotros. Se van. (_Don Pedro, María, Corral, Bravo forman grupo a la izquierda hablando de si se van o no pronto. Filomena pasa a la derecha, donde está don Rafael meditabundo._)

FILOMENA. Ahora, mi venerable amigo, me toca a mí 755 estar alegre, en premio de la alegría que di a los pobrecitos enfermos, a quienes usted socorrió con mis ahorrillos...

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!... Pues se pusieron contentísimos, y se arreglaron, vivieron...

FILOMENA. ¿Y eran enfermos graves...? 760

DON RAFAEL. Gravísimos, amiga mía... Socorrí a una familia en la cual estaban todos... o casi todos, locos perdidos.

FILOMENA. ¿Furiosos?

DON RAFAEL. Así, así... Eran más bien pacíficos. 765

FILOMENA. Pues ahora, en acción de gracias, el primer dinero que caiga en mis manos será para...

DON RAFAEL. (_Con gracejo irónico._) Otro mantito para la Virgen...

FILOMENA. Y que será espléndido. 770

DON RAFAEL. ¡Oh, sí: mucho, mucho! Manto bordado de perlas y esmeraldas con una orla en que se repita esta dulce leyenda: _Creo en María._ (_Filomena cruza las manos con emoción beatífica. Siguen hablando. Don Pedro continúa rodeado de todos en el otro grupo, 775 rebosando satisfacción._)

CORRAL. Ahora, señor Marqués, como si lo viera, me le hacen a usted Embajador.

DON PEDRO. (_Vanidoso, sin perder su dignidad._) No diré que no. Quizás lo aceptaría por complacer al Gobierno, 780 y porque me conviene tomar las aguas de Carlsbad. (_A María._) Y a ti te probarán muy bien las de Charlottenbrunn, en Silesia.

MARÍA. ¿A mí? ¡Si estoy reventando de salud! (_Apartada de todos los grupos, se sienta junto a una de 785 las rejas. Su actitud es de inquietud y melancolía._)

DON PEDRO. Y para ti, Filomena, están indicadas las de Teplitz, en Bohemia.

FILOMENA. No hagas proyectos, hijo, que ya es hora de sentar la cabeza. 790

DON RAFAEL. ¿Y qué falta le hacen a usted embajadas, don Pedro?

DON PEDRO. En todo caso, alguna de las que no dan quebraderos de cabeza y son puestos de pura etiqueta: por ejemplo, la de San Petersburgo. 795

CORRAL. Vale más que le hagan a usted embajador en Agramante.

ALCALDE. En este territorio, sí, donde ha de tener Cesáreo tanta propiedad...

DON PEDRO. Ya puede mi hijo ir pensando en mejorar 800 los cultivos. Yo tengo pasión por la agricultura. (_Jactancioso._)

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! (_Explicando don Pedro sus planes agrícolas van pasando al centro. María y Corral quedan a la izquierda._) 805

CORRAL. (_Aparte a María._) Por última vez, Mariquita...

MARÍA. ¡Por última vez! Ya respiro.

CORRAL. Allá va mi... _ultimatum_...

MARÍA. (_Con fingida benevolencia._) ¡Ah! don Faustino. 810 Mis padres pican ahora muy alto. Y si va papá, como parece probable, a la embajada de San Petersburgo, de fijo querrán casarme con un príncipe ruso.

CORRAL. ¿Es burla?... ¡Ah, ingrata, ingrata!

DON PEDRO. María. (_Acude María al grupo del centro._) 815

CORRAL. (_Aparte, despechado._) ¡Bromitas a mí! Ya verá mi ángel las que yo gasto... (_Caviloso, pasa a la derecha._)

DON PEDRO. Ya podéis ir preparando la merienda...

FILOMENA. De eso me encargo yo. ¿Cuántos...? 820 (_Don Pedro, María, Filomena y el Alcalde quedan a la izquierda ocupándose de la merienda. Pasan a la derecha Corral, Bravo y don Rafael._)

BRAVO. (_A Corral._) Dése usted por muerto, Faustino.

DON RAFAEL. Tu papel ya no es cotizable. 825

BRAVO. (_Zumbón._) Han bajado horrorosamente los brillantes... Y yo pregunto: ¿continuará en alza el carbón?

DON RAFAEL. (_Indignado._) ¿Qué decís ahí, farsantes, envidiosos? (_Indignado, se retira._) 830

BRAVO. (_Solo con Corral._) Don Cesáreo se encargará de dar un corte a esta ignominia... Sólo que... me temo que llegue tarde.

CORRAL. Para que llegue a tiempo, estoy yo aquí, que madrugo... Ya estoy pensando el telegrama que 835 voy a poner... esta misma tarde.

DON PEDRO. (_Contestando a Filomena._) No, no... no me conformo con invitar a los presentes.

MARÍA. ¿Pues a quién...?

DON PEDRO. Convido a todo el Ayuntamiento, a los 840 Juzgados de primera instancia y municipal, a la oficialidad de la zona, a la Guardia civil, a los maestros de las escuelas públicas, al clero parroquial...

FILOMENA. ¡Hijo, por Dios...!

DON RAFAEL. Déjele usted. Dios a todo proveerá. 845 (_Óyese rumor lejano de alegría popular: voces, guitarras, panderetas._) Ya comienza el festejo.

DON PEDRO. Alegría del pueblo, eres mi alegría.

ESCENA XI

Los mismos; VICENTA, SEÑORA y SEÑORITAS DE GONZÁLEZ. Las cuatro con mantón de Manila y claveles en el pelo. Una de las señoritas trae un manojo de claveles, y Vicenta un mantón en caja o pañuelo.

VICENTA. A dar a todos mi enhorabuena y a llevarnos a María. 850

SEÑORA DE GONZÁLEZ. Señora Marquesa, reciba usted nuestros plácemes.

SEÑORITA 1ª. Señor Marqués, nos alegramos infinito.

DON PEDRO. Gracias, mil gracias, señora y señoritas... 855

VICENTA. (_Mostrando el mantón a María._) Para usted traigo éste, que será de su gusto.

MARÍA. ¡Oh, sí... está muy bien! (_Lo desdobla._)

SEÑORITA 2ª. A ver, a ver. (_Se lo pone._) ¡Oh, qué bien! 860

FILOMENA. ¡Admirable! (_Todos aprueban. Suenan más cerca los cantos y músicas populares._)

DON PEDRO. ¡Oh... todo es júbilo!

SEÑORITA 1ª. (_A María._) Ahora los claveles. (_Con ademán de ponérselos. María se sienta._) 865

MARÍA. (_Dejándose adornar._) Ponédmelos a vuestro gusto.

BRAVO. (_Aparte a Corral, señalándole a María._) ¡Vea usted qué preciosidad!

CORRAL. (_Torciendo el rostro._) No la miro; no quiero 870 mirarla. Se me va la vista; me da el vértigo. (_Pasan por el foro animados grupos de mozas del pueblo, con mantón de Manila, tocando panderetas; muchachos con guitarras y bandurrias. Marchan al son de un pasacalle._)

(_Para ver la muchedumbre alegre, acuden a las rejas 875 todos menos María, que permanece a la derecha en actitud silenciosa y triste. Don Rafael a ella se aproxima._)

DON RAFAEL. (_A María._) Hija mía, veo que no está usted alegre, y aquí vengo yo.

MARÍA. (_Consternada._) Lo que a mis buenos padres 880 tanto regocija, a mí me anonada.

DON RAFAEL. Pero usted es un corazón fuerte, y afrontará valerosa las desventuras que la esperan.

MARÍA. (_Muy afligida._) ¿Y cree usted que podré...?

