Skip to content

Chapter IV: STROPHES.—The strophe is frequently of arbitrary length, though, (2)

Text size

_Moça tan fermosa
Non ví en la frontera,
Como una vaquera 25
De la Finojosa._
Façiendo la vía
Del Calatraveño
A Sancta María,
Vençido del sueño 30
Por tierra fragosa
Perdí la carrera,
Do ví la vaquera
De la Finojosa.
En un verde prado 35
De rosas é flores.
Guardando ganado
Con otros pastores,
La ví tan graçiosa {p. 36}
Que apenas creyera
Que fuesse vaquera
De la Finojosa.
Non creo las rosas 5
De la primavera
Sean tan fermosas
Nin de tal manera,
Fablando sin glosa,
Si antes sopiera 10
D’aquella vaquera
De la Finojosa,
Non tanto mirára
Su mucha beldat,
Porque me dexára 15
En mi libertat.
Mas dixe: «Donosa
(Por saber quién era),
¿Dónde es la vaquera
De la Finojosa?...» 20
Bien como riendo,
Dixo: «Bien vengades;
Que ya bien entiendo
Lo que demandades:
Non es desseosa 25
De amar, nin lo espera,
Aquessa vaquera
De la Finojosa.»

VILLANCICO

Por una gentil floresta
De lindas flores é rosas 30
Vide tres damas fermosas
Que de amores han reqüesta.
Yo con voluntat muy presta
Me llegué á conosçellas:
Començó la una dellas 35
Esta cançion tan honesta:
Aguardan á mí:
Nunca tales guardas ví.
Por mirar su fermosura
Destas tres gentiles damas, 40
Yo cobríme con las ramas,
Metíme só la verdura.
La otra con grand tristura
Començó de sospirar
E deçir este cantar {p. 37}
Con muy honesta messura:
La niña que amores ha,
Sola ¿como dormirá?...
Por no les façer turbança 5
Non quise yr mas adelante
A las que con ordenança
Cantavan tan consonante.
La otra con buen semblante
Dixo: Señoras de estado, 10
Pues las dos aveis cantado,
A mí conviene que cante:
Dejatlo, el villano pene;
Véngueme Dios d’elle.
Desque ya ovieron cantado 15
Estas señoras que digo,
Yo salí desconsolado,
Como ome sin abrigo.
Ellas dixeron: Amigo,
Non soys vos el que buscamos; 20
Mas cantat, pues que cantamos:
Sospirando yva la niña
E non por mí,
Que yo bien se lo entendí.

Lope de Estúñiga

(Early fifteenth century)

QUERELLA

¡Oh triste partida mia, 25
Causa de secretos males!
¡Oh cuidados desiguales,
Que destruyen mi alegría!
¡Oh qué tanto bien sería {p. 38}
Un partir de aquesta vida,
Porque en fin de mi partida
Et mi vida fenescida,
Non muriese cada dia! 5
Mis males eran nasçidos
Ante de mi nasçimiento;
En los signos de sabidos
Et planeta de perdidos
Fué mi triste fundamiento; 10
Et la rueda de fortuna,
Con el signo más esquivo,
Con la más menguante luna
Me fadaron en la cuna
Para ser vuestro captivo. 15
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .

Suero de Quiñones

(First half of the fifteenth century)

CANCIÓN

Dezidle nuevas de mi,
Et mirat si avrá pesar
Por el placer que perdí.
Contadle la mi fortuna
Et la pena en que yo vivo, 20
Et dezid que soy esquivo,
Que non curo de ninguna.
Que tan fermosa la vi,
Que m’oviera de tornar
Loco el dia que partí. 25

Juan Alfonso de Baena {p. 39}

(Fl. first half of fifteenth century)

Ferrant Manuel de Lando

(Fl. as above)

REPLICAÇION DE JUAN ALFONSO CONTRA FERRANT MANUEL

Lyndo fydalgo, en la luna menguante
Leystes poetas, ssegunt que sofysmo:
Por ende avissatnos por el inforismo
Del alto poeta rectórico Dante,
É luego veredes que andades errante 5
Assý como anda estrella cometa,
Quando recurssa al sol que ssometa
Ssus rayos distintos por ser ygualante.
_Ffynida_
Ca ssy concluyendo, gentil cavalgante,
Ssostengo contrario de aquesta batalla, 10
Que nunca se vençe por mucho otealla
Ninguna fermossa syn ser demandante.

RESPUESTA DE FERRANT MANUEL CONTRA JUAN ALFONSO

De todas çiençias sseyendo distante,
Ssegunt que sabedes mayor que yo mismo,
Non ssé poetría, nin se algurismo, 15
Deçiplo sso synple, pessado, ygnorante;
Mas por que mi obra triunfe adelante,
Catat que ssy abro my rica maleta,
Por arte profunda, ssotyl é muy rreta,
A vuestro argumento sseré reprobante. 20
_Ffynida_ {p. 40}
Que vista de amor es causa mediante
Para qualquiera fermosa cobralla;
É todo lo al es arte contralla,
Segunt los actores Vergillo é Dante.

Carvajal (ó Carvajales)

(Middle of the fifteenth century)

CANCIÓN

Pues mi vida es llanto ó pena, 5
Syn fazer mudança alguna,
Faré como la serena,
Que canta con la fortuna
Y en bonança sufre pena.
Quando lloro, quando canto, 10
Quando muero, porque vivo,
Quando fago amargo planto,
Quando mis cuytas escribo;
Pues fortuna asy lo ordena,
Syguiendo voluntat una, 15
Faré como la serena,
Que canta con la fortuna
Y en bonança sufre pena.

Gómez Manrique

(1412–1490)

COPLAS Á DIEGO ARIAS DE AVILA

¡O tú, en amor hermano,
Nascido para morir, 20
Pues lo no puedes fuyr,
El tiempo de tu biuir {p. 41}
No lo despiendas en vano;
Que vicios, bienes, honores
Que procuras,
Pasansse como frescuras 5
De las flores!
En esta mar alterada
Por do todos nauegamos,
Los deportes que pasamos,
Si bien lo consideramos, 10
No duran mas que roçiada.
¡O, pues, tú, ombre mortal,
Mira, mira,
La rueda quan presto gira
Mundanal! 15
Si desto quieres enxiemplos,
Mira la grand Bauilonia,
Tebas y Lacedemonia,
El grand pueblo de Sydonia,
Cuyas murallas y tenplos 20
Son en grandes valladares
Trasformados,
E sus trihunfos tornados
En solares.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .

