Chapter III: Spanish Versification (3)
Noche, lóbrega noche, eterno asilo
Del miserable que, esquivando el sueño,
En tu silencio pavoroso gime:
No desdeñes mi voz; letal beleño
5 Presta á mis sienes, y en tu horror sublime
Empapada la ardiente fantasía,
Da á mi pincel fatídicos colores
Con que el tremendo día
Trace al furor de vengadora tea,
10 Y el odio irrite de la patria mía,
Y escándalo y terror al orbe sea.
¡Día de execración! La destructora
Mano del tiempo le arrojó al averno;
Mas ¿quién el sempiterno
15 Clamor con que los ecos importuna
La madre España en enlutado arreo
Podrá atajar? Junto al sepulcro frío,
Al pálido lucir de opaca luna,
Entre cipreses fúnebres la veo:
20 Trémula, yerta, desceñido el manto,
Los ojos moribundos
Al cielo vuelve, que le oculta el llanto;
Roto y sin brillo el cetro de dos mundos
Yace entre el polvo, y el león guerrero
25 Lanza á sus pies rugido lastimero. page 55
¡Ay, que cual débil planta
Que agota en su furor hórrido viento,
De víctimas sin cuento
Lloró la destrucción Mantua afligida!
5 Yo vi, yo vi su juventud florida
Correr inerme al huésped ominoso.
¿Mas qué su generoso
Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo
En quien su honor y su defensa fía,
10 La condenó al cuchillo.
¿Quién ¡ay! la alevosía,
La horrible asolación habrá que cuente,
Que, hollando de amistad los santos fueros,
Hizo furioso en la indefensa gente
15 Ese tropel de tigres carniceros?
Por las henchidas calles
Gritando se despeña
La infame turba que abrigó en su seno,
Rueda allá rechinando la cureña,
20 Acá retumba el espantoso trueno,
Allí el joven lozano,
El mendigo infeliz, el venerable
Sacerdote pacífico, el anciano
Que con su arada faz respeto imprime,
25 Juntos amarra su dogal tirano.
En balde, en balde gime,
De los duros satélites en torno,
La triste madre, la afligida esposa.
Con doliente clamor, la pavorosa page 56
Fatal descarga suena,
Que á luto y llanto eterno la condena.
¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estrago!
¡Cuántos ayes doquier! Despavorido
5 Mirad ese infelice
Quejarse al adalid empedernido
De otra cuadrilla atroz. «¡Ah! ¿Qué te hice?»
Exclama el triste en lágrimas deshecho:
«Mi pan y mi mansión partí contigo,
10 Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho,
Templé tu sed, y me llamé tu amigo;
¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje
Sincero, franco, sin doblez ni engaño,
Con dura muerte y con indigno ultraje?»
15 ¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego!
El monstruo infame á sus ministros mira,
Y con tremenda voz gritando: «¡fuego!»
Tinto en su sangre el desgraciado expira.
Y en tanto ¿dó se esconden?
20 ¿Dó están ¡oh cara patria! tus soldados,
Que á tu clamor de muerte no responden?
Presos, encarcelados
Por jefes sin honor, que, haciendo alarde
De su perfidia y dolo,
25 Á merced de los vándalos te dejan,
Como entre hierros el león, forcejean
Con inútil afán. Vosotros sólo,
Fuerte Daoiz, intrépido Velarde,
Que osando resistir al gran torrente page 57
Dar supisteis en flor la dulce vida
Con firme pecho y con serena frente;
Si de mi libre musa
5 Jamás el eco adormeció á tiranos,
Ni vil lisonja emponzoñó su aliento,
Allá del alto asiento,
Al que la acción magnánima os eleva,
El himno oid que á vuestro nombre entona,
Mientras la fama alígera le lleva
10 Del mar de hielo á la abrasada zona.
Mas ¡ay! que en tanto sus funestas alas
Por la opresa metrópoli tendiendo,
La yerma asolación sus plazas cubre,
Y al áspero silbar de ardientes balas,
15 Y al ronco son de los preñados bronces,
Nuevo fragor y estrépito sucede.
¿Oís cómo, rompiendo
De moradores tímidos las puertas,
Caen estallando de los fuertes gonces?
20 ¡Con qué espantoso estruendo
Los dueños buscan, que medrosos huyen!
