Chapter IV: STROPHES.—The strophe is frequently of arbitrary length, though, (7)
¿Cómo te llamaré para que entiendas
Que me dirijo á ti, ¡dulce amor mío!
Cuando lleguen al mundo las ofrendas
Que desde oculta soledad te envío? 25
A ti, sin nombre para mí en la tierra,
¿Cómo te llamaré con aquel nombre
Tan claro que no pueda ningún hombre {p. 295}
Confundirlo al cruzar por esta sierra?
¿Cómo sabrás que enamorado vivo
Siempre de ti, que me lamento sola
Del Gévora que pasa fugitivo 5
Mirando relucir ola tras ola?
Aquí estoy aguardando en una peña
A que venga el que adora el alma mía;
¿Por qué no ha de venir, si es tan risueña
La gruta que formé por si venía. 10
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Pero ¡te llamo yo, dulce amor mío,
Como si fueras tú mortal viviente!
Cuando sólo eres luz, eres ambiente,
Eres aroma, eres vapor del río.
Eres la sombra de la nube errante, 15
Eres el son del árbol que se mueve;
Y aunque á adorarte el corazón se atreve,
Tú sólo en la ilusión eres mi amante.
Mi amor, el tierno amor por el que lloro,
Eres tan sólo tú, Señor, Dios mío; 20
Si te busco y te llamo, es desvarío
De lo mucho que sufro y que te adoro.
Yo nunca te veré, porque no tienes
Ser humano, ni forma, ni presencia;
Yo siempre te amaré, porque en esencia 25
Al alma mía como amante vienes.
Nunca en tu frente sellará mi boca
El beso que al ambiente le regalo;
Siempre el suspiro que á tu amor exhalo
Vendrá á quebrarse en la insensible roca. 30
Pero cansada de penar la vida,
Cuando se apague el fuego del sentido,
Por el amor tan puro que he tenido {p. 296}
Tú me darás la gloria prometida.
¡Y entonces, al ceñir la eterna palma
Que ciñen tus esposas en el cielo,
El beso celestial que darte anhelo 5
Llena de gloria te dará mi alma.
Gertrudis Gómez de Avellaneda
(1816–1873)
Á WASHINGTON
No en lo pasado á tu virtud modelo,
Ni copia al porvenir dará la historia,
Ni otra igual en grandeza á tu memoria
Difundirán los siglos en su vuelo. 10
Miró la Europa ensangrentar su suelo
Al genio de la guerra y la victoria,
Pero le cupo á América la gloria
De que al genio del bien le diera el cielo.
Que audaz conquistador goce en su ciencia, 15
Mientras al mundo en páramo convierte
Y se envanezca cuando á siervos mande;
¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia
Que el que los rige libres sólo es fuerte;
Que el que los hace grandes sólo es grande. 20
Á UN RUISEÑOR
Cesa, cesa,
¡Vate alado!
Que ha sonado
Ya el reloj
La hora grave 25
Que da al sueño
Su beleño
Bienhechor.
Pues la noche {p. 297}
Nos circunda
De profunda
Dulce paz,
De la mente 5
Deja el fuego
Con sosiego
Reposar.
Ni ¿qué aguardas
De este ambiente, 10
¡Oh hijo ardiente
De la luz!
Tú, que mides
Con tus vuelos
De los cielos 15
El azul?
¿Qué pretendes
Con tu canto,
Si su encanto
Sin igual 20
Las tinieblas
No comprenden,
Ni suspenden
Tu afanar?
¡Ay! ¿quién sabe 25
Si emboscado
Despiadado
Cazador
Lazo indigno
Te prepara, 30
Junto al ara
De tu amor?
De asechanzas
Protectoras
Tales horas 35
Suelen ser,
Y ese canto
Te delata
En la ingrata
Lobreguez. 40
Deja, deja
De horror lleno,
Nuestro cieno
Mundanal,
Por las cumbres 45
Donde aspiras
Y respiras
Libertad.
Cuando á vastos
Horizontes 50
Te remontes
Triunfador,
Tu sublime
Poesía
Dale al día, 55
Dale al sol;
¡Pero cese,
Cese ahora
Tu canora
Bella voz, 60
Y que grato
Vierta el sueño
Su beleño
Bienhechor!
LA TUMBA Y LA ROSA {p. 298}
(_Traducción libre de Victor Hugo_)
Dice la Tumba á la Rosa:
—¿Qué haces tú, preciada flor,
Del llanto que el alba hermosa
Vierte en tu cáliz de amor?—
Y la Rosa le responde: 5
—¿Qué haces, di, Tumba sombría,
De lo que tu seno esconde
Y devora cada día?
Yo perfumes doy al suelo
Con el llanto matinal. 10
—¡Y yo un alma mando al cielo,
De cada cuerpo mortal!
Á LA MUERTE DE ESPRONCEDA
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
¡Ved! Cual la escarcha fría
Por siempre yace la inspirada frente,
Que de Byron el lauro refulgente 15
Recibir merecía.
¿Cómo calla la voz cuya armonía
El ángel de los cantos envidiara?
¿Qué se hizo la luz clara,
Reveladora de alta inteligencia, 20
Que fulguraba en sus brillantes ojos?
¿Será eterna la ausencia
De la vida, ¡gran Dios! y esos despojos
—Que va á tragarse el sempiterno olvido—
Se llevarán al pensamiento helado, 25
Como un astro apagado
Por espacios incógnitos perdido?
¡Blasfemia horrible!... ¡loco pensamiento! {p. 299}
¡Jamás mi mente á tu ilusión sucumba!
¿La nada invocaré con torpe acento
Del genio ante la tumba?
¿Quién la bondad suprema 5
Podrá ultrajar con tan odiosa duda?
¿Quién su justicia dejará en problema
Ante el estrago de la muerte muda?
A ti—que viertes en el triste lecho
Del humano que espira 10
Bálsamo dulce de consuelo y calma—
¡Oh esperanza final! á ti saluda
Con rudos sones mi enlutada lira;
A ti se acoge en su dolor el alma.
Rindióse el cuerpo deleznable al peso 15
Del espíritu inmenso que oprimía,
Y ya el ilustre preso,
Que rota deja la coyunda impía,
Con libre vuelo sube
Al foco de la eterna Inteligencia, 20
Donde su centro y su reposo obtiene.
Tal de las flores la exquisita esencia
Se alza y se extiende en invisible nube,
Cuando rompe el cristal que la contiene.
¡Ay de aquel genio las fulgentes alas 25
Se lastimaban con el roce duro
De la materia frágil y grosera,
Que lo encerraba, cual estrecho muro.
Asaz sufriste ¡oh mísero! no era
La tierra tu morada. La profunda 30
Sed de goces y amor, que desdeñaba
Mezquinas fuentes de la tierra inmunda;
El inmenso vacío
Del insondable corazón; el tedio, {p. 300}
Que con su diente inexorable y frío
Te envenenaba heridas sin remedio.
¡Todo á su fin llegó! ¡todo ha cesado!
. . . . . . . . . .
Adelardo López de Ayala
(1828–1879)
PLEGARIA
¡Dame, Señor, la firme voluntad, 5
Compañera y sostén de la virtud;
La que sabe en el golfo hallar quietud
Y en medio de las sombras claridad:
La que trueca en tesón la veleidad
Y el ocio en perenal solicitud, 10
Y las ásperas fiebres en salud,
Y los torpes engaños en verdad!
Y así conseguirá mi corazón
Que los favores que á tu amor debí,
Te ofrezcan algún fruto en galardón... 15
Y aun tú, Señor, conseguirás así
Que no llegue á romper mi confusión
La imagen tuya que pusiste en mí.
José Selgas y Carrasco
(1824–1882)
LA MODESTIA
Por las flores proclamado
Rey de una hermosa pradera, 20
Un clavel afortunado
Dió principio á su reinado
Al nacer la primavera.