A UNA DAMA QUE IBA CUBIERTA

El coraçon se me fué 25
Donde vuestro vulto vi,
E luego vos conosçi
Al punto que vos miré;
Que no pudo fazer tanto
Por mucho que vos cubriese {p. 42}
Aquel vuestro negro manto
Que no vos reconosçiese.
Que debaxo se mostraua
Vuestra graçia y gentil ayre, 5
Y el cubrir con buen donayre
Todo lo magnifestaua;
Asy que con mis enojos.
E muy grande turbaçion
Allá se fueron mis ojos 10
Do tenia el coraçon.

Jorge Manrique

(1440–1478)

PORQUE ESTANDO ÉL DURMIENDO LE BESÓ SU AMIGA

Vos cometistes traycion,
Pues me heristes durmiendo
D’una herida qu’entiendo
Que será mayor passion 15
El deseo d’otra tal
Herida como me distes,
Que no la llaga ni mal,
Ni daño que me hezistes.
Perdono la muerte mía, 20
Mas con tales condiciones
Que de tales trayciones
Cometáys mil cada día,
Pero todas contra mí,
Porque d’aquesta manera 25
No me plaze que otro muera,
Pues que yo lo merescí.
_Fin_ {p. 43}
Más plazer es que pesar
Herida c’otro mal sana;
Quien durmiendo tanto gana
Nunca debe despertar.