Cuanto encuentran destruyen,
Bramando, los atroces forajidos,
Que el robo infame y la matanza ciegan.
25 ¿No veis cuál se despliegan,
Penetrando en los hondos aposentos,
De sangre y oro y lágrimas sedientos?
Rompen, talan, destrozan
Cuanto se ofrece á su sangrienta espada. page 58
Aquí, matando al dueño, se alborozan,
Hieren allí su esposa acongojada;
La familia asolada
Yace expirando, y con feroz sonrisa
5 Sorben voraces el fatal tesoro.
Suelta, á otro lado, la madeja de oro,
Mustio el dulce carmín de su mejilla,
Y en su frente marchita la azucena,
Con voz turbada y anhelante lloro,
10 De su verdugo ante los pies se humilla
Tímida virgen, de amargura llena;
Mas con furor de hiena,
Alzando el corvo alfanje damasquino,
Hiende su cuello el bárbaro asesino.
15 ¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa!
Que ya la voz rehusa
Embargada en suspiros mi garganta.
Y en ignominia tanta,
¿Será que rinda el español bizarro
20 La indómita cerviz á la cadena?
No, que ya en torno suena
De Palas fiera el sanguinoso carro,
Y el látigo estallante
Los caballos flamígeros hostiga.
25 Ya el duro peto y el arnés brillante
Visten los fuertes hijos de Pelayo.
Fuego arrojó su ruginoso acero:
«¡Venganza y guerra!» resonó en su tumba;
«¡Venganza y guerra!» repitió Moncayo; page 59
Y al grito heroico que en los aires zumba,
«¡Venganza y guerra!» claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
Alza al bélico son la regia frente,
5 Y del Patrón valiente
Blandiendo altivo la nudosa lanza,
Corre gritando al mar: «¡Guerra y venganza!»
¡Oh sombras infelices
10 De los que aleve y bárbara cuchilla
Robó á los dulces lares!
¡Sombras inultas que en fugaz gemido
Cruzáis los anchos campos de Castilla!
La heroica España, en tanto que al bandido
Que á fuego y sangre, de insolencia ciego,
15 Brindó felicidad, á sangre y fuego
Le retribuye el don, sabrá piadosa
Daros solemne y noble monumento.
Allí en padrón cruento
De oprobio y mengua, que perpetuo dure,
20 La vil traición del déspota se lea,
Y altar eterno sea
Donde todo Español al monstruo jure
Rencor de muerte que en sus venas cunda,
Y á cien generaciones se difunda.
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DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA
EL NIDO
¿Dónde vas, zagal cruel,
Dónde vas con ese nido,
Riyendo tú mientras pían
Esos tristes pajarillos?
5 Su madre los dejó solos
En este momento mismo,
Para buscarles sustento
Y dárselo con su pico...
Mírala cuán azorada
10 Echa menos á sus hijos,
Salta de un árbol en otro,
Va, torna, vuela sin tino:
Al cielo favor demanda
Con acento dolorido;
15 Mientras ellos en tu mano
Baten el ala al oirlo...
¡Tú también tuviste madre,
Y la perdiste aun muy niño,
Y te encontraste en la tierra
20 Sin amparo y sin abrigo!--
Las lágrimas se le saltan
Al cuitado pastorcillo,
Y vergonzoso y confuso
Deja en el árbol el nido.
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DON ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS
UN CASTELLANO LEAL
ROMANCE PRIMERO
«Holá, hidalgos y escuderos
De mi alcurnia y mi blasón,
Mirad como bien nacidos
De mi sangre y casa en pro.
5 «Esas puertas se defiendan;
Que no ha de entrar, vive Dios,
Por ellas, quien no estuviere
Más limpio que lo está el sol.
«No profane mi palacio
10 Un fementido traidor
Que contra su Rey combate
Y que á su patria vendió.
«Pues si él es de Reyes primo,
Primo de Reyes soy yo;
15 Y conde de Benavente
Si él es duque de Borbón;
«Llevándole de ventaja
Que nunca jamás manchó
La traición mi noble sangre,
20 Y haber nacido español.»
Así atronaba la calle
Una ya cascada voz, page 62
Que de un palacio salía
Cuya puerta se cerró;
Y á la que estaba á caballo
Sobre un negro pisador,
5 Siendo en su escudo las lises
Más bien que timbre baldón,
Y de pajes y escuderos
Llevando un tropel en pos
Cubiertos de ricas galas,
10 El gran duque de Borbón:
El que lidiando en Pavía,
Más que valiente, feroz,
Gozóse en ver prisionero
Á su natural señor;
15 Y que á Toledo ha venido,
Ufano de su traición,
Para recibir mercedes
Y ver al Emperador.