Con majestad soberana {p. 301}
Llevaba y con noble brío
El regio manto de grana,
Y sobre la frente ufana
La corona de rocío. 5
Su comitiva de honor
Mandaba, por ser costumbre,
El céfiro volador,
Y había en su servidumbre
Yerbas y malvas de olor. 10
Su voluntad poderosa,
Porque también era uso,
Quiso una flor para esposa;
Y regiamente dispuso
Elegir la más hermosa. 15
Como era costumbre y ley,
Y porque causa delicia
En la numerosa grey,
Pronto corrió la noticia
Por los estados del rey. 20
Y en revuelta actividad
Cada flor abre el arcano
De su fecunda beldad,
Por prender la voluntad
Del hermoso soberano. 25
Y hasta las menos apuestas
Engalanarse se vían
Con harta envidia, dispuestas
A ver las solemnes fiestas
Que celebrarse debían. 30
Lujosa la Corte brilla:
El rey, admirado, duda,
Cuando ocultarse sencilla
Vió una tierna florecilla {p. 302}
Entre la yerba menuda.
Y por si el regio esplendor
De su corona le inquieta,
Pregúntale con amor: 5
—«¿Cómo te llamas?»—«Violeta,»
Dijo temblando la flor.
—«¿Y te ocultas cuidadosa
Y no luces tus colores,
Violeta dulce y medrosa, 10
Hoy que entre todas las flores
Va el rey á elegir esposa?»
Siempre temblando la flor,
Aunque llena de placer,
Suspiró y dijo:—«Señor, 15
Yo no puede merecer
Tan distinguido favor.»
El rey, suspenso, la mira
Y se inclina dulcemente;
Tanta modestia le admira; 20
Su blanda esencia respira,
Y dice alzando la frente:
«Me depara mi ventura
Esposa noble y apuesta;
Sepa, si alguno murmura, 25
Que la mejor hermosura
Es la hermosura modesta.»
Dijo, y el aura afanosa
Publicó en forma de ley,
Con voz dulce y melodiosa, 30
Que la violeta es la esposa
Elegida por el rey.
Hubo magníficas fiestas, {p. 303}
Ambos esposos se dieron
Pruebas de amor manifiestas,
Y en aquel reinado fueron
Todas las flores modestas. 5
Gustavo Adolfo Bécquer
(1836–1870)
RIMAS
II
Saeta que voladora
Cruza, arrojada al azar,
Sin adivinarse dónde
Temblando se clavará;
Hoja que del árbol seca 10
Arrebata el vendaval,
Sin que nadie acierte el surco
Donde á caer volverá;
Gigante ola que el viento
Riza y empuja en el mar, 15
Y rueda y pasa, y no sabe
Qué playa buscando va;
Luz que en cercos temblorosos
Brilla, próxima á expirar,
Ignorándose cual de ellos 20
El último brillará;
Eso soy yo, que al acaso
Cruzo el mundo, sin pensar
De dónde vengo, ni adónde
Mis pasos me llevarán. 25
VII {p. 304}
Del salón en el ángulo obscuro,
De su dueño tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo
Veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 5
Como el pájaro duerme en las ramas,
Esperando la mano de nieve
Que sabe arrancarla!
¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio
Así duerme en el fondo del alma, 10
Una voz, como Lázaro, espera
Que le diga: «Levántate y anda!»
VIII
Cuando miro el azul horizonte
Perderse á lo lejos,
Al través de una gasa de polvo 15
Dorado é inquieto,
Me parece posible arrancarme
Del mísero suelo,
Y flotar con la niebla dorada
En átomos leves 20
Cual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo
Obscuro del cielo
Las estrellas temblar, como ardientes
Pupilas de fuego, 25
Me parece posible á do brillan
Subir en un vuelo,
Y anegarme en su luz, y con ellas
En lumbre encendido
Fundirme en un beso. 30
En el mar de la duda en que bogo {p. 305}
Ni aun sé lo que creo;
¡Sin embargo, estas ansias me dicen
Que yo llevo algo
Divino aquí dentro! 5
XXI
¿Qué es poesía? dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía? Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
LVII
Este armazón de huesos y pellejo, 10
De pasear una cabeza loca
Cansado se halla al fin, y no lo extraño;
Pues, aunque es la verdad que no soy viejo,
De la parte de vida que me toca
En la vida del mundo, por mi daño 15
He hecho un uso tal, que juraría
Que he condensado un siglo en cada día.
Así, aunque ahora muriera,
No podría decir que no he vivido;
Que el sayo, al parecer nuevo por fuera, 20
Conozco que por dentro ha envejecido.
Ha envejecido, sí; ¡pese á mi estrella!
Harto lo dice ya mi afán doliente;
Que hay dolor que al pasar, su horrible huella
Graba en el corazón, si no en la frente. 25
LXXIII
Cerraron sus ojos
Que aun tenía abiertos;
Taparon su cara
Con un blanco lienzo;
Y unos sollozando, 30
Otros en silencio,
De la triste alcoba
Todos se salieron.
La luz, que en un vaso {p. 306}
Ardía en el suelo,
Al muro arrojaba
La sombra del lecho;
Y entre aquella sombra 5
Veíase á intervalos,
Dibujarse rígida
La forma del cuerpo.
Despertaba el día,
Y á su albor primero 10
Con sus mil ruidos
Despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
De vida y misterios,
De luz y tinieblas, 15
Medité un momento:
«_¡Dios mío, qué solos
Se quedan los muertos!_»
De la casa en hombros
Lleváronla al templo, 20
Y en una capilla
Dejaron el féretro.
Allí rodearon
Sus pálidos restos
De amarillas velas 25
Y de paños negros.
Al dar de las ánimas
El toque postrero,
Acabó una vieja
Sus últimos rezos; 30
Cruzó la ancha nave,
Las puertas gimieron,
Y el santo recinto
Quedóse desierto.
De un reloj se oía 35
Compasado el péndulo,
Y de algunos cirios
El chisporroteo.
Tan medroso y triste,
Tan obscuro y yerto 40
Todo se encontraba...
Que pensé un momento:
«_¡Dios mío, qué solos
Se quedan los muertos!_»
De la alta campana 45
La lengua de hierro,
Le dió, volteando,
Su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
Amigos y deudos 50
Cruzaron en fila,
Formando el cortejo.
Del último asilo,
Obscuro y estrecho,
Abrió la piqueta 55
El nicho á un extremo.
Allí la acostaron,
Tapiáronle luego,
Y con un saludo
Despidióse el duelo. 60
La piqueta al hombro,
El sepulturero
Cantando entre dientes
Se perdió á lo lejos.
La noche se entraba, 65
Reinaba el silencio;
Perdido en las sombras,
Medité un momento:
«_¡Dios mío, qué solos {p. 307}
Se quedan los muertos!_»
En las largas noches
Del helado invierno,
Cuando las maderas 5
Crujir hace el viento
Y azota los vidrios
El fuerte aguacero,
De la pobre niña
A solas me acuerdo. 10
Allí cae la lluvia
Con un son eterno;
Allí la combate
El soplo del cierzo.
Del húmedo muro 15
Tendida en el hueco,
Acaso de frío
Se hielan sus huesos!...
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo? 20
¿Todo es vil materia
Podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
Que explicar no puedo
Que al par nos infunde 25
Repugnancia y duelo,
Al dejar tan tristes,
Tan solos los muertos!
Antonio de Trueba
(1821–1889)
AL ANOCHECER
La luna se levanta
Tras las lejanas cúspides, 30
Y cual conciencia santa
Serena está la atmósfera,
Sereno el mar indómito,
Sereno el cielo azul...
¡Señor! cuando en la calma 35
Solemne del crepúsculo
Te busca ansiosa el alma
De los mortales míseros,
¡Qué desdichados fuéramos
Si no existieras tú! 40
CANTOS DE PÁJARO {p. 308}
Tengo yo un pajarillo
Que el día pasa
Cantando entre las flores
De mi ventana;
Y un canto alegre 5
A todo pasajero
Dedica siempre.
Tiene mi pajarillo
Siempre armonías
Para alegrar el alma 10
Del que camina...
