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Chapter III

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Hoy cuentan por doquier gentes medrosas,
Que cuando asoma en el oriente el alba,
5 Y en el cuartel tambores y cornetas
Están tocando _diana_...
Se ve vagar la misteriosa sombra,
Que se detiene al pie de una ventana
Y murmura: no llores, alma mía,
10 Que volveré mañana.
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CUBA

DON JOSÉ MARÍA HEREDIA

EN EL TEOCALLI DE CHOLULA

¡Cuánto es bella la tierra que habitaban
Los aztecas valientes! En su seno
En una estrecha zona concentrados
Con asombro se ven todos los climas
5 Que hay desde el polo al ecuador. Sus llanos
Cubren á par de las doradas mieses
Las cañas deliciosas. El naranjo
Y la piña y el plátano sonante,
Hijos del suelo equinoccial, se mezclan
10 Á la frondosa vid, al pino agreste,
Y de Minerva al árbol majestuoso.
Nieve eternal corona las cabezas
De Iztaccíhual purísimo, Orizaba
15 Y Popocatepec; sin que el invierno
Toque jamás con destructora mano
Los campos fertilísimos, do ledo
Los mira el indio en púrpura ligera
Y oro teñirse, reflejando el brillo
Del Sol en occidente, que sereno
20 En hielo eterno y perennal verdura page 180
Á torrentes vertió su luz dorada,
Y vió á naturaleza conmovida
Con su dulce calor hervir en vida.

Era la tarde: su ligera brisa
5 Las alas en silencio ya plegaba
Y entre la hierba y árboles dormía,
Mientras el ancho sol su disco hundía
Detrás de Iztaccíhual. La nieve eterna
Cual disuelta en mar de oro, semejaba
10 Temblar en torno de él: un arco inmenso
Que del empíreo en el cenit finaba
Como espléndido pórtico del cielo
De luz vestido y centellante gloria,
De sus últimos rayos recibía
15 Los colores riquísimos. Su brillo
Desfalleciendo fué: la blanca luna
Y de Venus la estrella solitaria
En el cielo desierto se veían.
¡Crepúsculo feliz! Hora más bella
20 Que la alma noche ó el brillante día.
¡Cuánto es dulce tu paz al alma mía!

Hallábame sentado en la famosa
Choluteca pirámide. Tendido
El llano inmenso que ante mí yacía,
25 Los ojos á espaciarse convidaba.
¡Qué silencio! ¡qué paz! ¡Oh! ¿quién diría
Que en estos bellos campos reina alzada
La bárbara opresión, y que esta tierra page 181
Brota mieses tan ricas, abonada
Con sangre de hombres, en que fué inundada
Por la superstición y por la guerra?...

Bajó la noche en tanto. De la esfera
5 El leve azul, obscuro y más obscuro
Se fué tornando: la movible sombra
De las nubes serenas, que volaban
Por el espacio en alas de la brisa,
Era visible en el tendido llano.
10 Iztaccíhual purísimo volvía
Del argentado rayo de la luna
El plácido fulgor, y en el oriente
Bien como puntos de oro centellaban
Mil estrellas y mil... ¡Oh! yo os saludo,
15 Fuentes de luz, que de la noche umbría
Ilumináis el velo,
Y sois del firmamento poesía.

Al paso que la luna declinaba,
Y al ocaso fulgente descendía
20 Con lentitud, la sombra se extendía
Del Popocatepec, y semejaba
Fantasma colosal. El arco obscuro
Á mí llegó, cubrióme, y su grandeza
25 Fué mayor y mayor, hasta que al cabo
En sombra universal veló la tierra.

Volví los ojos al volcán sublime,
Que velado en vapores transparentes, page 182
Sus inmensos contornos dibujaba
De occidente en el cielo.
¡Gigante del Anáhuac! ¿cómo el vuelo
De las edades rápidas no imprime
5 Alguna huella en tu nevada frente?
Corre el tiempo veloz, arrebatando
Años y siglos como el norte fiero
Precipita ante sí la muchedumbre
De las olas del mar. Pueblos y reyes
10 Viste hervir á tus pies, que combatían
Cual hora combatimos, y llamaban
Eternas sus ciudades, y creían
Fatigar á la tierra con su gloria.
Fueron: de ellos no resta ni memoria.
15 ¿Y tú eterno serás? Tal vez un día
De tus profundas bases desquiciado
Caerás; abrumará tu gran ruina
Al yermo Anáhuac; alzaránse en ella
Nuevas generaciones y orgullosas,
20 Que fuiste negarán...
Todo perece
Por ley universal. Aun este mundo
Tan bello y tan brillante que habitamos,
Es el cadáver pálido y deforme
De otro mundo que fue...