ROMANCE SEGUNDO
En una anchurosa cuadra
20 Del alcázar de Toledo,
Cuyas paredes adornan
Ricos tapices flamencos,
Al lado de una gran mesa,
Que cubre de terciopelo
25 Napolitano tapete
Con borlones de oro y flecos;
Ante un sillón de respaldo page 63
Que entre bordado arabesco
Los timbres de España ostenta
Y el águila del imperio,
De pie estaba Carlos Quinto,
5 Que en España era primero,
Con gallardo y noble talle,
Con noble y tranquilo aspecto.
De brocado de oro y blanco
Viste tabardo tudesco,
10 De rubias martas orlado,
Y desabrochado y suelto,
Dejando ver un justillo
De raso jalde, cubierto
Con primorosos bordados
15 Y costosos sobrepuestos,
Y la excelsa y noble insignia
Del Toisón de oro, pendiendo
De una preciosa cadena
En la mitad de su pecho.
20 Un birrete de velludo
Con un blanco airón, sujeto
Por un joyel de diamantes
Y un antiguo camafeo,
Descubre por ambos lados,
25 Tanta majestad cubriendo,
Rubio, cual barba y bigote,
Bien atusado el cabello.
Apoyada en la cadera page 64
La potente diestra ha puesto,
Que aprieta dos guantes de ámbar
Y un primoroso mosquero,
Y con la siniestra halaga
5 De un mastín muy corpulento,
Blanco y las orejas rubias,
El ancho y carnoso cuello.
Con el Condestable insigne,
Apaciguador del reino,
10 De los pasados disturbios
Acaso está discurriendo;
Ó del trato que dispone
Con el Rey de Francia preso,
Ó de asuntos de Alemania
15 Agitada por Lutero;
Cuando un tropel de caballos
Oye venir á lo lejos
Y ante el alcázar pararse,
Quedando todo en silencio.
20 En la antecámara suena
Rumor impensado luego,
Ábrese al fin la mampara
Y entra el de Borbón soberbio,
Con el semblante de azufre
25 Y con los ojos de fuego,
Bramando de ira y de rabia
Que enfrena mal el respeto;
Y con balbuciente lengua, page 65
Y con mal borrado ceño,
Acusa al de Benavente,
Un desagravio pidiendo.
Del español Condestable
5 Latió con orgullo el pecho,
Ufano de la entereza
De su esclarecido deudo.
Y aunque advertido procura
Disimular cual discreto,
10 Á su noble rostro asoman
La aprobación y el contento.
El Emperador un punto
Quedó indeciso y suspenso,
Sin saber qué responderle
15 Al francés, de enojo ciego.
Y aunque en su interior se goza
Con el proceder violento
Del conde de Benavente,
De altas esperanzas lleno
20 Por tener tales vasallos,
De noble lealtad modelos,
Y con los que el ancho mundo
Será á sus glorias estrecho,
Mucho al de Borbón le debe
25 Y es fuerza satisfacerlo:
Le ofrece para calmarlo
Un desagravio completo.
Y, llamando á un gentil-hombre, page 66
Con el semblante severo
Manda que el de Benavente
Venga á su presencia presto.
ROMANCE TERCERO
Sostenido por sus pajes
5 Desciende de su litera
El conde de Benavente
Del alcázar á la puerta.
Era un viejo respetable,
Cuerpo enjuto, cara seca,
10 Con dos ojos como chispas,
Cargados de largas cejas,
Y con semblante muy noble,
Mas de gravedad tan seria
Que veneración de lejos
15 Y miedo causa de cerca.
Eran su traje unas calzas
De púrpura de Valencia,
Y de recamado ante
Un coleto á la leonesa:
20 De fino lienzo gallego
Los puños y la gorguera,
Unos y otra guarnecidos
Con randas barcelonesas:
Un birretón de velludo
25 Con su cintillo de perlas,
Y el gabán de paño verde
Con alamares de seda. page 67
Tan sólo de Calatrava
La insignia española lleva;
Que el Toisón ha despreciado
Por ser orden extranjera.