A LA MUERTE DEL MAESTRE DE SANTIAGO DON RODRIGO MANRIQUE, SU PADRE

Recuerde el alma dormida, 5
Abive el seso y despierte
Contemplando
Cómo se passa la vida,
Cómo se viene la muerte
Tan callando: 10
Quán presto se va el plazer,
Cómo despues de acordado
Da dolor,
Cómo á nuestro parecer
Cualquiera tiempo passado 15
Fué mejor.
Y pues vemos lo presente
Como en un punto es ydo
Y acabado,
Si juzgamos sabiamente, 20
Daremos lo no venido
Por passado.
No se engañe nadie, no,
Pensando que ha de durar
Lo que espera 25
Más que duró lo que vió,
Porque todo ha de pasar
Por tal manera.
Nuestras vidas son los rios
Que van á dar en la mar, 30
Que es el morir; {p. 44}
Allí van los señoríos
Derechos á se acabar
Y consumir;
Allí los rios caudales, 5
Allí los otros medianos
Y más chicos,
Allegados, son yguales,
Los que biven por sus manos
Y los ricos. 10
Dexo las inuocaciones
De los famosos poetas
Y oradores;
No curo de sus ficiones,
Que traen yerva secreta 15
Sus sabores.
A aquél solo me encomiendo
Aquél solo invoco yo
De verdad,
Que en este mundo biviendo, 20
El mundo no conoció
Su deidad.
Este mundo es el camino
Para el otro, qu’es morada
Sin pesar; 25
Mas cumple tener buen tino
Para andar esta jornada
Sin errar.
Partimos quando nacemos,
Andamos mientras bevimos, 30
Y llegamos
Al tiempo que fenecemos;
Assi que, quando morimos,
Descansamos.
Este mundo bueno fué {p. 45}
Si bien usássemos d’él
Como devemos,
Porque, segun nuestra fe,
Es para ganar aquel 5
Que atendemos.
Y aún el Hijo de Dios,
Para subirnos al cielo,
Descendió
A nacer acá entre nos, 10
Y bivir en este suelo
Do murió.
Ved de quán poco valor
Son las cosas tras que andamos
Y corremos; 15
Que en este mundo traydor
Aun primero que muramos
Las perdemos:
D’ellas deshaze la edad,
D’ellas casos desastrados 20
Que acaescen,
D’ellas, por su calidad,
En los más altos estados
Desfallescen.
Dezidme: la hermosura, 25
La gentil frescura y tez
De la cara,
La color y la blancura,
Quando viene la vejez
Quál se para? 30
Las mañas y ligereza
Y la fuerça corporal
De juventud,
Todo se torna graveza
Quando llega el arraval {p. 46}
De senectud.
Pues la sangre de los Godos,
El linaje y la nobleza
Tan crecida, 5
¡Por quántas vías e modos
Se pierde su gran alteza
En esta vida!
Unos por poco valer,
¡Por quán baxos y abatidos 10
Que los tienen!
Otros que por no tener,
Con oficios no devidos
Se mantienen.
Los estados y riqueza 15
Que nos dexan á desora
¿Quién lo duda?
No les pidamos firmeza,
Pues que son de una señora
Que se muda. 20
Que bienes son de fortuna
Que rebuelve con su rueda
Presurosa,
La qual no puede ser una,
Ni ser estable ni queda 25
En una cosa.
Pero digo que acompañen
Y lleguen hasta la huessa
Con su dueño;
Por esso no nos engañen, 30
Pues se va la vida apriessa
Como sueño:
Y los deleytes de acá
Son en que nos deleytamos
Temporales, {p. 47}
Y los tormentos de allá
Que por ellos esperamos,
Eternales.
Los plazeres y dulçores 5
D’esta vida trabajada
Que tenemos,
¿Qué son sino corredores,
Y la muerte la celada
En que caemos? 10
No mirando á nuestro daño
Corremos á rienda suelta
Sin parar;
Desque vemos el engaño
Y queremos dar la buelta, 15
No ay lugar.
Si fuesse en nuestro poder
Tornar la cara fermosa
Corporal,
Como podemos hazer 20
El alma tan gloriosa
Angelical,
¡Qué diligencia tan biva
Tuviéramos cada hora,
Y tan presta, 25
En componer la cativa
Dexándonos la señora
Descompuesta!
Estos reyes poderosos
Que vemos por escripturas 30
Ya passadas,
Con casos tristes, llorosos,
Fueron sus buenas venturas
Trastornadas:
Assí que no ay cosa fuerte; {p. 48}
Que á Papas y Emperadores
Y Perlados
Assí los trata la muerte
Como á los pobres pastores 5
De ganados.
Dexemos á los Troyanos,
Que sus males no los vimos,
Ni sus glorias;
Dexemos á los Romanos, 10
Aunque oymos y leymos
Sus historias.
No curemos de saber
Lo de aquel siglo passado
Qué fué d’ello; 15
Vengamos á lo de ayer,
Que tambien es olvidado
Como aquello.
¿Qué se hizo el Rey Don Juan?
Los Infantes de Aragon 20
¿Qué se hizieron?
¿Qué fué de tanto galan,
Qué fué de tanta invencion
Como truxeron?
Las justas e los torneos, 25
Paramentos, bordaduras
E cimeras,
¿Fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
De las eras? 30
¿Qué se hizieron las damas,
Sus tocados, sus vestidos,
Sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
De los fuegos encendidos {p. 49}
De amadores?
¿Qué se hizo aquel trobar,
Las músicas acordadas
Que tañían? 5
¿Qué se hizo aquel dançar
Y aquellas ropas chapadas
Que traían?
Pues el otro su heredero,
Don Enrrique; ¡qué poderes 10
Alcançava!
¡Quán blando, quán alagüero
El mundo con sus plazeres
Se le dava!
Mas verás cuán enemigo, 15
Quán contrario, quán cruel
Se le mostró;
Aviendole sido amigo,
¡Quán poco duró con él
Lo que le dió! 20
Las dádivas desmedidas,
Los edificios reales
Llenos de oro,
Las baxillas tan fabridas,
Los enriques y reales 25
Del tesoro;
Los jaezes y cavallos
De su gente y atavíos
Tan sobrados,
¿Dónde yremos á buscallos? 30
¿Qué fueron sino rocíos
De los prados?
Pues su hermano el innocente,
Que en su vida sucessor
Se llamó. {p. 50}
¡Que corte tan excelente
Tuvo y quánto gran señor
Que le siguió!
Mas como fuesse mortal, 5
Metióli la muerte luego
En su fragua,
¡O jüyzio divinal!
Quando más ardía el fuego
Echaste agua. 10
Pues aquel gran Condestable,
Maestre que conocimos
Tan privado,
No cumple que d’el se hable,
Sino sólo que le vimos 15
Degollado.
Sus infinitos tesoros,
Sus villas y sus lugares,
Su mandar,
¿Qué le fueron sino lloros? 20
¿Qué fueron sino pesares
Al dexar?
Pues los otros dos hermanos,
Maestres tan prosperados
Como reyes, 25
Que á los grandes y medianos
Traxeron tan sojuzgados
A sus leyes;
Aquella prosperidad
Que tan alta fué subida 30
Y ensalçada,
¿Qué fué sino claridad
Que quando más encendida
Fué amatada?
Tantos duques excelentes, {p. 51}
Tantos marqueses y condes
Y barones
Como vimos tan potentes,
Di, Muerte, ¿dó los escondes 5
Y los pones?
Y sus muy claras hazañas
Que hizieron en las guerras
Y en las pazes?
Quando tú, cruel, te ensañas, 10
Con tu fuerça los atierras
Y deshazes.
Las huestes innumerables,
Los pendones y estandartes
Y vanderas, 15
Los castillos impunables,
Los muros e baluartes
Y barreras,
La cava honda chapada
Ó cualquier otro reparo 20
¿Qué aprovecha?
Quando tu vienes ayrada,
Todo lo passas de claro
Con tu flecha.
Aquel de buenos abrigo, 25
Amado por virtuoso
De la gente,
El Maestre Don Rodrigo
Manrique, tan famoso
Y tan valiente, 30
Sus grandes hechos y claros
No cumple que los alabe,
Pues los vieron,
Ni los quiero hazer caros,
Pues el mundo todo sabe {p. 52}
Quáles fueron.
¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
Y parientes! 5
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué Maestre de esforçados
Y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos! 10
¡Qué razón!
¡Quán benigno á los subjectos,
Y á los bravos y dañosos
Un leon!
En ventura, Octaviano; 15
Julio César en vencer
Y batallar;
En la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
Y trabajar: 20
En la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
Con alegría;
En su braço, un Archidano;
Marco Tulio en la verdad 25
Que prometía.
Antonio Pío en clemencia;
Marco Aurelio en ygualdad
Del semblante:
Adriano en eloquencia; 30
Theodosio en humanidád
Y buen talante:
Aurelio Alexandre fué
En disciplina y rigor
De la guerra; {p. 53}
Un Constantino en la fe;
Camilo en el gran amor
De su tierra.
No dexó grandes tesoros, 5
Ni alcançó muchas riquezas
Ni baxillas,
Mas hizo guerra á los Moros,
Ganando sus fortalezas
Y sus villas; 10
Y en las lides que venció,
Cavalleros y cavallos
Se prendieron,
Y en este oficio ganó
Las rentas e los vasallos 15
Que le dieron.
Pues por su honra y estado
En otros tiempos passados
¿Cómo se uvo?
Quedando desamparado, 20
Con hermanos y criados
Se sostuvo.
Despues que hechos famosos
Hizo en esta dicha guerra,
¿Que hazía? 25
Hizo tratos tan honrosos,
Que le dieron muy más tierra
Que tenía.
Estas sus viejas hystorias
Que con su braço pintó 30
En la juventud,
Con otras nuevas victorias
Agora las renovó
En la senectud.
Por su gran abilidad, {p. 54}
Por méritos y ancianía
Bien gastada
Alcançó la dignidad
De la gran cavallería 5
Del Espada.
E sus villas e sus tierras
Ocupadas de tiranos
Las halló,
Mas por cercos e por guerras 10
Y por fuerças de sus manos
Las cobró.
Pues nuestro Rey natural
Si de las obras que obró
Fué servido, 15
Dígalo el de Portugal,
Y en Castilla quien siguió
Su partido.
Despues de puesta la vida
Tantas vezes por su ley 20
Al tablero;
Despues de tan bien servida
La corona de su Rey
Verdadero;
Despues de tanta hazaña 25
A que no puede bastar
Cuenta cierta,
En la su villa de Ocaña
Vino la Muerte á llamar
A su puerta. 30
(_Habla la Muerte_)
Diziendo: «Buen cavallero,
Dexad el mundo engañoso
Y su halago; {p. 55}
Muestre su esfuerço famoso
Vuestro coraçon de azero
En este trago;
Y pues de vida y salud 5
Hiziste tan poca cuenta
Por la fama,
Esfuércese la virtud
Para sufrir esta afrenta
Que os llama. 10
«No se os haga tan amarga
La batalla temerosa
Que esperáys,
Pues otra vida más larga
De fama tan glorïosa 15
Acá dexáys:
Aunque esta vida de honor
Tampoco no es eternal
Ni verdadera,
Mas con todo es muy mejor 20
Que la otra temporal
Perecedera.
«El bivir que es perdurable
No se gana con estados
Mundanales, 25
Ni con vida deleytable
En que moran los pecados
Infernales;
Mas los buenos religiosos
Gánanlo con oraciones 30
Y con lloros;
Los cavalleros famosos
Con trabajos y afliciones
Contra Moros.
«Y pues vos, claro varon, {p. 56}
Tanta sangre derramastes
De paganos,
Esperad el galardon
Que en este mundo ganastes 5
Por las manos;
Y con esta confiança
Y con la fe tan entera
Que tenéys,
Partid con buena esperança 10
Que esta otra vida tercera
Ganaréys.»
(_Responde el Maestre_)
«No gastemos tiempo ya
En esta vida mezquina
Por tal modo, 15
Que mi voluntad está
Conforme con la divina
Para todo;
Y consiento en mi morir
Con voluntad plazentera, 20
Clara, pura,
Que querer hombre bevir
Quando Dios quiere que muera,
Es locura.»
(_Oracion_)
Tú que por nuestra maldad 25
Tomaste forma cevil
Y baxo nombre;
Tú que en tu divinidad
Juntaste cosa tan vil
Como el hombre; 30
Tú que tan grandes tormentos
Sufriste sin resistencia
En tu persona, {p. 57}
No por mis merecimientos,
Mas por tu sola clemencia
Me perdona.
(_Cabo_)
Assi con tal entender, 5
Todos sentidos humanos
Conservados,
Cercado de su mujer,
De hijos y de hermanos
Y criados, 10
Dió el alma á quien gela dió,
(El qual la ponga en el cielo
Y en su gloria),
Y aunque la vida murió,
Nos dexó harto consuelo 15
Su memoria.