DON RAFAEL. Lo veo muy difícil. A los fuertes se 885 debe la verdad. Lo creo imposible.

MARÍA. ¡Desdicha inmensa si usted me abandona!

DON RAFAEL. Yo, no. ¡Creo en Mariucha!

MARÍA. Pues prométame hacer lo que yo le diga... Usted me ha dado la mayor prueba de estimación y 890 confianza entregándome, para ayudarme a sostener a la familia, el dinero del Cielo.

DON RAFAEL. Era lo más cristiano.

MARÍA. Dígame: ¿pasado mañana habrá también fiesta? 895

DON RAFAEL. Ya lo creo: será el gran día. Tiene usted que venir con mis sobrinitas a la alborada, y después...

MARÍA. Pues pasado mañana...

DON RAFAEL. ¿Qué tengo que hacer? 900

MARÍA. Bien poca cosa: no separarse de mí, ir siempre a mi lado. (_Permanece meditabunda y llorosa._)

DON RAFAEL. ¿Y no es más que eso? Iré con usted, a donde quiera.

DON PEDRO. (_Que se aparta de la reja, con los demás, 905 visto ya el paso de la multitud alegre._) Mariucha, ¿pero no has visto...? (_La observa llorosa._) Hija mía, ¿lloras?

MARÍA. (_Secándose las lágrimas._) No, no, papaíto, es que...

DON RAFAEL. Lloraba de gozo. 910

DON PEDRO. Vamos, ven, y confundamos nuestro gozo con la alegría popular.

FILOMENA. Alegre está todo: el Cielo, la villa, el pueblo.

MARÍA. (_Rehaciéndose, con potente esfuerzo, hace rápida 915 transición de la tristeza al contento: su pecho se ensancha, sus ojos resplandecen._) Y yo, también. (_Con efusión de su alma cogiendo el brazo de don Rafael._) Yo también soy pueblo... porque soy pobre.

DON PEDRO. (_Un poco sorprendido de la frase._) ¿Qué, 920 qué?

MARÍA. Llevadme a la fiesta, al campo, al sol... al sol, que es la pompa de los humildes.

ACTO CUARTO

Explanada de la Ermita del Cristo, a la subida del monte.--Al fondo, entre follaje, la ermita. Junto a ella una escalerilla tallada en la roca, que da paso al monte, cuya espesura se extiende en plano ascendente por todo el foro.--A la izquierda, arbustos por entre los cuales se abre un sendero que conduce a la Villa. Ésta se supone que está muy cerca, y a un nivel más bajo que la escena.--A la derecha, muro ruinoso con portalada sin puerta. De aquí parte un sendero, que se supone conduce al ferial, al Santuario de las Mieses, a la Estación del ferrocarril y a puntos lejanos de la Villa.--En el centro, un castaño corpulento que cubre con sus ramas toda la escena. Junto al tronco, un banco de mampostería, musgoso. Es de día.

ESCENA PRIMERA

LEÓN, que entra por la izquierda.

LEÓN. Ermita del Cristo: es ésta... Árbol corpulento. (_Lo señala._) Y yo aquí. (_Dudando. Saca con febril presteza una carta._) Lo he leído cien veces, y aún me asaltan dudas. (_Lee._) «En la ermita... al pie del castaño...» Para mayor claridad añade: «entre el 5 hospital de la Misericordia...» allí está la Misericordia (_Señala un punto cercano y bajo._) «y San Pedro...» aquél es San Pedro. (_Lo señala._) Tampoco puede haber duda en la fecha. La carta dice: «mañana.» La escribió anoche. Luego mañana es hoy... Bien claro está: 10 aquí dará contestación a la carta que puse en su bendita mano... Aquí, antes de la procesión... Y vendrá con don Rafael... Un murmullo interior me dice que está próxima la ocasión culminante de mi existencia... María... No, no es loca jactancia creer que corresponde al 15 amor mío. Esto se conoce, esto se ve, se siente, se respira... Y ahora... (_Gran confusión._) aquí... al dar a mi carta respuesta verbal, me dirá... (_Mayor confusión._) Yo me vuelvo loco... ¿qué es esto? ¿Qué universo nuevo, con nueva luz, se descubre ante mí? (_Óyense toques de campana, 20 lejanos._) Ya están en misa mayor. (_Corre a la derecha._) Ya vienen. (_Vuelve al centro._) No me dice si debo hacerme el encontradizo o si... ¿Lo dirá la carta?... Ya no hay tiempo. (_Mirando._) Ya se acercan... Esperaré... y ella misma me indicará... (_Se oculta entre 25 los arbustos de la izquierda. Entran María y don Rafael por la derecha._)

ESCENA II

LEÓN, MARÍA, DON RAFAEL.

MARÍA. (_En la portalada dándole la mano._) Un pasito más y ya estamos. ¡Ay! no sé cómo pedirle que me perdone la molestia de esta caminata. (_Ve a León y con 30 un signo le manda esperar._)

DON RAFAEL. Por ser usted quien es, Mariquita, y por la fe que en su soberana virtud tiene este Cura, voy con usted al fin del mundo... Ea, ¿está contenta de mí? 35

MARÍA. Contenta y agradecida lo que no puede imaginarse. (_Le conduce al banco._)

DON RAFAEL. Bueno... Pues recapitulemos. Usted, al manifestarme la grave resolución de no seguir a sus padres a Madrid... 40

MARÍA. (_Interrumpiéndole._) Resolución fundada principalmente...

DON RAFAEL. Déjeme concluir... Para fundamentar su propósito de resistencia... alegaba usted, entre otras razones, un sentimiento que... 45

MARÍA. (_Vivamente._) Sentimiento que usted conocía ya...

LEÓN. (_Aparte._) ¡Oh, divina mujer!

DON RAFAEL. Lo conocía, y aconsejé a usted... En fin, admitamos el hecho con toda su fuerza. Ayer dije 50 a usted que para dar su verdadero valor a ese sentimiento, es menester conocerlo de un modo indudable en su re...

MARÍA. (_Impaciente, con gran viveza._) Claro, en uno y otro.

DON RAFAEL. (_La manda callar y sigue._)...ciprocidad, 55 en su reciprocidad. Total: que tengo que oír a los dos.

MARÍA. Justo.

DON RAFAEL. Pues ya estamos aquí. (_Contando._) Usted, uno; yo, dos. ¿Y el tercero? 60

MARÍA. ¡Si está aquí!

LEÓN. (_Avanzando, por indicación de María. Se descubre._) Aquí, don Rafael, con toda la verdad que llevo en mi alma.

DON RAFAEL. Pues vea yo esas conciencias... la de 65 usted, que la de Mariucha ya me la sé de memoria.

LEÓN. (_Señalando el árbol gigante._) Y que no es éste mal confesonario, ¿verdad, don Rafael?

DON RAFAEL. ¡Mucho!... Árbol secular, ¡cuántas declaraciones de enamorados, cuántos lamentos de 70 tristes, cuántos planes de ilusos y soñadores habrás oído! Oigamos ahora tú y yo, y Dios con nosotros, la historia de estos pobres corazones, que ciegos corren a una batalla imposible.

MARÍA. Por Dios, no sea tan pesimista. 75

DON RAFAEL. Ea... a nuestro asunto. Señor don León, declare usted. (_María se retira a una distancia en que puede escuchar._)

LEÓN. Declaro...

DON RAFAEL. ¿Cómo tuvo principio ese... esa 80 inclinación...?

LEÓN. Una noche, dos meses ha, fui llamado por María...

DON RAFAEL. Eso ya lo sé... cuando le pidió a usted un socorro para su familia, y usted no pudo dárselo. 85 (_Riendo._) ¡Graciosísimo! Ya me lo ha contado ella.

LEÓN. Aquella noche fue...