5 Con paso tardo, aunque firme,
Sube por las escaleras,
Y al verle, las alabardas
Un golpe dan en la tierra;
Golpe de honor, y de aviso
10 De que en el alcázar entra
Un Grande, á quien se le debe
Todo honor y reverencia.
Al llegar á la antesala,
Los pajes que están en ella
15 Con respeto le saludan
Abriendo las anchas puertas.
Con grave paso entra el conde
Sin que otro aviso preceda,
Salones atravesando
20 Hasta la cámara regia.
Pensativo está el Monarca,
Discurriendo como pueda
Componer aquel disturbio
Sin hacer á nadie ofensa.
25 Mucho al de Borbón le debe,
Aun mucho más de él espera,
Y al de Benavente mucho page 68
Considerar le interesa.
Dilación no admite el caso,
No hay quien dar consejo pueda
Y Villalar y Pavía
5 Á un tiempo se le recuerdan.
En el sillón asentado
Y el codo sobre la mesa,
Al personaje recibe,
Que comedido se acerca.
10 Grave el conde le saluda
Con una rodilla en tierra,
Mas como Grande del reino
Sin descubrir la cabeza.
El Emperador benigno
15 Que alce del suelo le ordena,
Y la plática difícil
Con sagacidad empieza.
Y entre severo y afable
Al cabo le manifiesta
20 Que es el que á Borbón aloje
Voluntad suya resuelta.
Con respeto muy profundo,
Pero con la voz entera,
Respóndele Benavente,
25 Destocando la cabeza:
«Soy, señor, vuestro vasallo,
Vos sois mi rey en la tierra,
Á vos ordenar os cumple page 69
De mi vida y de mi hacienda.
«Vuestro soy, vuestra mi casa,
De mí disponed y de ella,
Pero no toquéis mi honra
5 Y respetad mi conciencia.
«Mi casa Borbón ocupe
Puesto que es voluntad vuestra,
Contamine sus paredes,
Sus blasones envilezca;
10 «Que á mí me sobra en Toledo
Donde vivir, sin que tenga
Que rozarme con traidores,
Cuyo solo aliento infesta.
Y en cuanto él deje mi casa,
15 Antes de tornar yo á ella,
Purificaré con fuego
Sus paredes y sus puertas.»
Dijo el conde, la real mano
Besó, cubrió su cabeza,
20 Y retiróse bajando
Á do estaba su litera.
Y á casa de un su pariente
Mandó que le condujeran,
Abandonando la suya
25 Con cuanto dentro se encierra.
Quedó absorto Carlos Quinto
De ver tan noble firmeza,
Estimando la de España
Más que la imperial diadema.
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ROMANCE CUARTO
Muy pocos días el duque
Hizo mansión en Toledo,
Del noble conde ocupando
Los honrados aposentos.
5 Y la noche en que el palacio
Dejó vacío, partiendo,
Con su séquito y sus pajes,
Orgulloso y satisfecho,
Turbó la apacible luna
10 Un vapor blanco y espeso
Que de las altas techumbres
Se iba elevando y creciendo:
Á poco rato tornóse
En humo confuso y denso
15 Que en nubarrones obscuros
Ofuscaba el claro cielo;
Después en ardientes chispas,
Y en un resplandor horrendo
20 Que iluminaba los valles
Dando en el Tajo reflejos,
Y al fin su furor mostrando
En embravecido incendio
Que devoraba altas torres
Y derrumbaba altos techos.
25 Resonaron las campanas,
Conmovióse todo el pueblo,
De Benavente el palacio page 71
Presa de las llamas viendo.
El Emperador confuso
Corre á procurar remedio,
En atajar tanto daño
5 Mostrando tenaz empeño.
En vano todo: tragóse
Tantas riquezas el fuego,
Á la lealtad castellana
Levantando un monumento.
10 Aun hoy unos viejos muros
Del humo y las llamas negros
Recuerdan acción tan grande
En la famosa Toledo.
PADRE JUAN AROLAS
SÉ MÁS FELIZ QUE YO
Sobre pupila azul, con sueño leve,
15 Tu párpado cayendo amortecido,
Se parece á la pura y blanca nieve
Que sobre las violetas reposó:
Yo el sueño del placer nunca he dormido:
Sé más feliz que yo.