Cartagena

(Fl. about middle of the fifteenth century)

CANCIÓN

No sé para qué nasci,
Pues en tal estremo esto
Que el morir no quiere á mí,
Y el vivir no quiero yo. 20
Todo el tiempo que viviere
Terné muy justa querella
De la muerte, pues no quiere
A mí, queriendo yo á ella.
¿Qué fin espero de aquí, 25
Pues la muerte me negó,
Pues que claramente vió,
Que era vida para mí.

Rodríguez del Padrón {p. 58}

(Fl. middle of the fifteenth century)

A LA VIRGEN

Fuego del divino rayo,
Dulce flama sin ardor,
Esfuerzo contra desmayo,
Remedio contra dolor,
¡Alumbra á tu servidor! 5
La falsa gloria del mundo
Y vana prosperidad
Contemple:
Con pensamiento profundo
El centro de su maldad 10
Penetre.
Oiga quien es sabidor
El planto de la Serena,
La cual temiendo la pena
De la tormenta mayor, 15
Plañe en el tiempo mejor.

Mossén Juan Tallante

(End of the fifteenth century)

ORACIÓN

Imenso Dios, perdurable,
Que el mundo todo criaste,
Verdadero,
Y con amor entrañable 20
Por nosotros espiraste
En el madero:
Pues te plugo tal pasión {p. 59}
Por nuestras culpas sufrir,
O Agnus Dei,
Llévanos do está el ladron,
Que salvaste por decir 5
_Memento mei._

El Comendador Escribá

(End of fifteenth century)

CANCIÓN

Ven, muerte, tan escondida,
Que no te sienta conmigo,
Porque el gozo de contigo
No me torne á dar la vida. 10
Ven como rayo que hiere,
Que hasta que ha herido
No se siente su ruido
Por mejor herir do quiere:
Así sea tu venida, 15
Sino desde aquí te digo
Que el gozo que habré contigo
Me dará de nuevo vida.

Juan Álvarez Gato

(† after 1495)

LETRA

Que en ti só yo vivo,
Sin ti só cativo; 20
Si m’eres esquivo,
Perdido seré.
Si mal no me viene,
Por ti se detiene.
En ti me sostiene 25
Tu gracia y tu fé.
Qu’el q’en ti se ceba, {p. 60}
Que truene, que llueva,
No espere ya nueva
Que pena le dé.
Que aquel que tú tienes 5
Los males son bienes,
A él vas y vienes,
Muy cierto lo sé.
Amor no me dejes,
Que me moriré. 10

Anónimo

EL BESO

Pues por besarte, Minguillo,
Me riñe mi madre á mí,
Vuélveme presto, carillo,
Aquel beso que te dí.
Vuelve el beso con buen pecho 15
Porque no haya más reñir,
A tal podremos decir
Que hemos deshecho lo hecho.
A ti será de provecho
El beso volverlo á mí, 20
Vuélveme presto, carillo,
Aquel beso que te dí.
Vuélveme el beso, por Dios,
A madre tan importuno,
Pensarás volverme uno 25
Y vernás á tener dos.
En bien avengámonos
Que no me riñan á mí.
Vuélveme presto, carillo,
Aquel beso que te dí. 30

II POESÍAS DE LOS SIGLOS XVI-XVII {p. 61}

Juan del Encina {p. 63}

(1468–1534)

CONTRA LOS QUE DICEN MAL DE MUJERES

Quien dice mal de mujeres
Haya tal suerte e ventura,
Que en dolores e tristura
Se conviertan sus placeres:
Todo el mundo le desame: 5
De nadie sea querido:
No se nombre ni se llame
Sino infame, más que infame,
Ni jamas sea creido.
Siempre viva descontento, 10
Fatigado e congojoso:
Nunca se vea en reposo,
Jamas le falte tormento:
Jamas le falte cuidado,
Pene más que pena fuerte, 15
Viva tan apasionado
Que de muy desesperado
Haya por buena la muerte.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Vea el gran bien que tenemos
Por una Virgen doncella; 20
E pues fué mujer, por ella
Todas las otras honremos. {p. 64}
Que si bien consideramos
Cuanta honra se les deba,
Siempre en debda les quedamos;
Pues que por mujer cobramos 5
Lo que perdimos por Eva.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Ellas son muy piadosas
En todas nuestras fatigas;
E las que más enemigas
Son no ménos amorosas: 10
E la de más crueldad
Es de bien tan virtüoso,
Que tiene de voluntad
Más mancilla e pïedad
Quel hombre más piadoso. 15
. . . . . . . . . .
Ellas nos dan ocasion
Que nos hagamos discretos,
Esmerados e perfetos
E de mucha presuncion:
Ellas nos hacen andar 20
Las vestiduras polidas,
Los pundonores guardar,
E por honra procurar
Tener en poco las vidas.
Ellas nos hacen devotos, 25
Corteses e bien criados;
De medrosos, esforzados;
Muy agudos de muy botos.
Queramos lo que quisieren;
De su querer no salgamos; 30
Cuanto más pena nos dieren,
Cuanto más mal nos hicieren, {p. 65}
Tanto más bien les hagamos.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Miremos lo que es razon;
Si algunas culpadas hallan,
Callemos, pues ellas callan, 5
Que las culpas nuestras son.
Callemos nuestra maldad,
Nuestros engaños con arte,
Pues ellas son en verdad
Inclinadas á bondad, 10
Todas por la mayor parte.
. . . . . . . . . .
No hay mujer, según su estado,
La mayor ni la menor,
Que no tenga algun primor
Que merezca ser löado. 15
Todas deben ser löadas,
Todas son dignas de gloria,
Todas sean acatadas,
Todas de todos amadas,
Pues amarlas es vitoria. 20
. . . . . . . . . .