DON RAFAEL. Cuando le vendió el vestido a esa fantasiosa... ¡Buen golpe, de maestro!... Adelante.

LEÓN. Desde aquel punto y ocasión, señor Cura, se 90 encendió en mí un fuego de amor tan vivo...

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!

LEÓN. María emprendió para el sostenimiento de su familia una serie de trabajos que hacen de ella una grande heroína. 95

DON RAFAEL. ¡Mucho! ¡Si no ha nacido otra que se le iguale! (_Risueño, con ingenua admiración._)

LEÓN. Yo la ayudaba en sus empresas mercantiles.

DON RAFAEL. También lo sé... Adelante.

LEÓN. Como la ayudó usted dándole el dinerito del 100 Cielo...

DON RAFAEL. Le habría dado el de la tierra si lo hubiera tenido. Le di el del Cielo porque no tenía otro... Bueno: con que la amó usted...

LEÓN. La amé por su abnegación, por su piedad filial, 105 por la valentía que desplegaba en aquella lucha... la amé también por su belleza... todo hay que decirlo...

DON RAFAEL. Naturalmente... Si fuera un coco de fea, todo eso de la abnegación y de la valentía habría sido música... 110

LEÓN. La amé por su talento incomparable, por esa dignidad, unida a la gracia...

DON RAFAEL. (_Moderando el entusiasmo descriptivo de León._) Bueno, bueno. Bien a la vista está su mérito... 115

LEÓN. Yo bien sé que no la merezco: ella es grande; yo, aunque también de padres ilustres, soy un infeliz hombre, atado a un bajo comercio. A la presente condición humilde he venido por mis errores de otros días, de días muy lejanos, don Rafael. (_Con viveza y calor._) 120 Aberraciones de las que ya estoy corregido, radicalmente corregido, bien lo sabe usted. Abierta está mi alma a los ojos de Dios. Los de usted también han entrado en ella...

MARÍA. (_Sin acercarse._) Créalo, don Rafael, si cree 125 en mí.

DON RAFAEL. Creo... Su enmienda y reforma no son nuevas para mí.

LEÓN. María conoce mi amor. Yo adivino el suyo. Si ella y Dios me deparan la dicha inefable de llamarla 130 mi esposa, creeré que esto no es la Tierra, sino el Cielo.

DON RAFAEL. Tierra es, y bien dura y triste... valle de lágrimas. (_Suspirando._) Bien. Ya puede usted acercarse, María, y decirme... (_María se acerca, los ojos bajos._) aunque casi no es preciso... 135

MARÍA. (_Con modestia._) Le quiero por su inteligencia, por sus desgracias, por el inmenso esfuerzo moral que significa su regeneración, consumada por él mismo, solo con su conciencia. Por esto, y por gratitud, le quiero, y decidida estoy... a... (_Vergonzosa, enmudece._) 140

DON RAFAEL. Acabe, hija... Ya, para lo que falta...

LEÓN. ¡Oh, júbilo inmenso! (_Con vivo entusiasmo, abrazando a don Rafael._) Déjeme usted que le abrace...

DON RAFAEL. Apriete, apriete. Ya puede estar orgulloso. (_Con pesimismo._) Pero... 145

MARÍA. ¿Pero qué...? (_Vivamente, atacándole por un lado._) Usted no nos abandona; usted hace suya nuestra causa.

LEÓN. (_Atacándole por el otro lado._) Usted sabe dar a Dios lo divino, lo humano a los hombres. 150

DON RAFAEL. (_Apartándoles._) Sí, sí: sé todo eso... pero sé también que contra ese afecto... todo lo santo y noble que se quiera... se alza un poder tiránico, incontrastable.

MARÍA. ¿Pero nada significa nuestra voluntad? 155

LEÓN. ¿Manifestada ante la religión, ante usted?

DON RAFAEL. ¡Dios Uno y Trino, que no pueda yo...! Si por la religión se resolviera... pronto os arreglaría yo... (_Con ademán de bendecir._) Pero el mundo ha venido a parar a un enredo, a una confusión tal de 160 todas las cosas, por el sin fin de leyes, preocupaciones, prácticas y corruptelas, que vuestra noble aspiración no podrá escapar, no, de la inmensa red... Sucumbiréis, sucumbiremos, hijos míos... Debo deciros todo lo que sé... que es muy grave. (_Ambos se aproximan, ansiosos._) 165

MARÍA. Sé que viene mi hermano en la disposición más hostil...

LEÓN. Los Marqueses sin duda se opondrán...

DON RAFAEL. No creo imposible reducir a los Marqueses... ¡Pero a don Cesáreo, que viene con la cabeza 170 llena de viento y la voluntad inflamada de insolentes resoluciones...! Oídme. Debéis saber toda la verdad, por triste que sea.

LOS DOS. (_Con gran ansiedad._) Sí, sí...

DON RAFAEL. ¿Sabéis por qué precipita su viaje don 175 Cesáreo?...

MARÍA. Llegará hoy.

DON RAFAEL. Viene hoy, porque debió de recibir un largo telegrama en que pérfidamente se le llama para que impida el oprobio de la familia... 180

MARÍA. ¡Estúpida maldad!

DON RAFAEL. Se le habla de María enloquecida, fascinada por un...

LEÓN. Imagino los horrores que dirán de mí.

MARÍA. ¿Quién puso ese telegrama? 185

LEÓN. ¿El Marqués?

MARÍA. ¿La Alcaldesa?

DON RAFAEL. Es cosa del tontaina de Corral, ayudado por Bravito, el juececillo.

MARÍA. ¡Infames! 190

DON RAFAEL. Pues con esa requisitoria indecente, y algo que días atrás escribieron otras personas, don Cesáreo, el hoy omnipotente don Cesáreo, viene dispuesto a que su hermana se someta; y para esto no ha de emplear contra ella medios violentos. No la cogerán 195 a usted ni la maniatarán para llevársela a viva fuerza. No harán nada de esto, porque no es preciso.

MARÍA. (_Con gran ansiedad._) ¿Pues qué harán?

DON RAFAEL. El feudalismo de nuestra edad revuelta no necesita apelar a esos medios. 200

LEÓN. Ya sé. Cesáreo está a punto de ser feudal tirano de este país.

DON RAFAEL. Hoy traen los periódicos, con la noticia de la boda, otra que viene a ser la confirmación de ese feudalismo. 205

LOS DOS. ¿Qué?

DON RAFAEL. El Gobierno, deseando recompensar... no sé qué es lo que recompensa, ni el mismo Gobierno lo sabe... concederá a Teodolinda y a Cesáreo el título de (_Con énfasis_) _Duques de Agramante_. 210

LEÓN. Muy lógico: en sus manos está toda la gran propiedad rústica y minera.

DON RAFAEL. Y con la propiedad, la influencia; y con la influencia, los resortes de toda autoridad.

MARÍA. De autoridades corrompidas... 215

DON RAFAEL. Putrefactas, sí; pero que echan la barredera, ¡y ay del que cogen!

MARÍA. ¿Pero todos...?

DON RAFAEL. Todos serán instrumentos de Cesáreo... lo son ya, porque la adulación madruga, hija mía; 220 no espera que venga el poder: corre a su encuentro.

MARÍA. ¿Y todos esos enemigos, jueces, alcaldes, vendrán contra nosotros?

LEÓN. (_Comprendiendo._) No: contra mí solo. Ya veo claro el ardid de guerra. Es en verdad diabólico y 225 terrible...

MARÍA. Ya entiendo. León...

LEÓN. Yo seré el perseguido.

DON RAFAEL. El vilipendiado, el encarcelado tal vez... (_Óyese repique de campanas, lejano, al cual se 230 unen pronto otros sonidos de campanas más próximas, de timbre diferente._)

MARÍA. ¿Por qué delito?