20 Se asemeja tu voz en la plegaria
Al canto del zorzal de indiano suelo
Que sobre la pagoda solitaria
Los himnos de la tarde suspiró: page 72
Yo sólo esta oración dirijo al cielo:
Sé más feliz que yo.
Es tu aliento la esencia más fragante
De los lirios del Arno caudaloso
5 Que brotan sobre un junco vacilante
Cuando el céfiro blando los meció:
Yo no gozo su aroma delicioso:
Sé más feliz que yo.
El amor, que es espíritu de fuego,
10 Que de callada noche se aconseja
Y se nutre con lágrimas y ruego,
En tus purpúreos labios se escondió:
Él te guarde el placer y a mí la queja:
Sé más feliz que yo.
15 Bella es tu juventud en sus albores
Como un campo de rosas del Oriente;
Al ángel del recuerdo pedí flores
Para adornar tu sien, y me las dió;
Yo decía al ponerlas en tu frente:
20 Sé más feliz que yo.
Tu mirada vivaz es de paloma;
Como la adormidera del desierto
Causas dulce embriaguez, hurí de aroma
Que el cielo de topacio abandonó:
25 Mi suerte es dura, mi destino incierto:
Sé más feliz que yo.
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DON JOSÉ DE ESPRONCEDA
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda,
Viento en popa á toda vela,
No corta el mar, sino vuela
Un velero bergantín:
5 Bajel pirata que llaman,
Por su bravura, el _Temido_,
En todo mar conocido
Del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela,
10 En la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;
Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa,
15 Asia á un lado, al otro Europa,
Y allá á su frente Stambul,
«Navega, velero mío,
Sin temor;
Que ni enemigo navío,
20 Ni tormenta, ni bonanza
Tu rumbo á torcer alcanza,
Ni á sujetar tu valor.
«Veinte presas
Hemos hecho page 74
Á despecho
Del inglés,
Y han rendido
Sus pendones
5 Cien naciones5
Á mis pies.»
_Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
10 Mi única patria la mar._
«Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes
Por un palmo más de tierra:
Que yo tengo aquí por mío
15 Cuanto abarca el mar bravío,
Á quien nadie impuso leyes.
«Y no hay playa,
Sea cual quiera,
Ni bandera
20 De esplendor,
Que no sienta
Mi derecho,
Y dé pecho
Á mi valor.»
25 _Que es mi barco mi tesoro..._
«Á la voz de «¡barco viene!»
Es de ver page 75
Cómo vira y se previene
Á todo trapo á escapar;
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.
5 «En las presas
Yo divido
Lo cogido
Por igual:
Sólo quiero
10 Por riqueza
La belleza
Sin rival.»
_Que es mi barco mi tesoro..._
«¡Sentenciado estoy á muerte!
15 Yo me río:
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena,
Quizá en su propio navío.
20 «Y si caigo,
¿Qué es la vida?
Por perdida
Ya la di,
Cuando el yugo
25 Del esclavo,
Como un bravo,
Sacudí.»
_Que es mi barco mi tesoro..._
page 76
«Son mi música mejor
Aquilones:
El estrépito y temblor
De los cables sacudidos,
5 Del negro mar los bramidos
Y el rugir de mis cañones.
«Y del trueno
Al son violento
Y del viento
10 Al rebramar,
Yo me duermo
Sosegado,
Arrullado
Por el mar.»
15 _Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar._
Á LA PATRIA
¡Cuan solitaria la nación que un día
20 Poblara inmensa gente!
¡La nación cuyo imperio se extendía
Del ocaso al oriente!
¡Lágrimas viertes, infeliz, ahora,
Soberana del mundo,
25 Y nadie de tu faz encantadora
Borra el dolor profundo! page 77
Obscuridad y luto tenebroso
En ti vertió la muerte,
Y en su furor el déspota sañoso
Se complació en tu suerte.
5 No perdonó lo hermoso, patria mía;
Cayó el joven guerrero,
Cayó el anciano, y la segur impía
Manejó placentero.
So la rabia cayó la virgen pura
10 Del déspota sombrío,
Como eclipsa la rosa su hermosura
En el sol del estío.
¡Oh vosotros, del mundo habitadores,
Contemplad mi tormento!