25 En tal contemplación embebecido
Sorprendióme el sopor. Un largo sueño,
De glorias engolfadas y perdidas page 183
En la profunda noche de los tiempos,
Descendió sobre mí. La agreste pompa
De los reyes aztecas desplegóse
5 Á mis ojos atónitos. Veía
De emplumados caudillos levantarse
El déspota salvaje en rico trono,
De oro, perlas y plumas recamado;
Y al son de caracoles belicosos
10 Ir lentamente caminando al templo
La vasta procesión, do la aguardaban
Sacerdotes horribles, salpicados
Con sangre humana rostros y vestidos.
Con profundo estupor el pueblo esclavo
15 Las bajas frentes en el polvo hundía,
Y ni mirar á su señor osaba,
De cuyos ojos férvidos brotaba
La saña del poder.
Tales ya fueron
Tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo:
20 Su vil superstición y tiranía
En el abismo del no ser se hundieron.
Sí, que la muerte, universal señora,
Hiriendo á par al déspota y esclavo,
Escribe la igualdad sobre la tumba.
25 Con su manto benéfico el olvido
Tu insensatez oculta y tus furores
Á la raza presente y la futura.
Esta inmensa estructura page 184
Vió á la superstición más inhumana
En ella entronizarse. Oyó los gritos
De agonizantes víctimas, en tanto
Que el sacerdote, sin piedad ni espanto,
5 Les arrancaba el corazón sangriento;
Miró el vapor espeso de la sangre
Subir caliente al ofendido cielo
Y tender en el sol fúnebre velo,
Y escuchó los horrendos alaridos
10 Con que los sacerdotes sofocaban
El grito del dolor.

Muda y desierta
Ahora te ves, Pirámide. ¡Más vale
Que semanas de siglos yazgas yerma,
Y la superstición á quien serviste
15 En el abismo del infierno duerma!
Á nuestros nietos últimos, empero,
Sé lección saludable; y hoy al hombre
Que ciego en su saber fútil y vano
Al cielo, cual Titán, truena orgulloso,
20 Sé ejemplo ignominioso
De la demencia y del furor humano.

EL NIÁGARA

Templad mi lira, dádmela, que siento
En mi alma estremecida y agitada
Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo
25 En tinieblas pasó, sin que mi frente page 185
Brillase con su luz!... Niágara undoso,
Tu sublime terror sólo podría
Tornarme el don divino, que ensañada
Me robó del dolor la mano impía.

5 Torrente prodigioso, calma, calla
Tu trueno aterrador: disipa un tanto
Las tinieblas que en torno te circundan;
Déjame contemplar tu faz serena,
Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
10 Yo digno soy de contemplarte: siempre
Lo común y mezquino desdeñando,
Ansié por lo terrífico y sublime.
Al despeñarse el huracán furioso,
Al retumbar sobre mi frente el rayo,
15 Palpitando gocé: vi al Océano,
Azotado por austro proceloso,
Combatir mi bajel, y ante mis plantas
Vórtice hirviendo abrir, y amé el peligro.
Mas del mar la fiereza
20 En mi alma no produjo
La profunda impresión que tu grandeza.

Sereno corres, majestuoso; y luego
En ásperos peñascos quebrantado,
Te abalanzas violento, arrebatado,
25 Como el destino irresistible y ciego.
¿Qué voz humana describir podría
De la sirte rugiente page 186
La aterradora faz? El alma mía
En vago pensamiento se confunde
Al mirar esa férvida corriente,
Que en vano quiere la turbada vista
5 En su vuelo seguir al borde obscuro
Del precipicio altísimo: mil olas,
Cual pensamiento rápidas pasando,
Chocan, y se enfurecen,
Y otras mil y otras mil ya las alcanzan,
10 Y entre espuma y fragor desaparecen.

¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo
Devora los torrentes despeñados:
Crúzanse en él mil iris, y asordados
Vuelven los bosques el fragor tremendo.
15 En las rígidas peñas
Rómpese el agua: vaporosa nube
Con elástica fuerza
Llena el abismo en torbellino, sube,
Gira en torno, y al éter
20 Luminosa pirámide levanta,
Y por sobre los montes que le cercan
Al solitario cazador espanta.

Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista
Con inútil afán? ¿Por qué no miro
25 Al rededor de tu caverna inmensa
Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
Que en las llanuras de mi ardiente patria page 187
Nacen del sol á la sonrisa, y crecen,
Y al soplo de las brisas del Océano
Bajo un cielo purísimo se mecen?

Este recuerdo á mi pesar me viene...
5 Nada ¡oh Niágara! falta á tu destino,
Ni otra corona que el agreste pino
Á tu terrible majestad conviene.
La palma y mirto y delicada rosa
Muelle placer inspiren y ocio blando
10 En frívolo jardín: á ti la suerte
Guardó más digno objeto, más sublime.
El alma libre, generosa, fuerte,
Viene, te ve, se asombra,
El mezquino deleite menosprecia
15 Y aun se siente elevar cuando te nombra.

¡Omnipotente Dios! En otros climas
Vi monstruos execrables,
Blasfemando tu nombre sacrosanto,
Sembrar error y fanatismo impío,
20 Los campos inundar con sangre y llanto,
De hermanos atizar la infanda guerra,
Y desolar frenéticos la tierra.
Vilos, y el pecho se inflamó á su vista
En grave indignación. Por otra parte
25 Vi mentidos filósofos, que osaban
Escrutar tus misterios, ultrajarte,
Y de impiedad al lamentable abismo page 188
Á los míseros hombres arrastraban.
Por eso te buscó mi débil mente
En la sublime soledad: ahora
Entera se abre á ti; tu mano siente
5 En esta inmensidad que me circunda,
Y tu profunda voz hiere mi seno
De este raudal en el eterno trueno.

¡Asombroso torrente!
¡Cómo tu vista el ánimo enajena
10 Y de terror y admiración me llena!
¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza
Por tantos siglos tu inexhausta fuente?
¿Qué poderosa mano
Hace que al recibirte
15 No rebose en la tierra el Océano?

Abrió el Señor su mano omnipotente;
Cubrió tu faz de nubes agitadas,
Dió su voz á tus aguas despeñadas,
Y ornó con su arco tu terrible frente.
20 ¡Ciego, profundo, infatigable corres,
Como el torrente obscuro de los siglos
En insondable eternidad!... ¡Al hombre
Huyen así las ilusiones gratas,
Los florecientes días,
25 Y despierta al dolor!... ¡Ay! agostada
Yace mi juventud; mi faz, marchita; page 189
Y la profunda pena que me agita
Ruga mi frente de dolor nublada.

Nunca tanto sentí como este día
Mi soledad y mísero abandono
5 Y lamentable desamor... ¿Podría
En edad borrascosa
Sin amor ser feliz? ¡Oh! si una hermosa
Mi cariño fijase,
Y de este abismo al borde turbulento
10 Mi vago pensamiento
Y ardiente admiración acompañase!
¡Cómo gozara, viéndola cubrirse
De leve palidez, y ser más bella
En su dulce terror, y sonreirse
15 Al sostenerla mis amantes brazos...
Delirios de virtud... ¡Ay! ¡Desterrado,
Sin patria, sin amores,
Sólo miro ante mí llanto y dolores!

¡Niágara poderoso!
20 ¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años
Ya devorado habrá la tumba fría
Á tu débil cantor. ¡Duren mis versos
Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso,
Viéndote algún viajero,
25 Dar un suspiro á la memoria mía!
Y al abismarse Febo en occidente,
Feliz yo vuele do el Señor me llama, page 190
Y al escuchar los ecos de mi fama,
Alce en las nubes la radiosa frente.