¡Oh cielo santo,
Por qué no harán los hombres
Lo que los pájaros!
Cuando mi pajarillo 15
Cantos entona,
Pasajeros ingratos
Cantos le arrojan:
Mas no por eso
Niega sus armonías 20
Al pasajero.
Tiende las leves alas,
Cruza las nubes
Y canta junto al cielo
Con voz más dulce: 25
«Paz á los hombres
Y gloria al que en la altura
Rige los orbes!»
Y yo sigo el ejemplo
Del ave mansa 30
Que canta entre las flores
De mi ventana, {p. 309}
Porque es sabido
Que poetas y pájaros
Somos lo mismo.
CANTABRIA
Arboledas seculares, 5
Mansos ríos, claras fuentes,
Auras puras, montes altos,
Vallecitos siempre verdes,
Casas blancas, torres negras,
Mares agitados siempre, 10
Paz y alegría en las almas,
Santo sudor en las frentes...
Esto inspira mis cantares
Y esto mi Cantabria tiene.
Si me pierdo, que me busquen 15
Desde Higuer á Finisterre.
Ventura de la Vega
(1807–1865)
IMITACIÓN DE LOS SALMOS
¡Ay, no vuelvas, Señor, tu rostro airado
A un pecador contrito!
Ya abandoné, de lágrimas bañado,
La senda del delito. 20
Y en ti, humilde, oh mi Dios, la vista clavo
Y me aterra tu ceño,
Como fija sus ojos el esclavo
En la diestra del dueño.
Que en dudas engolfado, hasta tu esfera 25
Se alzó mi orgullo ciego, {p. 310}
Y cayó aniquilado cual la cera
Junto al ardiente fuego.
Si en profano laúd lanzó mi boca
Torpes himnos al viento, 5
Yo estrellaré, Señor, contra una roca
El impuro instrumento.
¡Levántate del polvo, arpa sagrada,
Henchida de armonía!
Y tú, por el perdón purificada, 10
Levántate, alma mía!
Y yo también al despuntar la aurora,
Y por el ancho mundo,
Cantaré de la diestra vengadora
El poder sin segundo. 15
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Andrés Bello
(1781–1865)
LA ORACIÓN POR TODOS
(_Imitación de Victor Hugo_)
Va á rezar, hija mía. Ya es la hora
De la conciencia y del pensar profundo.
Cesó el trabajo afanador, y al mundo
La sombra va á colgar su pabellón.
Sacude el polvo el árbol del camino 20
Al soplo de la noche, y en el suelto
Manto de la sutil neblina envuelto
Se ve temblar el viejo torreón.
¡Mira! Su ruedo de cambiante nácar
El Occidente más y más angosta; 25
Y enciende sobre el cerro de la costa {p. 311}
El astro de la tarde su fanal.
Para la pobre cena aderezado
Brilla el albergue rústico, y la tarda
Vuelta del labrador la esposa aguarda 5
Con su tierna familia en el umbral.
Brota del seno de la azul esfera
Uno tras otro fúlgido diamante;
Y ya apenas de un carro vacilante
Se oye á distancia el desigual rumor. 10
Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle,
Y la iglesia, y la choza, y la alquería;
Y á los destellos últimos del día
Se orienta en el desierto el viajador.
Naturaleza toda gime; el viento 15
En la arboleda, el pájaro en el nido,
Y la oveja en su trémulo balido,
Y el arroyuelo en su correr fugaz.
El día es para el mal y los afanes:
¡Hé aquí la noche plácida y serena! 20
El hombre tras la cuita y la faena
Quiere descanso y oración y paz.
Sonó en la torre la señal: los niños
Conversan con espíritus alados;
Y los ojos al cielo levantados 25
Invocan de rodillas al Señor.
Las manos juntas y los pies desnudos,
Fe en el pecho, alegría en el semblante,
Con una misma voz, á un mismo instante,
Al Padre Universal piden amor. 30
Y luego dormirán; y en leda tropa
Sobre la cuna volarán ensueños,
Ensueños de oro, diáfanos, risueños.
Visiones que imitar no osó el pincel,
Y ya sobre la tersa frente posan, {p. 312}
Ya beben el aliento á las bermejas
Rosas, como lo chupan las abejas
A la fresca azucena y al clavel.
Como para dormirse, bajo el ala 5
Esconde su cabeza la avecilla,
Tal la niñez en su oración sencilla
Adormece su mente virginal.
¡Oh dulce devoción, que reza y ríe!
¡De natural piedad primer aviso! 10
¡Fragancia de la flor del paraíso!
¡Preludio del concierto celestial!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Ramón de Campoamor y Campoosorio
(1817–1901)
LOS SOLLOZOS
Si á mis sollozos les pregunto adónde
La dura causa está de su aflicción,
De un ¡ay! que ya pasó, la voz responde: 15
«De mi antiguo dolor _recuerdos_ son.»
Y alguna vez, cual otras infelice,
Que sollozo postrado en la inacción!
De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice:
«De mi dolor _presentimientos_ son.» 20
¡Ruda inquietud de la existencia impía!
¿Dónde calma ha de hallar el corazón,
Si hasta sollozos que la _inercia_ cría,
_Presentimientos ó memorias_ son?
EL MAYOR CASTIGO {p. 313}
Cuando de Virgilio en pos
Fué el Dante al infierno á dar,
Su conciencia, hija de Dios,
Dejó á la puerta al entrar.
Después que á salir volvió, 5
Su conciencia el Dante hallando,
Con ella otra vez cargó,
Mas dijo así suspirando:
Del infierno en lo profundo,
No ví tan atroz sentencia 10
Como es la de ir por el mundo
Cargado con la conciencia.
¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!
I
—Escribidme una carta, señor cura.
—Ya sé para quién es.
—¿Sabéis quién es, porque una noche obscura 15
Nos visteis juntos?—Pues.
—Perdonad, mas...—No extraño ese tropiezo.
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
_Mi querido Ramón:_ 20
—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
—Si no queréis...—¡Sí, sí!
—_¡Qué triste estoy!_ ¿No es eso?—Por supuesto.
—_Qué triste estoy sin ti!_
_Una congoja, al empezar, me viene_... {p. 314}
—¿Cómo sabéis mi mal?...
—Para un viejo, una niña siempre tiene
El pecho de cristal.
_¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura. 5
¿Y contigo? Un edén._
—Haced la letra clara, señor cura,
Que lo entienda eso bien.
—_El beso aquel que de marchar á punto
Te dí_...—¿Cómo sabéis?... 10
—Cuando se va y se viene y se está junto,
Siempre... no os afrentéis.
_Y si volver tu afecto no procura
Tanto me harás sufrir_...
—¿Sufrir y nada más? No, señor cura, 15
¡Que me voy á morir!
—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...
—Pues, sí, señor; ¡morir!
—Yo no pongo _morir_.—¡Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir! 20
II
¡Señor Rector, señor Rector! En vano
Me queréis complacer,
Si no encarnan los signos de la mano
Todo el sér de mi sér.
Escribidle, por Dios, que el alma mía 25
Ya en mí no quiere estar;
Que la pena no me ahoga cada día...
Porque puedo llorar.
Que mis labios, las rosas de su aliento, {p. 315}
No se saben abrir;
Que olvidan de la risa el movimiento
A fuerza de sentir.
Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, 5
Cargados con mi afán,
Como no tienen quien se mire en ellos,
Cerrados siempre están.
Que es, de cuantos tormentos he sufrido,
La ausencia el más atroz; 10
Que es un perpetuo sueño de mi oído
El eco de su voz.
Que siendo por su causa, ¡el alma mía
Goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuantas cosas le diría 15
Si supiera escribir!...
III
_Epílogo_
—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:
_A don Ramón_... En fin,
Que es inútil saber para esto arguyo
Ni el griego ni el latín.— 20
EL DESCREIMIENTO
(_A S.M. la Reina Doña Isabel II_)
Más que la luz de la razón humana,
Amo la oscuridad de mi deseo,
Y más que la verdad de cuanto veo,
Quiero el error de mi esperanza vana.