15 ¿Igualarse podrán ¡ah! qué dolores
Al dolor que yo siento?
Yo, desterrado de la patria mía,
De una patria que adoro,
Perdida miro su primer valía
20 Y sus desgracias lloro.....
Tendió sus brazos la agitada España,
Sus hijos implorando;
Sus hijos fueron, mas traidora saña
Desbarató su bando. page 78
¿Qué se hicieron tus muros torreados,
Oh mi patria querida?
¿Dónde fueron tus héroes esforzados,
Tu espada no vencida?
5 ¡Ay! de tus hijos en la humilde frente
Está el rubor grabado:
Á sus ojos, caídos tristemente,
El llanto está agolpado.
Un tiempo España fué; cien héroes fueron
10 En tiempos de ventura,
Y las naciones tímidas la vieron
Vistosa en hermosura.
Cual cedro que en el Líbano se ostenta,
Su frente se elevaba;
15 Como el trueno á la virgen amedrenta,
Su voz las aterraba.
Mas hora, como piedra en el desierto,
Yaces desamparada,
Y el justo desgraciado vaga incierto
20 Allá en tierra apartada.
Cubren su antigua pompa y poderío
Pobre hierba y arena,
Y el enemigo que tembló á su brío
Burla y goza en su pena. page 79
Vírgenes, destrenzad la cabellera
Y dadla al vago viento;
Acompañad con arpa lastimera
Mi lúgubre lamento.
5 Desterrados ¡oh Dios! de nuestros lares
Lloremos duelo tanto:
¿Quién calmará ¡oh España! tus pesares?
¿Quién secará tu llanto?
DON JOSÉ ZORRILLA
ORIENTAL
Corriendo van por la vega
10 Á las puertas de Granada
Hasta cuarenta gomeles
Y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
Parando en su yegua blanca,
15 Le dijo éste á una mujer
Que entre sus brazos lloraba:
--Enjuga el llanto, cristiana,
No me atormentes así,
Que tengo yo, mi sultana,
20 Un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
Tengo jardines y flores,
Tengo una fuente dorada
Con más de cien surtidores. page 80
Y en la vega del Genil
Tengo parda fortaleza,
Que será reina entre mil
Cuando encierre tu belleza.
5 Y sobre toda una orilla
Extiendo mi señorío;
Ni en Córdoba ni en Sevilla
Hay un parque como el mío.
10 Allí la altiva palmera
Y el encendido granado,
Junto á la frondosa higuera
Cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
Allí el nópalo amarillo,
15 Allí el sombrío moral
Crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
Que hasta el cielo se levantan,
Y en redes de plata y seda
20 Tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
Que desiertos mis salones
Están, mi harén sin mujeres,
Mis oídos sin canciones.
25 Yo te daré terciopelos
Y perfumes orientales;
De Grecia te traeré velos
Y de Cachemira chales.
Y te daré blancas plumas page 81
Para que adornes tu frente,
Más blancas que las espumas
De nuestros mares de oriente;
Y perlas para el cabello,
5 Y baños para el calor,
Y collares para el cuello;
Para los labios... ¡amor!--
--¿Qué me valen tus riquezas,
Respondióle la cristiana,
10 Si me quitas á mi padre,
Mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme, moro,
Á mi padre y á mi patria,
Que mis torres de León
15 Valen más que tu Granada.--
Escuchóla en paz el moro,
Y manoseando su barba,
Dijo, como quien medita,
En la mejilla una lágrima:
20 Si tus castillos mejores
Que nuestros jardines son,
Y son más bellas tus flores,
Por ser tuyas, en León,
Y tú diste tus amores
25 Á alguno de tus guerreros,
Hurí del Edén, no llores;
Vete con tus caballeros.--
Y dándola su caballo
Y la mitad de su guardia page 82
El capitán de los moros
Volvió en silencio la espalda.
INDECISIÓN
¡Bello es vivir, la vida es la armonía!
Luz, peñascos, torrentes y cascadas,
5 Un sol de fuego iluminando el día,
Aire de aromas, flores apiñadas:
Y en medio de la noche majestuosa
Esa luna de plata, esas estrellas,
Lámparas de la tierra perezosa,
10 Que se ha dormido en paz debajo de ellas.
¡Bello es vivir! Se ve en el horizonte
Asomar el crepúsculo que nace;
Y la neblina que corona el monte
En el aire flotando se deshace;
15 Y el inmenso tapiz del firmamento
Cambia su azul en franjas de colores;
Y susurran las hojas en el viento,
Y desatan su voz los ruiseñores.