Pedro Manuel de Urrea

(1468–1530)

ROMANCE

En el plaziente verano,
Dó son los dias mayores,
Acabaron mis plazeres,
Començaron mis dolores.
Quando la tierra da yerua {p. 66}
Y los árboles dan flores;
Quando aves hazen nidos
Y cantan los ruyseñores;
Quando en la mar sosegada 5
Entran los navegadores;
Quando los lirios y rosas
Nos dan los buenos olores;
Y quando toda la gente
Ocupados de calores, 10
Van aliuiando la ropa
Y buscando los frescores;
Dó son las mejores oras
Las noches y los albores,
En este tiempo que digo 15
Començaron mis amores
De una dama que yo ví,
Dama de tantos primores;
De quantos es conoscida
De tantos tiene loores. 20
Su gracia por hermosura
Tiene tantos servidores
Quanto yo por desdichado
Tengo penas y dolores;
Donde se me otorga muerte 25
Y se me niegan favores;
Mas yo nunca olvidaré
Estos amargos dulçores,
Porque en la mucha firmeza
Se muestran los amadores. 30

Gil Vicente {p. 67}

(1470–1540?)

CANCIÓN

Muy graciosa es la doncella:
¡Cómo es bella y hermosa!
Digas tú, el marinero
Que en las naves vivías,
Si la nave ó la vela ó la estrella 5
Es tan bella.
Digas tú, el caballero
Que las armas vestías,
Si el caballo ó las armas ó la guerra
Es tan bella. 10
Digas tú, el pastorico
Que el ganadico guardas,
Si el ganado ó los valles ó la sierra
Es tan bella.

Juan Boscán Almogaver

(† 1542)

SONETOS

I
Quien dice que la ausencia causa olvido, 15
Merece ser de todos olvidado:
El verdadero y firme enamorado
Está estando ausente más perdido.
Aviva la memoria su sentido,
La soledad levanta su cuidado; 20
Hallarse de su bien tan apartado,
Hace su desear más encendido.
No sanan las heridas en él dadas, {p. 68}
Aunque cese el mirar que las causó,
Si quedan en el alma confirmadas:
Que si uno está con muchas cuchilladas,
Porque huya de quien le acuchilló, 5
No por eso serán mejor curadas.

II
Si en mitad del dolor tener memoria
Del pasado placer es gran tormento,
Así también en el contentamiento
Acordarse del mal pasado es gloria. 10
Por do según el curso de esta historia
No hay cosa que me venga al pensamiento
Que toda no se vuelva en un momento
En lustre y en favor de mi victoria.
Como en la mar después de la tiniebla 15
Pone alborozo el asomar del día,
Y entonces fué placer la noche oscura,
Así en mi corazón ida la niebla
Levanta en mayor punto á la alegría
El pasado dolor de la tristura. 20

OCTAVA RIMA

. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
¡Quanto se ha de estimar uno que quiera
Siempre morir, por siempre contentaros!
Y que en todo lugar, y con quien quiera,
Nunca sepa jamás sino alabaros!
Y que en vosotras viva y en sí muera, 25
Y su vida y morir esté en amaros;
Y sus placeres mude y sus enojos,
A cada revolver de vuestros ojos!
¡Qué gusto debe ser un caimiento {p. 69}
Con un cierto desmayo enamorado!
Y un sosegado y blando sentimiento
Por mitad de las venas derramado!
Y un no sé qué, que está en el pensamiento, 5
Que al corazón descansa fatigado;
Y un pensar si sentís una pisada
Que alguna nueva os traen deseada!
¿Y no es placer que halléis muchas razones
Para hallar deleyte en las tristezas? 10
Y á hurto que escribáis con mil borrones,
Y sea el escribir puras llanezas?
Y que juntos estén dos corazones,
Produciendo de amor grandes finezas?
Y en quanto hacéis, pensáis y deseáis, 15
Que el uno por el otro más valgáis?
¿Y no es gusto también así entenderos
Que podáis siempre entrambos conformaros?
Entrambos en un punto entristeceros,
Y en otro punto entrambos alegraros? 20
Y juntos sin razón embraveceros,
Y sin razón también luego amansaros?
Y que os hagan en fin vuestros amores
Igualmente mudar de mil colores?
¡Qué deleyte, pues, es desaveniros, 25
Si tras ello sucede concertaros!
Y sin por qué, mil lástimas deciros,
Y luego blandamente perdonaros!
Y alguna vez con lágrimas reiros,
Y entre la risa y el llorar quexaros! 30
Y que pare el quexar en mil dulzuras,
Y en mil enamoradas travesuras!
Puédese bien contar por muerta aquella
Que estos gustos de amor nunca ha alcanzado;
Quedará tal qual queda la centella {p. 70}
Al tiempo que ceniza se ha tornado;
Que ninguno recibe placer della,
Y en nonada la veis vuelto su estado;
Así es la dama que no siente amores, 5
Que nunca da placeres ni dolores.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .

Garcilaso de la Vega

(1503–1536)

EGLOGA: SALICIO Y NEMOROSO

. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Como al partir del sol la sombra crece,
Y en cayendo su rayo se levanta
La negra escuridad que el mundo cubre,
De do viene el temor que nos espanta, 10
Y la medrosa forma en que se ofrece
Aquello que la noche nos encubre,
Hasta que el sol descubre
Su luz pura y hermosa;
Tal es la tenebrosa 15
Noche de tu partir, en que he quedado
De sombra y de temor atormentado,
Hasta que muerte el tiempo determine
Que á ver el deseado
Sol de tu clara vista me encamine. 20
Cual suele el ruiseñor con triste canto
Quejarse, entre las hojas escondido,
Del duro labrador, que cautamente
Le despojó su caro y dulce nido
De los tiernos hijuelos entre tanto {p. 71}
Que del amado ramo estaba ausente,
Y aquel dolor que siente
Con diferencia tanta
Por la dulce garganta 5
Despide, y á su canto el aire suena,
Y la callada noche no refrena
Su lamentable oficio y sus querellas,
Trayendo de su pena
Al cielo por testigo y las estrellas: 10
Desta manera suelto yo la rienda
Á mi dolor, y así me quejo en vano
De la dureza de la muerte airada.
Ella en mi corazón metió la mano,
Y de allí me llevó mi dulce prenda; 15
Que aquel era su nido y su morada.
¡Ay, muerte arrebatada!
Por ti me estoy quejando
Al cielo y enojando
Con importuno llanto al mundo todo; 20
Tan desigual dolor no sufre modo.
No me podrán quitar el dolorido
Sentir, si ya del todo
Primero no me quitan el sentido.
Una parte guardé de tus cabellos, 25
Elisa, envueltos en un blanco paño,
Que nunca de mi seno se me apartan;
Descójolos, y de un dolor tamaño
Enternecerme siento, que sobre ellos
Nunca mis ojos de llorar se hartan. 30
Sin que de allí se partan,
Con suspiros calientes,
Más que la llama ardientes,
Los enjugo del llanto, y de consuno
Casi los paso y cuento uno á uno; {p. 72}
Juntándolos, con un cordón los ato.
Tras esto el importuno
Dolor me deja descansar un rato.
. . . . . . . . . .