Tenéis razón, hermosa Soberana, {p. 316}
Que no sé cuando dudo y cuando creo;
Si hoy, comparado á mí, todo es ateo,
Tal vez de todo dudaré mañana.
Entre creer y dudar, mi alma indecisa, 5
Mientras pasa esta vida de quebranto,
Que es eterna en dar fin, yendo de prisa,
El dudar y creer confunde tanto,
Que unas veces mi llanto acaba en risa,
Y otras veces mi risa acaba en llanto. 10
EL CIELO DE LEOPARDI
¡Genio infeliz! en su primer momento
A su amiga la muerte le decía:
—«Dame la nada, esa región vacía
En que no hay ni placer ni sufrimiento.
Donde se halla la vida está el tormento. 15
Dame paz en la nada—repetía,—
Y mata con el cuerpo el alma mía,
Esta amarga raíz del pensamiento.»
Al oirle implorar de esta manera
Consolando al filósofo afligido, 20
La muerte le responde:—«Espera, espera;
Que en paga de lo bien que me has querido,
Mañana te daré la muerte entera
Y volverás al sér del que no ha sido.»
LAS DOS GRANDEZAS
Uno altivo, otro sin ley, 25
Así dos hablando están:
—Yo soy Alejandro el rey.
—Y yo Diógenes el can.
—Vengo á hacerte más honrada {p. 317}
Tu vida de caracol.
¿Qué quieres de mí?—Yo, nada;
Que no me quites el sol.
—Mi poder...—Es asombroso, 5
Pero á mí nada me asombra.
—Yo puedo hacerte dichoso.
—Lo sé, no haciéndome sombra.
—Tendrás riquezas sin tasa,
Un palacio y un dosel. 10
—¿Y para qué quiero casa
Más grande que este tonel?
—Mantos reales gastarás
De oro y seda.—¡Nada, nada!
¿No ves que me abriga más 15
Esta capa remendada?
—Ricos manjares devoro.
—Yo con pan duro me allano.
—Bebo el Chipre en copas de oro.
—Yo bebo el agua en la mano. 20
—Mandaré cuanto tú mandes.
—¡Vanidad de cosas vanas!
¿Y á unas miserias tan grandes
Las llamáis dichas humanas?
—Mi poder á cuantos gimen, 25
Va con gloria á socorrer.
—¡La gloria, capa del crimen;
Crimen sin capa ¡el poder!
—Toda la tierra iracundo {p. 318}
Tengo postrada ante mí.
—¿Y eres el dueño del mundo,
No siendo dueño de ti?
—Yo sé que, del orbe dueño, 5
Seré del mundo el dichoso.
—Yo sé que tu último sueño
Será tu primer reposo.
—Yo impongo á mi arbitrio leyes.
—¿Tanto de injusto blasonas? 10
—Llevo vencidos cien reyes.
—¡Buen bandido de coronas!
—Vivir podré aborrecido,
Mas no moriré olvidado.
—Viviré desconocido, 15
Mas nunca moriré odiado.
—¡Adiós! pues romper no puedo
De tu cinismo el crisol.
—¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,
Pues no me quitas el sol!— 20
Y al partir con mutuo agravio,
Uno altivo, otro implacable,
—¡Miserable! dice el sabio;
Y el Rey dice:—¡Miserable!
LAS DOS TUMBAS
«¡Cuán honda, oh cielos, será!,» 25
Dije, mi tumba mirando,
Que va tragando, tragando,
Cuanto nació y nacerá.
Y huyendo del vil rincón {p. 319}
Donde al fin seré arrojado,
Los ojos metí espantado
Dentro de mi corazón.
Mas cuando dentro miré, 5
Mis ojos en él no hallaron
Ni un sér de los que me amaron,
Ni un sér de los que yo amé.
Si no hallo aquí una ilusión,
Y allí sólo hallo el vacío, 10
¿Cuál es más hondo, Dios mío,
Mi tumba, ó mi corazón?...
Juan Valera y Alcalá Galiano
(B. 1827)
NOCHE DE ABRIL
Es ya tarde: bate el sueño
Sobre la ciudad sus alas,
En el silencio sus galas 15
Muestra la noche gentil;
Abren su seno las flores
Al rocío transparente,
Y se respira el ambiente
Perfumado del abril. 20
En Nápoles, en las noches
De primaveras serenas,
Vierte por todas sus venas
Naturaleza su amor;
Y es el silencio armonía, 25
Bálsamo el aire, las flores
Ninfas, las sombras colores,
Y los claros resplandor.
Y todo vago, indeciso, {p. 320}
Dulcemente se confunde,
Y melancolía infunde
Tan süave al corazón,
Que en la atmósfera mecido 5
De sus sueños se recrea,
Gira y corre distraído
De ilusión en ilusión.
No va el silfo más ligero
En un rayo de la luna; 10
Ya acaricia lisonjero
Con sus besos una flor;
Ya en la límpida laguna
Forma un rïel de topacio,
Ya perdido en el espacio 15
Se disipa cual vapor.
EL FUEGO DIVINO
De la inclinada fuente
En copioso raudal brotaste pura,
Alma luz refulgente;
Entonces con ternura 20
Latió fecundo el seno de natura.
. . . . . . . . . .
Tú eres la luz, la vida,
La inteligencia, el fuego, el movimiento;
Tú la llama escondida
Que da al sol alimento, 25
Y armonioso vigor al firmamento.
. . . . . . . . . .
Con vivífico aliento
Virtud prestaste á la materia inerte,
La fuerza y movimiento, {p. 321}
Que en sus átomos vierte
Al sacarlos del seno de la muerte.
Y la forma elevada
Misteriosa del hombre creaste luego; 5
A su mente sagrada
Diste noble sosiego,
A sus ojos el brillo de tu fuego.
Levantaste su frente,
Hermoso asiento de tu lumbre viva, 10
Hacia el cielo eminente,
Do á su mirada altiva
Ni de tu sér la oscuridad se esquiva.
Cuanto existe en la tierra,
De oro y fango, de bálsamo y veneno, 15
Cuanta virtud encierra
En su fecundo seno
El éter infinito, de astros lleno,
Diste con armonía,
Breve mundo, del hombre á la existencia; 20
Como en oriente el día
Brotó la inteligencia,
De su completo ser oculta esencia.
La pompa de los mundos,
Todo sér, toda vida en ella vive; 25
Los ámbitos profundos
Del cielo en sí recibe,
Y de su inmensidad los circunscribe.
Su perfume derrama {p. 322}
La flor, el ave canta, el mar resuena;
Cuanto aborrece y ama,
Todo deleite y pena
Está en el alma, y los espacios llena. 5
Su luz el astro envía,
Y tarda siglos en cumplir su anhelo;
No acaba su porfía,
No hiere el mortal velo,
Mas en el alma está como en el cielo. 10
¿Qué habrá que satisfaga
Al sér amante en la creación entera?
¿De qué beldad se paga
Si por alta manera
Todo en el alma está como en su esfera? 15
¿A qué este amor intenso?
¿Qué ignoto sér la voluntad adora?
¿Dónde el objeto inmenso,
La fuerza vencedora
Que domina al amor que le devora? 20
. . . . . . . . . .
El alma es consonancia
De todo lo creado, y sus amores
Son la luz, la fragancia
De estrellas y de flores,
¿Quién detiene perfumes y fulgores? 25
. . . . . . . . . .
La bien templada lira
De cada cuerda exhala melodiosa
Distinto son, y admira {p. 323}
De la máquina hermosa
Dando el conjunto música armoniosa.
Enemigas y fieras
Potencias une al mismo fin el hado; 5
Así de las esferas
El giro arrebatado
Da un concierto sublime y alternado.
. . . . . . . . . .
Gaspar Núñez de Arce
(B. 1834)
¡EXCELSIOR!
¿Por qué los corazones miserables,
Por qué las almas viles, 10
En los fieros combates de la vida
Ni luchan ni resisten?