LEÓN. Por el viejo: por mis locuras de hace años en Madrid. 235

DON RAFAEL. Ayer estuvo Bravito en el Juzgado buscando un exhorto que, según él, debió venir hace dos años, y quedó sin cumplimiento.

LEÓN. No encontrarán exhorto. ¿Mas para qué lo necesitan? Harán lo que quieran. 240

DON RAFAEL. Asegura Bravo que el Duque de Agramante traerá de Madrid todo el artificio legal bien preparado.

MARÍA. Que traiga lo que quiera. (_Animosa._) Contra tales armas, levantaremos la verdad inexpugnable. 245

LEÓN. Y nuestras voluntades firmísimas: somos de hierro.

MARÍA. Somos de bronce. (_Con grave acento uno y otro, dando a sus declaraciones gran solemnidad._) Aquí, ante nuestro pastor de almas, hacemos juramento solemne 250 de ser el uno para el otro, por encima de toda tiranía, de todo poder, sea el que fuere. (_Se dan las manos. El son de campanas aumenta en intensidad por agregarse notas más cercanas, agudas y graves, que armonizan con las primeras._) 255

LEÓN. Nos juramos eterno amor, fidelidad constante...

MARÍA. Mutuo auxilio en las tribulaciones. Juramos hacer de nuestras existencias una sola. (_Continúa el crescendo de las campanas. Se agregan las notas graves 260 de la iglesia de la Misericordia y de San Pedro, próximas, y la del Cristo, que está en escena._)

LEÓN. Juramos morir antes que renunciar a nuestra unión santa.

MARÍA. Juramos, y así lo declaramos ante Dios y 265 ante su ministro. (_Llega al máximum de intensidad el concierto de campanas. Pausa de recogimiento religioso y solemne. Las voces de María y León expiran entre las vibraciones del metal... El campaneo se va extinguiendo gradualmente por el silencio de las más próximas, sonando 270 las más lejanas, hasta que sólo se oigan las lejanísimas._)

DON RAFAEL. (_Quedándose como en éxtasis, orando._) Hijos míos, dijérase que sobre vosotros ha descendido una suprema bendición...

LEÓN. Ya estamos unidos. 275

DON RAFAEL. (_Asustado._) No, no: todavía no.

LEÓN. (_Con gran entusiasmo y efusión._) En el Cielo ha sonado ese himno...

MARÍA. Trae a nuestras almas toda la alegría del Universo. 280

DON RAFAEL. (_Asustadizo._) No, no creáis eso: no os alucinéis. Es la procesión de la Virgen, que pasa por la calzada del Refugio... No estáis unidos, ni sé si llegaréis a estarlo en forma. (_Con viva emoción._) Hijos míos, el Cielo está con vosotros, la tierra no. 285

(_Aparecen por la derecha Corral y Bravo, observando burlones; prorrumpen en risas._)

ESCENA III

Los mismos; CORRAL, BRAVO.

LEÓN. ¿Quién va?

DON RAFAEL. ¿De qué se ríen? ¿Qué buscan aquí?

CORRAL. (_Burlón._) Sigan, sigan. 290

BRAVO. Don Rafael, creímos que estaba usted en la procesión.

CORRAL. Estaba aquí, repicando en el Cristo.

DON RAFAEL. Mis procesiones andan por dentro, y no necesitan repiques. 295

CORRAL. ¡Ja, ja!...

BRAVO. ¡Ja, ja! ¿Pero estaba diciéndoles misa?

DON RAFAEL. Misa no: les decía... que sois unos grandes mentecatos.

CORRAL. Gracias... Y este señor nos ha dado el 300 quién vive como un centinela... ¿Es esto castillo, reducto, fortaleza?

BRAVO. Quizás lugar sagrado donde no podemos entrar sin permiso... del señor acólito.

LEÓN. (_Aparte, conteniéndose._) ¡Canalla! 305

MARÍA. (_Aparte._) ¡Ralea vil!

CORRAL. Pues entramos para tener el gusto de encontrar a esta señorita...

BRAVO. Y el disgusto de decirle que sus padres, creyéndola perdida en el monte... (_Corre hacia la 310 derecha y llama, agitando el pañuelo._)

CORRAL. Andan locos buscándola...

DON RAFAEL. Los perdidos sois vosotros. Ni esta señorita ni nadie se pierde viniendo conmigo.

BRAVO. (_Llamando._) ¡Eh! 315

DON RAFAEL. (_Acercándose a Bravo._) ¿Pero a quién llamas, condenado?

BRAVO. Aquí están, aquí.

DON RAFAEL. (_Mirando a los que vienen._) Éstos no podían faltar: la entrometidísima Vicenta y el Alcaldillo. 320

MARÍA. Ya no me importa... Que vengan.

ESCENA IV

Los mismos; VICENTA; después el ALCALDE.

VICENTA. ¡Ah! queridísima... ¡Qué susto nos hemos llevado! (_Al ver a León se santigua._)

MARÍA. ¿Pero no venía con usted su marido?

VICENTA. Ha retrocedido para mandar aviso a los 325 señores Marqueses...

LEÓN. Por lo visto es, además de Alcalde, pregonero.

MARÍA. Dejémosle... Pregone todo lo que quiera.

VICENTA. Yo... acelerando el paso, he llegado a tiempo... 330

MARÍA. De salvarme. (_Irónica._) Extraviada en el monte, a punto estaba ya de que me comieran los lobos.

VICENTA. Gracias que se extravió usted con el pastor.

DON RAFAEL. Dime, Vicentita: ¿al salir de tu casa, dejaste todo bien arreglado? 335

VICENTA. Sí, señor.

DON RAFAEL. ¿Los nenes bien apañadicos... la ropa de Nicolás corriente de zurcidos y arreglos?

VICENTA. ¿Por qué me lo dice?

DON RAFAEL. Porque si tienes quehaceres en tu 340 casa... aquél es tu puesto... Aquí no nos haces ninguna falta.

VICENTA. (_Picada._) Don Rafael, yo sé mi obligación en mi casa... y en las ajenas.

ALCALDE. (_Por la derecha, presuroso._) Avisados ya 345 los señores, que estaban afligidísimos buscando a su querida hija. (_Saluda a María fríamente._) Señorita, la compañía de don Rafael pone a salvo el decoro de usted.

LEÓN. El decoro de esta señorita no ha menester de 350 acompañamiento para resplandecer como el sol.

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!

ALCALDE. Nadie le ha dado a usted la palabra.

LEÓN. Yo la tomo.

ALCALDE. ¿Con qué derecho? 355

LEÓN. No es derecho: es deber, deber mío...

ALCALDE. ¡Qué atrevimiento! (_A María._) Por consideración a usted, no le contesto con la dureza que me impone mi autoridad.

BRAVO. (_A León, con grosera._) Amigo, ¿se le ha 360 quemado a usted el establecimiento? Porque si no, no entiendo de dónde pueden salir tantos humos.

CORRAL. Pues no es poco orgulloso...

LEÓN. Sí que lo soy. Alguna razón habrá para ello.

ALCALDE. (_Mirando por la derecha._) Ya suben, ya... 365

MARÍA. (_Asustada._) Mis padres...

ALCALDE. (_A Vicenta, aparte._) Ve a su encuentro; diles...

VICENTA. Ya...

ALCALDE. Y para desentendernos de este desagradable 370 asunto, retírate a casa.

VICENTA. Bien. (_Vase por la derecha._)

DON RAFAEL. (_Al Alcalde._) Quédate tú. Como autoridad, convendría que estuvieras presente. Sabrás que ante mí se han dado promesa recíproca de 375 matrimonio...