SONETO

Escrito está en mi alma vuestro gesto, 5
Y cuanto yo escribir de vos deseo,
Vos sola lo escribisteis, yo lo leo
Tan sólo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, 10
De tanto bien lo que no entiendo creo,
Tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
Mi mal os ha cortado á su medida.
Por hábito del alma misma os quiero. 15
Cuanto tengo confieso yo deberos;
Por vos nascí, por vos tengo la vida,
Por vos he de morir, y por vos muero.

Fernando de Acuña

(† 1580?)

SONETO

Cuando era nuevo el mundo y producía
Gentes, como salvajes, indiscretas, 20
Y el cielo dió furor á los poetas
Y el canto con que el vulgo los seguía
Fingieron dios á ámor y que tenía
Por armas fuego, red, arco y saetas,
Porque las fieras gentes no sujetas 25
Se allanasen al trato y compañía; {p. 73}
Después viniendo á más razón los hombres,
Los que fueron más sabios y constantes
Al amor figuraron niño y ciego,
Para mostrar que de él y de estos nombres 5
Les viene por herencia á los amantes
Simpleza, ceguedad, desasosiego.

Gutierre de Cetina

(1520–1560)

MADRIGALES

I
Ojos claros serenos,
Si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué, si me miráis, miráis airados? 10
Si cuanto más piadosos,
Más bellos parecéis á aquel que os mira,
¿Por qué á mí solo me miráis con ira?
Ojos claros, serenos,
Ya que así me miráis, ¡miradme al menos! 15

II
Cubrir los bellos ojos
Con la mano que ya me tiene muerto,
Cautela fué por cierto
Con que doblar pensasteis mis enojos:
Pero de tal cautela 20
Harto mayor ha sido el bien que el daño,
Que el resplandor estraño
Del sol mejor se ve, mientras se cela.
Así pues sucedió cuando intentasteis
De los ojos cubrir la luz inmensa. 25
Yo os perdono la ofensa,
Pues cubiertos mejor verlos dejasteis.

Diego Hurtado de Mendoza {p. 74}

(1503–1575)

AL SILENCIO DE LAS QUEJAS

De los tormentos de amor,
Que hacen desesperar,
El que tengo por mayor
Es no poderse quejar
El hombre de su dolor. 5
Cualquier mal es duro y fuerte,
Y tiene su furor loco;
Mas el mío es de tal suerte,
Que consume poco á poco,
Hasta llegar á la muerte. 10
No hay mal que con publicallo
No se acabe, aunque sea fiero;
Mas yo, cuitado, que callo,
¿Cómo es posible pasallo,
Si de entrambas cosas muero? 15
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
¡Oh, tiempo para llorarse,
Donde se sufre y se espera,
Y áun para desesperarse,
Pues quieres que un triste muera
Sin el gusto de quejarse! 20
Y pues en todo recibo
Agravio con daño cierto,
Hagan bien á este cautivo,
Que está, de medroso, muerto;
De desesperado, vivo. 25

SONETO {p. 75}

Tiempo ví yo que amor puso un deseo
Honesto en un honesto corazón;
Tiempo ví yo, que ahora no lo veo,
Que era gloria, y no pena, mi pasión.
Tiempo ví yo que por una ocasión, 5
Dura angustia y congoja, y si venía,
Señora, en tu presencia la razón
Me faltaba y la lengua enmudecía.
Más que quisiera he visto, pues amor
Quiere que llore el bien y sufra el daño, 10
Mas por razón que no por accidente.
Crece mi mal, y crece en lo peor,
En arrepentimiento y desengaño,
Pena del bien pasado y mal presente.

Cristóbal de Castillejo

(† 1556)

CONTRA LOS QUE DEJAN LOS METROS CASTELLANOS Y SIGUEN LOS ITALIANOS

Pues la santa Inquisición 15
Suele ser tan diligente
En castigar con razón
Cualquier secta y opinión
Levantada nuevamente,
Resucítese Lucero 20
A corregir en España
Una muy nueva y extraña,
Como aquella de Lutero
En las partes de Alemaña.
Bien se pueden castigar 25
A cuenta de Anabaptistas,
Pues por ley particular {p. 76}
Se tornan á bautizar
Y se llaman Petrarquistas.
Han renegado la fe
De las trovas castellanas, 5
Y tras las italianas
Se pierden, diciendo que
Son más ricas y galanas.
El juicio de lo cual
Yo lo dejo á quien más sabe; 10
Pero juzgar nadie mal
De su patria natural
En gentileza no cabe;
Y aquella cristiana musa
Del famoso Juan de Mena, 15
Sintiendo desto gran pena,
Por infieles los acusa
Y de aleves los condena.
«Recuerde el alma dormida,»
Dice don Jorge Manrique; 20
Y mostróse muy sentida
De cosa tan atrevida,
Porque más no se platique.
Garci-Sánchez respondió:
«¡Quién me otorgase, Señora, 25
Vida y seso en esta hora
Para entrar en campo yo
Con gente tan pecadora!»
«Si algún Dios de amor había,
Dijo luego Cartagena, 30
Muestre aquí su valentía
Contra tan gran osadía,
Venida de tierra ajena.»
Torres Naharro replica:
«Por hacer, Amor, tus hechos {p. 77}
Consientes tales despechos,
Y que nuestra España rica
Se prive de sus derechos.»
Dios dé su gloria á Boscán 5
Y á Garcilaso, poeta,
Que con no pequeño afán
Y con estilo galán
Sostuvieron esta seta,
Y la dejaron acá 10
Ya sembrada entre la gente;
Por lo cual debidamente
Les vino lo que dirá
Este soneto siguiente:

SONETO

Garcilaso y Boscán, siendo llegados 15
Al lugar donde están los trovadores
Que en nuestra lengua y sus primores
Fueron en este siglo señalados,
Los unos á los otros alterados
Se miran, demudadas las colores, 20
Temiéndose que fuesen corredores
Ó espías ó enemigos desmandados;
Y juzgando primero por el traje,
Pareciéronles ser, como debía,
Gentiles españoles caballeros; 25
Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,
Mezclado de extranjera poesía,
Con ojos los miraban de extranjeros.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .

SONETO {p. 78}

Musas italianas y latinas,
Gente en estas partes tan extraña,
¿Cómo habéis venido á nuestra España,
Tan nuevas y hermosas clavellinas?
Ó ¿quién os ha traído á ser vecinas 5
Del Tajo y de sus montes y campaña?
Ó ¿quién es el que os guía ó acompaña
De tierras tan ajenas peregrinas?—
Don Diego de Mendoza y Garcilaso
Nos trujeron, y Boscán y Luis de Haro, 10
Por orden y favor del dios Apolo,
Los dos llevó la muerte paso á paso,
El otro Solimán, y por amparo
Solo queda don Diego, y basta solo.

Gregorio de Silvestre

(† 1570)

VISITA DE AMOR

Unas coplas muy cansadas, 15
Con muchos pies arrastrando,
A lo toscano imitadas,
Entró un amador cantando
Enojosas y pesadas,
Cada pie con dos corcovas, 20
Y de peso doce arrobas,
Trovadas al tiempo viejo.
Dios perdone á Castillejo,
Que bien habló de estas trovas.
Dijo Amor: «¿Dónde se aprende 25
Este metro tan prolijo,
Que las orejas ofende? {p. 79}
Por estas coplas se dijo
Algarabía de allende.
El sujeto frío y duro,
Y el estilo tan oscuro, 5
Que la dama en quien se emplea
Duda, por sabia que sea,
Si es requiebro ó si es conjuro.
«Ved si la invención es basta,
Pues Garcilaso y Boscán, 10
Las plumas puestas por asta,
Cada uno es un Roldán,
Y con todo no le basta.
Yo no alcanzo cuál engaño
Te hizo, para tu daño, 15
Con locura y desvarío
Meter en mi señorío
Moneda de reino extraño.»
Con dueñas y con doncellas
Dijo Venus: «¿Qué pretende 20
Quien les dice sus querellas
En lenguaje que no entiende
Él ni yo, ni vos ni ella?
Sentencio al que tal hiciere
Que la dama por quien muere 25
Lo tenga por cascabel,
Y que haga burla de él
Y de cuanto le escribiere.»

GLOSA

No estés tan contenta, Juana,
En verme penar por ti, 30
_Que lo que hoy fuere de mí
Podrá ser de ti mañana_.
No estés tan leda y contenta, {p. 80}
Tan soberbia y confiada,
Que amor en una vegada
De mil amos toma cuenta:
Y aunque agora estés ufana 5
De verme penar así,
_Podrá bien ser que de ti
Lo estuviere yo mañana_.
No te muestres tan esquiva
A quien te sirve, ¡traidora! 10
Quel el que te hizo señora
Te podrá hacer cautiva:
Viendo amor que de tirana
Me haces penar así,
_Trocará mi suerte en ti 15
Antes hoy que no mañana_.
Guarte de flecha de amor
Que sin remedios destruye,
Y al que más se esconde y huye
A aquél le acierta mejor: 20
Agora que es tiempo, Juana,
Entiende en mirar por ti,
_Que aunque puedas hoy dar sí
Quizás no podrás mañana_.

Jorge de Montemayor

(† 1561)

REDONDILLAS Á UNOS CABELLOS PRENDIDOS CON UN CORDÓN DE SEDA VERDE

Cabellos, ¡cuánta mudanza 25
He visto después que os ví,
Y cuán mal parece ahí
Ese color de esperanza!
¡Ay! cabellos, cuantos días {p. 81}
Yo mi Diana miraba.
Si os traía ó si os dejaba,
Con otras mil niñerías!
Y, ¡cuántas veces llorando 5
(¡Ay, lágrimas engañosas!)
Pedía celos de cosas
De que yo estaba burlando!
Los ojos que me mataban,
Decid, dorados cabellos, 10
¿Qué culpa tuve en creellos,
Pues ellos me aseguraban?
¿No visteis vos que algun día
Mil lágrimas derramaba,
Basta que yo le juraba 15
Que sus palabras creía?
Sobre el arena sentada
De aquel río la ví yo,
Do con el dedo escribió
_Antes muerta que mudada_. 20
Miren amor lo que ordena,
Que un hombre llegue á creer
Cosas dichas por mujer
Y escritas en el arena.

Luis de Camoens

(1524–1579)

VILLANCICO

Irme quiero, madre, 25
A aquella galera,
Con el marinero
A ser marinera.
Madre, si me fuere
Doquier que vó, 30
No lo quiero yo;
Que el amor lo quiere.
Aquel niño fiero
Hace que me muera,
Por un marinero 35
A ser marinera.
El que todo puede, {p. 82}
Madre, no podrá,
Pues el alma va,
Que el cuerpo se quede,
Con él pues que muere 5
Voy porque no muera,
Que si es marinero
Seré marinera.
Es tirana ley,
Del niño señor, 10
Que por un amor
Se deseche un rey
Pues de esta manera
Él quiere, irme quiero
Por un marinero 15
A ser marinera.
Decid, ondas, ¿cuándo
Visteis vos doncella
Siendo tierna y bella
Andar navegando? 20
Mas ¿qué no se espera
De aquel niño fiero?
¡Vea yo á quien quiero
Y sea marinero!

LETRILLA

De dentro tengo mi mal, 25
Que de fora no hay señal.
Mi nueva y dulce querella
Es invisible á la gente:
El alma sola la siente,
Que el cuerpo no es dino della. 30
Como la viva centella
Se encubre en el pedernal
De dentro tengo mi mal.