El espíritu humano es más constante
Cuanto más se levanta:
Diós puso el fango en la llanura, y puso 15
La roca en la montaña.
La blanca nieve que en los hondos valles
Derrítese ligera,
En las altivas cumbres permanece
Inmutable y eterna. 20
Á ESPAÑA {p. 324}
Roto el respeto, la obediencia rota,
De Dios y de la ley perdido el freno,
Vas marchando entre lágrimas y cieno,
Y aire de tempestad tu rostro azota.
Ni causa oculta, ni razón ignota 5
Busques al mal que te devora el seno;
Tu iniquidad, como sutil veneno,
Las fuerzas de tus músculos agota.
No esperes en revuelta sacudida
Alcanzar el remedio por tu mano 10
¡Oh sociedad rebelde y corrompida!
Perseguirás la libertad en vano,
Que cuando un pueblo la virtud olvida,
Lleva en sus propios vicios su tirano.
MISERERE
Es de noche: el monasterio 15
Que alzó Felipe Segundo
Para admiración del mundo
Y ostentación de su imperio,
Yace envuelto en el misterio
Y en las tinieblas sumido. 20
De nuestro poder, ya hundido,
Último resto glorioso,
Parece que está el coloso
Al pie del monte, rendido.
El viento del Guadarrama 25
Deja sus antros obscuros,
Y estrellándose en los muros
Del templo, se agita y brama.
Fugaz y rojiza llama
Surca el ancho firmamento, 30
Y á veces, como un lamento, {p. 325}
Resuena el lúgubre son
Con que llama á la oración
La campana del convento.
La iglesia, triste y sombría, 5
En honda calma reposa,
Tan helada y silenciosa
Como una tumba vacía.
Colgada lámpara envía
Su incierta luz á lo lejos, 10
Y á sus trémulos reflejos
Llegan, huyen, se levantan
Esas mil sombras que espantan
A los niños y á los viejos.
De pronto, claro y distinto, 15
La regia cripta conmueve
Ruido extraño, que aunque leve,
Llena el mortuorio recinto.
Es que el César Carlos Quinto,
Con mano firme y segura 20
Entreabre su sepultura,
Y haciendo una horrible mueca,
Su faz carcomida y seca
Asoma por la hendidura.
Golpea su descarnada 25
Frente con tenaz empeño,
Como quien sale de un sueño
Sin acordarse de nada.
Recorre con su mirada
Aquel lugar solitario, 30
Alza el mármol funerario,
Y arrebatado y resuelto
Salta del sepulcro, envuelto
En su andrajoso sudario.
«¡Hola!» grita en son de guerra {p. 326}
Con aquella voz concisa,
Que oyó en el siglo, sumisa
Y amedrentada la tierra.
«¡Volcad la losa que os cierra! 5
Vástagos de imperial rama,
Varones que honráis la fama,
Antiguas y excelsas glorias,
De vuestras urnas mortuorias
Salid, que el César os llama.» 10
Contestando á estos conjuros,
Un clamor confuso y hondo
Parece brotar del fondo,
De aquellos mármoles duros.
Surgen vapores impuros 15
De los sepulcros ya abiertos:
La serie de reyes muertos
Después á salir empieza,
Y es de notar la tristeza,
El gesto despavorido 20
De los que han envilecido
La corona en su cabeza.
Grave, solemne, pausado,
Se alza Felipe Segundo,
En su lucha con el mundo 25
Vencido, mas no domado.
Su hijo se despierta al lado,
Y destrás del rey devoto,
Aquel que humillado y roto
Vió desmoronarse á España, 30
Cual granítica montaña
A impulsos del terremoto.
Luego el monarca enfermizo,
De infausta y negra memoria,
En cuya Edad nuestra gloria, {p. 327}
Como nieve se dishizo.
Bajo el poder de su hechizo
Se estremece todavía.
¡Ay, qué terrible armonía, 5
Qué obscuro enlace se nota
Entre aquel mísero idiota
Y su exhausta monarquía!
Con terrífica sorpresa
Y en silencioso concierto, 10
Todos los reyes que han muerto
Van saliendo de su huesa.
La ya apagada pavesa
Cobra los vitales bríos,
Y se aglomeran sombríos 15
Aquellos yertos despojos,
Aquellas cuencas sin ojos,
Aquellos cráneos vacíos.
De los monarcas en pos,
Respondiendo al llamamiento, 20
Cual si llegara el momento
Del santo juicio de Dios,
Acuden de dos en dos
Por claustros y corredores,
Príncipes, grandes señores, 25
Prelados, frailes, guerreros,
Favoritos, consejeros,
Teólogos é inquisidores.
. . . . . . . . . .
Por mandato soberano
De Carlos, que el cetro ostenta, 30
Llega al órgano y se sienta
Un viejo esqueleto humano.
La seca y huesosa mano {p. 328}
En el gran teclado imprime,
Y la música sublime,
Que á inmensos raudales brota,
Parece que en cada nota 5
Reza y llora, canta y gime.
Uniendo al acorde santo
Su voz, los muertos despojos
Caen ante el ara de hinojos
Y á Dios elevan su canto. 10
Honda expresión del quebranto,
Aquel eco de la tumba
Crece, se dilata, zumba,
Y al paso que va creciendo,
Resuena con el estruendo 15
De un mundo que se derrumba:
«Fuimos las ondas de un río
Caudaloso y desbordado.
Hoy la fuente se ha secado,
Hoy el cauce está vacío. 20
Ya ¡oh Dios! nuestro poderío
Se extingue, se apaga y muere.
¡Miserere!
«¡Maldito, maldito sea
Aquel portentoso invento 25
Que dió vida al pensamiento
Y alas de luz á la idea!
El verbo animado ondea
Y como el rayo nos hiere.
¡Miserere! 30
«¡Maldito el hilo fecundo
Que á los pueblos eslabona,
Y busca, y cuenta, y pregona
Las pulsaciones del mundo!
Ya en el silencio profundo {p. 329}
Ninguna injusticia muere.
¡Miserere!
«Ya no vive cada raza
En solitario destierro, 5
Ya con vínculo de hierro
La humana especie se enlaza.
Ya el aislamiento rechaza:
Ya la libertad prefiere.
¡Miserere! 10
«Rígido y brutal azote
Con desacordado empuje
Sobre las espaldas cruje
Del rey y del sacerdote.
Ya nada existe que embote 15
El golpe ¡oh Dios! que nos hiere.
¡Miserere!
«Mas ¡ay! que en su audacia loca,
También el orgullo humano
Pone en los cielos su mano 20
Y á ti, Señor, te provoca.
Mientras blasfeme su boca
Ni paz ni ventura espere.
¡Miserere!
«No en la tormenta enemiga: 25
No en el insondable abismo:
El mundo lleva en sí mismo
El rayo que le castiga.
Sin compasión ni fatiga
Hoy nos mata; pero muere. 30
¡Miserere!
«Grande y caudaloso río,
Que corres precipitado,
Ve que el nuestro se ha secado
Y tiene el cauce vacío. {p. 330}
¡No prevalezca el impío,
Ni la iniquidad prospere!
¡Miserere!»
Súbito, con sordo ruido 5
Cruje el Órgano y estalla,
La luz se amortigua y calla
El concurso dolorido.
Al disiparse el sonido
Del grave y solemne canto 10
Llega á su colmo el espanto
De las mudas calaveras,
Y de sus órbitas hueras
Desciende abundoso llanto.
A medida que decrece 15
La luz misteriosa y vaga,
Todo murmullo se apaga
Y el cuadro se desvanece.
Con el alba que aparece
La procesión se evapora, 20
Y mientras la blanca aurora
Esparce su lumbre escasa,
A lo lejos silba y pasa
La rauda locomotora.
Marcelino Menéndez y Pelayo
(B. 1856)
EN ROMA
¡Y nada respetó la edad avara... 25
Ni regio pueblo, ni sagradas leyes!...
En paz yacieron extranjeras greyes
Do la voz del tribuno resonara.