ALCALDE. ¡Dios nos asista!... Huracán tenemos... No puedo quedarme, don Rafael. Tengo que bajar a la estación.

DON RAFAEL. Verdad que llega el amo. 380

ALCALDE. Hacia la estación van ya todos los amigos.

CORRAL. Nosotros también.

BRAVO. En marcha. (_Salen los tres hablando atropelladamente._)

MARÍA. (_Viéndoles partir._) ¡Caterva infame! Servidores 385 de la injusticia, de la mentira social, Dios os confunda.

ESCENA V

MARÍA, LEÓN, DON RAFAEL.

DON RAFAEL. (_Mirando por la derecha._) Cerca vienen ya. El terrible choque se aproxima.

LEÓN. Yo les diré... 390

DON RAFAEL. No, hijo. (_A María._) Mi opinión es que nos deje solos.

LEÓN. ¿Debo retirarme?

MARÍA. Sí.

LEÓN. ¿Debo esconderme? 395

MARÍA. No, no... afrontemos la lucha con honrada entereza.

LEÓN. Sin huir el cuerpo, sin volver la cara. Tenemos razón... y basta. (_Retírase presuroso por la izquierda._)

ESCENA VI

MARÍA, DON RAFAEL, DON PEDRO, FILOMENA.

DON PEDRO. (_Consternado, trémulo._) María, Mariucha... 400 nuestro buen amigo el Alcalde nos ha dado conocimiento...

MARÍA. ¿Os ha dicho...?

FILOMENA. ¡Que amas a ese hombre...!

MARÍA. ¿Pero no os ha dicho mi juramento, el 405 suyo...?

DON PEDRO. Juramentos que nada significan si reconoces tu error...

MARÍA. Yo no falto a lo que prometo y juro. Lo que sabéis es resolución tomada y sostenida por la misma 410 alma que en días aciagos luchó con la miseria...

DON PEDRO. Ya vimos el tesón tuyo de entonces...

MARÍA. Pues imaginadlo duplicado, y veréis el de ahora.

DON PEDRO. (_Severo._) ¿De modo que te obstinas...? 415

FILOMENA. Hija, no me hagas olvidar el inmenso cariño que pusimos en ti...

MARÍA. Ese cariño siempre lo merezco. El amor que os tengo, ahora también se duplica.

FILOMENA. (_Con maternal cariño._) ¡Oh, qué dolor!... 420 ¡Tú, María, separar tu existencia de la nuestra...!

MARÍA. Yo sacrificaría mis afectos, mi juventud, mi existencia, cuanto soy y lo poco que valgo, si viera que con ese sacrificio lograba vuestro bien; pero no es así.

DON RAFAEL. María vivirá siempre para sus padres. 425 Únanse a ella y serán felices.

DON PEDRO. Ella es la que tiene que unirse a nosotros... Hemos determinado partir hoy mismo...

FILOMENA. ¡Oh, Dios mío! (_Afligidísima._)

MARÍA. (_Con viva emoción acude a Filomena._) Madre 430 querida, ¿por qué te atormentas? Papaíto, si creíste en mí, ¿por qué no crees ahora?

DON PEDRO. (_Besándola._) María, Mariucha, mi encanto, mi alegría... ven...

FILOMENA. (_Los tres están un momento abrazados._) 435 Mi cielo, mi gloria... ven... siempre juntos... Serás feliz al lado nuestro... Piensa en tus hermanitos... en Cesáreo.

MARÍA. (_Con movimiento de horror._) ¡Oh, no! (_Se separa de ellos. Recobra súbitamente su entereza._) 440

DON PEDRO. Ven... Partiremos.

MARÍA. (_Con acento grave, retirándose más._) Yo... dolorida de esta separación, destrozada el alma... me quedo aquí. Partid vosotros.

DON RAFAEL. No ablandarán este bronce. 445

MARÍA. Queridos padres, habréis de decidiros pronto, porque el caso no admite dilación. Escoged entre estos dos caminos: o vais con Cesáreo, o venís conmigo.

DON PEDRO. No podemos someternos a tan horrible dilema. 450

FILOMENA. Tú con nosotros...

MARÍA. (_Intentando de nuevo moverles por la ternura._) ¿Pero no estáis contentos de mí? En estos días de Agramante, que empezaron angustiosos y luego volvieron risueños, apacibles, ¿qué os ha faltado? ¿No 455 teníais cuanto necesitabais, y sobre lo necesario, algo de lo superfluo, más grato por ser muy bien medido?... Pues si esto teníais y esto os ofrezco, ¿por qué preferís ahora correr hacia un mundo de vanidades, donde no seréis más que un reflejo desconsolado de grandezas 460 ajenas?

DON PEDRO. A la sombra de la posición de nuestro hijo, podremos restablecer nuestra posición.

MARÍA. A la sombra del poderoso, los nobles empobrecidos se llaman _parásitos_, y yo no quiero para ti 465 este nombre.

DON PEDRO. (_Irritado._) ¡María!

FILOMENA. (_Severa y orgullosa._) ¡Oh! No pensarías así si no estuvieras trastornada por una pasión absurda... Por la Virgen, señor Cura: ayúdenos a domarla. 470

DON RAFAEL. En ella veo la razón, en ella la verdad.

FILOMENA. Ese amor es loco, insano, y lo combatiremos como el mayor de los oprobios.

DON PEDRO. (_Arrogante._) No lo consentiremos.

FILOMENA. Tú misma, mirando a tu linaje, a nosotros, 475 debes rechazarlo.

MARÍA. No, no.

FILOMENA. ¿No merecemos que sacrifique su inclinación?

DON RAFAEL. (_Con energía._) Más merecedora es 480 ella de que ustedes sacrifiquen su orgullo.

DON PEDRO. No es orgullo, es dignidad, y ésta no puede sacrificarse.

MARÍA. (_Cortando la disputa._) Padre y madre muy queridos, no nos entendemos. Partid si así lo habéis 485 determinado. No iré con vosotros.

DON PEDRO. (_Iracundo._) Esto ya es intolerable.

FILOMENA. (_Con gran severidad._) Hemos invocado tu cariño filial; ahora reclamamos tu obediencia.

MARÍA. En esto no puedo obedeceros. (_Con entonación 490 vigorosa y grande entereza._) Marqués de Alto-Rey, tu hija, tu Mariucha, no comerá jamás el pan de Teodolinda.

DON PEDRO. (_Confuso._) ¿Qué dice?

MARÍA. (_Con gradual energía._) ¿Habéis olvidado el 495 origen de ese pan, del amasijo de riquezas que lleva sobre sí la que será esposa de vuestro hijo? Yo os lo recordaré. Fue su fundamento la odiosa, la infame esclavitud. El padre de Teodolinda vendía negros, y su primer esposo los compraba... ¿Este comercio 500 os parece más honroso que el mío?... Ved ese caudal aumentado rápidamente con la usura de sangre humana, más inicua que la del dinero... vedlo crecer, crecer luego en montones de oro, y hacerse fabuloso, negociando en medio de las corrupciones coloniales... 505 Ese pan es el que vais a comer. Yo antes moriré que probarlo: me envenenaría el alma. Prefiero el pan amasado en el suelo pobre de mi patria, santificado con mi trabajo (_Con fiera energía, apretando los puños_), extraído ¡a pulso! con inmensas fatigas de la tierra dura, 510 de la tierra madre en que todos nacimos.

DON PEDRO. (_Desconcertado._) No puedo renegar del apoyo que nos trae Cesáreo.

FILOMENA. Mi pobre hija delira.

DON RAFAEL. Tolerancia, Marqués, en nombre de 515 Dios.

