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Chapter III: Spanish Versification (2)

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(5) The _octava rima_ (Ital. _ottava rima_) is an Italian form. Each stanza has eight 11-syllable lines with the rime-scheme _abababcc_. Examples are found of octaves employing short lines. A variety of the _octava rima_ is the _octava bermudina_ with the rime-scheme _abbcdeec_, the lines in _c_ ending in _agudos_.

(6) The _soneto_ (sonnet) is formed of fourteen 11-syllable lines. In the Siglo de Oro it appears as a much stricter form than the English sonnet of the corresponding period. The quatrains have the regular construction _abba_, and the tiercets almost always follow one of two types: either _cde, cde,_ or _cdcdcd_. See pp. 14, 18, 148, etc.

(7) _Tercetos_ (Italian _terza rima_), the verse used by Dante in the _Divina Commedia_, are formed of 11-syllable lines in groups of three, with the rime-scheme _aba, bcb, cdc_, etc., ending _yzyz_. See p. 15.

(8) The term _canción_, which means any lyrical composition, is also applied specifically to a verse form in which the poet invents a typical strophe, with a certain length of line and order of rimes, and adheres to this type of stanza throughout the whole poem. The lines are of eleven and seven syllables,--the Italian structure. Of such nature are the poems on pp. 8, 20, 71, 137 (bottom), 174, 190.

The same procedure is employed with lines of any length, page lxxxiii but the poem is not then called _canción_. For strophes in 10-syllable lines, see p. 199; in 8-syllable lines, pp. 16, 51, 83, 151; in 7-syllables, p. 202.

(9) The _silva_ is a free composition of 11-and 7-syllable lines. Most of the lines rime, but without any fixed order, and lines are often left unrimed. See pp. 46, 54, 152, 214 (bottom), etc. A similar freely riming poem in lines of seven syllables is Villegas' _Cantilena_ (p. 17).

(10) The Asclepiadean verse (p. lxviii) and the Sapphic (p. lxiv) and Alcaic (p. lxix) strophes have already been described. These may be rimed, or in blank verse.

(11) Numerous conventional names are given to poems for some other characteristic than their metrical structure. Thus a _glosa_ (gloss) is a poem "beginning with a text, a line of which enters into each of the stanzas expounding it." A _letra_ may be a short gloss. The name _letrilla_ is applied sometimes to a little poem in short lines which may be set to music (p. 9), and sometimes to a strophic poem with a refrain (p. 16). A _madrigal_ is a short _silva_ upon a light topic, an expanded conceit. The term _cantilena_ is given to any short piece of verse intended to be set to music (p. 17). _Serranillas_, in which is described the meeting of a gentleman with a rustic maiden, are famous for the examples written by Juan Ruiz and the Marquis of Santillana. A _villancico_ is a popular poem with a refrain, usually dealing with an episode celebrated in a church festival (p. 13).

III. _Versos sueltos, libres_ or _blancos_ (blank verse) are formed, as in English, of 11-syllable lines, with occasionally a shorter line thrown in. There is no rime, but sometimes a couplet may mark the close of an idea. See pp. 38 and 144, and cf. also p. lx.

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ESPAÑA

ROMANCES

ABENÁMAR

¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
5 Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.--
Allí respondiera el moro,
10 bien oiréis lo que decía:
--Yo te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
15 siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto pregunta, rey, page 2
que la verdad te diría.
--Yo te agradezco, Abenámar
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
5 ¡Altos son y relucían!
--El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,
labrados á maravilla.
10 El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
15 huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.--
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
20 --Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
á Córdoba y á Sevilla.
--Casada soy, rey don Juan,
25 casada soy, que no viuda;
el moro que á mí me tiene
muy grande bien me quería. page 3
Fonte-frida, fonte-frida,
fonte-frida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación,
5 sino es la tortolica
que está viuda y con dolor.
Por allí fuera á pasar
el traidor de ruiseñor:
las palabras que le dice
10 llenas son de traición:
--Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.
--Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
15 que ni poso en ramo verde,
ni en prado que tenga flor;
que si el agua hallo clara,
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,
20 porque hijos no haya, no:
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
¡Déjame, triste enemigo,
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga,
25 ni casar contigo, no.
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EL CONDE ARNALDOS

¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
5 Con un falcón en la mano
la caza iba á cazar,
vió venir una galera
que á tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
10 la jarcia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
15 los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástel las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos,
20 bien oiréis lo que dirá:
--Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar.--
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fué á dar:
25 --Yo no digo esta canción
sino á quien conmigo va.
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LA CONSTANCIA

Mis arreos son las armas,
mi descanso el pelear,
mi cama las duras peñas,
mi dormir siempre velar.
5 Las manidas son escuras,
los caminos por usar,
el cielo con sus mudanzas
ha por bien de me dañar,
10 andando de sierra en sierra
por orillas de la mar,
por probar si en mi ventura
hay lugar donde avadar.
Pero por vos, mi señora,
todo se ha de comportar.

EL AMANTE DESDICHADO

15 En los tiempos que me vi
más alegre y placentero,
yo me partiera de Burgos
para ir á Valladolid:
encontré con un Palmero,
20 quien me habló, y dijo así:
--¿Dónde vas tú, el desdichado?
¿Dónde vas? ¡triste de ti!
¡Oh persona desgraciada,
en mal punto te conocí!
25 Muerta es tu enamorada, page 6
muerta es, que yo la vi;
las andas en que la llevan
de negro las vi cubrir,
los responsos que le dicen
5 yo los ayudé á decir:
siete condes la lloraban,
caballeros más de mil,
llorábanla sus doncellas,
llorando dicen así:
10 --¡Triste de aquel caballero
que tal pérdida pierde aquí!--
Desque aquesto oí, mezquino,
en tierra muerto caí,
y por más de doce horas
15 no tornara, triste, en mí.
Desque hube retornado,
á la sepultura fuí,
con lágrimas de mis ojos
llorando decía así:
20 --Acógeme, mi señora,
acógeme á par de ti.--
Al cabo de la sepultura
esta triste voz oí:
--Vive, vive, enamorado,
25 vive, pues que yo morí:
Dios te dé ventura en armas,
y en amor otro que sí,
que el cuerpo come la tierra,
y el alma pena por ti.--
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EL PRISIONERO