No ya del triunfador por gloria rara {p. 331}
Siguen el carro domeñados reyes,
Ni de Clitumno los hermosos bueyes
En la pompa triunfal marchan al ara.
Como nubes, cual sombras, como naves, 5
Pasaron ley, ejércitos, grandeza...
Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina.
Dime tú, ¡oh cruz! que sus destinos sabes:
¿Será de Roma la futura alteza
Humana gloria ó majestad divina? 10
ELEGÍA EN LA MUERTE DE UN AMIGO
¿Por qué dicen, señora,
Que es el dolor la tierra conquistada
Por el moderno reflexivo numen?
¿No hay lágrimas de ardiente poësía
Hasta en el polvo más menudo y leve 15
De los sagrados mármoles de Atenas?
Hoy mismo, ¿quién podría
Llenar las soledades de tu alma,
Con voz más empapada de consuelos,
Que la solemne voz medio cristiana, 20
Présaga del dolor de otras edades,
Con que Menandro repitió en la escena:
«Joven sucumbe el que los dioses aman»?
Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino,
Nunca cual hoy profundo y lastimero! 25
No sé qué vaga nube,
De futura tormenta anunciadora,
Cubrió mi frente, al encontrar perdida,
De un escoliasta en las insulsas hojas,
Esa eterna razón de lo que muere 30
Antes de tiempo y sin razón cortado.
¿Te acuerdas? Otro día {p. 332}
La vimos centellar con luz siniestra
En el campo purísimo y sombrío
Del amador toscano de la nada,
Que en versos no entendidos 5
Del vulgo vil, y á espíritus gentiles,
Como el tuyo, señora, reservados,
La secreta hermandad te descubría
Del _amor_ y la _muerte_.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Y quizá soñarías 10
Aplausos, y victorias, y loores,
Y el tronco de su estirpe,
Por él con nuevas y pujantes ramas
De perenne verdor engalanado...
¡Alégrate, señora, 15
Que aun fué mejor su venturosa suerte!
Intacto lleva á Dios su pensamiento;
No deja tras de sí recuerdo impuro,
Y ni la envidia misma
Puede clavar en él la torpe lengua. 20
Blanco de ciega saña
Nunca se vió, ni de traición aleve,
Ni, rota el ara del amor primero,
Halló trivial lo que juzgó divino...
Acá le llorarán; allá en el cielo 25
Árbol será firmísimo y lozano
Lo que era germen en la ingrata tierra.
Yo le envidio más bien. ¡Qué hermosa muerte!
¡Qué serena agonía,
Cual sintiendo posarse 30
Los labios del arcángel en sus labios!
¡Morir, no en celda estrecha aprisionado, {p. 333}
Sino á la luz del sol del Mediodía,
Y sobre el mar, que ronco festejaba
El vuelo triunfador del alma regia
Subiendo libre al inmortal seguro! 5
¡Morir entre los besos de su madre,
En paz con Dios y en paz con los humanos,
Mientras tronaba desde rota nube
La bendición de Dios sobre los mares!
GLOSARIO
*abedes*, habéis. *abino*, aconteció, sucedió. *absentes*, ausentes. *abtores*, autores. *actores*, autores. *adormir*, adormecer. *adverguada*, albergada. *afíncase*, desea con ahínco. *aflicion*, aflicción. *agora*, ahora. *ahao*, ¡aho! *al*, otro, otra cosa. *alaguëro*, halagüeño. *alfajas*, alhajas. *algunt*, algún. *algurismo*, argumentación, raciocinio. *alí*, allí. *alumbrada*, crepúsculo (?). *amargurados*, amargados. *amidos*, de mala gana, por fuerza. *andades*, andáis. *aniello*, anillo. *anparar*, amparar. *antoxa*, antoja. *ardid*, osado, valeroso. *asmar*, pensar, juzgar. *aspetto*, aspecto. *assechan*, acechan. *atal*, tal. *atan*, tan. *atanto*, tanto. *athesorastes*, atesorasteis. *avéys*, habéis. *aví’*, había. *avía*, había, tenía. *aviendo*, habiendo. *avissatnos*, avisadnos. *avrá*, habrá, tendrá. *ay*, hay.
*baraja*, pelea, contienda, confusión. *(baratado)*, ir mal baratado, hacer mal negocio. *barva punniente*, barbiponiente. *baxillas*, vajillas. *baxo*, bajo. *bayaes*, vayáis. *bedes*, veis. *bela*, bella. *berná*, vendrá. *bevir*, vivir. *blao*, azul. *blasmo*, bálsamo. *bolliçio*, bullicio. *brial*, vestido de seda.
*c’*, que. *ca*, que, porque. *cabdal*, caudal. *cabelos*, cabellos. *cabo*, fin, término. *calabrina*, hedor. *calentura*, calor. *callando*, callado, callandico. *camiaré*, cambiaré. *capiello*, sombrero. *captivo*, cautivo. *carbonco*, carbunco, carbunclo. *(caro), hacer caro*, encarecer. *cativo*, cautivo, mísero. *cavalero*, caballero. *cavalgante*, caballero. *çentura*, cintura. *çerca*, cerca de. *çertenidad*, certeza. *cevil*, civil, bajo, humilde. *cobrí*, cubrí. *comedio*, medio, remedio. *complido*, cumplido, entero. *complisyon*, complexión. *connoçer*, conocer. *conorta*, consuela. *conparado*, comparado. *conplimiento*, cumplimiento, perfección. *conplir*, cumplir. *contrallo*, contrario. *coral*, corales. *(costunbrado), bien c.*, bien criado, de buenos modales. *c’ otro*, que otro. *criamiento*, crianza. *crueza*, crudeza, crueldad. *cualquer*, cualquier. *curedes*, curéis, os inquietéis. *curar de*, interesarse en. *cuytedes*, acuitéis.
*charambela*, instrumento músico.
*d’*, de. *dal*, dale. *dapnaçion*, damnación, condenación. *deal*, divino. *deçiplo*, discípulo. *dellas*, de ellas. *demandades*, demandáis, buscáis. *dende*, de allí. *denegrido*, ennegrecido. *dereyta*, derecha. *descanto*, disonancia. *desconortado*, desconhortado, desconsolado. *desora*, deshora. *después*, después de. *desque*, desde que. *deste*, de este. *desto*, de esto. *detardar*, retardar. *detardedes*, detardéis. *devría*, debería. *dexá*, dexad. *dexar*, dejar. *dezit*, decid. *dier*, diere. *dix*, dije. *dixe*, dije. *dixle*, díjele. *dixo*, dijo. *diz*, dice. *dizem*, díceme. *do*, donde. *do*, doy. *dobrado*, doblado. *donas*, dones, regalos. *doncela*, doncella. *donneo*, donaire.
*e, y*, é. *egual*, igual, par, perfilado. *eguala*, iguala, compara. *egualdat*, igualdad. *ela*, ella. *elam*, ella me. *ell*, el. *elle*, él. *ello*, él. *em*, en. *embiados*, enviados. *ementando*, recordando. *encomiença*, comienza. *ende*, de allí; *por ende*, por eso. *enojedes*, enojéis. *entros*, entróse. *enxiemplo*, ejemplo. *ermoso*, hermoso. *es*, ese, este. *es*, está. *escondedijo*, escondidijo, escondrijo. *escuchedes*, escuchéis. *escureça*, obscuridad. *escuro*, oscuro. *esfryado*, resfriado, refrescado. *esparta*, disperse, esparza. *estremuloso*, trémulo. *et*, y. *exebçion*, excepción. *exir*, salir. *eya*, ea.