DON PEDRO. Obediencia en nombre de mi autoridad.

FILOMENA. Que renuncie a ese amor afrentoso. (_Asiente don Pedro._)

MARÍA. (_Rebelándose._) Afrentoso habéis dicho, y 520 contra eso tengo que protestar con toda la fuerza de mi alma honrada y de mi conciencia pura.

FILOMENA. Si es inútil, María, que pretendas extraviarte. No lo consentiremos.

DON PEDRO. Medios le sobran a Cesáreo para... 525

MARÍA. (_Disparándose._) Los medios que empleará mi hermano, vosotros no podréis autorizarlos: son un delito... En otros tiempos, cuando estorbaba una persona, se le daba muerte; en éstos, no más humanos, pero sí más hipócritas, a esa persona que estorba se la 530 mata legalmente, civilmente... y esto, vosotros, nobles de raza, no podéis consentirlo. Si lo consentís...

FILOMENA. No es cosa nuestra. Cesáreo, que vela por la familia, sabe lo que tiene que hacer.

MARÍA. Pues si Cesáreo sabe lo que tiene que hacer, 535 sabed vosotros...

DON PEDRO Y FILOMENA. (_Simultáneamente, con gran ansiedad._) ¿Qué?

MARÍA. Que habéis perdido a vuestra hija, que se os ha muerto vuestra hija. (_Apártase hacia el fondo._) 540

DON PEDRO. ¡María!

FILOMENA. ¡Hija!

MARÍA. Dejadme. Soy libre. (_Apártase más._)

DON RAFAEL. La ley le concede ya libertad...

MARÍA. Y yo la tomo. 545

FILOMENA. ¡Qué sería de ti, pobre criatura, si...

MARÍA. Antes de aprender a libertarme aprendí a vivir por mí misma.

DON PEDRO. (_Exaltado._) Pero yo te traigo a la obediencia. Eres mi hija. 550

MARÍA. Ya no soy vuestra. Soy mía, mía. (_Sube por la escalerilla del fondo._)

FILOMENA. (_Aterrada._) ¡Huye de nosotros!

DON RAFAEL. Y yo con ella. (_Sube tras de María._)

ESCENA VII

Los mismos; CESÁREO, el ALCALDE, ROLDÁN, CORRAL y algunos SEÑORES de Agramante.

CESÁREO. (_Por la derecha, presuroso, alarmado por lo 555 que le han referido y por lo que ve al llegar._) ¿Qué...? ¿Qué ocurre...?

DON PEDRO. (_Atribulado._) ¡Cesáreo!

FILOMENA. (_Ídem._) ¡Hijo mío!

DON PEDRO. ¡María... huye de nosotros! 560

FILOMENA. (_Señala la figura de María, que en su andar incierto se oculta y reaparece entre el follaje._) Hija adorada... hija loca... ven.

CESÁREO. (_Risueño, presuntuoso, confiado en sí mismo._) Estad tranquilos. Yo la someteré. 565

MARÍA. (_Desde lo alto._) Soy libre.

CESÁREO. (_Imperioso._) ¡María!

DON PEDRO. (_Dolorido y cariñoso._) ¡Mariucha!

MARÍA. (_Subiendo más._) No me llaméis.... Desde este instante sólo a Dios tengo por padre. (_Huye por el 570 monte. Don Rafael va tras ella. Consternación de los padres. Cesáreo arrogante, confiado en sí mismo._)

ACTO QUINTO

Almacén de hulla. Local grande, de sólidos muros y techo abovedado.

A la derecha, primer término, un ventanal; a la izquierda un estante con herramientas y otros objetos, pedazos de flejes, tablas, etc. El foro está dividido: a la izquierda, un cuerpo saliente, que es una de las habitaciones particulares de León, con una puerta frente al público, y otra lateral que da al foro, y almacenes. Por la derecha de este foro se va a la calle.

Utensilios propios del comercio de carbón. Banquetas y muebles toscos. Es de día.

ESCENA PRIMERA

El ALCALDE, que entra por el fondo; DON RAFAEL, que sale por la puerta pequeña del fondo.

ALCALDE. (_Sorprendido._) ¿Pero estaba usted aquí?

DON RAFAEL. ¿Pues dónde querías que estuviese? Mi papel es consolar a los oprimidos, como el tuyo adular a los poderosos.

ALCALDE. No estamos para sermones. Dígame, ¿han 5 vuelto a su casa los señores Marqueses?

DON RAFAEL. Sí.

ALCALDE. ¿Y la Marquesita?

DON RAFAEL. En mi casa.

ALCALDE. Dijéronme que avanzó monte arriba largo 10 trecho...

DON RAFAEL. Desolada, quería ser como fiera vagabunda del bosque. Yo no podía seguirla. La reduje al fin... Los padres, en cuanto se enteraron de que estaba en mi casa, corrieron allá. Escena de lágrimas... desmayo 15 de Filomena, pucheros del papá... Pero Mariucha inflexible. Se ha encastillado en su potente voluntad, y cualquiera la rinde.

ALCALDE. ¡Contentos están de usted los Marqueses y don Cesáreo! 20

DON RAFAEL. Ya, ya... Si a todo trance querían someter a María por el terror, y martirizarla en su propia casa o en un convento, valiéranse de otros de mi oficio, que los hay, vaya si los hay, dispuestos para eso y para mucho más; pero este Cura no es de esa cuerda... 25

ALCALDE. ¡Qué demonio! D. Cesáreo ha de mirar por el decoro de la familia, por el lustre de su nombre.

DON RAFAEL. (_Burlón._) ¡Mucho, mucho! Lustre nuevo a cosas viejas, y barnizar con oro y púrpura las grandezas podridas... 30

ALCALDE. Reconozcamos que la posición que tendrá don Cesáreo dentro de unos días le dará un poder formidable...

DON RAFAEL. ¡Malditas posiciones, que son como los castillos roqueros de antaño, de donde sale toda asolación 35 de pueblos, todo el atropello y vejámenes de personas!

ALCALDE. Pero fíjese usted... Si Mariquita se sale con la suya... Lo que yo digo...

DON RAFAEL. (_Interrumpiéndole._) Cállate. Todo lo que tú puedas decirme me lo sé de memoria. Es el lenguaje 40 del servilismo, que entre las pisadas de los poderosos cultiva su interés. ¡El decoro de la familia, el nombre! Vale más un cabello de Mariucha que todos los nombres y remoquetes de los innumerables fantasmones que pueblan el mundo. 45

ALCALDE. (_Queriendo explicarse._) Óigame... yo digo que...

DON RAFAEL. (_Sin hacerle caso, con calor._) ¡Las posiciones! ¡Que me dé Dios vida para verlas arrasadas, hecha tabla rasa de todo este feudalismo indecente! 50 Ea: abur.

ALCALDE. Aguarde: no sea tan vivo. (_Autoritario._) Tengo que advertirle...

DON RAFAEL. ¿Órdenes del bajá de tres colas... del Excelentísimo Sr. Duque...? 55

ALCALDE. Órdenes mías. Primero: no conviene que visite usted a este hombre... Segundo. Puesto que tiene a la fierecilla en su casa, exhórtela, aconséjela con todo el sermoneo que usted sabe emplear cuando quiere, y una vez dueño de ella... 60

DON RAFAEL. Le echo al cuello una soga, y la traigo al redil paterno.

ALCALDE. Sin soga o con soga, entendiendo por ésta la autoridad religiosa y moral. Antes de las tres ha de estar la señorita bien catequizada y bien amansada en 65 casa de sus padres, para que puedan tomar todos el tren de las cuatro...

DON RAFAEL. Bien, Nicolás. ¿Lo manda el amo?