Si hay huracanes y aquilón que brama,
20 Si hay un invierno de humedad vestido,
Hay una hoguera á cuya roja llama
Se alza un festín con su discorde ruido.
Y una pintada y fresca primavera,
Con su manto de luz y orla de flores, page 83
Que cubre de verdor la ancha pradera
Donde brotan arroyos saltadores.
¡Bello es vivir, la vida es la armonía!
Luz, peñascos, torrentes y cascadas,
5 Un sol de fuego iluminando el día,
Aire de aromas, flores apiñadas.
Arranca, arranca, Dios mío,
De la mente del poeta
Este pensamiento impío
10 Que en un delirio creó;
Sin un instante de calma,
En su olvido y amargura,
No puede soñar su alma
Placeres que no gozó.
15 ¡Ay del poeta! su llanto
Fué la inspiración sublime
Con que arrebató su canto
Hasta los cielos tal vez;
Solitaria flor que el viento
20 Con impuro soplo azota,
Él arrastra su tormento
Escrito sobre la tez.
Porque tú, ¡oh Dios! le robaste
Cuanto los hombres adoran;
25 Tú en el mundo le arrojaste
Para que muriera en él;
Tú le dijiste que el hombre page 84
Era en la tierra su _hermano_;
Mas él no encuentra ese nombre
En sus recuerdos de hiel.
Tú le has dicho que eligiera
5 Para el viaje de la vida
Una hermosa compañera
Con quien partir su dolor;
Mas ¡ay! que la busca en vano;
Porque es para el ser que ama
10 Como un inmundo gusano
Sobre el tallo de una flor.
Canta la luz y las flores,
Y el amor en las mujeres,
Y el placer en los amores,
15 Y la calma en el placer:
Y sin esperanza adora
Una belleza escondida,
Y hoy en sus cantares llora
Lo que alegre cantó ayer.
20 Él con los siglos rodando
Canta su afán á los siglos,
Y los siglos van pasando
Sin curarse de su afán.
¡Maldito el nombre de gloria
25 Que en tu cólera le diste!
Sentados en su memoria
Recuerdos de hierro están.
El día alumbra su pena,
La noche alarga su duelo, page 85
La aurora escribe en el cielo
Su sentencia de vivir:
Fábulas son los placeres,
No hay placeres en su alma,
5 No hay amor en las mujeres,
Tarda la hora de morir.
Hay sol que alumbra, mas quema:
Hay flores que se marchitan,
Hay recuerdos que se agitan
10 Fantasmas de maldición.
Si tiene una voz que canta,
Al arrancarla del pecho
Deja fuego en la garganta,
Vacío en el corazón.
15 ¡Bello es vivir! Sobre gigante roca
Se mira el mundo á nuestros pies tendido,
La frente altiva con las nubes toca...
Todo creado para el hombre ha sido.
¡Bello es vivir! Que el hombre descuidado
20 En los bordes se duerme de la vida,
Y de locura y sueños embriagado
En un festín el porvenir olvida.
¡Bello es vivir! Vivamos y cantemos:
El tiempo entre sus pliegues roedores
25 Ha de llevar el bien que no gocemos,
Y ha de apagar placeres y dolores.
Cantemos de nosotros olvidados,
Hasta que el son de la fatal campana page 86
Toque á morir... Cantemos descuidados,
Que el sol de ayer no alumbrará mañana.
LA FUENTE
Huye la fuente al manantial ingrata
El verde musgo en derredor lamiendo,
5 Y el agua limpia en su cristal retrata
Cuanto va viendo.
El césped mece y las arenas moja
Do mil caprichos al pasar dibuja,
Y ola tras ola murmurando arroja,
10 Riza y empuja.
Lecho mullido la presenta el valle,
Fresco abanico el abedul pomposo,
Cañas y juncos retirada calle,
Sombra y reposo.
15 Brota en la altura la fecunda fuente;
¿Y á qué su empeño, si al bajar la cuesta
Halla del río en el raudal rugiente
Tumba funesta?
Á BUEN JUEZ MEJOR TESTIGO
Tradición de Toledo
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