«PLÁCIDO» (DON GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS)

PLEGARIA Á DIOS

¡Ser de inmensa bondad! ¡Dios poderoso!
 vos acudo en mi dolor vehemente...
5 Extended vuestro brazo omnipotente;
Rasgad de la calumnia el velo odioso;
Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente.

¡Rey de los Reyes! ¡Dios de mis abuelos!
10 ¡Vos solo sois mi defensor! ¡Dios mío!...
Todo lo puede quien al mar sombrío
Olas y peces dio, luz á los cielos,
Fuego al sol, giro al aire, al norte hielos,
Vida á las plantas, movimiento al río.

15 Todo lo podéis vos; todo fenece,
Ó se reanima á vuestra voz sagrada;
Fuera de vos, Señor, el todo es nada
Que en la insondable eternidad perece;
Y aun esa misma nada os obedece,
20 Pues de ella fué la humanidad creada.
page 191
Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia;
Y pues vuestra eternal sabiduría
Ve al través de mi cuerpo el alma mía
Cual del aire á la clara transparencia,
5 Estorbad que humillada la inocencia
Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa
Sangre vertida, que la culpa sella
Del pecado de Adán, ó por aquella
10 Madre cándida, dulce y amorosa,
Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa,
Siguió tu muerte como helíaca estrella.

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impío,
15 Y que los hombres mi cadáver frío
Ultrajen con maligna complacencia...
¡Suene tu voz, y acabe mi existencia!...
¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

DOÑA GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

Á WÁSHINGTON

No en lo pasado a tu virtud modelo,
20 Ni copia al porvenir dará la historia,
Ni otra igual en grandeza á tu memoria
Difundirán los siglos en su vuelo. page 192
Miró la Europa ensangrentar su suelo
Al genio de la guerra y la victoria,
Pero le cupo á América la gloria
De que al genio del bien le diera el cielo.
5 Que audaz conquistador goce en su ciencia
Mientras al mundo en páramo convierte,
Y se envanezca cuando á siervos mande;
¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia
Que el que los rige libres sólo es fuerte;
10 Que el que los hace grandes sólo es grande!

AL PARTIR

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
La noche cubre con su opaco velo,
Como cubre el dolor mi triste frente.
15 ¡Voy á partir!... La chusma diligente
Para arrancarme del nativo suelo
Las velas iza, y pronta á su desvelo
La brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós, patria feliz, Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela,
20 Tu dulce nombre halagará mi oído.
¡Adiós!... ¡ya cruje la turgente vela...
El ancla se alza... el buque estremecido
Las olas corta y silencioso vuela!
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ECUADOR

DON JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO

LA VICTORIA DE JUNÍN

Canto á Bolívar

El trueno horrendo, que en fragor revienta
Y sordo retumbando se dilata
Por la inflamada esfera,
Al Dios anuncia que en el cielo impera.

5 Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
La hispana muchedumbre,
Que más feroz que nunca amenazaba
Á sangre y fuego eterna servidumbre,
Y el canto de victoria
10 Que en ecos mil discurre, ensordeciendo
El hondo valle y enriscada cumbre,
Proclaman á Bolívar en la tierra
Árbitro de la paz y de la guerra.

Las soberbias pirámides que al cielo
15 El arte humano osado levantaba
Para hablar á los siglos y naciones, page 194
Templos, do esclavas manos
Deificaban en pompa á sus tiranos,
Ludibrio son del tiempo, que con su ala
Débil las toca, y las derriba al suelo,
5 Después que en fácil juego el fugaz viento
Borró sus mentirosas inscripciones;
Y bajo los escombros confundido
Entre las sombras del eterno olvido
¡Oh de ambición y de miseria ejemplo!
10 El sacerdote yace, el dios y el templo.

Mas los sublimes montes, cuya frente
Á la región etérea se levanta,
Que ven las tempestades á su planta
Brillar, rugir, romperse, disiparse;
15 Los Andes... las enormes, estupendas
Moles sentadas sobre bases de oro,
La tierra con su peso equilibrando,
Jamás se moverán. Ellos, burlando
De ajena envidia y del protervo tiempo
20 La furia y el poder, serán eternos
De Libertad y de Victoria heraldos,
Que con eco profundo
Á la postrera edad dirán del mundo:
«Nosotros vimos de Junín el campo;
25 Vimos que al desplegarse
Del Perú y de Colombia las banderas,
Se turban las legiones altaneras,
Huye el fiero español despavorido, page 195
Ó pide paz rendido.
Venció Bolívar: el Perú fué libre;
Y en triunfal pompa Libertad sagrada
En el templo del Sol fué colocada.»