ALCALDE. Lo manda el sentido común; lo manda también el señor Obispo, ¡ojo! que es muy amigo de don 70 Cesáreo y...

DON RAFAEL. (_Riendo._) Mucho, mucho... ¡ja... ja!... ¿Con que a las tres?

ALCALDE. Lo más tarde.

DON RAFAEL. Pues la traeré, hijo; traeré a la fierecilla... 75 No te incomodes. La verdad es que tengo yo un miedo fenomenal a mi señor Duque, y al Obispo, y a ti... ¡Mucho, mucho...! (_Vase riendo por el fondo._)

ESCENA II

El ALCALDE, ROLDÁN, CORRAL, por el fondo.

ROLDÁN. Risueño va el curita... 80

ALCALDE. Déjale, que ya le cortarán la risa... ¿Y don Cesáreo?

CORRAL. Ahora salía del Juzgado.

ALCALDE. ¿Y el Juez...?

CORRAL. Enteramente a su devoción. 85

ROLDÁN. Según eso, a este hombre se le puede cantar el responso.

ALCALDE. Yo entiendo que cederá en cuanto vea la que se le viene encima... Él mismo será el que desencante a la encantada señorita... Para mí, a eso tira don 90 Cesáreo...

CORRAL. Entiendo que no cede. Está enamoradísimo del ángel. Lo que hará será suicidarse, y me alegro.

ALCALDE. ¡Hombre...!

CORRAL. Digo que allá me espere muchos años. 95

ESCENA III

Los mismos; CESÁREO, por el fondo.

CESÁREO. (_Al Alcalde._) ¿Vio usted a ese maldito Cura; le dijo...?

ALCALDE. Que se arregle como pueda, ya por lo religioso, ya por lo moral, para encadenar a la rebelde... 100

CESÁREO. Muy bien.

ALCALDE. Y traerla a casa de sus padres.

CESÁREO. O convencida o resignada: no hay otro remedio. Y ello ha de ser pronto...

ALCALDE. Sí: para que tengan tiempo de tomar el 105 tren...

CESÁREO. Pues adelante... Ea: suélteme usted la fiera. Verán qué pronto la amanso. (_A Roldán y Corral._) Señores, despéjenme la cueva...

CORRAL. Aguardaremos fuera... (_Vanse Corral y 110 Roldán por el foro. El Alcalde entra en las habitaciones de León y sale en seguida._)

ALCALDE. ¿Le dejo a usted solo?

CESÁREO. Sí... En cuanto hable usted con el Cura, hágame el favor de pasar a casa de mis padres y advertirles 115 que estén prevenidos... que vendrá María, que partiremos todos...

ALCALDE. Está bien... (_Retírase el Alcalde por el foro; aparece León._)

ESCENA IV

LEÓN, CESÁREO. (Éste se quita los guantes con presteza y los arroja sobre el banco de cerrajería.)

LEÓN. (_Con fría urbanidad._) Siento que venga usted 120 a este almacén, lugar tan impropio para visitas... Hubiera ido yo a donde se me designara...

CESÁREO. Aquí estamos bien, señor... (_Vacilando en el tratamiento._) Creo inútil... y tonto... que nos engañemos dando yo a usted un nombre que no es el suyo. De 125 antiguo nos conocemos, Antonio Sanfelices.

LEÓN. (_Con gran tranquilidad, en pie._) Ése es mi nombre. A punto estuvo usted de conocerme aquel día en la sala de Alto-Rey... El polvo de carbón me sirvió de máscara... 130

CESÁREO. Tras el velo negro creí ver el rostro del que fue mi amigo, del que dejó de serlo... no por culpa mía.

LEÓN. Por mi culpa, es verdad. Muchos amigos dejaron de saludarme. Algunos, pocos, me favorecieron 135 con un trato de pura fórmula.

CESÁREO. Yo fui de ésos.

LEÓN. Nuestro trato había sido hasta entonces muy cordial. Nos tuteábamos.

CESÁREO. Cierto. 140

LEÓN. Y aun pareció que quería usted distinguirme con una benevolencia de pura fórmula.

CESÁREO. Benevolencia que tú... (_Vivamente, con transición de la rigidez a la sinceridad._) Perdone usted: siento vivas ganas de tutearle ahora como antes... Me 145 sale de dentro.

LEÓN. Y a mí.

CESÁREO. No porque el tuteo sea más familiar, más íntimo, sino porque es...

LEÓN. Más rencoroso... 150

CESÁREO. Más expresivo...

LEÓN. Puede uno desfogar su pecho...

CESÁREO. Sí, sí... Pues decía yo que no merecías mi benevolencia.

LEÓN. Yo creo que sí la merecía. 155

CESÁREO. Hoy, con el mismo sentimiento compasivo miraría yo tu mengua... Pero resulta que no te avienes a llevarla solo, y quieres compartirla con una familia ilustre...

LEÓN. (_Inalterable en su tranquilidad._) No doy ni 160 quito mengua, ni con nadie la comparto, porque no existe.

CESÁREO. ¿Que no existe? ¿Quién la ha borrado?

LEÓN. (_Con orgullo y convicción._) Yo la he borrado, yo. (_Insistiendo._) Digo que yo la he borrado, y basta. 165 Si la conciencia humana no pudiera ennegrecerse y limpiarse como esta cara mía, que viste tiznada de carbón y ahora ves blanqueada por el agua, no seríamos hombres, seríamos animales.

CESÁREO. Retóricas... Eso se dice. 170

LEÓN. Y se hace. Puedes creerlo, puedes dudarlo. No tengo interés en convencerte.

CESÁREO. Si, en efecto, lavaste tu afrenta, ¿por qué no procuraste que así lo comprendiese tu tío el Marqués de Tarfe, el noble anciano que...? 175

LEÓN. Por escrito le dije lo mismo que de palabra te he dicho a ti. Pero no me creyó. Como tú, me dijo: «Retóricas.»

CESÁREO. ¿Sabes que murió tu tío?

LEÓN. Lo sé. 180

CESÁREO. ¿Sabes que en su testamento no te dejó ni el más pequeño legado?

LEÓN. Lo sé. No esperaba herencia ni legado. Y la verdad, no sentí la preterición de mi nombre en el testamento. Me satisface más vivir de lo que he adquirido 185 con mi trabajo. Cada uno tiene su manera de borrar lo que fue, para dar mayor vida y realce... a lo que es.

CESÁREO. ¿Y de la causa que se te formó no tienes noticia reciente? 190

LEÓN. Si no recuerdo mal, me dijo el Marqués al despedirme, que se había sobreseído la causa. Supe que mis compañeros de infortunio fueron absueltos libremente. Por absuelto me tuve también.

CESÁREO. Pues no lo estás. 195

LEÓN. ¿Lo sabes tú?

CESÁREO. Antes de venir aquí, quise conocer los antecedentes jurídicos de Antonio Sanfelices. En el Juzgado vi que el expediente no está sobreseído, y que fácilmente se le pone en tramitación. 200

LEÓN. ¡Pues no te has dado poca tarea! ¡Tanto interés en contra mía! ¿Es por la justicia? (_Con severidad._) No: es porque amo a tu hermana.

CESÁREO. Por ambas cosas. Por la justicia en el concepto general, por la justicia en mi propia casa. Con 205 una acción sola impongo castigo a quien lo merece, y corto el paso al hombre manchado que pretende entrar en mi familia.

LEÓN. ¡Y con ese fin desentierras mi proceso... y le das impulso en Madrid, y aquí te rodeas de autoridades 210 serviles para consumar tu obra, que quiere ser justicia, escarmiento, preservativo de la familia, y al fin venganza, porque eso viene a ser en realidad!