Por el mes era de mayo
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria,
y responde el ruiseñor,
5 cuando los enamorados
van á servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
10 ni cuándo las noches son,
sino por un avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero,
¡déle Dios mal galardón!
15 Cabellos de mi cabeza
lléganme al corvejón;
los cabellos de mi barba
por manteles tengo yo:
las uñas de las mis manos
20 por cuchillo tajador.
Si lo hacía el buen rey,
hácelo como señor:
si lo hace el carcelero,
hácelo como traidor.
25 Mas ¡quién ahora me diese
un pájaro hablador,
siquiera fuese calandria, page 8
ó tordico ó ruiseñor:
criado fuese entre damas
y avezado á la razón,
que me lleve una embajada
5 á mi esposa Leonor,
que me envíe una empanada,
no de truchas ni salmón,
sino de una lima sorda
y de un pico tajador:
la lima para los hierros,
10 y el pico para el torreón!--
Oídolo había el rey,
mandóle quitar la prisión.

DON GIL VICENTE

CANCIÓN

Muy graciosa es la doncella:
15 ¡cómo es bella y hermosa!
Digas tú, el marinero
que en las naves vivías,
si la nave ó la vela ó la estrella
es tan bella.
20 Digas tú, el caballero
que las armas vestías,
si el caballo ó las armas ó la guerra
es tan bella.
Digas tú, el pastorcico page 9
que el ganadico guardas,
si el ganado ó los valles, ó la sierra
es tan bella.

SANTA TERESA DE JESÚS

LETRILLA QUE LLEVABA POR
REGISTRO EN SU BREVIARIO

Nada te turbe;
5 nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza.
Quien á Dios tiene,
10 nada le falta.
Solo Dios basta.

FRAY LUIS DE LEÓN

VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal rüido,
y sigue la escondida
15 senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado, page 10
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
5 canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta á mi contento
10 si soy del vano dedo señalado?
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas, y mortal cuidado?
¡Oh campo, oh monte, oh río!
15 ¡oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
á vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestüoso.
Un no rompido sueño,
20 un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza ó el dinero.
Despiértenme las aves
25 con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo, page 11
gozar quiero del bien que debo al cielo,
á solas sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
5 Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
10 Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
15 Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.
20 El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso rüido
que del oro y del cetro pone olvido.
25 Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían. page 12
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
5 confusa vocería,
y la mar enriquecen á porfía.
Á mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada
10 sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insaciable
del no durable mando,
15 tendido yo á la sombra esté cantando;
Á la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
20 del plectro sabiamente meneado.

ANÓNIMO

Á CRISTO CRUCIFICADO

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte. page 13
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme tus afrentas y tu muerte.
5 Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo, yo te amara.
Y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
Pues aunque lo que espero no esperara.
10 Lo mismo que te quiero te quisiera.

DON LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIO

CANCIÓN DE LA VIRGEN

Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
15 Palmas de Belén
Que mueven airados
Los furiosos vientos,
Que suenan tanto,
No le hagáis ruido,
20 Corred más paso;
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
El niño divino,
Que está cansado page 14
De llorar en la tierra,
Por su descanso
Sosegar quiere un poco
Del tierno llanto;
5 Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.
Rigurosos hielos
Le están cercando,
Ya veis que no tengo
10 Con que guardarlo:
Ángeles divinos,
Que vais volando,
Que se duerme mi niño,
Tened los ramos.

MAÑANA

15 ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
Que á mi puerta, cubierto de rocío,
Pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
20 Pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
Si de mi ingratitud el hielo frío
Secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate agora á la ventana;
25 Verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana, page 15
«Mañana le abriremos,» respondía!
Para lo mismo responder mañana.

DON FRANCISCO DE QUEVEDO

EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA

Contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita al Conde-Duque de Olivares.

No he de callar, por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ó ya la frente,
5 Silencio avises ó amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy sin miedo que libre escandalice
10 Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien hablado.
15 Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
Que es lengua la verdad de Dios severo
Y la lengua de Dios nunca fué muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
20 Ni de los dos alguno fué primero.
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LETRILLA SATÍRICA

Poderoso caballero
Es don Dinero.
Madre, yo al oro me humillo:
Él es mi amante y mi amado,
5 Pues de puro enamorado,
De contino anda amarillo;
Que pues, doblón ó sencillo,
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
10 Es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene á morir en España
Y es en Génova enterrado.
15 Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Es galán y es como un oro,
20 Tiene quebrado el color,
Persona de gran valor,
Tan cristiano como moro;
Pues que da y quita el decoro
Y quebranta cualquier fuero,
25 Poderoso caballero
Es don Dinero.
Son sus padres principales page 17
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son reales:
Y pues es quien hace iguales
5 Al duque y al ganadero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

DON ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS

CANTILENA: DE UN PAJARILLO

Yo vi sobre un tomillo
Quejarse un pajarillo,
10 Viendo su nido amado,
De quien era caudillo,
De un labrador robado.
Vile tan congojado
Por tal atrevimiento
15 Dar mil quejas al viento,
Para que al cielo santo
Lleve su tierno llanto,
Lleve su triste acento.
Ya con triste armonía,
20 Esforzando el intento,
Mil quejas repetía;
Ya cansado callaba,
Y al nuevo sentimiento page 18
Ya sonoro volvía.
Ya circular volaba,
Ya rastrero corría,
Ya pues de rama en rama
5 Al rústico seguía;
Y saltando en la grama,
Parece que decía:
«Dame, rústico fiero,
Mi dulce compañía»;
10 Y que le respondía
El rústico: «No quiero.»

DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

SONETO

Estas que fueron pompa y alegría
Despertando al albor de la mañana,
Á la tarde serán lástima vana
15 Durmiendo en brazos de la noche fría.
Este matiz que al cielo desafía,
Iris listado de oro, nieve y grana,
Será escarmiento de la vida humana:
¡Tanto se emprende en término de un día!
20 Á florecer las rosas madrugaron,
Y para envejecerse florecieron:
Cuna y sepulcro en un botón hallaron.
Tales los hombres sus fortunas vieron:
En un día nacieron y expiraron;
25 Que pasados los siglos, horas fueron.
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CONSEJO DE CRESPO A SU HIJO
EL ALCALDE DE ZALAMEA (11, 21)

Por la gracia de Dios, Juan,
Eres de linaje limpio
Más que el sol, pero villano:
Lo uno y lo otro te digo,
5 Aquello, porque no humilles
Tanto tu orgullo y tu brío,
Que dejes, desconfiado,
De aspirar con cuerdo arbitrio
Á ser más; lo otro, porque
10 No vengas, desvanecido,
Á ser menos: igualmente
Usa de entrambos designios
Con humildad; porque siendo
Humilde, con recto juicio
15 Acordarás lo mejor;
Y como tal, en olvido
Pondrás cosas que suceden
Al revés en los altivos.
¡Cuántos, teniendo en el mundo
20 Algún defecto consigo,
Le han borrado por humildes!
Y ¡a cuántos, que no han tenido
Defecto, se le han hallado,
Por estar ellos mal vistos!
25 Sé cortés sobremanera,
Sé liberal y esparcido; page 20
Que el sombrero y el dinero
Son los que hacen los amigos;
Y no vale tanto el oro
Que el sol engendra en el indio
5 Suelo que conduce el mar,
Como ser uno bienquisto.
No hables mal de las mujeres:
La más humilde, te digo
Que es digna de estimación,
10 Porque, al fin, dellas nacimos.

FRAY DIEGO GONZÁLEZ

EL MURCIÉLAGO ALEVOSO

INVECTIVA

Estaba Mirta bella
Cierta noche formando en su aposento,
Con gracioso talento,
Una tierna canción, y porque en ella
15 Satisfacer á Delio meditaba,
Que de su fe dudaba,
Con vehemente expresión le encarecía
El fuego que en su casto pecho ardía.
Y estando divertida,
20 Un murciélago fiero, ¡suerte insana!
Entró por la ventana;
Mirta dejó la pluma, sorprendida, page 21
Temió, gimió, dio voces, vino gente;
Y al querer diligente
Ocultar la canción, los versos bellos
De borrones llenó, por recogellos.
5 Y Delio, noticioso
Del caso que en su daño había pasado,
Justamente enojado
Con el fiero murciélago alevoso,
Que había la canción interrumpido,
10 Y á su Mirta afligido,
En cólera y furor se consumía,
Y así á la ave funesta maldecía:
«Oh monstruo de ave y bruto,
Que cifras lo peor de bruto y ave,
15 Visión nocturna grave,
Nuevo horror de las sombras, nuevo luto,
De la luz enemigo declarado,
Nuncio desventurado
De la tiniebla y de la noche fría,
20 ¿Qué tienes tú que hacer donde está el día?
«Tus obras y figura
Maldigan de común las otras aves,
Que cánticos süaves
Tributan cada día á la alba pura;
25 Y porque mi ventura interrumpiste,
Y á su autor afligiste,
Todo el mal y desastre te suceda
Que á un murciélago vil suceder pueda.
«La lluvia repetida, page 22
Que viene de lo alto arrebatada,
Tan sólo reservada
Á las noches, se oponga á tu salida;
Ó el relámpago pronto reluciente
5 Te ciegue y amedrente;
Ó soplando del Norte recio el viento,
No permita un mosquito á tu alimento.
«La dueña melindrosa,
Tras el tapiz do tienes tu manida,
10 Te juzgue, inadvertida,
Por telaraña sucia y asquerosa,
Y con la escoba al suelo te derribe;
Y al ver que bulle y vive,
Tan fiera y tan ridícula figura,
15 Suelte la escoba y huya con presura.
«Y luego sobrevenga
El juguetón gatillo bullicioso,
Y primero medroso
Al verte, se retire y se contenga,
20 Y bufe y se espeluce horrorizado,
Y alce el rabo esponjado,
Y el espinazo en arco suba al cielo,
Y con los pies apenas toque el suelo.
«Mas luego recobrado,
25 Y del primer horror convalecido,
El pecho al suelo unido,
Traiga el rabo del uno al otro lado,
Y cosido en la tierra, observe atento;
Y cada movimiento page 23
Que en ti llegue á notar su perspicacia,
Le provoque al asalto y le dé audacia.
«En fin sobre ti venga,
Te acometa y ultraje sin recelo,
5 Te arrastre por el suelo,
Y á costa de tu daño se entretenga;
Y por caso las uñas afiladas
En tus alas clavadas,
Por echarte de sí con sobresalto,
10 Te arroje muchas veces á lo alto
«Y acuda á tus chillidos
El muchacho, y convoque á sus iguales,
Que con los animales
Suelen ser comúnmente desabridos;
15 Que á todos nos dotó naturaleza
De entrañas de fiereza,
Hasta que ya la edad ó la cultura
Nos dan humanidad y más cordura.
«Entre con algazara
20 La pueril tropa, al daño prevenida,
Y lazada oprimida
Te echen al cuello con fiereza rara;
Y al oirte chillar alcen el grito
Y te llamen maldito;
25 Y creyéndote al fin del diablo imagen,
Te abominen, te escupan y te ultrajen.
«Luego por las telillas
De tus alas te claven al postigo,
Y se burlen contigo, page 24
Y al hocico te apliquen candelillas,
Y se rían con duros corazones
De tus gestos y acciones,
Y á tus tristes querellas ponderadas
5 Correspondan con fiesta y carcajadas.
«Y todos bien armados
De piedras, de navajas, de aguijones,
De clavos, de punzones,
De palos por los cabos afilados
10 (De diversión y fiesta ya rendidos),
Te embistan atrevidos,
Y te quiten la vida con presteza,
Consumando en el modo su fiereza.
«Te puncen y te sajen,
15 Te tundan, te golpeen, te martillen,
Te piquen, te acribillen,
Te dividan, te corten y te rajen,
Te desmiembren, te partan, te degüellen,
Te hiendan, te desuellen,
20 Te estrujen, te aporreen, te magullen,
Te deshagan, confundan y aturrullen.
«Y las supersticiones
De las viejas creyendo realidades,
Por ver curiosidades,
25 En tu sangre humedezcan algodones,
Para encenderlos en la noche obscura,
Creyendo sin cordura
Que verán en el aire culebrinas
Y otras tristes visiones peregrinas. page 25
«Muerto ya, te dispongan
El entierro, te lleven arrastrando,
Gori, gori, cantando,
Y en dos filas delante se compongan,
5 Y otros, fingiendo voces lastimeras,
Sigan de plañideras,
Y dirijan entierro tan gracioso
Al muladar más sucio y asqueroso;
«Y en aquella basura
10 Un hoyo hondo y capaz te faciliten,
Y en él te depositen,
Y allí te den debida sepultura;
Y para hacer eterna tu memoria,
Compendiada tu historia
15 Pongan en una losa duradera,
Cuya letra dirá de esta manera:

_Epitafio_

«Aquí yace el murciélago alevoso,
Que al sol horrorizó y ahuyentó el día,
De pueril saña triunfo lastimoso,
20 Con cruel muerte pagó su alevosía:
No sigas, caminante, presuroso,
Hasta decir sobre esta losa fría:
Acontezca tal fin y tal estrella
Á aquel que mal hiciere á Mirta bella.»
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DON NICOLÁS F. DE MORATÍN

FIESTA DE TOROS EN MADRID

Madrid, castillo famoso
Que al rey moro alivia el miedo,
Arde en fiestas en su coso
Por ser el natal dichoso
5 De Alimenón de Toledo.
Su bravo alcaide Aliatar,
De la hermosa Zaida amante,
Las ordena celebrar
Por si la puede ablandar
10 El corazón de diamante.
Pasó, vencida á sus ruegos,
Desde Aravaca á Madrid;
Hubo pandorgas y fuegos,
Con otros nocturnos juegos
15 Que dispuso el adalid.
Y en adargas y colores,
En las cifras y libreas,
Mostraron los amadores,
Y en pendones y preseas,
20 La dicha de sus amores.
Vinieron las moras bellas
De toda la cercanía,
Y de lejos muchas de ellas:
Las más apuestas doncellas
25 Que España entonces tenía. page 27
Aja de Jetafe vino,
Y Zahara la de Alcorcón,
En cuyo obsequio muy fino
Corrió de un vuelo el camino
5 El moraicel de Alcabón;
Jarifa de Almonacid,
Que de la Alcarria en que habita
Llevó á asombrar á Madrid
Su amante Audalla, adalid
10 Del castillo de Zorita.
De Adamuz y la famosa
Meco llegaron allí
Dos, cada cual más hermosa,
Y Fátima la preciosa,
15 Hija de Alí el alcadí.
El ancho circo se llena
De multitud clamorosa,
Que atiende á ver en la arena
La sangrienta lid dudosa,
20 Y todo en torno resuena.
La bella Zaida ocupó
Sus dorados miradores
Que el arte afiligranó,
Y con espejos y flores
25 Y damascos adornó.
Añafiles y atabales,
Con militar armonía,
Hicieron salva, y señales
De mostrar su valentía page 28
Los moros más principales.
No en las vegas de Jarama
Pacieron la verde grama
Nunca animales tan fieros,
5 Junto al puente que se llama,
Por sus peces, de Viveros,
Como los que el vulgo vió
Ser lidiados aquel día;
Y en la fiesta que gozó,
10 la popular alegría
Muchas heridas costó.
Salió un toro del toril
Y á Tarfe tiró por tierra,
Y luego á Benalguacil;
15 Después con Hamete cierra
El temerón de Conil.
Traía un ancho listón
Con uno y otro matiz
Hecho un lazo por airón,
20 Sobre la inhiesta cerviz
Clavado con un arpón.
Todo galán pretendía
Ofrecerle vencedor
Á la dama que servía:
25 Por eso perdió Almanzor
El potro que más quería.
El alcaide muy zambrero
De Guadalajara, huyó
Mal herido al golpe fiero, page 29
Y desde un caballo overo
El moro de Horche cayó.
Todos miran á Aliatar,
Que, aunque tres toros ha muerto,
5 No se quiere aventurar,
Porque en lance tan incierto
El caudillo no ha de entrar.
Mas viendo se culparía,
Va á ponérsele delante:
10 La fiera le acometía,
Y sin que el rejón la plante
Le mató una yegua pía.
Otra monta acelerado:
Le embiste el toro de un vuelo,
15 Cogiéndole entablerado;
Rodó el bonete encarnado
Con las plumas por el suelo.
Dió vuelta hiriendo y matando
Á los de á pie que encontrara,
20 El circo desocupando,
Y emplazándose, se para,
Con la vista amenazando.
Nadie se atreve á salir:
La plebe grita indignada,
25 Las damas se quieren ir,
Porque la fiesta empezada
No puede ya proseguir.
Ninguno al riesgo se entrega
Y está en medio el toro fijo, page 30
Cuando un portero que llega
De la puerta de la Vega,
Hincó la rodilla, y dijo:
Sobre un caballo alazano,
5 Cubierto de galas y oro,
Demanda licencia urbano
Para alancear á un toro
Un caballero cristiano.
Mucho le pesa á Aliatar;
10 Pero Zaida dió respuesta
Diciendo que puede entrar,
Porque en tan solemne fiesta
Nada se debe negar.
Suspenso el concurso entero
15 Entre dudas se embaraza,
Cuando en un potro ligero
Vieron entrar en la plaza
Un bizarro caballero,
Sonrosado, albo color,
20 Belfo labio, juveniles
Alientos, inquieto ardor,
En el florido verdor
De sus lozanos abriles.
Cuelga la rubia guedeja
25 Por donde el almete sube,
Cual mirarse tal vez deja
Del sol la ardiente madeja
Entre cenicienta nube;
Gorguera de anchos follajes, page 31
De una cristiana primores;
En el yelmo los plumajes
Por los visos y celajes
Vergel de diversas flores;
5 En la cuja gruesa lanza,
Con recamado pendón,
Y una cifra á ver se alcanza,
Que es de desesperación,
Ó á lo menos de venganza.
10 En el arzón de la silla
Ancho escudo reverbera
Con blasones de Castilla,
Y el mote dice á la orilla:
_Nunca mi espada venciera_.
15 Era el caballo galán,
El bruto más generoso,
De más gallardo ademán:
Cabos negros, y brioso,
Muy tostado, y alazán,
20 Larga cola recogida
En las piernas descarnadas,
Cabeza pequeña, erguida,
Las narices dilatadas,
Vista feroz y encendida.
25 Nunca en el ancho rodeo
Que da Betis con tal fruto
Pudo fingir el deseo
Más bella estampa de bruto,
Ni más hermoso paseo. page 32
Dió la vuelta al rededor;
Los ojos que le veían
Lleva prendados de amor:
¡Alá te salve! decían,
5 ¡Déte el Profeta favor!
Causaba lástima y grima
Su tierna edad floreciente:
Todos quieren que se exima
Del riesgo, y él solamente
10 Ni recela ni se estima.
Las doncellas, al pasar,
Hacen de ámbar y alcanfor
Pebeteros exhalar,
Vertiendo pomos de olor,
15 De jazmines y azahar.
Mas cuando en medio se para,
Y de más cerca le mira
La cristiana esclava Aldara,
Con su señora se encara,
20 Y así la dice, y suspira:
--Señora, sueños no son;
Así los cielos, vencidos
De mi ruego y aflicción,
Acerquen á mis oídos
25 Las campanas de León,
Como ese doncel, que ufano
Tanto asombro viene á dar
Á todo el pueblo africano,
Es Rodrigo de Bivar, page 33
El soberbio castellano.--
Sin descubrirle quién es,
La Zaida desde una almena
Le habló una noche cortés,
5 Por donde se abrió después
El cubo de la Almudena;
Y supo que, fugitivo
De la corte de Fernando,
El cristiano, apenas vivo,
10 Está á Jimena adorando
Y en su memoria cautivo.
Tal vez á Madrid se acerca
Con frecuentes correrías
Y todo en torno la cerca;
15 Observa sus saetías,
Arroyadas y ancha alberca.
Por eso le ha conocido:
Que en medio de aclamaciones,
El caballo ha detenido
20 Delante de sus balcones,
Y la saluda rendido.
La mora se puso en pie
Y sus doncellas detrás:
El alcaide que lo ve,
25 Enfurecido además,
Muestra cuán celoso esté.
Suena un rumor placentero
Entre el vulgo de Madrid:
No habrá mejor caballero, page 34
Dicen, en el mundo entero,
Y algunos le llaman Cid.
Crece la algazara, y él,
Torciendo las riendas de oro,
5 Marcha al combate crüel:
Alza el galope, y al toro
Busca en sonoro tropel.
El bruto se le ha encarado
Desde que le vió llegar,
10 De tanta gala asombrado,
Y al rededor le ha observado
Sin moverse de un lugar.
Cual flecha se disparó
Despedida de la cuerda,
15 De tal suerte le embistió;
Detrás de la oreja izquierda
La aguda lanza le hirió.
Brama la fiera burlada;
Segunda vez acomete,
20 De espuma y sudor bañada,
Y segunda vez la mete
Sutil la punta acerada.
Pero ya Rodrigo espera
Con heroico atrevimiento,
25 El pueblo mudo y atento:
Se engalla el toro y altera,
Y finje acometimiento.
La arena escarba ofendido,
Sobre la espalda la arroja page 35
Con el hueso retorcido;
El suelo huele y le moja
En ardiente resoplido.
La cola inquieto menea,
5 La diestra oreja mosquea,
Vase retirando atrás,
Para que la fuerza sea
Mayor, y el ímpetu más.
El que en esta ocasión viera
10 De Zaida el rostro alterado,
Claramente conociera
Cuanto le cuesta cuidado
El que tanto riesgo espera.
Mas ¡ay, que le embiste horrendo
15 El animal espantoso!
Jamás peñasco tremendo
Del Cáucaso cavernoso
Se desgaja, estrago haciendo,
Ni llama así fulminante
20 Cruza en negra obscuridad
Con relámpagos delante,
Al estrépito tronante
De sonora tempestad,
Como el bruto se abalanza
25 Con terrible ligereza;
Mas rota con gran pujanza
La alta nuca, la fiereza
Y el último aliento lanza.
La confusa vocería page 36
Que en tal instante se oyó
Fué tanta, que parecía
Que honda mina reventó,
Ó el monte y valle se hundía.
5 Á caballo como estaba
Rodrigo, el lazo alcanzó
Con que el toro se adornaba:
En su lanza le clavó
Y á los balcones llegaba.
10 Y alzándose en los estribos,
Le alarga á Zaida, diciendo:
--Sultana, aunque bien entiendo
Ser favores excesivos,
Mi corto don admitiendo;
15 Si no os dignáredes ser
Con él benigna, advertid
Que á mí me basta saber
Que no le debo ofrecer
Á otra persona en Madrid.--
20 Ella, el rostro placentero,
Dijo, y turbada:--Señor,
Yo le admito y le venero,
Por conservar el favor
De tan gentil caballero.--
25 Y besando el rico don,
Para agradar al doncel,
Le prende con afición
Al lado del corazón
Por brinquiño y por joyel. page 37
Pero Aliatar el caudillo
De envidia ardiendo se ve,
Y, trémulo y amarillo,
Sobre un tremecén rosillo
5 Lozaneándose fué.
Y en ronca voz:--Castellano,
Le dice, con más decoros
Suelo yo dar de mi mano,
Si no penachos de toros,
10 Las cabezas del cristiano.
Y si vinieras de guerra
Cual vienes de fiesta y gala,
Vieras que en toda la tierra,
Al valor que dentro encierra
15 Madrid, ninguno se iguala.--
--Así, dijo el de Bivar,
Respondo--; y la lanza al ristre
Pone, y espera á Aliatar;
Mas sin que nadie administre
20 Orden, tocaron á armar.
Ya fiero bando con gritos
Su muerte ó prisión pedía,
Cuando se oyó en los distritos
Del monte de Leganitos
25 Del Cid la trompetería.
Entre la Monclova y Soto
Tercio escogido emboscó,
Que, viendo como tardó,
Se acerca, oyó el alboroto, page 38
Y al muro se abalanzó.
Y si no vieran salir
Por la puerta á su señor,
Y Zaida á le despedir,
5 Iban la fuerza á embestir:
Tal era ya su furor.
El alcaide, recelando
Que en Madrid tenga partido,
Se templó disimulando,
10 Y por el parque florido
Salió con él razonando.
Y es fama que, á la bajada,
Juró por la cruz el Cid
De su vencedora espada
15 De no quitar la celada
Hasta que gane á Madrid.

DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS

Á ARNESTO

¿Quis tam patiens ut teneat se?
JUVENAL

Déjame, Arnesto, déjame que llore
Los fieros males de mi patria, deja
Que su rüina y perdición lamente;
20 Y si no quieres que en el centro obscuro
De esta prisión la pena me consuma,
Déjame al menos que levante el grito
Contra el desorden: deja que á la tinta page 39
Mezclando miel y acíbar, siga indócil
Mi pluma el vuelo del bufón de Aquino.
¡Oh! ¡cuánto rostro veo, á mi censura,
De palidez y de rubor cubierto!
5 Ánimo, amigos, nadie tema, nadie,
Su punzante aguijón; que yo persigo
En mi sátira el vicio, no al vicioso.

Ya la notoriedad es el más noble
Atributo del vicio, y nuestras Julias,
10 Más que ser malas quieren parecerlo.
Hubo un tiempo en que andaba la modestia
Dorando los delitos; hubo un tiempo
En que el recato tímido cubría
La fealdad del vicio; pero huyóse
15 El pudor á vivir en las cabañas.

¡Oh infamia! ¡oh siglo! ¡oh corrupción! Matronas
Castellanas, ¿quién pudo vuestro claro
Pundonor eclipsar? ¿Quién de Lucrecias
En Laís os volvió? ¿Ni el proceloso
20 Océano, ni, lleno de peligros,
El Lilibeo, ni las arduas cumbres
De Pirene pudieron guareceros
Del contagio fatal? Zarpa preñada
De oro la nao gaditana, aporta
25 Á las orillas gálicas, y vuelve
Llena de objetos fútiles y vanos; page 40
Y entre los signos de extranjera pompa
Ponzoña esconde y corrupción, compradas
Con el sudor de las iberas frentes;
Y tú, mísera España, tú la esperas
5 Sobre la playa, y con afán recoges
La pestilente carga, y la repartes
Alegre entre tus hijos. Viles plumas,
Gasas y cintas, flores y penachos
10 Te trae en cambio de la sangre tuya;
De tu sangre ¡oh baldón! y acaso, acaso
De tu virtud y honestidad. Repara
Cual la liviana juventud los busca.
Mira cual va con ellos engreída
La impudente doncella; su cabeza,
15 Cual nave real en triunfo empavesada,
Vana presenta del favonio al soplo
La mies de plumas y de airones, y anda
Loca, buscando en la lisonja el premio
De su indiscreto afán. ¡Ay triste! guarte,
20 Guarte, que está cercano el precipicio.
El astuto amador ya en asechanza
Te atisba y sigue con lascivos ojos;
La adulación y la caricia el lazo
Te van á armar, do caerás incauta,
25 En él tu oprobio y perdición hallando.
¡Ay cuánto, cuánto de amargura y lloro
Te costarán tus galas! ¡Cuán tardío
Será y estéril tu arrepentimiento!
Ya ni el rico Brasil, ni las cavernas page 41
Del nunca exhausto Potosí no bastan
Á saciar el hidrópico deseo,
La ansiosa sed de vanidad y pompa.
Todo lo agotan: cuesta un sombrerillo
5 Lo que antes un Estado, y se consume5
En un festín la dote de una infanta;
Todo lo tragan; la riqueza unida
Va á la indigencia; pide y pordiosea
El noble, engaña, empeña, malbarata,
10 Quiebra y perece, y el logrero goza
Los pingües patrimonios, premio un día
Del generoso afán de altos abuelos.
¡Oh ultraje! ¡oh mengua! todo se trafica:
Parentesco, amistad, favor, influjo,
15 Y hasta el honor, depósito sagrado,
Ó se vende ó se compra. Y tú, belleza,
Don el más grato que dió al hombre el cielo,
No eres ya premio del valor, ni paga
Del peregrino ingenio; la florida
20 Juventud, la ternura, el rendimiento
Del constante amador ya no te alcanzan.
Ya ni te das al corazón, ni sabes
De él recibir adoración y ofrendas.
Ríndeste al oro. La vejez hedionda,
25 La sucia palidez, la faz adusta,
Fiera y terrible, con igual derecho
Vienen sin susto á negociar contigo.
Daste al barato, y tu rosada frente,
Tus suaves besos y tus dulces brazos, page 42
Corona un tiempo del amor más puro,
Son ya una vil y torpe mercancía.

DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

ROSANA EN LOS FUEGOS

Del sol llevaba la lumbre,
Y la alegría del alba,
5 En sus celestiales ojos
La hermosísima Rosana,
Una noche que á los fuegos
Salió la fiesta de Pascua
Para abrasar todo el valle
10 En mil amorosas ansias.
Por do quiera que camina
Lleva tras sí la mañana,
Y donde se vuelve rinde
La libertad de mil almas.
15 El céfiro la acaricia
Y mansamente la halaga,
Los Amores la rodean
Y las Gracias la acompañan.
Y ella, así como en el valle
20 Descuella la altiva palma
Cuando sus verdes pimpollos
Hasta las nubes levanta;
Ó cual vid de fruto llena
Que con el olmo se abraza, page 43
Y sus vástagos extiende
Al arbitrio de las ramas;
Así entre sus compañeras
El nevado cuello alza,
5 Sobresaliendo entre todas
Cual fresca rosa entre zarzas.
Todos los ojos se lleva
Tras sí, todo lo avasalla;
De amor mata á los pastores
10 Y de envidia á las zagalas.
Ni las músicas se atienden,
Ni se gozan las lumbradas;
Que todos corren por verla
Y al verla todos se abrasan.
15 ¡Qué de suspiros se escuchan!
¡Qué de vivas y de salvas!
No hay zagal que no la admire
Y no se esmere en loarla.
Cual absorto la contempla
20 Y á la aurora la compara
Cuando más alegre sale
Y el cielo en albores baña;
Cual al fresco y verde aliso
Que crece al margen del agua,
25 Cuando más pomposo en hojas
En su cristal se retrata;
Cual á la luna, si muestra
Llena su esfera de plata,
Y asoma por los collados page 44
De luceros coronada.
Otros pasmados la miran
Y mudamente la alaban,
Y cuanto más la contemplan
5 Muy más hermosa la hallan.
Que es como el cielo su rostro
Cuando en la noche callada
Brilla con todas sus luces
Y los ojos embaraza.
10 ¡Ay, qué de envidias se encienden!
¡Ay, qué de celos que causa
En las serranas del Tormes
Su perfección sobrehumana!
Las más hermosas la temen,
15 Mas sin osar murmurarla;
Que como el oro más puro
No sufre una leve mancha.
Bien haya tu gentileza,
Una y mil veces bien haya,
20 Y abrase la envidia al pueblo,
Hermosísima aldeana.
Toda, toda eres perfecta,
Toda eres donaire y gracia,
El amor vive en tus ojos
25 Y la gloria está en tu cara.
La libertad me has robado,
Yo la doy por bien robada,
Mas recibe el don benigna
Que mi humildad te consagra. page 45
Esto un zagal la decía
Con razones mal formadas,
Que salió libre á los fuegos
Y volvió cautivo á casa.
5 Y desde entonces perdido
El día á sus puertas le halla;
Ayer le cantó esta letra
Echándole la alborada:
Linda zagaleja
10 De cuerpo gentil,
_Muérome de amores
Desde que te vi_.
Tu talle, tu aseo,
Tu gala y donaire,
15 No tienen, serrana,
Igual en el valle.
Del cielo son ellos
Y tú un serafín:
_Muérome de amores
20 Desde que te vi_.
De amores me muero,
Sin que nada baste
Á darme la vida
Que allá te llevaste,
25 Si ya no te dueles,
Benigna, de mí;
_Que muero de amores
Desde que te vi_.
page 46