5 ¿Quién es aquel que el paso lento mueve
Sobre el collado que á Junín domina?
¿Que el campo desde allí mide, y el sitio
Del combatir y del vencer desina?
¿Que la hueste contraria observa, cuenta,
10 Y en su mente la rompe y desordena,
Y á los más bravos á morir condena,
Cual águila caudal que se complace
Del alto cielo en divisar su presa
Que entre el rebaño mal segura pace?
15 ¿Quién el que ya desciende
Pronto y apercibido á la pelea?
Preñada en tempestades le rodea
Nube tremenda: el brillo de su espada
Es el vivo reflejo de la gloria;
20 Su voz un trueno; su mirada un rayo.
¿Quién aquel que, al trabarse la batalla,
Ufano como nuncio de victoria,
Un corcel impetuoso fatigando,
Discurre sin cesar por toda parte?...
25 ¿Quién, sino el hijo de Colombia y Marte?

Sonó su voz: «Peruanos,
Mirad allí los duros opresores page 196
De vuestra patria. Bravos colombianos,
En cien crudas batallas vencedores,
Mirad allí los enemigos fieros
Que buscando venís desde Orinoco:
5 Suya es la fuerza, y el valor es vuestro,
Vuestra será la gloria;
Pues lidiar con valor y por la patria
Es el mejor presagio de victoria.
Acometed: que siempre
10 De quien se atreve más el triunfo ha sido:
Quien no espera vencer, ya está vencido.»

Dice; y al punto, cual fugaces carros
Que, dada la señal, parten, y en densos
De arena y polvo torbellinos ruedan,
15 Arden los ejes, se estremece el suelo,
Estrépito confuso asorda el cielo,
Y en medio del afán cada cual teme
Que los demás adelantarse puedan;
Así los ordenados escuadrones,
20 Que del iris reflejan los colores
Ó la imagen del sol en sus pendones,
Se avanzan á la lid. ¡Oh! ¡quién temiera,
Quién, que su ímpetu mismo los perdiera!

Tal el héroe brillaba
25 Por las primeras filas discurriendo.
Se oye su voz, su acero resplandece
Do más la pugna y el peligro crece; page 197
Nada le puede resistir... Y es fama,
¡Oh portento inaudito!
Que el bello nombre de Colombia escrito
Sobre su frente en torno despedía
5 Rayos de luz tan viva y refulgente,
Que deslumbrado el español desmaya,
Tiembla, pierde la voz, el movimiento:
Sólo para la fuga tiene aliento.

Así, cuando en la noche algún malvado
10 Va á descargar el brazo levantado,
Si de improviso lanza un rayo el cielo,
Se pasma, y el puñal trémulo suelta;
Hielo mortal á su furor sucede;
Tiembla y horrorizado retrocede.
15 Ya no hay más combatir. El enemigo
El campo todo y la victoria cede.
Huye cual ciervo herido; y á donde huye
Allí encuentra la muerte. Los caballos
Que fueron su esperanza en la pelea,
20 Heridos, espantados, por el campo
Ó entre las filas vagan, salpicando
El suelo en sangre que su crin gotea;
Derriban al jinete, lo atropellan,
Y las catervas van despavoridas,
25 Ó unas en otras con terror se estrellan.

Crece la confusión, crece el espanto,
Y al impulso del aire, que vibrando page 198
Sube en clamores y alaridos lleno,
Tremen las cumbres que respeta el trueno.
Y discurriendo el vencedor en tanto
Por cimas de cadáveres y heridos,
5 Postra al que huye, perdona á los rendidos.

¡Padre del universo, sol radioso,
Dios del Perú, modera omnipotente
El ardor de tu carro impetüoso,
Y no escondas tu luz indeficiente!...
10 ¡Una hora más de luz!... Pero esta hora
No fué la del Destino. El dios oía
El voto de su pueblo, y de la frente
El cerco de diamantes desceñía.
En fugaz rayo el horizonte dora,
15 En mayor disco menos luz ofrece,
Y veloz tras los Andes se obscurece.