*fablar*, hablar. *fabrido*, fabricado, labrado. *fadar*, decir los hados, destinar, indicar. *fallaredes*, hallaréis. *fallençia*, falencia. *fallesçer*, fallecer, faltar. *fallimiento*, falta. *faz*, hace. *fazientes*, hacientes. *fediente*, hediondo. *fée*, fe. *fegura*, figura. *festino*, presto, pronto. *feyta*, hecha. *feziste*, hiciste. *ffallar*, hallar. *Fhilipo*, Felipe. *fiedes*, fiéis. *fijo*, hijo. *fin*, fino. *fiyestas*, fiestas. *fiz*, hice. *fizies*, hiciese. *flama*, llama. *foidor*, huidor, el que huye. *folgura*, holgura, comodidad. *foxa*, hoja. *foyría*, huiría. *frayre*, fraile. *frecha*, flecha. *fructas*, frutas. *fryda*, fría. *frydor*, frío, frialdad. *fuent*, fuente. *furtar*, hurtar.
*gela*, se la. *gergenza*, una piedra preciosa. *gostará*, gustará. *grant*, grande.
*habredes*, habréis. *hacerio*, azar, desgracia. *hé*, fe. *hé*, tengo. *hezistes*, hicisteis. *homne*, hombre. *hordenar*, ordenar.
*i*, allí. *ielas*, se las. *imenso*, inmenso. *imperante*, emperador. *impunable*, inexpugnable. *inforismo*, aforismo, sentencia. *io*, yo.
*Johan*, Juan. *junniemos*, juntámonos.
*labro*, labio. *laçerio*, trabajo, desgracia. *ladronçiellos*, ladroncillos. *laude*, alabanza, elogio. *lazrados*, lacerados, míseros. *leno*, lleno. *levar*, llevar. *levém*, levantéme. *lexos*, lejos. *leyer*, leer. *leystes*, leisteis. *libelo*, escrito forense. *lumbroso*, luminoso, resplandeciente. *luvas*, guantes. *lyso*, lis.
*ll’*, la. *llotrarse*, vestirse (?), alegrarse (?).
*m’*, me. *magnifestava*, manifestaba. *magnifiesto*, manifiesto. *maguer*, aunque. *malgranar*, huerto de granados. *man á mano*, en seguida. *manyera*, manera. *manzilla*, piedad, compasión. *Matheo*, Mateo. *meaja*, meaja, miaja, migaja. *mesaiero*, mensajero. *mescladizos*, mezclados. *mesmos*, mismos. *mesura*, medida, manera. *mesurado*, medido. *meto*, temo. *meu*, mío, mi. *Micer*, mi señor, título antiguo aragonés. *muito*, mucho.
*nado*, nacido. *nin*, ni. *ningund*, ningún, ninguno. *ningunt*, ningún. *non*, no. *nonbre*, nombre. *nunqua*, nunca.
*odí*, oí. *odrá*, oirá. *olíen*, olían. *ome*, hombre. *omne*, hombre. *onde*, donde. *oram*, hora me. *orior*, oriol. *ovi*, hube, tuve. *ovier*, hubiera. *oviera*, hubiera. *ovieron*, hubieron. *oviesse*, hubiese, tuviese. *ovo*, hubo, tuvo. *oy*, hoy; a oy, hoy, ahora. *oy*, oye. *oyredes*, oiréis.
*(par) em par*, uno con otro. *paredes*, paréis. *paresçer*, parecer. *partí*, quité. *pedricado*, predicado. *pedricador*, predicador. *pedricando*, predicando. *Peidro*, Pedro. *perderedes*, perderéis. *perenal*, perenne. *periglo*, peligro. *perlado*, prelado. *pestiellos*, pestillos. *peyor*, peór. *(plan), a plan*, llanamente, seguramente. *plática*, práctica. *plegadizos*, allegadizos, arrimadizos. *plegué*, llegué. *pleno*, lleno. *podades*, podáis. *podedes*, podéis. *poetría*, poesía. *polido*, pulido. *porende*, por eso. *prazer*, placer. *prelasía*, prelacía. *prender*, tomar. *priado*, pronto. *pris*, tomé, cogí. *privado*, presto. *probeça*, pobreza. *probedat*, pobreza. *proveza*, pobreza. *prys*, tomé, cogí. *pues*, después que, desde que. *punad*, pugnad, procurad. *(punniente), barva punniente*, barbiponiente. *pus*, puse.
*q’*, que. *qu’*, que. *qual*, cual. *quán*, cuán. *quan*, cuando. *quant*, cuando, pues. *quánto*, cuánto; *quanto que*, mientras que. *quel*, que el. *quella*, que ella. *queque*, desde que, así que. *quere*, quiere. *queredes*, queréis. *queres*, quieres. *querrýes*, querrías. *ques*, que (qué) es. *qui*, quien. *quis*, quise. *quisieram*, quisiera me. *quisquiere*, quienquiera, todo el mundo.
*raçion*, limosna. *recabdo*, recaudo, recato. *recurssa*, recurre. *repienden*, arrepienten. *repiso*, arrepentido. *replicaçion*, réplica. *reqüesta*, ruego, demanda, petición. *resçibe*, recibe. *rioaduchos*, advenedizos, allegadizos. *robí*, rubí. *rressuçetarýa*, resucitaría. *rreta*, recta. *rridientes*, rientes. *rrizio*, recio. *rroyente*, roedor.
*s’*, si. *sabedes*, sabéis. *sabet*, sabed. *sabiençia*, sapiencia. *salgades*, salgáis. *seder*, ser. *seer*, ser. *segund*, según. *segunt*, según. *sempre*, siempre; *sempre que*, siempre que. *sen*, sentido, seso. *senyor*, señor. *señor*, señor, señora. *serena*, sirena. *sey*, sé. *seyas*, seas. *seyt*, sed. *so*, debajo, debajo de. *so (só)*, soy. *sobrel*, sobre el. *soes*, sois. *sofysmo*, infiero, concluyo. *sojudgar*, sojuzgar. *sol*, sólo, aun. *sopiera*, supiera. *sospirando*, suspirando. *sospiro*, suspiro. *sotar*, saltar, bailar. *sotil*, sutil. *spada*, espada. *sseyendo*, siendo. *sso*, soy. *ssotyl*, sutil. *’sta*, esta. *supiestes*, supisteis. *synple*, simple. *syntrýades*, sentiríais.
*tall*, tal. *tenedes*, tenéis. *tenie*, tenía. *terné*, tendré. *tien*, tiene. *tiesta*, cabeza. *tocas’*, tocasse, _i.e._, tocase. *toliós*, quitóse. *toller*, quitar. *Tomaseio*, Tomás. *toste*, pronto. *traspasar*, pasarse. *traxeron*, trajeron. *tray*, traía. *traye*, trae. *trayo*, traigo. *tredentudo*, tridente, de tres dientes. *trevejo*, burla, chanza, juego. *trihunfo*, triunfo. *troco*, trueco. *troco* (_n._), trueque. *truxeron*, trajeron. *truxo*, trajo. *turbança*, turbación, molestia. *tynazas*, tenazas.
*uerto*, huerto. *ultra*, más allá de, fuera de. *uvo*, hubo.
*veer*, ver. *vegada*, vez. *vengades*, vengáis. *verdat*, verdad. *veredes*, veréis. *vernás*, vendrás. *vertiós*, vertióse. *vestro*, vuestro. *veyer*, ver. *vide*, ví. *vidía*, veía. *vido*, vió. *vies*, viese. *viestes*, visteis. *vilano*, villano. *vos*, os. *xamet*, jamete, tela de seda. *xara*, jara. *xerga*, jerga.
*yamás*, jamás. *yente*, gente. *ynplision*, infección. *yol*, yo le. *yt*, id. *yxia*, salía.