DON MANUEL JOSÉ QUINTANA

ODA Á ESPAÑA, DESPUÉS DE
LA REVOLUCIÓN DE MARZO

¿Qué era, decidme, la nación que un día
Reina del mundo proclamó el destino,
La que á todas las zonas extendía
Su cetro de oro y su blasón divino?
5 Volábase á occidente,
Y el vasto mar Atlántico sembrado
Se hallaba de su gloria y su fortuna.
Do quiera España: en el preciado seno
10 De América, en el Asia, en los confines
Del África, allí España. El soberano
Vuelo de la atrevida fantasía
Para abarcarla se cansaba en vano;
La tierra sus mineros le rendía,
Sus perlas y coral el Oceano,
15 Y donde quier que revolver sus olas
Él intentase, á quebrantar su furia
Siempre encontraba costas españolas.
Ora en el cieno del oprobio hundida,
Abandonada á la insolencia ajena,
20 Como esclava en mercado, ya aguardaba
La ruda argolla y la servil cadena.
¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro,
La pestilente fiebre respirando,
Infestó el aire, emponzoñó la vida; page 47
La hambre enflaquecida
Tendió sus brazos lívidos, ahogando
Cuanto el contagio perdonó; tres veces
De Jano el templo abrimos,
5 Y á la trompa de Marte aliento dimos;
Tres veces ¡ay! Los dioses tutelares
Su escudo nos negaron, y nos vimos
Rotos en tierra y rotos en los mares.
¿Qué en tanto tiempo viste
10 Por tus inmensos términos, oh Iberia?
¿Qué viste ya sino funesto luto,
Honda tristeza, sin igual miseria,
De tu vil servidumbre acerbo fruto?
Así rota la vela, abierto el lado,
15 Pobre bajel á naufragar camina,
De tormenta en tormenta despeñado,
Por los yermos del mar; ya ni en su popa
Las guirnaldas se ven que antes le ornaban,
Ni en señal de esperanza y de contento
20 La flámula rïendo al aire ondea.
Cesó en su dulce canto el pasajero,
Ahogó su vocería
El ronco marinero,
Terror de muerte en torno le rodea,
25 Terror de muerte silencioso y frío;
Y él va á estrellarse al áspero bajío.
Llega el momento, en fin; tiende su mano
El tirano del mundo al occidente,
Y fiero exclama: «El occidente es mío.» page 48
Bárbaro gozo en su ceñuda frente
Resplandeció, como en el seno obscuro
De nube tormentosa en el estío
Relámpago fugaz brilla un momento
5 Que añade horror con su fulgor sombrío.
Sus guerreros feroces
Con gritos de soberbia el viento llenan;
Gimen los yunques, los martillos suenan,
Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso
10 Pensáis que espadas son para el combate
Las que mueven sus manos codiciosas?
No en tanto os estiméis: grillos, esposas,
Cadenas son que en vergonzosos lazos
Por siempre amarren tan inertes brazos.
15 Estremecióse España
Del indigno rumor que cerca oía,
Y al grande impulso de su justa saña
Rompió el volcán que en su interior hervía.
Sus déspotas antiguos
20 Consternados y pálidos se esconden;
Resuena el eco de venganza en torno,
Y del Tajo las márgenes responden:
«¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río,
Los colosos de oprobio y de vergüenza
25 Que nuestro bien en su insolencia ahogaban;
Su gloria fué, nuestro esplendor comienza;
Y tú, orgulloso y fiero,
Viendo que aun hay Castilla y castellanos,
Precipitas al mar tus rubias ondas, page 49
¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento!
¿Con que puede ya dar el labio mío
El nombre augusto de la patria al viento?
5 Yo le daré; mas no en el arpa de oro
Que mi cantar sonoro
Acompañó hasta aquí; no aprisionado
En estrecho recinto, en que se apoca
El numen en el pecho
10 Y el aliento fatídico en la boca.
Desenterrad la lira de Tirteo,
Y el aire abierto á la radiante lumbre
Del sol, en la alta cumbre
Del riscoso y pinífero Fuenfría,
15 Allí volaré yo, y allí cantando
Con voz que atruene en rededor la sierra,
Lanzaré por los campos castellanos
Los ecos de la gloría y de la guerra.
¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime,
20 Único asilo y sacrosanto escudo
Al ímpetu sañudo
Del fiero Atila que á occidente oprime!
¡Guerra, guerra, españoles! En el Betis
Ved del Tercer Fernando alzarse airada
25 La augusta sombra; su divina frente
Mostrar Gonzalo en la imperial Granada;
Blandir el Cid su centelleante espada,
Y allá sobre los altos Pirineos,
Del hijo de Jimena page 50
Animarse los miembros giganteos.
En torvo ceño y desdeñosa pena
Ved como cruzan por los aires vanos;
Y el valor exhalando que se encierra
5 Dentro del hueco de sus tumbas frías,
En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra!
¡Pues qué! ¿Con faz serena
Vierais los campos devastar opimos,
Eterno objeto de ambición ajena,
10 Herencia inmensa que afanando os dimos?
Despertad, raza de héroes: el momento
Llegó ya de arrojarse á la victoria;
Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,
Que vuestra gloría humille nuestra gloria.
15 No ha sido en el gran día 15
El altar de la patria alzado en vano
Por vuestra mano fuerte.
Juradlo, ella os lo manda: _¡Antes la muerte
Que consentir jamás ningún tirano!_»
20 Sí, yo lo juro, venerables sombras;
Yo lo juro también, y en este instante
Ya me siento mayor. Dadme una lanza,
Ceñidme el casco fiero y refulgente;
Volemos al combate, á la venganza;
25 Y el que niegue su pecho á la esperanza,
Hunda en el polvo la cobarde frente.
Tal vez el gran torrente
De la devastación en su carrera
Me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura page 51
No se muere una vez? ¿No iré, expirando,
Á encontrar nuestros ínclitos mayores?
«¡Salud, oh padres de la patria mía,
Yo les diré, salud! La heroica España
5 De entre el estrago universal y horrores
Levanta la cabeza ensangrentada,
Y vencedora de su mal destino,
Vuelve á dar á la tierra amedrentada

DON DIONISIO SOLÍS

LA PREGUNTA DE LA NIÑA

10 Madre mía, yo soy niña;
No se enfade, no me riña,
Si fiada en su prudencia
Desahogo mi conciencia,
Y contarle solicito
15 Mi desdicha ó mi delito,
Aunque muerta de rubor.
Pues Blasillo el otro día,
Cuando mismo anochecía,
Y cantando descuidada
20 Conducía mi manada,
En el bosque, por acaso,
Me salió solito al paso,
Más hermoso que el amor.
Se me acerca temeroso, page 52
Me saluda cariñoso,
Me repite que soy linda,
Que no hay pecho que no rinda,
Que si río, que si lloro,
5 Á los hombres enamoro,
Y que mato con mirar.
Con estilo cortesano
Se apodera de mi mano,
Y entre dientes, madre mía,
10 No sé bien qué me pedía;
Yo entendí que era una rosa,
Pero él dijo que era otra cosa,
Que yo no le quise dar.
¿Sabe usted lo que decía
15 El taimado que quería?
Con vergüenza lo confieso,
Mas no hay duda que era un beso
Y fue tanto mi sonrojo,
Que irritada de su arrojo,
20 No sé como no morí.
Mas mi pecho enternecido
De mirarle tan rendido,
Al principio resistiendo,
Él instando, yo cediendo,
25 Fue por fin tan importuno,
Que en la boca, y sólo uno,
Que me diera permití.
Desde entonces, si le miro,
Yo no sé por qué suspiro, page 53
Ni por qué si á Clori mira
Se me abrasa el rostro en ira;
Ni por qué, si con cuidado
Se me pone junto al lado,
5 Me estremezco de placer.
Siempre orillas de la fuente
Busco rosas á mi frente,
Pienso en él y me sonrío,
Y entre mí le llamo mío,
10 Me entristezco de su ausencia,
Y deseo en su presencia
La más bella parecer.
Confundida, peno y dudo,
Y por eso á usted acudo;
15 Dígame, querida madre,
Si sentía por mi padre
Este plácido tormento,
Esta dulce que yo siento
Deliciosa enfermedad.
20 Diga usted con qué se cura
Ó mi amor, ó mi locura,
Y si puede por un beso,
Sin que pase á más exceso,
Una niña enamorarse,
25 Y que trate de casarse
Á los quince de su edad.
page 54

DON JUAN NICASIO GALLEGO

EL DOS DE MAYO

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Modern Spanish LyricsChapter III: Spanish Versification (2)

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