Tendió su manto lóbrego la noche,
Y las reliquias del perdido bando,
Con sus tristes y atónitos caudillos,
20 Corren sin saber dónde espavoridas,
Y de su sombra misma se estremecen;
Y al fin en las tinieblas ocultando
Su afrenta y su pavor, desaparecen.

¡Victoria por la patria! ¡oh Dios! ¡Victoria!
25 ¡Triunfo á Colombia y á Bolívar gloria!
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MÉXICO

DON JOSÉ JOAQUÍN DE PESADO

LA SERENATA

¡Oh, tú, que duermes en casto lecho,
De sinsabores ajeno el pecho,
Y á los encantos de la hermosura
Unes las gracias del corazón,
5 Deja el descanso, doncella pura,
Y oye los ecos de mi canción!
¿Quién en la tierra la dicha alcanza?
Iba mi vida sin esperanza,
Cual nave errante sin ver su estrella,
10 Cuando me inundas en claridad;
Y desde entonces, gentil doncella,
Me revelaste felicidad.
¡Oh, si las ansias decir pudiera
Que siente el alma, desde que viera
15 Ese semblante que amor inspira
Y los hechizos de tu candor!
Mas, rudo el labio, torpe la lira,
Decir no puede lo que es amor.
Del Iris puede pintarse el velo; page 200
Del sol los rayos, la luz del cielo;
La negra noche, la blanca aurora;
Mas no tus gracias ni tu poder,
Ni menos puede de quien te adora
5 Decirse el llanto y el padecer.

Amor encuentra doquier que vuelva
La vista en torno; la verde selva,
Florido el prado y el bosque umbrío,
La tierna hierba, la hermosa ñor,
10 Y la cascada, y el claro río,
Todos me dicen: amor, amor.
Cuando te ausentas, el campo triste
De luto y sombras luego se viste;
Mas si regresas, la primavera
15 Hace sus galas todas lucir:
¡Oh, nunca, nunca de esta ribera,
Doncella hermosa, quieras partir!

DON FERNANDO CALDERÓN

LA ROSA MARCHITA

¿Eres tú, triste rosa,
La que ayer difundía
20 Balsámica ambrosía,
Y tu altiva cabeza levantando
Eras la reina de la selva umbría? page 201
¿Por qué tan pronto, dime,
Hoy triste y desolada
Te encuentras de tus galas despojada?

Ayer viento süave
5 Te halagó cariñoso;
Ayer alegre el ave
Su cántico armonioso
Ejercitaba, sobre ti posando;
Tú, rosa, le inspirabas,
10 Y á cantar sus amores le excitabas.

Tal vez el fatigado peregrino,
Al pasar junto á ti, quiso cortarte:
Tal vez quiso llevarte
Algún amante á su ardoroso seno;
15 Pero al ver tu hermosura,
La compasión sintieron,
Y su atrevida mano detuvieron.

Hoy nadie te respeta:
El furioso aquilón te ha deshojado.
20 Ya nada te ha quedado
¡Oh reina de las flores!
De tu brillo y tus colores.

La fiel imagen eres
De mi triste fortuna:
25 ¡Ay! todos mis placeres,
Todas mis esperanzas una á una
Arrancándome ha ido page 202
Un destino funesto, cual tus hojas
Arrancó el huracán embravecido!

¿Y qué, ya triste y sola,
No habrá quien te dirija una mirada?
5 ¿Estarás condenada
Á eterna soledad y amargo lloro?
No, que existe un mortal sobre la tierra,
Un joven infeliz, desesperado,
Á quien horrible suerte ha condenado
10 Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa!
Ven á mi amante seno, en él reposa
Y ojalá de mis besos la pureza
Resucitar pudiera tu belleza.

Ven, ven, ¡oh triste rosa!
15 Si es mi suerte á la tuya semejante,
Burlemos su porfía;
Ven, todas mis caricias serán tuyas,
Y tu última fragancia será mía.

DON MANUEL ACUÑA

NOCTURNO

Á Rosario

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