Santa Teresa de Jesús

(1515–1582)

UNA GLOSA

_Vivo sin vivir en mí,
Y tan alta vida espero, 35
Que muero porque no muero._
Aquesta divina unión,
Del amor con que yo vivo,
Hace á Dios ser mi cautivo,
Y libre mi corazón: {p. 83}
Mas causa en mí tal pasión
Ver á Dios mi prisionero,
_Que muero porque no muero_.
¡Ay! ¡Qué larga es esta vida, 5
Qué duros estos destierros,
Esta cárcel y estos hierros
En que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
Me causa un dolor tan fiero, 10
_Que muero porque no muero_.
¡Ay! ¡Qué vida tan amarga
Do no se goza el Señor!
Y si es dulce el amor
No lo es la esperanza larga; 15
Quíteme Dios esta carga,
Más pesada que de acero,
_Que muero porque no muero_.
Sólo con la confianza
Vivo de que he de morir; 20
Porque muriendo, el vivir
Me asegura mi esperanza:
Muerte do el vivir se alcanza,
No te atardes, que te espero,
_Que muero porque no muero_. 25
Mira que el amor es fuerte;
Vida no seas molesta,
Mira que sólo te resta,
Para ganarte, perderte;
Venga ya la dulce muerte, 30
Venga el morir muy ligero,
_Que muero porque no muero_.
Aquella vida de arriba
Es la vida verdadera;
Hasta que esta vida muera, {p. 84}
No se goza estando viva:
Muerte, no seas esquiva;
Vivo muriendo primero,
_Que muero porque no muero_. 5
Vida, ¿qué puedo yo darle
A mi Dios, que vive en mí,
Si no es perderte á ti,
Para mejor á Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle, 10
Pues á Él solo es el que quiero,
_Que muero porque no muero_.
Estando ausente de ti,
¿Qué vida puedo tener?
Sino muerte padecer 15
La mayor que nunca ví:
Lástima tengo de mí,
Por ser mi mal tan entero,
_Que muero porque no muero_.
El pez que del agua sale 20
Aun de alivio no carece,
A quien la muerte padece
Al fin la muerte le vale:
¿Qué muerte habrá que se iguale
A mi vivir lastimero, 25
_Que muero porque no muero?_
Cuando me empiezo á aliviar
Viéndote en el Sacramento,
Me hace más sentimiento
El no poderte gozar: 30
Todo es para más penar,
Por no verte como quiero,
_Que muero porque no muero_.
Cuando me gozo, Señor,
Con esperanza de verte, {p. 85}
Viendo que puedo perderte,
Se me dobla mi dolor.
Viviendo en tanto pavor,
Y esperando como espero, 5
_Que muero porque no muero_.
Sácame de aquesta muerte,
Mi Dios, y dame la vida,
No me tengas impedida
En este lazo tan fuerte: 10
Mira que muero por verte,
Y vivir sin ti no puedo,
_Que muero porque no muero_.
Lloraré mi muerte ya,
Y lamentaré mi vida, 15
En tanto que detenida
Por mis pecados está.
¡Oh mi Dios cuando será,
Cuando yo diga de vero,
_Que muero porque no muero_. 20

LETRILLA QUE LLEVABA POR REGISTRO EN SU BREVIARIO

Nada te turbe;
Nada te espante;
Todo se pasa;
Dios no se muda,
La paciencia todo lo alcanza. 25
Quien á Dios tiene,
Nada le falta.
Solo Dios basta.

Fernando de Herrera {p. 86}

(1534–1597)

SONETO: POR LA VITORIA DE LEPANTO

Hondo Ponto, que bramas atronado
Con tumulto y terror, del turbio seno
Saca el rostro, de torpe miedo lleno;
Mira tu campo arder ensangrentado,
Y junto en este cerco y encontrado 5
Todo el cristiano esfuerzo y sarraceno,
Y cubierto de humo y fuego y trueno,
Huir temblando el impío quebrantado.
Con profundo murmurio la vitoria
Mayor celebra que jamás vió el cielo, 10
Y más dudosa y singular hazaña;
Y di que solo mereció la gloria
Que tanto nombre da á tu sacro suelo
El joven de Austria y el valor de España.

SONETO: A SEVILLA

Reina del grande Océano dichosa, 15
Sin quien á España falta la grandeza,
A quien valor, ingenio y la nobleza
Hacen más estimada y generosa,
¿Cuál diré que tú seas, luz hermosa
De Europa? Tierra no, que tu riqueza 20
Y gloria no se cierra en su estrecheza;
Cielo sí, de virtud maravillosa.
Oye y se espanta y no te cree el que mira
Tu poder y abundancia; de tal modo
Con la presencia ve menor la fama. 25
No ciudad, eres orbe; en ti se admira {p. 87}
Junto cuanto en las otras se derrama,
Parte de España más mejor que el todo.

CANCIÓN: AL SUEÑO

Suave sueño, tú, que en tardo vuelo
Las alas perezosas blandamente 5
Bates, de adormideras coronado,
Por el puro, adormido y vago cielo,
Ven á la última parte de occidente,
Y de licor sagrado
Baña mis ojos tristes; que cansado 10
Y rendido al furor de mi tormento,
No admito algún sosiego,
Y el dolor desconhorta al sufrimiento.
Ven á mi ruego humilde, ¡oh amor de aquella
Que Juno te ofreció, tu ninfa bella! 15
Divino sueño, gloria de mortales,
Regalo dulce al mísero afligido;
Sueño amoroso, ven á quien espera
Cesar del ejercicio de sus males,
Y al descanso volver todo el sentido. 20
¿Cómo sufres que muera
Lejos de tu poder quien tuyo era?
¿No es dureza olvidar un solo pecho
En veladora pena,
Que sin gozar del bien que al mundo has hecho, 25
De tu vigor se ajena?
Ven, sueño alegre, sueño, ven, dichoso;
Vuelve á mi alma ya, vuelve el reposo.
Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,
Baja y esparce líquido el rocío, 30
Huya el alba, que en torno resplandece;
Mira mi ardiente llanto y mi tristeza, {p. 88}
Y cuánta fuerza tiene el pesar mío,
Y mi frente humedece;
Que ya de fuegos juntos el sol crece.
Torna, sabroso sueño, y tus hermosas 5
Alas suenen ahora,
Y huya con sus alas presurosas
La desabrida aurora;
Y lo que en mí faltó la noche fría
Termine la cercana luz del día. 10
Una corona, ¡oh sueño!, de tus flores
Ofrezco; tú produce el blando efeto
En los desiertos cercos de mis ojos;
Que el aire, entrejido con olores,
Halaga y ledo mueve en dulce afeto; 15
Y de estos mis enojos
Destierra, manso sueño, los despojos.
Ven pues, amado sueño, ven, liviano;
Que del rico oriente
Despunta el tierno Febo el rayo cano. 20
Ven ya, sueño clemente,
Y acabará el dolor; así te vea
En brazos de tu cara Pasitea.

CANCIÓN: POR LA VITORIA DE LEPANTO

Comments

Log in to leave a comment.

A Spanish AnthologyChapter IV: STROPHES.—The strophe is frequently of arbitrary length, though, (2)

0%26 min left in chapter