CESÁREO. Justicia, venganza, preservativo, escarmiento, 215 llámalo como quieras, y entrégate; ríndete ante un hecho contra el cual nada podrás.

LEÓN. ¿Que no podré?... Bueno. (_Se cruza de brazos y le mira, expresando una calma estoica. Pausa. Cesáreo le mira._)

CESÁREO. (_Con expectación._) ¿Desistes?... ¿Te das 220 por vencido?

LEÓN. No desisto. Persígueme sin piedad. Cualquiera que sea mi situación, amaré a tu hermana...

CESÁREO. (_Sin quitar de él los ojos._) Con amor de ensueño nada más. 225

LEÓN. Con el amor que siento ahora, el cual no se satisface sino haciéndola mía para siempre.

CESÁREO. (_Airado._) Te prohíbo nombrar a mi hermana.

LEÓN. ¡Si su nombre está siempre en mí, cuando 230 no en mis labios, en mi pensamiento! ¡Prohibirme que piense! Tú a prohibir, yo a pensar, veremos quién gana.

CESÁREO. (_Enardeciéndose ante la calma de León._) Esa estudiada calma, esa serenidad burlona no es más que la expresión de un cinismo repugnante que merece 235 castigo, y me veré obligado a dártelo.

LEÓN. (_Imperturbable._) Muy bien. Pues ese castigo de mis maldades caiga sobre mí. Impónmelo pronto, tú... con tu propia mano. No te importe estar en mi casa. 240

CESÁREO. (_Despreciativo._) Yo no: la ley.

LEÓN. ¡Ah! es verdad: ya no me acordaba. Tú, creyéndome deshonrado, no puedes medir conmigo tus armas de caballero... ¿Y para qué habías de exponer vida, si ahí tienes la ley, auxiliar cómodo y barato, y 245 puedes aniquilarme con tu poder feudal sin ningún riesgo? Yo, que nada puedo, sucumbiré, y tú quedarás triunfante, con la satisfacción de haberte librado de un enemigo sin derramar ni una gota de sangre, sin un rasguño, sin la menor molestia... 250

CESÁREO. ¿Qué quieres decir? ¿Que temo batirme contigo?

LEÓN. En otras circunstancias no lo temerías. Hoy, ¿para qué habías de temer lo que no necesitas?... Pues ni con el duelo, si el duelo fuera posible, ni con echarme 255 a los lobos de la Curia, conseguirás que yo desista. No sabes, no podrás saber nunca, Cesáreo, a dónde llega mi resistencia. El día en qué creíste reconocerme, tu hermana dijo: «No es aquél, Cesáreo; es otro.» Gran verdad salió de aquel divino labio. No soy aquél: soy 260 otro.

CESÁREO. Palabrería, orgullo, afectación. (_Contiene su ira; trata de dominar a León en otra forma, sugiriéndole ideas de amargura y desesperación._) Si la ley te coge en su garra y no te suelta, que no te soltará, caerás en 265 grande abatimiento... perderás tu negocio... no volverás a ver a mi hermana, ni oirás siquiera su nombre. Ninguna ilusión te consolará, y el amor mismo se te ha de convertir en un vacío angustioso, que te inspirará el horror de la vida. Tus días serán solitarios, tus noches 270 serán lúgubres. No te quedará más consuelo que el sueño, el eterno olvidar, el eterno dormir.

LEÓN. (_Calmoso, risueño._) Ya veo tu idea. Y es ingeniosa, Cesáreo... Claro, no me queda más que una solución: el suicidio. 275

CESÁREO. No es solución: es fatalidad.

LEÓN. ¡Ah, Cesáreo, qué mal me conoces! He padecido tanto, tanto; he llevado la carga de la vida en condiciones tales, que el vivir era para mí lo mismo que llevar a cuestas un cadáver... Pues aunque llegue a 280 ser mi vida más abrumadora de lo que fue, aunque sobre ella pongas los desconsuelos más negros y las tribulaciones más horribles, subiré con ella a todos los calvarios. No, Cesáreo: yo... no me mato. (_Se sienta impávido._) 285

CESÁREO. (_Aparte, confuso, paseándose._) ¡Duro como una peña!

LEÓN. Si contabas con mi suicidio, desecha esa esperanza... Busca otra.

CESÁREO. (_Fogoso, con arranque de sinceridad._) 290 ¿Cuál? ¿Por qué camino desaparecerás y se perderá de vista tu existencia...?

LEÓN. Por ninguno. Todo lo soporto: deshonra, miseria, cárcel. De todas esas muertes resucito.

CESÁREO. María te olvidará. 295

LEÓN. María no olvidará a su maestro.

CESÁREO. Se avergonzará de haber querido a un criminal.

LEÓN. Nunca. María cree en mí.

CESÁREO. Dejarás de verla. 300

LEÓN. Esperaré.

CESÁREO. A ti y a ella, por medios distintos, quitaremos toda esperanza.

LEÓN. ¡Abolir la esperanza! ¡Pues de Dios se dice que no quita la esperanza, y la vas a quitar tú! 305

CESÁREO. (_Exasperado gradualmente, su ira va creciendo hasta llegar al paroxismo._) Yo no consiento, no puedo tolerar, no quiero, no quiero que entres en mi familia.

LEÓN. No tengo interés... Con tal que tu hermana 310 entre en la mía...

CESÁREO. (_Cegándose más._) Infame, soy caballero y castigaré tu insolencia.

LEÓN. Yo soy estoico, y no temo ningún castigo.

CESÁREO. Cínico: pues no te rindes, expiarás los 315 delitos que cometiste y quedaron impunes.

LEÓN. Está bien; es justo. Pero ni por ese medio, ni por el duelo, que como caballero no puedes aceptar, ni por el suicidio, que yo rechazo, te librarás de mí. No te queda más recurso que el asesinato... Asesíname, si 320 te atreves. (_Sin perder su serenidad, se levanta._)

CESÁREO. (_Frenético, disparado ya y con rabia impulsiva._) ¡Pues sí: me atrevo... el asesinato... el crimen! (_Ciego, se precipita hacia el banco de cerrajería que está tras él, y palpando busca un arma._) ¡Te mato... 325 villano!... ¡Muerte!...

LEÓN. (_Acercándose._) ¿Buscas un arma? (_Señalando al estante, en el cual, entre variedad de herramientas, hay cuchillos, limas y hacha._) Ahí tienes. Escoge lo que te parezca mejor. Yo estoy desarmado. 330

CESÁREO. (_Exaltado, buscando._) Esto... (_Coge una lima y la suelta con repugnancia._) No: esto no. (_Coge un hacha._) Esto... tampoco. (_Lo arroja con desdén._)

LEÓN. ¿Ves? No puedes. Tu naturaleza rechaza la brutalidad... Y hay en mí una fuerza ante la cual tu 335 orgullo acaba por rendirse.

CESÁREO. Sí... tu cinismo.

LEÓN. No: mi razón... la razón que me asiste.

CESÁREO. (_Pasándose la mano por los ojos._) No sé qué es esto. (_Cae desalentado en un banco, por la brusca 340 sedación que sigue al desmedido esfuerzo._) No es cobardía; no me creerás cobarde. (_Se lleva la mano al rostro. Aparecen por el fondo don Rafael, María, y tras ellos tres personas (que no hablan), Cirila, otra criada, el sacristán de la parroquia sin sotana, que trae un saco de damasco 345 rojo con ropas eclesiásticas y varios objetos de culto envueltos en telas, crucifijo, candeleros, libro de ritual. Entran sin ser vistos en las habitaciones particulares de León por la puerta lateral del foro. María permanece en escena._) 350

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MariuchaChapter C: A. Turrell, Introduction to Contemporary Spanish Dramatists, (3)

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