NOTES
POESÍAS DE LOS SIGLOS XIII-XV
The following equations—the first element being Old Spanish and the second modern—may facilitate the reading of the 13th and 14th century texts:
_b_ = _b_ and _v_; _ç_ = _c_ (before _e_, _i_), and _z_ (before _a_, _o_, _u_); _e_ = _e_ and _y_; initial _f_ = _f_ and _h_; _i_ = _i_, _j_, _g_ (before _e_, _i_), _y_; _l_ = _l_ and _ll_; _ll_ = _l_ and _ll_; _mn_ = _mbr_; _nn_ = _ñ_ and _n_; _ny_ = _ñ_; _nb_ = _mb_; _np_ = _mp_; _pl_ (initial) = _ll_; _rr_ = _r_ and _rr_; _ss_ = _s_; final _t_ = _d_; _u_ = _u_, _b_, _v_; _v_ = _b_, _v_, _u_; _x_ = _x_ and _j_; _y_ = _i_ and _y_; _z_ = _z_ and _c_ (before _e_, _i_). Initial _h_ may be suppressed; _h_ (_trihunfo_) and _y_ (_peyor_) may intervene between vowels. For modern Spanish equivalents of the more difficult Old Spanish words see the _Glosario_.
AVENTURA AMOROSA. This anonymous poem, first published by M. Morel-Fatio (_Romania_, XVIII), is by him attributed to the thirteenth century. It is, therefore, one of the oldest Spanish lyrics extant. In the manuscript it is followed, or continued, by another poem, a _Debate between Wine and Water_. By reason of its subject, M. Morel-Fatio entitled our piece a _Poème d’Amour_; the present title is the one which it bears in Menéndez y Pelayo’s _Antología de poetas líricos castellanos_, vol. I. In the manuscript occurs the statement: “_Lupus me feçit de Moros_”; but this Lupus de Moros may have been only the scribe. The manner of the poem is that of the French and Provençal _pastourelles_, _pastorelas_, whose octosyllabic metre is also imitated, somewhat irregularly, by the Spanish poet. Some of the metrical irregularities may be scribal only.
*Page 3.*—l. 6. *dueñas*: the MS. shows no _tilde_ in this and other cases where the modern language has it.
l. 7. The MS. has *tryança*.
l. 10. *cortesía*: i.e., the totality of qualities marking a gentleman; cf. the modern *cortesanía*.
l. 18. *tocas*: the truncated imperfect subjunctive occurs frequently in Old Spanish texts. Cf. p. 4, l. 11.
*Page 4.*—l. 7. *ovi miedo*: *haber* was regularly used in Old Spanish as an independent verb taking a direct object. It is still so employed in a few petrified expressions (*habérselas con uno*) and in the impersonal construction.
l. 17. *la calor*: a number of abstracts in _-or_ were treated as feminine in Old Spanish.
l. 18. *olíen*, l. 19. *teníe*. Under certain conditions the imperfect indicative endings _ia_, etc., were weakened to _ie_, etc. These lines seem to show assonance instead of rhyme.
l. 20. *es*, *sson*. The modern distinctions between *ser* and *estar* were not observed in early Spanish.
l. 29. *non ... peyor*, _not the very worst_.
*Page 5.*—l. 6. *á rrazón*, _well proportioned_.
ll. 31-32. The rhyme is imperfect or shows dialectal influence.
l. 32. *cortesa*, an analogical feminine form due, doubtless, to the influence of national and other locative adjectives in _-es_, _-esa_.
l. 33. *Te ... bien*, _loves thee so very much_.
*Page 6.*—l. 5. *la mía señor*. The article often appeared with the attributive possessive adjective in Old Spanish. The noun *señor* was both masculine and feminine in early Spanish, as its etymon, the adjective _senior_, was in Latin.
l. 17. *un su mesaiero*, _a messenger of his_. Cf. l. 27, *es meu amigo*, _this friend of mine_, and l. 31, *una mi çinta*, _a ribbon of mine_.
ll. 21-22. The MS. has *buenas yentes* and *punnientes*.
*Page 7.*—l. 3. This line is an emendation of Morel-Fatio’s.
l. 12. *fe que devedes*, _by the faith that you owe, on your honor_.
l. 18. *Por ... muerto*, _I nearly died_.
GONZALO DE BERCEO. Gonzalo de Berceo is the first Castilian poet known to us by name. He is mentioned in documents ranging in date from the second decade to the middle of the thirteenth century. From his birthplace, the village of Berceo, he early passed to the monastery of San Millán de la Cogolla, and there he remained, as a secular priest, throughout his life. Most of his work consists of religious, legendary and narrative verse, in the production of which he was most prolific. He has also left us one long profane poem, the _Libro de Alexandre_, giving the usual mediæval account of the adventures of Alexander the Great. Berceo seems to have been the first to use the metrical form called _cuaderna vía_—quatrains of fourteen-syllabled lines with a single rhyme—which he employed consistently and which had considerable vogue in the thirteenth and fourteenth centuries. Abandoning that narrative verse form, he strikes a true lyric note in the _Cántica de la Virgen_, a somewhat irregular octosyllabic song inserted in his longer poem, _El duelo de la Virgen_. As this lyric resembles watch-songs found in Latin and German Easter-plays, it has been supposed that Berceo borrowed it from a lost Easter play in Spanish. Like them it represents Mary as entreating the apostles to guard the body of the buried Christ. The collected poems of Berceo are to be found in volume 57 of the _Biblioteca de autores españoles_.
*Page 8.*—l. 1. *velar*, the infinitive with imperative force.
l. 4. *Dios*: as the rhyme shows, this word has the older accent in the first vowel.
JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA. Archpriest of Hita, in the vicinity of Guadalajara, Ruiz, the most original Old Spanish poet, wrote during the first half of the fourteenth century. On account of his irregular life, his ecclesiastical superiors found it necessary to imprison him. His whole career reminds one strongly of that of the French cleric François Villon, like whom Ruiz is one of the first modern poets to strike a peculiarly personal note. In his _Libro de buen amor_ (published in the _Biblioteca de autores castellanos_, volume 57, as _Libro de los cantares_) he is frankly improper and shows in a marked degree the influence of Ovid’s works, of the _Pamphilus de Amore_, a mediæval imitation of Ovid, and of various Old French works. The selections here given are taken from the _Biblioteca_ volume already cited; cf. also the edition of the _Libro de buen amor_ by J. Ducamin (_Bibliothèque méridionale_, 1e série, tome VI).
*Page 9.*—l. 22. There is a metrical translation of this poem by Longfellow, first published in _The North American Review_, April, 1833, and reprinted in the Riverside edition of Longfellow’s works, 1886, vol. VI, pp. 414 ff. Longfellow imitates the _cuaderna vía_ arrangement of the original.
l. 25. *Ca ... corazon*, _for the heart desires but little and that well said_.
*Page 10.*—l. 8. *Mucho ... mientes*, _much more you will find wherever you direct your attention_.
*Page 11.*—l. 3. *en la salutaçion*: cf. Longfellow’s translation _in anticipation_.
l. 6. *tomar*, cf. note p. 8, l. 1.
l. 8. In this song the author abandons the _cuaderna vía_ for the octosyllabic verse. Occasional imperfections of rhyme are noticeable here.
l. 13. *Habémoslo a*: *haber a* equivalent to *haber de*; the *lo* is used indefinitely.
l. 28. *De quien*, equivalent to *por quien*.
*Page 12.*—l. 3. *Aquien*, i.e., *á quien*.
l. 8. *pecado*, i.e., *diablo*.
*Page 13.*—l. 4. *bien fechores*, i.e., *bienhechores*.
DON JUAN MANUEL. If the poem in octaves, _A la muerte del Príncipe D. Alfonso_, of which several stanzas are here given, were really the work of the Infante D. Juan Manuel (1282-1347), the author of the famous framework of prose tales entitled the _Conde Lucanor_, it would belong in the place here assigned to it. But the poems of the Infante are probably lost, and the pieces which, like the present one, are attributed to Don Juan Manuel in the _Cancionero General_, the _Cancioneiro_ of Resende, and other collections, must belong to the writer so called who was attached to the court of King Emanuel of Portugal († 1524) and composed in both Spanish and Portuguese. Cf. Ticknor, _History of Spanish Literature_, vol. I, p. 59, note 27, and Gröber’s _Grundriss der romanischen Philologie_, Band II, 2. Abteilung, p. 265, note 1, p. 270, note 5.
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A Spanish AnthologyChapter IV: STROPHES.—The strophe is frequently of arbitrary length, though, (7)
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